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viernes, 10 de noviembre de 2017

VERANO 1993; THE SQUARE

Seguimos aquí en el festival de cine europeo de Sevilla, y da la impresión de que nuestro recorrido fuera el de una montaña rusa. Ayer tocó la subida pues las dos películas que tuvimos la suerte de ver nos han confirmado que el cine de autor todavía tiene una larga vida a pesar de la dura competencia con los remakes, con las secuelas, con las películas de la Marvel y, sobre todo, con las series de televisión.

VERANO 1993 (Estiu 1993, Carla Simón, 2017)  

Tres de tres. El trío de películas españolas visto por el momento en el festival (Oro, Tierra firme y la que vamos a comentar) ha sido de lo mejorcito con lo que nos hemos topado en las salas de cine. Algo inusual hasta ahora, al menos en la década que llevamos asistiendo fieles a la cita anual con el cine europeo.


Verano 1993 es un drama autobiográfico acerca de la adaptación de Frida (Laia Artigas), una niña de seis años, a la  nueva vida que le aguarda con sus tíos después de la muerte de su madre víctima del SIDA. Carla Simón, la prometedora realizadora, se deja llevar por sus experiencias para retratar con una cámara muy sensible cada instante, cada suceso, cada sonrisa y cada llanto vivido en el estío del año 1993.

El tema de la película, el que ronda la mente de todos los personajes, es el de la muerte. La niña, aún en estado de shock, no es consciente de lo que ha pasado y se enfrenta a su nueva situación desde el enfado, desde la rebelión, poniendo en peligro en todo momento a su prima Anna (Paula Robles), varios años menor que ella. Por cierto que uno de los aciertos de la película es la sorprendente actuación de dos niñas tan pequeñas.


Algún momento de humor (casi siempre a cargo del buen actor que es David Verdaguer, ya tuvo esa responsabilidad, la de suavizar la trama, en la citada Tierra firme), relaja la tensión que a veces se hace insoportable para el espectador, que espera que sobrevenga la tragedia en el plano siguiente, que teme que algún accidente vaya a estropear ese verano de 1993 (y no se equivoca).

El drama costumbrista, la comedia y hasta el thriller se alían para ofrecer un producto de altura, capaz de representar con orgullo a nuestro país en los Óscar ––que se haya elegido una película en catalán para tal evento no deja de ser significativo con la que está cayendo en el nordeste de España––. De hecho, la crítica especializada y la organización del festival han querido comparar Verano 1993 con El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973), lo cual nos parece algo precipitado porque aunque el beneplácito de prensa y público parezca darles la razón, aún falta la objetiva valoración del tiempo, esa que no falla nunca y que le ha dado a la película de Erice el carácter de legendaria.




THE SQUARE (Ruben Östlund, 2017)

Otra de las cintas más esperadas en el festival es la nueva película de Ruben Östlund, ganador del Giraldillo de Oro hace tres años por aquel estupendo largometraje, Turist. Si en aquel momento el premio fue una sorpresa, ahora que compite por el reconocimiento del público ya no lo será tanto pues The Square viene con, nada menos, que la Palma de Oro de Cannes bajo el brazo.


The Square narra la vida del director de un museo de arte moderno que se esmera en abrir una nueva exposición centrada en la obra de una artista sudamericana. The Square  (el “cuadrado”, así se llama la obra expuesta en la entrada del museo) pretende ser un santuario para todo aquel que se introduzca en él, una vez dentro todos tendrán “los mismos derechos y las mismas obligaciones”. Todo va bien hasta que al director del museo le roban la cartera, el móvil y unos gemelos, a partir de aquí se suceden una serie de hechos que cambiarán la vida del protagonista.

Con un espléndido reparto ––el director ya tiene caché para permitírselo––, repleto de actores punteros de series de televisión (¿es intencionado?) como Elisabeth Mosss (Mad Men) o Dominic West (The Wire), el realizador pisa con fuerza para ganarse a la parte del mundo que aún no conoce su excelente cine.


Y es que el filme del director sueco es una divertidísima comedia sarcástica que con el pretexto de criticar toda la falsedad comercial que hay en torno al arte moderno, ahonda en problemas más profundos de la sociedad, como la falta de solidaridad y de coraje, el egoísmo arraigado en un mundo desigual, y la ausencia de confianza entre los seres humanos. Es decir, todo lo contrario a lo que supuestamente apunta la obra de la artista sudamericana.

La denuncia del largometraje es precisa, y se asienta gracias a la carcajada del público que favorece que el mensaje cale hondo. Por tanto, es una película efectiva en ese sentido. La película de Östlund no es tan surrealista como la obra de su compatriota Roy Andersson, no llega tan lejos, pero sin duda tiene cierta similitud en cuanto pone el grito en los mismos elementos. Así, por ejemplo hay que estar atentos a cómo conseguir hacer viral una campaña de marketing, a cómo hacer frente a un ladrón que te ha robado impunemente o a como despertar el interés de los patrocinadores en una cena de inauguración. La película no tiene desperdicio y le auguramos muchos éxitos (ojo que también se prepara para competir en los Óscar).


sábado, 6 de noviembre de 2010

BESA (Srdjan Karanovic, 2009); ONDINE (Neil Jordan, 2009)

Intenso día el de ayer con proyecciones muy interesantes, pero con tiempo limitado. Nos decantamos por asistir a un filme incluido en la sección EURIMAGES (películas cofinanciadas por el fondo europeo del mismo nombre) y otro perteneciente a la sección EFA (cintas seleccionadas por la Academia de Cine Europea, para sus premios anuales). Una recomendación para los espectadores abrumados por tanta oferta de largometrajes en el Festival de Sevilla, y no tengan claro a que sala acudir: ante la duda siempre la EFA, suelen ser mejores, incluso, que los de la sección oficial. Aunque esto no deja de ser una generalidad, que no se cumplió ayer, ya que la película serbia de EURIMAGES, hasta ahora es la que más nos ha gustado. Veamos por qué:



Besa es un drama, basado en hechos reales, y en la conocida trama donde dos personajes de diferentes capas sociales, raciales o culturales (en este caso, se cumple todo), están obligados a entenderse y a relacionarse a causa de algún hecho que les sobrepasa, como una guerra o una catástrofe.

La historia se desarrolla en Serbia, justo al comienzo de la I Guerra Mundial. Filip es el director de una escuela y acaba de ser destinado a un pequeño pueblo después de haberse casado con Lea, una eslovena con fuerte acento austríaco. Lea, aunque es ciudadana serbia, no deja de ser sospechosa como simpatizante del Imperio Austro-Húngaro, a la sazón enemigo de Serbia. La guerra estalla y a Filip lo trasladan a la capital para prestar servicios en el Ministerio. Lea tendrá que quedarse en el colegio hasta que el conflicto acabe, o hasta que Filip regrese. El marido, preocupado por la situación en la que queda su mujer (una posible “enemiga” en el bando equivocado), le busca protección en Azim, el conserje albanés de religión musulmana. Azim le promete a Filip un “Besa”, tradicional juramento que cumplirá con su vida si hace falta. El alcance de la promesa es el eje de la película que tan bien explicará, con imágenes, el veterano director Srdjan Karanovic.

Y aquí es donde verdaderamente arranca el filme de Karanovic. Con un rodaje sobrio,
intimista; con movimientos de cámara estudiados, nada gratuitos; con una fotografía tenebrista, acorde con la situación; con el teleobjetivo como herramienta para el punto de vista de Lea sobre la guerra que acontece fuera del colegio; y con la mirada de Azim subrayando toda la acción, la cinta se convierte en un bellísimo documento.

Ambos personajes (Lea y Azim) no tendrán más remedio que entenderse. Estarán atados uno a otro -literalmente, ya verán- y responderán uno del otro. Pero lo mejor es lo que aprenderán uno del otro: la cultura, la música, hasta la forma de preparar el té.

Ladrones, violadores, un teniente del ejército serbio y su destacamento, las chismosas del pueblo, todos ellos serán catalizadores de su especial vínculo; y, el acercamiento entre Lea Y Azim será mayor cuanto más cerca se encuentre el frente de guerra.

Besa es una película que nos enseñará que las relaciones humanas, intimas, son transcendentales en la búsqueda de la paz y la convivencia entre las personas de distinta cultura o etnia. Mientras esto se logra entre cuatro paredes, afuera, una guerra cruel consigue el efecto contrario: dividir a los pueblos, establecer fronteras artificiales que sólo conducirán a futuros enfrentamientos. Esto es lo que ha sucedido en los Balcanes. Ellos, sus habitantes, bien lo saben. Y la intención de Karanovic con su película (una cinta serbia coproducida con Eslovenia y Croacia, sus enemigos de no hace mucho tiempo) es clara: contribuir a olvidar el pasado y construir el futuro.


Ver Ficha de Besa.




ONDINE (Neil Jordan, 2009)


Otra cinta con nada nuevo que contarnos en la estructura dramática: un cuento fantástico que se mezcla con la realidad, al menos en la mente de una niña (¿les recuerda a El Laberinto del Fauno o a El Espíritu de la Colmena, entre otras?). Sin embargo, repleto de buenas actuaciones y de profesionalidad en el rodaje a cargo del reputado Neil Jordan (El fin del Romance, En Compañía de Lobos, Juego de Lagrimas, etc.).



A ver, Ondine es un cuento: Circus (Colin Farrell) recoge entre sus redes a una joven medio muerta, Ondine (Alicja Bachelda). En la oscura vida de Circus, pescador alcohólico, la aparición de Ondine supone una luz al final de túnel. Separado de su mujer también con problemas con el alcohol, y con una hija que necesita un riñón y vive gracias a la diálisis, el marinero cree que su suerte ha cambiado gracias a la aparición de… ¿una sirena? Su hija, Annie, así lo cree. Además ha investigado y todo concuerda: Ondine es una Selkie. Una mujer acuática que posee ciertos poderes, pero que ha perdido su piel de foca. Sin ella, no podrá regresar a las profundidades marinas y tendrá que quedarse en tierra firme, a no ser que alguien venga a buscarla.

Una historia irlandesa, en un paisaje celta muy bien retratado por la sabia cámara de Neil Jordan, con una trama que está de moda; decíamos que esto era Ondine. Pero Jordan siempre tiene algo más que contar. Aunque el guión pueda tacharse de excesivamente edulcorado, ya está el director para darle la vuelta al cuento y enfrentar a los personajes a la más cruda realidad. Aquella que compensa lo meloso de la situación que cree vivir Annie. Y es que de los protagonistas no hay ni uno que sea digno: alcohólicos, pederastas, asesinos, traficantes de drogas, prostitutas, chulos, nadie se salva de la quema. Sólo el cura –lo mejor de la película: las “confesiones” de Circus a Stephen Rea, un habitual de Jordan- y Annie suben la media. Es decir, Dios y la fantasía de una niña, ambos con poca credibilidad, al menos en esta sociedad que nos ha tocado vivir.



Pues eso: un correcto largometraje, muy bien interpretado, con excelente música, con múltiples premios este año de la Academia Irlandesa y con la atracción que suponen Colin Farrell y Stephen Rea en el reparto. Todo un reclamo para los espectadores del festival de Sevilla. Y una sorpresa agradable: Alicja Bachelda, actriz y cantante polaca, pero nacida en México, que se asemeja mucho a nuestro ideal de belleza y que ha tenido un hijo con Farrell en la vida real gracias a su encuentro en Ondine. Pero el cuento ha debido terminarse también para ellos: se acaban de separar.


Ver Ficha de Ondine.

Ah, el trailer de Ondine:


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