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domingo, 8 de septiembre de 2024

2 X 1: "PIEL DE VERANO" y "LA TERRAZA" (Leopoldo Torre Nilsson)

Piel de verano (1961) 

A finales de los años cuarenta el cine en Argentina vive un período de crisis. Sólo la intervención proteccionista del gobierno de Perón salva la industria cinematográfica a cambio de instalar una severa censura, que finaliza a mediados de los cincuenta junto a la caída del régimen. Ahí es donde surgen las películas del director Leopoldo Torre Nilsson, las que le dan a conocer como el mejor director argentino de la época y acaso de la historia del cine de este país. 

A principios de los sesenta, Torre Nilsson dirige dos estupendas películas pertenecientes a ese grupo de cintas que le consagran: Piel de verano y La terraza. La primera película adapta el relato corto de Beatriz Guido, Convalecencia, con guion de la propia Beatriz Guido, a la sazón mujer de Torre Nilsson: 

Una joven estudiante hace un trato con su abuela: cuidará hasta la muerte del hijo del amante de la abuela, un hombre aquejado de una enfermedad terminal al que le queda poco tiempo, y a cambio pasará todo un año en París pagado por la abuela. El hombre llega con sus cuidadores, una inquietante pareja formada por un mayordomo-enfermero y una insinuante y provocativa mujer que intenta seducir al enfermo. Mientras tanto la relación entre la estudiante y el convaleciente va siendo cada vez más estrecha…

 

Con una atmósfera opresiva durante todo el metraje, relajada de vez en cuando en tomas exteriores, discurre este drama inquietante con pocos personajes, todos ellos pertenecientes a una burguesía que es el blanco del ataque de la pareja formada por la escritora y el cineasta. 

Finales pesimistas, cámara expresiva, a veces barroca contrarrestando la aparente sencillez de una trama agobiante, son características del cine de Torre Nilsson, que recurre a primeros planos convincentes según el momento dramático en el que se necesitan, y picados y contrapicados que indican que la relación entre la pareja protagonista es irregular, y asimétrica: ella sabe que se muere, él no parece tener la misma información.   

 

La terraza (1963) 

Dos años después de Piel de verano, Torre Nilsson vuelve al estío, estación propicia para romances, pero también para conflictos derivados del ocio y el calor. Lo hace con La terraza, nuevo éxito del realizador argentino de nuevo con guion de su mujer, Beatriz Guido, que adapta una historia también ideada por ella: 

En la terraza de un elegante bloque de pisos de Buenos Aires van llegando unos jóvenes para tomar el sol, nadar en la piscina, oír música y bailar. Poco a poco, Belita, una espabilada y descarada niña, les va suministrando las bebidas que piden a cambio de una propina. La situación se va caldeando y cuando llega un vecino para trabajar con su máquina de escribir, los jóvenes hacen lo posible para echarlo. La cosa se complica cuando el padre de uno de ellos aparece para desalojar el terrado. Entonces uno de los jóvenes se sube a la barandilla y amenaza con tirarse al vacío si no les dejan quedarse. El padre accede y ellos se disponen a pasar la noche en la azotea… 

Película buñueliana por el extraño encierro voluntario de los muchachos en un lugar limitado como es la terraza de un edificio. Y de nuevo crítica certera hacia la burguesía: hacia los hijos y su ridículo motín, pero también contra los padres de esa clase social.

 

Los “niños de papá” sienten con su pequeña revuelta que por fin están haciendo algo de provecho, mientras que los padres se preguntan qué está pasando cuando su vida normal se vuelve del revés en el momento en el que los hijos no les hacen caso. Hasta “Dios” desde el cielo se preocupa por ellos (un sacerdote desde un helicóptero con un megáfono). 

La situación generada pronto desemboca en disputas, peleas, celos, cambios de pareja y otras pequeñas riñas que no presagian nada bueno. La tragedia se ve llegar en una cinta bien dirigida con el estilo característico del director, primeros planos, contrapicados, puesta en escena claustrofóbica, a pesar de estar rodada en una terraza al aire libre, que, no obstante, provoca una sensación de confinamiento en un ámbito cada vez más estrecho.





domingo, 15 de agosto de 2010

LA CASA DEL ÁNGEL (Leopoldo Torre Nilsson, 1957)

Película importante del cine argentino, la responsable de que fuera conocida y apreciada en Europa la obra de Leopoldo Torre Nilsson (fue nominada a la Palma de Oro en Cannes). Es, además, la primera colaboración entre el director y Beatriz Guido, su mujer, autora de la novela y también del guión. Se puede decir que La Casa del Ángel conduce la nueva ola del cine argentino por la forma de narrar la extraña relación entre una joven, casi una niña, y un político en plena carrera ascendente.



La cinta pertenece a la segunda etapa del realizador, donde su cine personal se puede desarrollar con libertad tras el derrocamiento del General Perón y la desaparición de la censura. Apoyándose en un largo flash-back, Leopoldo Torre Nilsson dirige una trama que se vuelve cada vez más oscura, y que desemboca en la muerte en vida de la pareja protagonista. El director alterna los puntos de vista de ambos personajes: desde la repentina madurez de la adolescente, narrada con una adecuada voz en off, a los problemas de conciencia del parlamentario. De esta forma, Torre Nilsson consigue una particular mezcla de melodrama y trama política; aunque con claro predominio del primero.

Correctamente interpretada por sus desdramatizados personajes, La Casa del Ángel refleja la dura educación católica, la corrupción política, y el falso romanticismo de una época decadente. Por encima de todo ello predomina, y dirige el drama, las consecuencias de la represión sexual en el seno de una aristocracia que vive sus últimos años de gloria. El realizador -cinéfilo- aprovecha secuencias del Águila Negra (The Eagle de Clarence Brown, 1925) para señalar el despertar de la pasión en la protagonista, que ve a Rodolfo Valentino como el símbolo de todo aquello que le es negado. Es esa escena la más destacada del largometraje, junto al enfrentamiento de la pareja y la reacción de ella ante el duelo final.

La muy personal realización del director argentino consigue dotar de una áurea buñueliana a la historia, pero sin ninguna concesión al humor negro del director aragonés. La cinta de Torre Nilsson también podría asociarse con el subyugante cine del primer Alain Resnais, donde objetos inanimados y personajes se combinan para formar parte de la historia. La secuencia inicial del flash back, con la tentación de la prima y la presencia de las estatuas censuradas, va en esa dirección. Igual que la amenazante y barroca casa del título. Su protagonismo se va agrandando conforme avanza el metraje y se descubre su pasado de violencia. Nada nuevo en el cine del director bonaerense donde las mansiones cobran vida gracias a los secretos que esconden (véase La Mano en la Trampa, 1961).


Y es que Torre Nilsson se repite cuando emplea actores de la talla de Elsa Daniel (en este caso se nos antoja algo mayor para el papel, pero excelente en todo caso) y Lautaro Murúa (cotizado actor y futuro director); cuando los hace partícipes de una puesta en escena estilizada gracias al punto de vista de su cámara; siempre inmersos en el mismo entorno de burguesía puritana agonizante, obsesión dramática de su compañera Beatriz Guido. Nosotros no podemos hacer otra cosa que dar las gracias por esa insistencia; es la que llena de calidad a filmes como La Casa del Ángel.


Ver Ficha de La Casa del Ángel.




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