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jueves, 5 de febrero de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 6 al 12 de febrero de 2009)

Ante la inminente llegada de los carnavales se nos presenta una semana con películas disfrazadas de diferentes géneros: westerns de grandes especialistas como Ford, Hathaway, Sturges o Walsh; comedias de la altura de la secuela de La Pantera Rosa o la obra maestra El Maquinista de la General; melodramas de Martin Ritt o Nikita Mikhalkov; y cintas enmascaradas dentro del cine negro, nos referimos a Detour, Agente Especial o Historia de un policía. Todas estas, y muchas más, candidatas a un sitio preferente en nuestra videoteca.


Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)

Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

Traffic (Steven Soderbergh, 2000). Michael Douglas, Benicio del Toro, Katherine Zeta-Jones. (CARTV, sábado 7 a las 01:05)
Oscarizada película del, aquí todavía, independiente Soderbergh. Filme coral, donde las vidas de los personajes se entrecruzan levemente con el tema central de la droga. Michael Douglas encarna al máximo responsable de la lucha contra dicha lacra social en EEUU, pero, paradójicamente no se libra de ella al tenerla en su propia familia; Benicio Del Toro es un policía mejicano que se debate entre traicionar a un general corrupto, jefe de un cártel, y seguir con su vida luchando contra la droga al nivel de los barrios marginales; y Katherine Zeta-Jones es la mujer de un capo de los estupefacientes, al principio ajena al negocio, pero luego decididamente activa cuando su marido ingresa en la cárcel. La película tiene un final feliz algo forzado, pero en general se muestra bastante pesimista en cuanto a la solución de este problema. Destacan la excelente fotografía y la interpretación de Douglas y Del Toro.



Super Size Me (Morgan Spurlock, 2004). Morgan Spurlock. (TV3, martes 10 a las 00:55)
Con datos tan alarmantes como que la obesidad es la segunda causa de muerte en Estados Unidos –y que pronto alcanzará al tabaco en este siniestro liderato- y que, por ejemplo, en Missouri una de cada cuatro personas tienen sobrepeso, arranca este documental de Morgan Spurlock premiado en diferentes festivales.

Para demostrar lo dañino de la comida rápida, el director se somete a una dieta rica en grasas durante treinta días. En ese periodo Spurlock sólo comerá alimentos procedentes de la empresa McDonalds. La cinta efectúa un seguimiento cercano de la respuesta del cuerpo del realizador ante tanto "manjar" basura. Lo que pretende el documental es demostrar que las denuncias efectuadas contra diversas compañías como McDonalds tienen un fundamento científico.

El largometraje se centra en el experimento, pero se adorna de todo tipo de estadísticas multimedia y entrevistas con un estilo muy parecido al del cineasta de moda, Michael Moore. Sin embargo pronto evoluciona de forma preocupante a medida que el estado de salud de Spurlock se va deteriorando. El espectador asiste a este proceso, en vilo y con una angustia creciente, ante cada nuevo análisis de sangre. Morgan Spurlock se aprovecha de la situación para subrayar su denuncia, y lo hace manejando la película como si fuera un thriller. De hecho, el documental se divide en episodios, cuyos títulos son presentados por unas amenazantes mascotas de McDonalds, que han cambiado su atractiva forma de seducir a los niños por una expresión casi diabólica.

Gracias a este periodismo agresivo –y suicida- el director consiguió su propósito cuando, a los pocos meses de estrenarse su película, fueron retirados del mercado los productos McDonalds de tamaño Super Size; aquellos con los que continuamente era tentado el propio Morgan Spurlock.



El Último Tren de Gun Hill (Last Train from Gun Hill de John Sturges, 1959). Kirk Douglas, Anthony Quinn. (TvCanaria, martes 10 a las 15:15)
El Último Tren de Gun Hill, pertenece al extenso ciclo de películas del oeste que protagonizó Kirk Douglas, y que le reportó grandes éxitos. Además de la excelente actuación de la estrella, también destaca su implicación personal. La historia que escribió Les Crutchfield (“Showdown”, como originalmente se llamaba) pasó con nota el filtro de posibles proyectos de la Bryna, productora propiedad del actor: un sheriff (Douglas) persigue a unos criminales que han asesinado a su mujer. El rastro le lleva hasta el hijo de un antiguo amigo. Ni su compañero de años pasados (Anthony Quinn), ni casi nadie del pueblo, están por la labor de dejar que se lleve al asesino en el tren del título.

El guión de James Poe destacó sobre los demás porque la trama pertenecía a la serie de películas que se realizaron a la sombra de Solo ante el Peligro (High Noon de Fred Zinnemann, 1952). Eran cintas pertenecientes a un subgénero que quería aprovechar el tirón y seguir con la acertada simbología Mccarthysta del héroe abandonado a su suerte, pero decidido a seguir hasta el final; eso sí, sensiblemente preocupado y no exento de tentaciones para dejarlo todo.

En contraposición al western de Zinnemann, donde el protagonista roza la cobardía, surgieron otros con el ánimo de volver a dejar en buena situación la figura del representante de la ley y confirmar que no necesitaba a casi nadie para llevar a cabo su misión. La trilogía de Howard Hawks, Río Bravo(1959), El Dorado(1967) y, en menor medida, Río Lobo (1970), podrían encontrarse en esa línea. Sin embargo, Last Train from Gun Hill pasa por ser una mezcla de las dos corrientes. En efecto, Matt Morgan, el crispado sheriff -nadie mejor que Kirk Douglas para dignificar la crispación- actúa también solo, sí, pero sin temor; quizás por la inmunidad que otorga los deseos de venganza. Realmente es un personaje más cercano al interpretado por Arthur Kennedy en Encubridora (Rancho Notorious de Fritz Lang, 1952) que al de Gary Cooper en Solo ante el Peligro.



Para llevar a buen término el filme, Kirk Douglas se rodeó de verdaderos especialistas: utilizó el productor más eficiente, Hal B. Wallis; se sirvió de uno de los mejores directores de fotografía, Charles Lang, que ya había ganado un premio de la Academia y, nada menos, que 17 nominaciones en toda su carrera; y redondeó la faena con la música del gran Dimitri Tiomkin, el mismo que participara en la ya muy citada cinta de Zinnemann. Pero sobre todo consiguió poner al frente del proyecto a John Sturges –un director siempre en alza- para asegurarse una película entretenida y con creciente suspense hasta el final. Del realizador ya nadie duda acerca de su habilidad para la puesta en escena y para el aprovechamiento de los formatos scope. Si su mejor activo es la destreza en las secuencias de acción propiamente dichas -el arranque y el último cuarto de hora son de una tensión tremenda-, en Gun Hill demuestra que también sabía emocionar. El último plano, una panorámica desde el punto de vista de Matt/Kirk, en el ya famoso tren, así nos lo confirma. ¿Hay mejor forma de acabar este artículo que recordando esa imagen?

sábado, 8 de noviembre de 2008

COMA (Michael Crichton, 1978)

No me gustan nada los hospitales. Creo que no soy nada original, sin embargo sé positivamente que hay gente que le encanta ir a los centros de salud, ambulatorios, clínicas y demás edificios dedicados a la salud. Pasar el rato allí, contar sus enfermedades al resto de pacientes (paciencia hay que tener), echar el día en compañía de olores a material de limpieza antiséptico o a productos farmacéuticos -todos estos sitios huelen igual-. Esta particular fobia mía puede que sea la causante de la impresión que siempre me produce la visión de Coma, que a mis ojos se convierte en una película de terror en toda regla.


Y es que el filme de Michael Crichton (también guionista), es un thriller que ronda los quirófanos como si éstos fueran verdaderas salas de tortura (lo son). El director, y aclamado escritor, se mueve como pez en el agua por la historia gracias a su condición de doctor en medicina: en un hospital demasiados pacientes se quedan en coma después de intervenciones quirúrgicas nada complicadas; una residente intenta averiguar que ocurre y se encuentra con que ella puede ser otra victima más…

La cinta arranca con cierto tufillo a telefilme o, en el mejor de los casos, a largometraje de serie “B”, pero mejora rápidamente tras descubrir un casting de lujo y adentrarse la acción en un suspense donde los personajes cambian de sospechosos a inocentes, y vuelta a empezar. En el aspecto técnico destacan unos decorados bastante acertados: algunos tomados de exteriores muy bien localizados, como el aséptico edificio del último tercio de la película, con una fachada repleta de ventanas uniformes, a modo de nichos; y otros realizados en el plató para adornar la trama y convertirla en futurista, como la sala donde se almacenan los cuerpos estilo Matrix.


El responsable de la creación de Almas de Metal (Westworld, 1973) o Parque Jurásico, esta vez se basa en el libro de otro autor (Robin Cook, también médico) para dar vida a un tema que no queda muy lejos de la realidad: el de la compra y venta de órganos humanos. Y si no que se lo digan a las naciones del tercer mundo y a las continuas desapariciones de personas (sobre todo niños) de las que nunca se supo más. Por cierto nuestro país no se libra de tal amenaza, y los últimos raptos podrían ir perfectamente en el mismo sentido. Por tanto, Coma se trata de una película muy actual; vista a día de hoy se despoja de su cubierta de ciencia- ficción y adquiere otra casi costumbrista. Michael Crichton vuelve a situarse por delante del conocimiento humano y, como un moderno Julio Verne, acierta con sus predicciones como hiciera con los robots (cada vez más implicados en los parques temáticos) o con la clonación de animales a partir de muestras fósiles.

Interpretada por la sugerente Genevieve Bujold, que lleva el peso de todo el largometraje, y bien secundada por Michael Douglas y un ya maduro Richard Widmark, la película resulta muy atractiva y nos parece adecuada para recordar a Michael Crichton, recientemente desaparecido. Eso sí, no me atrevo a recomendarla a nadie que tenga que ir próximamente a, por ejemplo, una revisión médica.

Ya lo dice un refrán: “si quieren ser felices, no analicen”.


Ver Ficha de Coma.




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