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viernes, 13 de febrero de 2009

COLABORACIÓN: DIARIOS DE MOTOCICLETA (The Motorcycle Diaries de Walter Salles, 2003)

Querido tío Ethan:
Sí, soy yo, Dexter, tu amigo, tu compi, tu fiel seguidor ¡¡ por fiiiiin¡¡ Hace unos meses recibí en el buzón de mi correo electrónico un amable mensaje tuyo en el que me invitabas a formar parte del grupo de colaboradores que escriben y opinan de cine en tu blog. Como recordarás aquella vez me negué y te di con la puerta en las narices aduciendo excusas que ahora no vienen muy bien al caso. Pasó el tiempo, me lo pensé mejor, reconsideré mi postura y entonces fui yo el que de forma lastimosa se arrastró ante ti suplicándote un hueco entre tus blogueros. Fíjate que yo creía que ibas a devolverme la pelota y esta vez ibas a ser tú el que me diera con la puerta en las narices –debiste haberlo hecho en pago a mi desconsideración- pero no, te mostraste encantado con la idea y me dijiste que adelante. Y bueno, aquí me tienes, uff qué nervios dispuesto a empezar. Para agradecerte la confianza, voy a hacerlo con una película que yo adoro y sé que tú también puesto que así me lo has hecho saber en alguna otra ocasión. Se trata de Diarios de motocicleta de Walter Sayles, una maravilla que a pesar de tener sólo un lustro de antigüedad ha entrado ya a formar parte del selecto grupo de películas de mi vida.





Cinco años después de triunfar en todo el mundo con la excelente Estación Central del Brasil, el director Walter Salles acepta en 2.003 la propuesta que le hace el actor, director y productor Robert Redford para llevar al cine los diarios de juventud del legendario guerrillero argentino Ernesto Che Guevara. La historia que nos cuenta el film transcurre en los años inmediatamente anteriores al nacimiento del mito, justamente aquellos en los que éste se forjó. Estamos en 1.952, el joven Ernesto Guevara, estudiante de medicina de 28 años y su íntimo amigo Alberto Granados, bioquímico de 29, emprenden un viaje a través de toda Sudamérica, de la Patagonia al sur de Venezuela, a bordo de una vieja y destartalada motocicleta apodada "La Poderosa"- si bien de poderosa tenía poco. Al principio, los dos amigos salen al mundo movidos por su sed de aventura y emociones, pero al final del viaje descubren que éste ha sido una experiencia vital única que ha cambiado para siempre sus vidas y su manera de ver el mundo. Antes de embarcarse en el viaje, Guevara, interpretado por un enorme –a pesar de su estatura- Gael García Bernal en el mejor papel de su carrera, era un burguesito perteneciente a una familia de clase media alta, de posición acomodada y dotado de una nula conciencia social; lo que vino después del viaje forma parte ya de la Historia.

Esto no quiere decir que la película haya de leerse en clave política ni mucho menos, no es éste el objetivo que perseguían su director y sus responsables. Quien vea aquí un panfleto politizado y propagandístico se equivoca de pleno; allá ellos, por el camino se pierde poder disfrutar con la belleza de una obra inigualable. Lo que Salles pretende simplemente es mostrarnos la historia de un joven que se asoma por primera vez al mundo y descubre las miserias que lo pueblan. Diarios de motocicleta es un canto a la juventud, la ecología- se nota que Redford respalda el proyecto- y el idealismo, y se aleja bastante en este sentido de la reciente recreación que de la figura del revolucionario ha realizado este año el norteamericano Steven Soderbergh.

El film adopta la estructura de una "road movie" que relata el viaje iniciático de sus dos protagonistas. A través de él y en paralelo con Guevara y Granados vamos descubriendo la riqueza social, cultural y física de todo un continente. Al igual que los dos amigos, vamos conociendo la sencillez de sus gentes, la mayoría pobres desheredados que no tienen nada y que a cambio están dispuestos a ofrecerlo todo, y la majestuosidad de unos paisajes irrepetibles, frente a los cuales el ser humano no puede más que sentirse pequeño, y que sin embargo y de forma paradójica empiezan ya a sufrir el devastador efecto que produce la mano del hombre. Diarios de motocicleta es una llamada directa a la emoción, a la alegría de vivir, a la utopía. Quizá sólo usando los dictados del corazón logremos, como cantaba Drexler, ver la luz al otro lado del río.

jueves, 5 de febrero de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 6 al 12 de febrero de 2009)

Ante la inminente llegada de los carnavales se nos presenta una semana con películas disfrazadas de diferentes géneros: westerns de grandes especialistas como Ford, Hathaway, Sturges o Walsh; comedias de la altura de la secuela de La Pantera Rosa o la obra maestra El Maquinista de la General; melodramas de Martin Ritt o Nikita Mikhalkov; y cintas enmascaradas dentro del cine negro, nos referimos a Detour, Agente Especial o Historia de un policía. Todas estas, y muchas más, candidatas a un sitio preferente en nuestra videoteca.


Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)

Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

Traffic (Steven Soderbergh, 2000). Michael Douglas, Benicio del Toro, Katherine Zeta-Jones. (CARTV, sábado 7 a las 01:05)
Oscarizada película del, aquí todavía, independiente Soderbergh. Filme coral, donde las vidas de los personajes se entrecruzan levemente con el tema central de la droga. Michael Douglas encarna al máximo responsable de la lucha contra dicha lacra social en EEUU, pero, paradójicamente no se libra de ella al tenerla en su propia familia; Benicio Del Toro es un policía mejicano que se debate entre traicionar a un general corrupto, jefe de un cártel, y seguir con su vida luchando contra la droga al nivel de los barrios marginales; y Katherine Zeta-Jones es la mujer de un capo de los estupefacientes, al principio ajena al negocio, pero luego decididamente activa cuando su marido ingresa en la cárcel. La película tiene un final feliz algo forzado, pero en general se muestra bastante pesimista en cuanto a la solución de este problema. Destacan la excelente fotografía y la interpretación de Douglas y Del Toro.



Super Size Me (Morgan Spurlock, 2004). Morgan Spurlock. (TV3, martes 10 a las 00:55)
Con datos tan alarmantes como que la obesidad es la segunda causa de muerte en Estados Unidos –y que pronto alcanzará al tabaco en este siniestro liderato- y que, por ejemplo, en Missouri una de cada cuatro personas tienen sobrepeso, arranca este documental de Morgan Spurlock premiado en diferentes festivales.

Para demostrar lo dañino de la comida rápida, el director se somete a una dieta rica en grasas durante treinta días. En ese periodo Spurlock sólo comerá alimentos procedentes de la empresa McDonalds. La cinta efectúa un seguimiento cercano de la respuesta del cuerpo del realizador ante tanto "manjar" basura. Lo que pretende el documental es demostrar que las denuncias efectuadas contra diversas compañías como McDonalds tienen un fundamento científico.

El largometraje se centra en el experimento, pero se adorna de todo tipo de estadísticas multimedia y entrevistas con un estilo muy parecido al del cineasta de moda, Michael Moore. Sin embargo pronto evoluciona de forma preocupante a medida que el estado de salud de Spurlock se va deteriorando. El espectador asiste a este proceso, en vilo y con una angustia creciente, ante cada nuevo análisis de sangre. Morgan Spurlock se aprovecha de la situación para subrayar su denuncia, y lo hace manejando la película como si fuera un thriller. De hecho, el documental se divide en episodios, cuyos títulos son presentados por unas amenazantes mascotas de McDonalds, que han cambiado su atractiva forma de seducir a los niños por una expresión casi diabólica.

Gracias a este periodismo agresivo –y suicida- el director consiguió su propósito cuando, a los pocos meses de estrenarse su película, fueron retirados del mercado los productos McDonalds de tamaño Super Size; aquellos con los que continuamente era tentado el propio Morgan Spurlock.



El Último Tren de Gun Hill (Last Train from Gun Hill de John Sturges, 1959). Kirk Douglas, Anthony Quinn. (TvCanaria, martes 10 a las 15:15)
El Último Tren de Gun Hill, pertenece al extenso ciclo de películas del oeste que protagonizó Kirk Douglas, y que le reportó grandes éxitos. Además de la excelente actuación de la estrella, también destaca su implicación personal. La historia que escribió Les Crutchfield (“Showdown”, como originalmente se llamaba) pasó con nota el filtro de posibles proyectos de la Bryna, productora propiedad del actor: un sheriff (Douglas) persigue a unos criminales que han asesinado a su mujer. El rastro le lleva hasta el hijo de un antiguo amigo. Ni su compañero de años pasados (Anthony Quinn), ni casi nadie del pueblo, están por la labor de dejar que se lleve al asesino en el tren del título.

El guión de James Poe destacó sobre los demás porque la trama pertenecía a la serie de películas que se realizaron a la sombra de Solo ante el Peligro (High Noon de Fred Zinnemann, 1952). Eran cintas pertenecientes a un subgénero que quería aprovechar el tirón y seguir con la acertada simbología Mccarthysta del héroe abandonado a su suerte, pero decidido a seguir hasta el final; eso sí, sensiblemente preocupado y no exento de tentaciones para dejarlo todo.

En contraposición al western de Zinnemann, donde el protagonista roza la cobardía, surgieron otros con el ánimo de volver a dejar en buena situación la figura del representante de la ley y confirmar que no necesitaba a casi nadie para llevar a cabo su misión. La trilogía de Howard Hawks, Río Bravo(1959), El Dorado(1967) y, en menor medida, Río Lobo (1970), podrían encontrarse en esa línea. Sin embargo, Last Train from Gun Hill pasa por ser una mezcla de las dos corrientes. En efecto, Matt Morgan, el crispado sheriff -nadie mejor que Kirk Douglas para dignificar la crispación- actúa también solo, sí, pero sin temor; quizás por la inmunidad que otorga los deseos de venganza. Realmente es un personaje más cercano al interpretado por Arthur Kennedy en Encubridora (Rancho Notorious de Fritz Lang, 1952) que al de Gary Cooper en Solo ante el Peligro.



Para llevar a buen término el filme, Kirk Douglas se rodeó de verdaderos especialistas: utilizó el productor más eficiente, Hal B. Wallis; se sirvió de uno de los mejores directores de fotografía, Charles Lang, que ya había ganado un premio de la Academia y, nada menos, que 17 nominaciones en toda su carrera; y redondeó la faena con la música del gran Dimitri Tiomkin, el mismo que participara en la ya muy citada cinta de Zinnemann. Pero sobre todo consiguió poner al frente del proyecto a John Sturges –un director siempre en alza- para asegurarse una película entretenida y con creciente suspense hasta el final. Del realizador ya nadie duda acerca de su habilidad para la puesta en escena y para el aprovechamiento de los formatos scope. Si su mejor activo es la destreza en las secuencias de acción propiamente dichas -el arranque y el último cuarto de hora son de una tensión tremenda-, en Gun Hill demuestra que también sabía emocionar. El último plano, una panorámica desde el punto de vista de Matt/Kirk, en el ya famoso tren, así nos lo confirma. ¿Hay mejor forma de acabar este artículo que recordando esa imagen?
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