Mostrando entradas con la etiqueta Lawrence Kasdan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lawrence Kasdan. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de noviembre de 2012

FIN (Jorge Torregrossa, 2012)


Con una prometedora secuencia que transcurre en el metro, arranca la película de Torregrossa y también el festival de cine. La escena, colocada justo antes del título, resume toda la trama del largometraje elegido para la gala inaugural. Buen comienzo, el ideal para cualquier filme. Lástima que la cinta se quede en sólo eso, en un buen arranque.























La televisión y el cine, o el cine y la televisión. Enemigos desde el nacimiento de la “caja tonta”, ahora parece que van de la mano. Las series de la pequeña pantalla cada vez son más ambiciosas en la puesta en escena y cada vez cuentan con mejores libretos y actores de primer nivel dirigidos por realizadores de cine. En las salas de proyecciones está ocurriendo todo lo contrario: es habitual el abuso de los escaqueantes primeros planos sin ningún efecto dramático, de los actores surgidos de series juveniles y de los guiones donde el punto de vista cambia de uno a otro personaje como un saltamontes y donde los diálogos exceden el melodrama para, finalmente, provocar la risa de la audiencia.

El mundo al revés en esta lucha de medios. A Fin, el debut cinematográfico de Torregrossa, se le puede aplicar todo lo dicho en el párrafo anterior. El director curtido en series de televisión —ya estamos— adapta la novela de David Monteagudo para presentar un filme apocalíptico que comienza con una reunión de viejos amigos que no se veían desde veinte años atrás. Como Reencuentro (The Big Chill de Lawrence Kasdan, 1983) o Los Amigos de Peter (Peter’s Friends de Kenneth Branagh, 1992), la cinta plantea distintas relaciones entre los personajes, triangulando más que la selección española de fútbol, y aburriendo al personal.


Del melodrama costumbrista, Fin pasa al thriller convencional cuando descubrimos que hay un oscuro asunto del pasado sin resolver. En ese momento, nos acordamos de aquella película de terror española, El arte de morir (Álvaro Fernández Armero, 2000), con un planteamiento sospechosamente parecido, que finalmente no resultó tan mala. Quién sabe, a lo mejor le ocurre lo mismo a la cinta de Torregrossa.

Cuando parece que asistiremos a una especie de Sé lo que hicisteis el último verano, pero a la española, la película vuelve a dar un giro de ciento ochenta grados para meterse de lleno en Lost. El público comienza a ver animales que no tenían por qué estar allí, planos calcados de aviones caídos, el deambular de un grupo, la irrupción espontánea de un líder y su antagonista…, es decir, Torregrossa se convierte en J.J. Abrams con algún guiño a Hitchcock (Los pájaros).

Para terminar de rematar este refrito, y exceptuando el buen trabajo al que Blanca Romero nos tiene acostumbrados, el resto del elenco deambula inseguro a lo largo del metraje dando vida a unos personajes a los que el director asigna nombres con evidente intención metafórica —Ángel y, sobre todo, Eva— que tampoco ayudan a levantar una película que se hundió enseguida, justo después del título.


Ver Ficha de Fin.


lunes, 16 de junio de 2008

ESPECIAL CINE NEGRO

Si uno enciende el televisor a altas horas de la madrugada y comienza a hacer zapping, puede que se encuentre con programas donde se venden pesas para hacer ejercicio; o con otros donde números de teléfono que comienza por ocho enmarcan una sesión de tv porno; o con películas en blanco y negro.

Si ésta última es la opción elegida -y le doy la enhorabuena por ello- es probable que se sumerja en una historia bastante confusa, con unos diálogos tan rápidos que es imposible seguir la trama. Puede que se le corte la respiración si una rubia fatal le echa el humo a la cara mientras canta con una voz tan dura que genera dudas -si es a causa de los dry martinis que ya lleva encima o es debida a que lleva tragándose el humo desde que tenía 10 años, o ambas cosas a la vez-.


Además es posible que lo vea todo oscuro; que sólo consiga adivinar los rostros de los personajes gracias al brillo que dejan las farolas, al reflejarse sobre el pavimento húmedo de las calles. Es más que probable que una voz sarcástica le conduzca a través de la historia. Una historia que arranque con el característico: "todo empezó aquella mañana gris...". Apuesto a que también le es difícil distinguir los "buenos" de los "malos". Y me jugaría el cuello si al final no le queda un poso de amargura y unas ganas de volver a verla otra vez.

Si todo esto le sucede, ha tenido suerte, se ha topado con una cinta de Cine Negro.

Nosotros nos topamos con ellas hace tiempo y admitimos que fueron las culpables de nuestra cinefilia empedernida. Creemos que por ello se merecen un homenaje, una sección especial donde se comenten los filmes que hicieron famoso al género y aquellos otros más desconocidos, pero igual de fascinantes. Antes de entrar en materia sería conveniente averiguar de dónde vienen esas películas tan peculiares; y a donde van.

El Cine Negro se hizo adulto en Hollywood, en los años cuarenta y cincuenta, pero tuvo una infancia y juventud de lo más ajetreada, y un padre más oscuro si cabe: El Expresionismo (ver el especial). Dicho movimiento artístico, autóctono de Alemania en las primeras décadas del siglo XX, utilizaba ya algunos elementos que luego incorporarían a las cintas negras los directores germanos exiliados durante la Segunda Guerra Mundial. Realizadores como Billy Wilder, Robert Siodmak, Otto Preminger o Fritz Lang utilizaban las luces y las sombras para distorsionar la realidad y, de esta forma, poder transmitir -expresar- lo que los personajes sentían en cada momento.

Pero la negrura cinematográfica no es exclusiva de Alemania o de EEUU, de hecho para algunos el género arrancó de otro movimiento cinematográfico que se desarrollaba en Francia durante los años treinta: El Realismo Poético. Autores como Jean Renoir, Julien Duvivier, Marcel Carné o Jean Gremillón supieron sacar lo mejor de sí mismo en cintas que se convirtieron en legendarias; allí los héroes -y enseguida nos viene a la memoria Jean Gabin- soportaban el peso de un oscuro pasado y luchaban en un presente nada halagüeño, de calles mojadas y canciones que surgían de los tugurios más infectos, como verdaderos lamentos.

Lo cierto es que las cintas negras que han pasado a la historia como las más representativas del género se realizaron en Estados Unidos. Y es que todos los elementos que hicieron posible este despliegue de películas parece que confluyeron allí: por un lado los directores germanos exiliados; por otro los cineastas americanos que ya habían experimentado con largometrajes primos hermanos del Cine Negro, como fueron las películas de gangsters. Tanto Howard Hawks, como Mervyn Leroy o Raoul Walsh, entre muchos otros, habían abonado el campo para la llegada triunfal del "film noir"; como también lo habían hecho escritores de la talla de Dashiell Hammett o Raymond Chandler; o el ambiente de pesimismo que inundaba a la sociedad, embarcada en el conflicto armado más sangriento de la historia. Si además incluimos en la lista de factores a que hubo estudios de producción que se especializaron en ese tipo de historias (la Warner, por ejemplo), pues el resultado no podía ser otro: El Halcón Maltés, Perdición, La Jungla de Asfalto, The Force of Evil, El Sueño Eterno, La Dalia Azul, y un larguísimo etcétera.

La evolución del Cine Negro en los últimos años cincuenta y los siguientes sesenta fue casi la misma que la del propio cine, es decir decadencia. Sólo algunas muestras de buen cine se salvaron de la quema, y es que a las crisis de los estudios y al auge de la televisión, se unieron las persecuciones de autores y actores por parte del senador MacCarthy y sus secuaces. En Europa, mientras tanto, Jacques Becker, Jean Pierre Melville o Jules Dassin ofrecían un soplo de aire fresco al género al dotarle de mayor realismo y cotidianeidad a la vez que desdramatizaban a los personajes.

Con la llegada de nuevos tiempos, los años setenta y ochenta, se recupera parte del prestigio perdido gracias a la aparición de directores que, o bien homenajeaban al género o bien daban su moderno punto de vista. Así, Roman Polanski, Martin Scorsese o Brian De Palma le dieron una vuelta de tuerca al Cine Negro, mientras Lawrence Kasdan o Dennis Hopper hacían una especie de excelente revival. En los noventa, Curtis Hanson, Quentin Tarantino y, en mayor -y mejor- medida, los hermanos Coen, se han encargado de resucitar al género que sigue evolucionando, que ha pasado a ser más violento, si se quiere más duro, pero que continúa con la mayoría de los elementos que le hicieron triunfar y que nos hicieron amar el cine sobre todas las cosas.




También hemos hablado de:






Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...