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lunes, 26 de noviembre de 2018

DE AMOR TAMBIÉN SE MUERE (Humoresque de Jean Negulesco, 1946)

De amor también se muere es una de las películas más representativas del llamado "Cine para mujeres". Un tipo de cine que se prodigó en los años cuarenta, en la retaguardia y en la postguerra, y cuya principal representante fue la diva por excelencia: Joan Crawford. La estrella había conseguido reponerse a la primera decadencia sufrida al final de los años treinta, y hacerse con el trono una vez más gracias a su poderosa presencia en la gran pantalla.



Igual que en Alma en suplicio (Mildred Pierce de Michael Curtiz, 1945), del año anterior, la interpretación de Joan Crawford en De amor también se muere es magnífica como la esposa ignorada y que se da a la bebida, pero que se enamora de John Garfield, un virtuoso violinista más preocupado de su carrera que de todo lo demás. Entre ellos se situa la posesiva madre del músico, que intentará apartarle de su amante y propiciará el trágico final.


La cinta es un remake de "Humoresque", un filme mudo de 1920 nada desdeñable, realizado por otro especialista en melodramas: Frank Borzage. A pesar de que lo tenia difícil, el director de la nueva versión, Jean Negulesco, logra superarlo con un drama redondo, gracias a una puesta en escena y a una estética más propia del cine negro, muy afín a la Warner Brothers, a la sazón productora del largometraje.



También destaca la música de Franz Waxman, nominada al Óscar, realmente inolvidable; y la atmósfera cargada de emoción, sobre todo en las secuencias de los conciertos a cargo de un Garfield, que, como se dice en la propia película, "tiene más apariencia de boxeador que de violinista".

Pero, insistimos, la protagonista indiscutible es Joan Crawford, que está especialmente bella y sensual en la escena del último concierto al que asiste, con la boca entrabierta de placer, ensimismada oyendo la música que envuelve al resto de los personajes del melodrama. En dicha secuencia se resume toda la película únicamente con miradas: la de la madre de John Garfield; la de la antigua novia (que no soporta la situación y tiene que huir); la del padre; las de sus hermanos; la del promotor y la de su amigo (Oscar Levant haciendo el mismo papel de siempre).
Imprescindible.


Ver ficha de De amor también se muere.


miércoles, 2 de febrero de 2011

CINE Y TAPAS: CENA DE MEDIANOCHE (History is made at Night de Frank Borzage, 1937)

Volvemos a nuestra sección culinaria después de tenerla varios meses abandonada —las tapas no las hemos abandonado nunca— con una cinta de nuestro admirado Frank Borzage.



El melodrama de Borzage sugiere que la historia se escribe de noche (podría ser una interpretación del título), pero siempre con la comida como excusa, de ahí el nombre castellano de la película. Una traducción que nos parecería más adecuada si se hubiera expresado en plural. Y es que el filme se estructura a partir de tres cenas, siempre con el mismo menú: Langosta Cardinal y Ensalada Chiffonade, todo regado con un Tampa Rosa del 21.

También los comensales repiten: por un lado el famoso maître parisino Paul (Charles Boyer), por otro la encantadora Irene (Jean Arthur, en su mejor momento), una mujer casada que huye de su celoso marido y de las conspiraciones que intentan impedir el divorcio. Con un arranque más cercano al thriller o al cine negro, Borzage pronto toma las riendas para imponer su famoso tono romántico y retratar con buen criterio la historia de amor que preside la trama.


El director llena la pantalla con primeros planos de Charles Boyer y Jean Arthur, con la música de Alfred Newman arropando a los amantes mientras ellos se besan, se acarician o intercambian confidencias al oído. Borzage consigue imprimir a la acción un ritmo dramático sin caer en lo empalagoso; incluso con secuencias de tensión propias del mejor cine de catástrofes y con toques de humor que evitan recrearse en la tragedia. Todo para navegar por el melodrama con maestría.

La cinta se convierte en un filme personal que recuerda a otras obras de Borzage, como la reseñada Maniquí con la que comparte varios elementos en común: un armador rico, un baile que enamora, una mujer que huye de su marido para refugiarse como modelo; y, sobre todo, una pareja que lucha por su amor.

La cena y el baile hasta la madrugada se repite, como hemos dicho, hasta en tres ocasiones muy separadas en tiempo y lugar: en París, en Nueva York y en mitad del océano. Son citas donde las pulsiones amorosas se desatan por el hecho de recuperar el tiempo perdido y por la sensación de que podrían ser las últimas que celebran la pareja. Y no sólo porque la amenaza del marido se cierna sobre sus cabezas sino por la alta probabilidad de que uno de ellos —o los dos— pierda la vida.

Finalmente, creemos que Cena de Medianoche encaja a la perfección en nuestra apetitosa sección cuando los lugares donde Borzage maneja personajes y situaciones son restaurantes como el “Chateau Bleu” o el “Victor’s”. Allí se sirven los citados menús, pero también veremos como una Bullabesa puede hacer que un local cambie de dueño; como la especialidad de Irene son los huevos a la Kansas; o como el cocinero intimo amigo de Paul es el creador de la famosa salsa César.


Ver Ficha de Cena de Medianoche

Y ahora las tapas:

SOL Y SOMBRA (Calle Castilla, 151, Sevilla)

Hoy nos acercamos al popular barrio de Triana, allí se encuentra la taberna Sol y Sombra, uno de nuestros bares preferidos de siempre. Situado en una antigua casa que data de 1861, el bar ha ido sufriendo diversas ampliaciones hasta la configuración actual con varios establecimientos. Nosotros nos quedamos con el bar original. El de la minúscula barra, el que tiene la pared forrada de pósteres centenarios donde se anuncian corrida de toros; o tapizada con algo más interesante: cientos de cartelitos —no es una exageración— con las tapas que allí se sirven.

Al Sol y Sombra se aconseja llegar pronto y hacerse con una mesita en un bonito rincón taurino ; aunque lo más importante es que tenga buenas vistas a los citados cartelitos. A continuación, lo ideal es pedirse una manzanilla bien fresquita y elegir lo que a uno le apetezca. Cualquier cosa porque todo es de calidad: el solomillo al ajo, los distintos revueltos, las chacinas, la cola de toro, las gambas al ajillo, las cazuelas de la casa, el bacalao al ajillo, las albóndigas de choco…

Seguir con el resto de la carta es una tarea que se nos antoja casi imposible, por eso insistimos en que lo mejor es llegar allí y tener el bendito problema de la elección. Las tapas que finalmente lleguen a la mesa serán de su agrado: por el tamaño, la calidad y el asequible precio. Les aseguramos que su estomago se quedará satisfecho y su cartera no menguará mucho.

Nos vemos en el Sol y Sombra.

miércoles, 25 de agosto de 2010

CINE FÓRUM: MANIQUÍ (Mannequin de Frank Borzage, 1937)

Hoy traemos a nuestro espacio de debate un director algo olvidado, pero magnífico, con un cine inconfundible, labrado a lo largo de muchos años de carrera. Nos referimos a Frank Borzage. Y hemos elegido una de sus mejores películas para observar y comentar su famoso estilo romántico.



Se trata de la primera colaboración de Borzage –y la mejor de las tres películas que hicieron juntos- con Joan Crawford, actriz preferida del director junto a Margaret Sullavan. Mientras con la primera se centró en el melodrama (los tres filmes citados son excelentes muestras del género), con la segunda prefirió denunciar la amenaza totalitaria que se cernía sobre Europa. Ambas coincidieron en otro gran logro de Borzage: La Hora Radiante (The Shining Hour, 1938).

Para el desarrollo de la trama de Maniquí, Borzage se apoya en la figura de la típica trabajadora de 9 a 5 (Joan Crawford en uno de los mejores momentos de su dilatada carrera) y en el entorno de la depresión de los años treinta. Como Ginger Rogers en Espejismo de Amor o en la comedia La Muchacha de la Quinta Avenida, o la propia Joan Crawford en otro melodrama de éxito: Amor en Venta, entre muchos otros, la actriz da vida a Jessie, una joven que desea salir de la pobreza más por la angustia que provoca vivir con una familia en paro, donde ninguno de sus miembros mueve un dedo por buscar trabajo, que por ambición personal. Para lograrlo fuerza una boda con su novio Eddie (Alan Curtis), otro fracasado que sólo espera una oportunidad para hacer dinero fácil. La secuencia del arranque es especialmente emotiva por la desesperación de Jessie que no se atreve a subir las escaleras de su propio portal y prefiere arrojarse a los inseguros brazos de Eddie.

En la celebración, tras la boda, ambos conocen al magnate John Hennessey (Spencer Tracy) que adivina el porvenir de la pareja y, enamorado de Jessie, aguarda su turno. Después de varias miserias, encuentros y desencuentros, los tres personajes se verán las caras en un final algo traído por los pelos pero eficaz y, sobre todo, emocionante.

Borzage utiliza el recurso del primer plano para las secuencias románticas y dramáticas con la ayuda inestimable de la fuerza del rostro de Joan Crawford. Así, la cinta se convierte en un filme atractivo con escenas muy destacadas sobre todo aquellas en las que los protagonistas comparten plano: las del baile, cuando se conocen; la de la fiesta en casa del magnate, con un simpático Tracy "despachando" a una pareja con dos copas de champán para quedarse a solas con Joan; y el viaje de novios, haciéndose bromas muy relajados en lo que parecen tomas improvisadas de una cámara oculta, mérito de Borzage, pero también de ellos.

Mención aparte merece la secuencia del desfile de modas. La que da el título a la película y que sirve para promocionar la cinta. Vestida por Adrian, y entre los decorados de Cedric Gibbons –ambos grandes profesionales de la Metro-, Joan Crawford está en su salsa, muy elegante, luciendo trajes "de anfitriona en una reunión para tomar el te", "para la cena" o "de fiesta". Es cuando nos sentimos identificados con Spencer Tracy que no sale de su asombro mientras la estrella luce los vestidos mejor que cualquier modelo profesional.

En Mannequin podemos encontrar, prácticamente, todos los elementos característicos del estilo creado por Borzage: melodrama romántico, donde las mujeres son las protagonistas; heroínas al borde del abismo, que consiguen salir adelante gracias al amor que lo puede todo; amor que consigue rehacer sus vidas y las de sus amantes, para perdurar eternamente, más allá de la muerte.




Lo que vamos a comentar se desarrolla al comienzo de la cinta; en un restaurante chino donde se está celebrando la boda de Jessie y Eddie. Es el mismo local elegido por el multimillonario John L. Hennessey para comer carpa rellena:




La secuencia que acabamos de ver se encuentra delimitada por dos fundidos encadenados y se puede dividir en tres partes: la presentación de los protagonistas del triángulo y los dos bailes que vienen a continuación.

La escena arranca con el magnate Hennessey y su socio tomando asiento en primer término, mientras, detrás, se puede observar la modesta celebración nupcial. Un cambio de eje señala la aproximación de los personajes. Es cuando Tracy pregunta al camarero por lo que está sucediendo al fondo. Tras la decisión del millonario de invitarles a champán, Borzage cede el punto de vista a la mesa donde comen Jessie, Eddie y sus invitados. Allí, después de disuadir a la simpática –y ebria- Mary Philips a que diga unas palabras, los recién casados aceptan la invitación de Hennessey. Podemos decir que este es el verdadero arranque del drama. Con planos de los novios y contraplanos de Tracy, el realizador subraya el interés del novio por el dinero del armador; y con la determinación de darle las gracias presentándole a su flamante mujer, anuncia que no dudará en utilizar a Jessie para conseguir algo material.

Borzage une por fin a los tres, después de las presentaciones, en un plano medio donde Tracy y Joan están separados por Alan Curtis. El cineasta ya insinúa el conflicto. Luego da paso a la segunda parte: el baile entre la pareja protagonista provocado por la insistencia de Eddie.

Nadie como Frank Borzage para dirigir a los actores, fotografiarlos en primer plano y conseguir que expresen sus sentimientos: los de Tracy, que se está enamorando de una radiante Crawford; y los de ella que, aunque se siente halagada por las atenciones de Hennessey, sigue amando a su marido como demuestra en el siguiente baile.

Es allí, en la última fase de la secuencia, cuando Joan Crawford canta “Always and Always”, canción nominada al Oscar de Edward Ward, a la sazón responsable de la banda sonora (no confundir con la más antigua “Always”, de Irving Berlin, muy parecida, y que también suena en varias películas. Nos acordamos de Deanna Durbin cantándola en Luz en el Alma, el filme negro de Robert Siodmak).

Borzage sigue con su retrato de caracteres y se luce cuando muestra a Tracy, que no deja de observar a la actriz; al guaperas de Eddie, bastante pasivo, excepto cuando intercambia interesadas miradas con el millonario cada vez que se situa frente a él mientras baila; y, sobre todo, a Joan Crawford que, prácticamente, le susurra la canción a su esposo mientras le besa apasionadamente.


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