Nos resistimos a abandonar la
European Film Academy y ayer pudimos ver dos películas más de dicha sección
(EFA), una israelí y otra turca, ambas en esa parte del mundo en permanente
conflicto, en crisis política y social que, por supuesto, tiene su repercusión
en la cultura; concretamente en el cine:
MUSTANG
El largometraje de la realizadora turca Deniz Gamze Ergüven se ha
asociado por la organización del festival con otra directora, Sofia Coppola, y con su ópera prima Las vírgenes
suicidas (The Virgin Suicides, 1999). Quizás el argumento la recuerde algo, por aquello de la
educación rígida de unas adolescentes y sus trágicas consecuencias, pero no nos
engañemos, la situación que viven las niñas en el mundo islámico, y sobre todo
en aquellas ciudades cosmopolitas cercanas a occidente, en Turquía por ejemplo,
es, lamentablemente, única.
Lo radical de una religión mal entendida que no evoluciona es la base de la denuncia de la cineasta. Además, el contraste entre dos culturas
agrava el problema cuando las jóvenes protagonistas ven en sus amigos y amigas una vida
completamente diferente a la suya: mucho más libre y tolerante, donde el amor
inocente no deriva en escándalo sexual, y donde el drama de tener que
casarse demasiado jóvenes con personas que no conocen de nada, sólo por
conveniencia de sus mayores, es algo impensable.
La realizadora se vale para su crítica social de una música que acoge a las niñas con un manto trágico que anuncia el
drama. Es una melodía tan adecuada como los escenarios elegidos: primero la playa abierta y el océano para las secuencias del arranque, cuando la libertad de las
niñas es apenas una ilusión pasajera; y después, en contrapartida, el interior de la vivienda-cárcel, y un frondoso y descuidado jardín, cuando el encierro ya es un hecho.
La visión medieval musulmán de la
educación femenina se denuncia con toda la firmeza posible en una cinta que
compite este año por el prestigioso premio LUX de las cortes europeas. Igual
que otros filmes de pasadas ediciones (de algunos ya dimos cuenta aquí: ShunLi and The Poet y Die Fremde) las instituciones
comunitarias abogan por lo que se ha llamado acervo europeo, es decir, por una forma de vida que respeta la democracia y la libertad de las personas. Una de las iniciativas del parlamento es,
precisamente, apoyar y premiar propuestas tan decididas y comprometidas como Mustang. Desde luego, mucho tendrán que cambiar países como Turquía que son aspirantes a pertenecer a la Union Europea, pero no son capaces de parar la sistemática violación de los más elementales derechos humanos.
AFTERTHOUGHT
El Monte Carmelo es la base donde se
ha construido gran parte de la ciudad costera de Haifa. Sus barrios en capas,
en altura, y los intrincados escalones que unen en interminables cuestas dichas
calles, son el escenario de la buena película del cineasta judío, Elad Kaidan:
Uri y Moshen son dos vecinos de
Haifa a los que les separa una generación, pero que tiene en común una frustrante
vida laboral y una no menos complicada situación amorosa. Mientras el primero
acaba de romper con su pareja, y quiere desertar del ejército para embarcarse
en un mercante y dedicarse a escribir, el segundo comienza a salir de una
depresión causada por su trabajo cuando sospecha que su mujer lo engaña. Uri
baja el monte con dirección al puerto, a su libertad, al tiempo que Moshen lo
sube para buscar el pendiente que acaba de perder su mujer. Ambos se cruzarán
en el camino, se encontrarán en las largas escalinatas, como lo harán con otros
personajes que irán definiendo poco a poco el carácter de los protagonistas.
Con la simbología de partida de la
escalera, como si fuera el río de la vida -no sólo en el aspecto lineal sino también en
las subidas y bajadas de ánimo-, el director israelí le da un repaso a la existencia humana amparándose en relaciones concretas entre personajes cuyas
vidas se encuentran en permanente evolución. Lo hace sin dejar de lado la coyuntura de un país en guerra, y ofreciendo su visión particular de la ciudad que le vio nacer y de las personas que allí viven; la mayoría desencantadas.
Para ello, Kaidan gestiona, con buen
criterio, todos y cada uno de los recursos audiovisuales disponibles. A destacar una música envolvente; una bella panorámica de la
ciudad contrastada con planos detalles como el de un vaso de plástico que rueda
sobre sí mismo en las escaleras mecánicas, como si fuera un zoótropo de museo; y unos bien construidos diálogos (“lo que sale de la boca nunca vuelve, como las
palabras o los dientes”). Todo ayuda para remar en una u otra dirección. Para avanzar o retroceder, para subir o a bajar por la escalera de la vida. Nos preocupa el pesimismo de la cinta, la no solución de un mundo que el director parece que quiere ver desde fuera. Da la impresión de que su punto de vista (el de los créditos, el uso continuo del teleobjetivo) es el de alguien que ha conseguido salir de allí, pero al que la nostalgia le pide echar un último vistazo. Una mirada que comparte con el público a través de su cámara.
No hay quinto (día) malo, pero sí sexto, aquí en el Festival de Sevilla. No salieron bien las cosas ayer, al menos para nosotros que elegimos dos películas muy diferentes, pertenecientes al apartado dedicado a las producciones financiadas con EURIMAGES, y a la siempre prometedora sección EFA. Ni una ni otra nos convencieron. La primera, Bibliotheque Pascal (Szabolcs Hadju, 2010), es una cinta húngara que arranca como lo haría Emir Kusturica, pero que pronto se introduce es un extraño universo donde la realidad va desapareciendo a medida que la fantasía ocupa su lugar. Solo un par de escenas, aquellas que describen los sueños de los protagonistas, y un simpático final, aportan algo nuevo, el resto es una mala copia de lo que hizo Federico Fellini en el periodo donde ya se repetía a sí mismo.
Las razones por las que el segundo filme tampoco nos entusiasmó –aunque nos gustó algo más- son muy diferentes:
Die Fremde (aquí conocida por su título en inglés: “When we leave”) es un largometraje alemán, ópera prima de la actriz austríaca Feo Aladag, avalada por un premio en el último festival de Berlín. La trama arranca con un problema de maltrato de género -un tema actual, por desgracia- y sigue con el trauma de la separación y la custodia del hijo. La historia no es nueva, pero quiere ser original cuando el hecho que denuncia la directora se desarrolla en el seno de una estricta familia musulmana:
Umay es una joven madre que se separa de Kemal, después de aguantar palizas y desprecios hacia ella y hacia su hijo. Escapa de Turquía y vuelve a casa de sus padres en Alemania. Allí se enfrenta a toda su familia, que opina, amparados en su religión, que Umay debe regresar con su marido si no serán rechazados por toda la comunidad musulmana. Umay se resiste y los problemas se van acumulando, tanto que la película pasa de ser un dramón a convertirse en una tragedia.
Reconocemos la valentía de la directora y los actores al enfrentarse, ellos también, a los fanáticos religiosos que verán esta cinta como una provocación, cuando solo quiere reivindicar los derechos fundamentales de las mujeres tan pisoteados en nombre de Dios. Sin embargo, esto no es suficiente para que Die Fremde sea una buena película.
El filme falla en el aspecto técnico cuando Feo Aldalag toma decisiones equivocadas a la hora de encuadrar primeros planos y planos medios sin escorzo. Supongo que son errores propios de una primeriza y que serán subsanados en próximas cintas. Tampoco anda fina la realizadora con la trama por culpa de la saturación de elementos dramáticos. Las calamidades de Umay y de su familia son expuestas de una forma tan exagerada, y en tan poco metraje, que llega un momento en que el espectador es empujado a una sonrisa que nunca debería haber llegado.
Profundamente pesimista acerca de las soluciones al conflicto planteado, Feo Aladag se decanta por un final doble: un atisbo de esperanza seguido de un castigo. Creo que no lo merece la protagonista; ni el público. Aunque puede que sea la única forma de sacudir las mentes de los miembros -los fanáticos- de la comunidad musulmana para que despierten y se den cuenta del error que cometen.