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jueves, 13 de noviembre de 2025

LA EXTRAORDINARIA VIDA DE MARCEL PAGNOL (A Magnificent Life/Marcel et Monsieur Pagnol de Sylvain Chomet, 2025)

De vuelta a la Sección Oficial del XXII Festival de Cine Europeo de Sevilla, y posiblemente impelidos por la fortuna del año pasado de ver Flow, cinta de dibujos premiada por partida doble en el festival y posteriormente ganadora del Óscar, ayer asistimos a la proyección de A Magnificent Life, la nueva película de animación del director francés Sylvain Chomet.

Celebrando el 130 aniversario del nacimiento de Marcel Pagnol, uno de los más grandes escritores galos de todos los tiempos, la película es un biopic del dramaturgo, novelista y cineasta, que comienza con Pagnol ya retirado al que una revista le invita a escribir sobre su vida y obra. Ayudado por su otro yo del pasado, el niño Marcel, el escritor recorre lo momentos más importantes de su vida.

Esa persecución del pequeño Marcel por su vida de adulto es quizás lo más original de una película que no supera —se queda lejos— a lo mejor de la filmografía anterior de Chomet, sobre todo a su obra maestra El ilusionista (L’illusionniste, 2010), a la que recuerda con un guiño al protagonista (Tatí), que aparece en un momento dado en el filme que nos atañe, como si fuera una suerte de cameo.

Porque A Magnificent Life tiene un elemento costumbrista importante que a los que no somos franceses nos impide apreciar algunos diálogos, sobre todo aquellos que diferencian el acento parisino del marsellés, o algunos de los chistes de personajes carismáticos como Raimu o Fernandel.

Además, los dibujos que describen a las personalidades del teatro y del cine con los que trató Pagnol (Raimu, Fernandel, Josette Day, Alexander Korda, etc.), y al propio protagonista, no son de nuestro agrado cuando parecen caricaturas de su rostro andantes, como si fueran cabezudos de una fiesta popular.

Preferimos la segunda mitad del largometraje cuando Pagnol descubre el cine mudo, y después el sonoro. A partir de aquí se intercalan entre los dibujos animados fotogramas reales de las películas escritas y/o dirigidas por Pagnol. Porque quizás lo que más nos guste de esta película sea que nos hace recordar lo excelente guionista que era Marcel Pagnol, y lo buenas que son sus películas, en especial la trilogía formada por Marius, Fanny y César



domingo, 10 de noviembre de 2019

DE REPENTE, EL PARAÍSO (It Must Be Heaven de Elia Suleiman, 2019)

La segunda película de la sección oficial que hemos visto en el festival de cine europeo de Sevilla, ha resultado ser un experimento desigual, no del todo fallido, que por momentos arranca las risas del público.


El palestino Elia Suleiman escribe, dirige y protagoniza una comedia surrealista al estilo de las películas de Roy Andersson (del que, por cierto, esperamos ver aquí, en pocos días, su última propuesta). Sin apenas palabras, el realizador árabe asiste perplejo a escenas cotidianas en diversos países mientras espera conseguir financiación para una película; para esta misma cinta.

Suleiman no tiene mucho éxito. Las razones por las que le rechazan su obra tienen que ver con una trama que podría ocurrir en cualquier país (como si Palestina no fuera cualquier país), y no lo que se supone debe acontecer en un pueblo sometido, prácticamente en guerra. Los sucesivos productores esperan que la cinta de un director palestino haga referencia a la intifada, a los atentados, a la invasión hebrea, al bloqueo económico o a la reivindicación como nación.

El cineasta, a modo de sátira, se queda perplejo con esta situación, y con todo lo que presencia lejos de su patria; pero también en su propia ciudad, donde deja algún títere con cabeza. Ahí reside lo irregular de su obra: la crítica es parcial. El ejemplo más claro es el del arranque. Quizás el episodio más gracioso, casi lo mejor de la película, una broma con la religión católica de fondo. Bien, pero ¿dónde está la denuncia de la otra parte?



Aunque la ejecución resulte algo intencionada, la idea de partida es buena: para los habitantes de París o Nueva York, un palestino puede sonar muy lejano, como de otro planeta. Es normal que se asocie con el conflicto árabe-israelí, y que su presencia pueda parecer hostil o, como poco, exótica y extraña. Sin embargo, con De repente, el paraíso, Suleiman le da la vuelta a dicha premisa cuando se interpreta a sí mismo, desconcertado (acierta la organización del festival al compararlo con Tati o con Buster Keaton), con la mirada impasible asegura que el mundo llamado occidental es aún más bizarro que el de su patria.

Organizado en sketches, el largometraje toma la apariencia de falso documental y, progresivamente, distorsiona la realidad para demostrar la tesis del director. Así, se suceden las persecuciones policiales, como si fueran coreografías de un musical; o la violencia, las restricciones a la libertad, la desigualdad social y racial son tan habituales como las armas que portan los ciudadanos, igual que si fueran complementos de moda. Hasta la irónica música del final va en ese mismo camino: los locos son los otros; o, lo que es lo mismo: los palestinos son personas como todas las demás.







sábado, 15 de noviembre de 2014

A PIGEON SAT ON A BRANCH REFLECTING ON EXISTENCE (En duva satt pa en gren och funderade pa tillvaron de Roy Andersson, 2014); EL CAPITAL HUMANO (Il capitale umano de Paolo Virzi, 2013)

Ni la lluvia ni cualquier otro contratiempo nos mantuvo lejos de la gran pantalla aquí, en Sevilla, en la penúltima jornada del festival de cine europeo. Ayer comprobamos las bondades de dos de las cintas más esperadas. Antes de ir con la flamante ganadora de León de Oro de Venecia, comentemos rápidamente la que se proyectaba dentro de la sección EFA:



El capital humano (Il capitale umano, 2013) es un drama dirigido por un viejo conocido del festival, Paolo Virzi, que ya compitió anteriormente con Caterina va in cittá y del que comentamos en su día la buena película que fue La prima cosa bella. La cinta que nos atañe comienza como la obra maestra de Bardem, Muerte de un ciclista (1955): un automóvil atropella a un ciclista que acaba de salir de su trabajo de camarero en una fiesta navideña; el conductor, o conductores, no ayudan al herido y se dan a la fuga.

Igual que en el filme de Bardem, dos familias de diferentes clases sociales se encuentran implicadas en el siniestro, pero, a diferencia de Muerte de un ciclista, no sabemos quién ha sido el causante del accidente. Un recurso de guión que mantiene el suspense, y que lo aumenta gracias a la estructura en capítulos, y a que cada uno de ellos narra el mismo suceso desde distintos puntos de vista.



Si bien, no se puede decir que la organización de la película y el argumento sean muy originales, en general la cinta se deja ver por su crítica social (de nuevo nos remitimos a la de Bardem y le damos mucho más mérito: allí el director español tenía que vérselas con un régimen que miraba las películas con lupa) en especial por la denuncia de un sector del mundo de los negocios que apuestan por la especulación agresiva, y por la hipocresía en las relaciones humanas cuando la mayoría de ellas se basan en intereses personales.

El largometraje de Virzi viene al festival con un recorrido impresionante de más de treinta premios y con la reciente noticia de haber sido elegido por su país para representarlo en los Óscar. Veremos si se lleva el premio del público por el que compite aquí en Sevilla.


Ver Ficha de El capital humano.


De vuelta a la sección oficial, ayer se proyectaba una de las favoritas para llevarse el Giraldillo de Oro: A pigeon sat on a branch reflecting on existence es la última entrega de la trilogía sobre la existencia, rodada por el director sueco, Roy Andersson, y posiblemente la mejor a tenor de los éxitos que va cosechando allá donde se proyecta.



La cinta es un conjunto de cuadros ligeramente entrelazados con el humor como protagonista y con el surrealismo como su pareja de baile. Ambos unidos para denunciar el comportamiento humano, egoísta y cruel, con la siempre difícil herramienta que es la comedia.

La serie de sketchs —la mayoría de ellos— tienen como nexo de unión a dos vendedores ambulantes de artículos de broma. Ellos, con su apariencia sombría y triste, contrastan con los objetos con los que comercian de la misma forma que, en un sentido más general, a lo largo de todo el filme, Andersson enfrenta lo despiadado del ser humano con las risas del público.



El humor del director sueco es difícilmente clasificable. Sus personajes tienen el rostro pintado de blanco, como los mimos (la palabra griega “mimo” significa imitación de la realidad), pero sin los contornos tan definidos. Son mimos “deprimidos” y sin consuelo que se comportan con la resignación propia del que sabe que formar parte de la humanidad es la madre de todas las desgracias. Lo hacen dilatando el tiempo, sin prisa, en un entorno también sin personalidad y rematando el elaborado gag con una sorpresa final que desencadena la risa. Por buscar alguna similitud, podíamos decir que el personaje típico de Andersson es el que solía interpretar Buster Keaton, pero participando en una película de Jacques Tatí.

El único problema que presenta la cinta es el alto nivel con el que arranca: los tres gags sobre el enfrentamiento con la muerte son estupendos, también el de la academia de baile y los que tienen lugar en un bar, con salto en el tiempo incluido. Con tal comienzo, mantener el mismo ritmo de carcajada por sketch durante 101 minutos es casi imposible. A pesar de que la cinta va decayendo con el tiempo, con algunos picos divertidos casi al final, el conjunto resulta muy recomendable; y saludable. A nivel colectivo se puede aplicar lo mismo que a nivel personal: lo mejor para combatir la depresión es reírse de uno mismo.




sábado, 12 de noviembre de 2011

PALMARÉS DEL FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA 2011

Último día en el Festival de Cine de Sevilla con el visionado de dos películas de la Sección Oficial. Antes de conocer el resultado final de la votación del jurado (de los distintos jurados) hemos asistido a la proyección de Elena (Andrey Zvyagintsev, 2011). Una cinta rusa perteneciente al bloque de largometrajes que visitan el certamen que, como hemos dicho, este año homenajea al cine que se viene haciendo últimamente en Rusia. Se trata de un drama de apariencias, donde los personajes que al principio caen bien se tornan en seres despreciables y, al contrario, los que rechaza el público serán los que se ganen las simpatías. Aunque nada es tan radical, nadie es bueno del todo ni tampoco malo. La cinta es en sí pesimista con una sociedad que parece desunida, donde cada uno va a lo suyo, con una violencia implícita que caldea el ambiente (esa enorme central nuclear lo está avisando). Buen filme, por tanto, con una actuación destacada (luego nos enteramos que ha ganado el premio a la mejor actriz):Nadezhda Markina, la mujer que encarna a Elena.

A continuación acudimos al último pase de Holidays by the sea (Ni a vendre ni a louer de Pascal Rabate, 2011), un divertido largometraje repleto de sketches muy elaborados que rescata el cine de Jacques Tati y lo pone al día.
En realidad es un homenaje al gran director y humorista francés y la película repite aquella excelente Las Vacaciones del Señor Hulot (Les Vacances de Monsieur Hulot de Jacques Tati, 1953), pero con nuevos personajes y algunos gags subidos de tono.



Y, por fin, el palmarés. Este es el resumen de los premios otorgados en el Festival de Cine Europeo de Sevilla 2011:

GIRALDILLO DE ORO - MEJOR PELÍCULA
SIEMPRE FELIZ, de Anne Sewitsky.

GIRALDILLO DE PLATA
SI NO NOSOTROS, ¿QUIÉN?, del director Andrés Veiel.

PREMIO ESPECIAL DEL JURADO
EL MOLINO DEL TIEMPO, de Lech Majewski.

MEJOR DIRECTOR
Steve McQueen, por SHAME.

MEJOR ACTRIZ
Ex aequo a Nadehhda Markina¸ por ELENA, y a Bien de Moor, por CODE BLUE.

MEJOR ACTOR
Ex aequo a Michael Fassbender, por SHAME, y a August Diehl, por SI NO NOSOTROS, ¿QUIÉN?

PREMIO SELECCIÓN EFA
Premio a la Mejor Película THE ARTIST, de Michel Hazanavicius.
Mención especial a LÍDICE, de Petr Nikolaev.

PREMIO EURIMAGES – MEJOR COPRODUCCIÓN EUROPEA
SHUN LI AND THE POET (IO SONO LI), dirigida por Andrea Segre.

PREMIO EURODOC
LA ROCA, de Raúl Santos.
Mención especial a LAS CONSTITUYENTES, de Oliva Acosta.

PREMIO FIRST FILMS FIRST
El premio a la Mejor Dirección Novel es para Morteza Farshbaf, por la producción iraní MOURNING.

PREMIO ASECAN
La Asociación de Escritores Cinematográficos de Andalucía (Asecan) ha concedido su premio a EL MOLINO DEL TIEMPO de Lech Majewski.
Mención especial a MERCADO DE FUTUROS, de Mercedes Álvarez.

IV PREMIO DE CINE UNIVERSITARIO
En la categoría de No ficción al cortometraje ALMA, de José Javier Pérez Prieto; y en la categoría de Ficción, al corto CUANDO NOS CONOCIMOS, de Jesús Méndez Cestero.

PREMIO JURADO CAMPUS
TRES VECES 20 AÑOS, de la directora Julie Gavras.



Este año no podemos estar más de acuerdo con el jurado, al menos en los premios principales, además, hemos tenido la suerte o el acierto en la selección previa, de haber visto la mayoría de las cintas premiadas. De la Sección Oficial hemos ido contando nuestro parecer y si nos han seguido habrán visto que ninguna película nos ha parecido redonda, aunque sí hemos destacado las comedias por encima de los dramas. En este sentido, nos alegramos de la ganadora, Siempre Feliz (Happy Happy), (y del premio que otorga la Universidad cosechado por la otra comedia, Tres veces veinte años), y del criterio del jurado que ha elegido Happy Happy “por mostrar un retrato de la Europa contemporánea a través de la vida de gente ordinaria, por contar una historia edificante y sutil sobre seres humanos y por celebrar el amor y la calidez en las relaciones humanas como el pegamento que mantiene todo unido”.

En el apartado de interpretación nos parece justo el reconocimiento a la actuación de Michael Fassbender en Shame y también, como hemos comentado, al muy buen trabajo de Nadezhda Markina en Elena. Sólo discrepamos de los premios otorgados al director de Shame y a los conseguidos por Si no nosotros ¿quién?, pero es difícil coincidir al cien por cien con el jurado.

Del resto de galardones, comentar la unanimidad al elegir a The Artist como mejor película de la sección EFA (cualquiera de las que hemos visto en este apartado podría haber ganado la sección Oficial si hubiera competido allí, estamos hablando de The Turin Horse o Le Havre, por ejemplo, tal es el nivel de estas películas). Y, por último, nos alegra también el premio conseguido por la muy buena película de Andrea Segre, Shun Li and The Poet.

Esto es lo que ha dado de sí el Festival de Cine Europeo de Sevilla y sólo nos resta decir que esperamos estar de nuevo aquí el año que viene para contarles lo que ocurra en la siguiente edición.

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"Puentes y Sombras" dentro de poco tiempo en estas páginas

lunes, 11 de abril de 2011

TODO VA BIEN (Tout va bien de Jean-Luc Godard y Jean-Pierre Gorin, 1972)

Es curioso como el paso de los años hace mella en las películas. Mientras unas envejecen mal —cuántas veces habremos dicho esa frase— otras, por el contrario, sobreviven casi intactas e incluso mejoran con el tiempo; o bien porque su intención permanece vigente, o por la calidad de las cintas, o por ambas cosas. Pero aún hay un tercer grupo: las que se transforman; las que sufren una metamorfosis (seguramente porque son variantes del primer caso). Todo va bien puede valer como ejemplo de esta última categoría.



La cinta de Jean-Luc Godard aprovecha el tirón de la revuelta de Mayo del 68 para presentar uno más de sus ensayos —tan antiguos como gran parte de su cine— sobre las ideas marxistas y revolucionarias. El discurso de Tout va bien podría ser válido en 1972, donde aún se creía en la utopía, pero hoy en día se ha convertido en una caricatura, casi en una ironía permanente. Los diálogos con intención proselitista parece que se hubieran modificado para ofrecer un resultado contrario al inicial. El drama se convierte en comedia y las sentencias se tornan en sarcasmos; tal es la erosión que ha provocado el tiempo en el largometraje.

No obstante, el filme guarda ciertos aspectos interesantes que, confesamos, son los que queríamos comentar. En primer lugar, parece apartarse de sus ideas revolucionarias para con el cine mismo y decide (descubre la pólvora) que las películas tienen que hacerse con dinero y con actores que atraigan al público. Ese es el motivo por el que las estrellas ya consagradas, Yves Montand y Jane Fonda, encabecen el reparto. Godard los utiliza en muchas escenas —y ellos se dejan— como simples figuras decorativas. Miran a la pantalla, pasan por allí, o posan distraídamente mientras el discurso de Godard se oye fuera de campo. Es decir, Godard se ríe del cine comercial; se aprovecha de él. Lo confirma cuando organiza la estructura de la cinta apoyándose en la técnica documental —tan conocida por el cineasta y por Jean-Pierre Gorin, codirector con Godard en esta película, y documentalista de profesión—, para desarrollar la trama:

La acción se desarrolla en una fábrica de alimentación donde acaba de estallar una huelga violenta, que termina con el secuestro del empresario —y con el de Fonda y Montand, a los que Godard sitúa en la acción descaradamente para los propósitos ya indicados—. Las ideas del Sindicato, la de los obreros y la del empresario es lo que a Godard le interesa; pero también, en la segunda parte de la cinta, el desencanto de cierta burguesía que antaño fueron activistas. Son los encarnados por la estrella norteamericana y el actor francés. Ellos ya se han rendido. Godard mezcla ficción con realidad: los actores ya no son unos desconocidos forman parte del star system, del cine convencional, el que da dinero.

La idea de estructurar y separar las clases sociales hace que el decorado sea también original: los distintos pisos y habitaciones pueden verse simultáneamente —y la interacción entre los personajes que habitan en ellas—. Todo al estilo de la vivienda de Monsieur Hulot en Mi Tío (Mon Oncle de Jacques Tati, 1958) o la casita de muñecas de Jerry Lewis en El terror de las chicas (The Ladies Man, 1961).

Además, para centrar el tema en la Francia de principios de los setenta, decora toda, absolutamente toda la puesta en escena, con los tres colores de la bandera francesa. Y lo hace de una forma muy original. Por ejemplo, en un despacho donde los huelguistas hacen guardia para que no escape el empresario, el color azul de los monos de trabajo de algunos obreros contrasta con el blanco de las batas de los carniceros que, a su vez, se encuentran manchadas por la sangre de los animales sacrificados en la fábrica. Otro: el blanco de la pared de la casa de los protagonistas, más el azul del sofá y el rojo llamativo de una tetera, en el centro del encuadre, son tonalidades claramente intencionadas.

Es verdad que el discurso de Todo va bien ha envejecido mal. Eso es una realidad. Pero lo que también es cierto es que se trata de una cinta con tantos elementos cinematográficos atractivos que, si nos abstraemos del mensaje, consiguen que el filme de Godard, finalmente, supere la dura prueba de los años.


Ver Ficha de Todo va bien.







jueves, 31 de enero de 2008

MI TÍO (Mon Oncle de Jacques Tati, 1958)

Unos créditos, sobre tablones de anuncios, y el ruido de la maquinaria de una obra cercana, dan paso a una secuencia donde unos perros callejeros corretean por los suburbios de la ciudad mientras suena una famosísima composición musical. Es el arranque de Mon Oncle, una obra de arte –con marco y todo, ya que la citada escena de los canes se repite al final- de Jacques Tati.

En Mi Tío, pese al inevitable paso de los años, se abordan dos temas que no tienen fecha de caducidad: la pérdida de personalidad que supone vivir acorde a las exigencias del desarrollo –desarrollo “comercial”, no humano-; y el abandono de los hijos como consecuencia directa de dicha situación. Las dos cuestiones son hábilmente tratadas bajo el punto de vista de Monsieur Hulot (el trasunto del propio Jacques Tati) cuando su cuñado decide darle un empleo en la fábrica donde trabaja para mantenerle alejado de su hijo pequeño y, de lo que él cree, son malas influencias. Gracias al humor contenido -y no exento de dramatismo- Tati consigue transmitir al espectador su ansia por parar el mundo en el que le ha tocado vivir.

El cineasta galo pasa por ser el mejor cómico que ha dado nuestro país vecino (sólo con Mi Tío consiguió un Oscar y el premio especial del jurado en Cannes), muy por encima de los excesos de Louis de Funes y más creativo que Fernandel o Bourvil. Y más original. Su estilo ha sido estudiado hasta la saciedad y, mientras unos aseguran que Tati pertenece a un humor, digamos judío, emparentado muy de cerca con aquellos pioneros del cine mudo (Keaton, Lloyd o el mismísimo Chaplin), otros creemos que posee una personalidad propia al reinventar la comedia; aunque eso sí, lo hace partiendo de principios clásicos.



Es cierto que casi la totalidad de su obra –MiTío es un ejemplo claro- trata un tema ya desarrollado por Chaplin en Tiempos Modernos (Modern Times, 1936): la difícil adaptación del hombre a la vida moderna. Incluso ambos cineastas se valen de un personaje universal (Charlot, Hulot) para protestar y revelarse, a su modo, ante esta situación. Pero, aunque el fondo sea el mismo, la forma desde la que Tati plantea la trama es sensiblemente diferente: así, los planos generales adquieren mayor importancia al ser el entorno casi tan importante como los personajes, tanto que sus cintas se consideran como obras de culto para los arquitectos de todas las épocas –véase la casa del cuñado, eje central de la trama, que hasta posee “ojos”que vigilan en la oscuridad; o el edificio donde vive Hulot, que recuerda al “13 Rue del Percebe” de F.Ibañez-; es diferente también el uso comedido del slapstick, que provoca más la sonrisa que la carcajada, pero que asegura su continuidad a lo largo de todo el metraje; y, sobre todo, destaca la minuciosidad en la elaboración de los gags.

Esto último, que ha sido muy criticado, nos parece fundamental para entender la obra del genial director. Y es que cuando Tati planifica hasta el mínimo detalle parece una victima más de aquello que denuncia. Sólo hay que presenciar como discurre el tráfico en sus calles: los vehículos prácticamente iguales, de tres en tres, perfectamente alineados; perfectamente alienados. Sólo hay que ver a esos perros callejeros del arranque. Sus correrías por las calles desiertas, al amanecer, nos llevan a la mansión donde se van a desarrollar los hechos. Uno de ellos, a regañadientes, traspasa la verja en calidad de resignada mascota. El resto se queda fuera; como Jacques Tati: son los que se resisten a formar parte del sistema.


Ver Ficha de Mi Tío.
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