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domingo, 6 de noviembre de 2022

EL TRIÁNGULO DE LA TRISTEZA (Triangle of Sadness de Ruben Östlund, 2022)

Tras el visionado de la primera película que compite por el Giraldillo de Oro, en la Sección Oficial del XIX Festival de Cine Europeo de Sevilla, ayer nos tocó ver una de las cintas más esperadas del certamen, la última del director sueco Ruben Östlund, que opta al galardón del público dentro de la Selección EFA, o lo que es lo mismo dentro del grupo de largometrajes nominados a los premios de la Academia de Cine Europeo.

 

El triángulo de la tristeza, que así se titula la película, es una comedia vitriólica muy del estilo del director, que narra el viaje en barco y el posterior naufragio de un grupo de magnates, modelos, influencers, etc., representantes de la clase social alta, a los que el director no pone demasiado bien; aunque en palabras de Östlund, «nunca quise ser maniqueo, y no creo que los ricos sean unos monstruos, todo lo contrario, suelen tener inteligencia social si no no habrían llegado a lo que son». Opiniones del director aparte, lo cierto es que la película es una sátira contra los poderosos, un viaje a ninguna parte de unos cuantos millonarios que se puede encuadrar perfectamente en lo que es ya un subgénero (véase El barco de los locos o Y la nave va…), una metáfora del rumbo hacia el desastre al que se dirige la humanidad sin gobierno alguno. 

La cinta que nos ocupa se estructura en tres partes que el realizador diferencia explícitamente: en una primera, Östlund crítica el mundo de la moda, como hacía con el del arte moderno en la excelente The Square (2017), y nos presenta a una joven pareja que formarán parte de los pasajeros del yate de la segunda parte. En el tercer capítulo, un temporal acaba con el barco y obliga a los supervivientes a vivir como pueden en una isla.

 

Precisamente, el hundimiento del barco, con el mareo de los personajes, los vómitos y demás inmundicias simbolizan esa descomposición de los ricos ⸺algo que tampoco es nuevo, se me ocurre El ángel exterminador, por ejemplo⸺ mientras el capitán (Woody Harrelson) se desentiende del gobierno de la nave, como si quisiera evitar que lo relacionen con el pasaje, y deja a la deriva el yate, lo que completa la metáfora y le confiere toda la intención. También el temporal es en sí otro símbolo, en este caso el de la revolución que vendrá en la isla cuando los poderosos tengan que depender de una limpiadora, la única capaz de reaccionar para conseguir comida, la que provocará que se cambien las tornas.

Divertida y explosiva ⸺literalmente⸺ película de un director que crece con el tiempo (sus dos obras anteriores, The Square, ganó la Palma de Oro en Cannes, y Fuerza Mayor se llevó el Giraldillo de Oro entre otros premios), y que es ya un habitual en el festival de Sevilla. Muy querido aquí si tenemos en cuenta el lleno en todas las salas en las que se proyectan sus filmes, y los aplausos que provocan la visión de sus películas. Dicen que en Cannes este año duró ocho minutos la ovación del público. Ruben Östlund volvió a ganar la Palma de Oro.







viernes, 10 de noviembre de 2017

VERANO 1993; THE SQUARE

Seguimos aquí en el festival de cine europeo de Sevilla, y da la impresión de que nuestro recorrido fuera el de una montaña rusa. Ayer tocó la subida pues las dos películas que tuvimos la suerte de ver nos han confirmado que el cine de autor todavía tiene una larga vida a pesar de la dura competencia con los remakes, con las secuelas, con las películas de la Marvel y, sobre todo, con las series de televisión.

VERANO 1993 (Estiu 1993, Carla Simón, 2017)  

Tres de tres. El trío de películas españolas visto por el momento en el festival (Oro, Tierra firme y la que vamos a comentar) ha sido de lo mejorcito con lo que nos hemos topado en las salas de cine. Algo inusual hasta ahora, al menos en la década que llevamos asistiendo fieles a la cita anual con el cine europeo.


Verano 1993 es un drama autobiográfico acerca de la adaptación de Frida (Laia Artigas), una niña de seis años, a la  nueva vida que le aguarda con sus tíos después de la muerte de su madre víctima del SIDA. Carla Simón, la prometedora realizadora, se deja llevar por sus experiencias para retratar con una cámara muy sensible cada instante, cada suceso, cada sonrisa y cada llanto vivido en el estío del año 1993.

El tema de la película, el que ronda la mente de todos los personajes, es el de la muerte. La niña, aún en estado de shock, no es consciente de lo que ha pasado y se enfrenta a su nueva situación desde el enfado, desde la rebelión, poniendo en peligro en todo momento a su prima Anna (Paula Robles), varios años menor que ella. Por cierto que uno de los aciertos de la película es la sorprendente actuación de dos niñas tan pequeñas.


Algún momento de humor (casi siempre a cargo del buen actor que es David Verdaguer, ya tuvo esa responsabilidad, la de suavizar la trama, en la citada Tierra firme), relaja la tensión que a veces se hace insoportable para el espectador, que espera que sobrevenga la tragedia en el plano siguiente, que teme que algún accidente vaya a estropear ese verano de 1993 (y no se equivoca).

El drama costumbrista, la comedia y hasta el thriller se alían para ofrecer un producto de altura, capaz de representar con orgullo a nuestro país en los Óscar ––que se haya elegido una película en catalán para tal evento no deja de ser significativo con la que está cayendo en el nordeste de España––. De hecho, la crítica especializada y la organización del festival han querido comparar Verano 1993 con El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973), lo cual nos parece algo precipitado porque aunque el beneplácito de prensa y público parezca darles la razón, aún falta la objetiva valoración del tiempo, esa que no falla nunca y que le ha dado a la película de Erice el carácter de legendaria.




THE SQUARE (Ruben Östlund, 2017)

Otra de las cintas más esperadas en el festival es la nueva película de Ruben Östlund, ganador del Giraldillo de Oro hace tres años por aquel estupendo largometraje, Turist. Si en aquel momento el premio fue una sorpresa, ahora que compite por el reconocimiento del público ya no lo será tanto pues The Square viene con, nada menos, que la Palma de Oro de Cannes bajo el brazo.


The Square narra la vida del director de un museo de arte moderno que se esmera en abrir una nueva exposición centrada en la obra de una artista sudamericana. The Square  (el “cuadrado”, así se llama la obra expuesta en la entrada del museo) pretende ser un santuario para todo aquel que se introduzca en él, una vez dentro todos tendrán “los mismos derechos y las mismas obligaciones”. Todo va bien hasta que al director del museo le roban la cartera, el móvil y unos gemelos, a partir de aquí se suceden una serie de hechos que cambiarán la vida del protagonista.

Con un espléndido reparto ––el director ya tiene caché para permitírselo––, repleto de actores punteros de series de televisión (¿es intencionado?) como Elisabeth Mosss (Mad Men) o Dominic West (The Wire), el realizador pisa con fuerza para ganarse a la parte del mundo que aún no conoce su excelente cine.


Y es que el filme del director sueco es una divertidísima comedia sarcástica que con el pretexto de criticar toda la falsedad comercial que hay en torno al arte moderno, ahonda en problemas más profundos de la sociedad, como la falta de solidaridad y de coraje, el egoísmo arraigado en un mundo desigual, y la ausencia de confianza entre los seres humanos. Es decir, todo lo contrario a lo que supuestamente apunta la obra de la artista sudamericana.

La denuncia del largometraje es precisa, y se asienta gracias a la carcajada del público que favorece que el mensaje cale hondo. Por tanto, es una película efectiva en ese sentido. La película de Östlund no es tan surrealista como la obra de su compatriota Roy Andersson, no llega tan lejos, pero sin duda tiene cierta similitud en cuanto pone el grito en los mismos elementos. Así, por ejemplo hay que estar atentos a cómo conseguir hacer viral una campaña de marketing, a cómo hacer frente a un ladrón que te ha robado impunemente o a como despertar el interés de los patrocinadores en una cena de inauguración. La película no tiene desperdicio y le auguramos muchos éxitos (ojo que también se prepara para competir en los Óscar).


lunes, 10 de noviembre de 2014

THE TRIBE (Plemya de Miroslav Slaboshpitsky, 2014); FUERZA MAYOR (Force Majeure de Ruben Östlund, 2014)

De la Sección EFA a la Oficial transcurrió la tercera jornada de ayer, aquí en el festival de cine europeo de Sevilla. Antes de comentar la cinta que compite por el Giraldillo de Oro, y que se nos antoja una de las favoritas para ganarlo, demos un repaso a una película que termina por explotar ante los ojos de los espectadores como una bomba de relojería:


Se trata de The Tribe, el original filme del ucraniano Miroslav Slaboshpitsky que se desarrolla sin diálogos, sin subtítulos, sólo con el ruido ambiente como único componente de la banda sonora. Y es que el filme narra la vida dentro de un internado para sordomudos, un peculiar colegio como un ghetto donde el mundo del silencio, como digo, estalla ante nuestros ojos.

Lo hace desde el punto de vista de un alumno que llega nuevo al centro y que pronto se dará cuenta de que la verdadera “enseñanza” comienza cuando acaba la jornada escolar. Entonces se verá sumergido en una vorágine de violencia psíquica y física donde la prostitución, la trata de blancas, las peleas, los robos y la intimidación están a la orden del día.



Aunque no se les oiga, los personajes de The Tribe hablan a gritos y parece que se rebelan de forma despiadada contra un mundo que los margina. Creo que esa es la intención del director cuando retrata, con un realismo que noquea al público, la violencia explícita que refleja la situación que vive la propia Ucrania dentro de una teórica Europa pacífica.

El largometraje es una denuncia clara, pero también un ejercicio de estilo por doble motivo: por la dificultad que supone rodar sin diálogos y hacer que con la imagen se entienda todo lo que ocurre en la pantalla, algo que no es otra cosa que llevar el cine hasta sus fundamentos y que ya se hacía durante el período mudo; y, por otro lado, estructurar la cinta en escenas que resultan ser planos secuencia larguísimos, muy bien planificados, pero la mayoría de ellos de una crudeza no apta para estómagos delicados; donde destacan la minuciosidad de un terrorífico aborto clandestino, y la contundencia del impactante final.


Ver Ficha de The Tribe.


Y ahora sí, nos centramos en la sección Oficial y en una de las películas estrella del festival, la aclamada Fuerza Mayor o Turist (seleccionada para los Óscar), un filme que viene del norte, de Suecia concretamente, para hacernos recapacitar acerca de las relaciones de pareja. Ya nos lo advertía su director, Ruben Östlund, desde una pequeña isla en Goteborg. Hablaba con el público de Sevilla a través de un vídeo casero y bromeaba al presentar la película cuando decía que su intención había sido rodar la mejor avalancha de nieve jamás filmada y la más desastrosa separación de un matrimonio.



La broma no era tal, porque la cinta arranca como si se tratase de una película de catástrofes para, enseguida, centrarse en la verdadera catástrofe del largometraje: las consecuencias que dicho alud tiene sobre la pareja protagonista:
Tomas y Ebba disfrutan de unos días de vacaciones con sus hijos en un centro turístico dedicado a los deportes de invierno. En la segunda jornada, sufren la angustia de una avalancha que por suerte se queda en nada, pero que los sitúa al borde de la ruptura. Todo por culpa de la reacción de Tomas en el momento del siniestro: sale corriendo sin mirar atrás, abandonando a su suerte a Ebba y a los pequeños.

Para narrar la historia, el realizador juega con los personajes y con el entorno. Si bien se apoya en bellos paisajes nevados, pone el énfasis en una suerte de situaciones aparentemente peligrosas que amenazan a los protagonistas. También recurre al sonido cuando las explosiones controladas de la estación de esquí da la impresión de que anuncian una tormenta artificial, algo que en todo momento nos pone en ambiente: el feliz matrimonio se acerca al punto de ebullición.



La trama de Fuerza Mayor nos recuerda lo frágil de las relaciones de pareja, y nos sitúa dentro de un cine, el sueco, que tradicionalmente se ha ocupado de este tema desde que Ingmar Bergman lo hiciera suyo a lo largo de toda su obra. Sin embargo, a diferencia de Bergman, Östlund huye de cuestiones metafísicas, abandona el realismo poético y la carga literaria de su antecesor, para trasladar su reflexión al mundo de los mortales. Presenta con objetividad, y con humor, el conflicto al espectador, que tenderá a posicionarse a favor de una de las partes, no en el momento del alud, sino en el debate posterior.

Algo parecido a lo que le sucede a otra pareja que aparece en la trama, como si nos representaran a nosotros, al público, y que también se pondrán en una difícil situación al tener que opinar acerca del comportamiento de Tomas. Al final, la disputa entre Ebba y su marido sí que tendrá un efecto avalancha. Será cuando provoque una cascada de dudas entre las parejas que asisten al drama. Si estalla la discusión entre el público, en ese mismo instante, sabremos que el director se ha salido con la suya.



Ver Ficha de Fuerza mayor.



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