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lunes, 29 de junio de 2026

2 X 1: "NACIDO PARA MATAR" y "THE CAPTIVE CITY" (Robert Wise)

Nacido para matar (Born To Kill, 1947) 


En el seno de la RKO, tras pasar su etapa como montador —algunas de sus cintas editadas resultan obras maestras como Ciudadano Kane y El cuarto mandamiento, ambas de Orson Welles—, y después de la serie de películas de terror que hace con Val Lewton de productor, el director Robert Wise realiza dos policíacos: Criminal Court y Nacido para matar

En el segundo de ellos, el psicópata Sam Wild (Lawrence Tierney) mata con frialdad al menor contratiempo, sin necesidad de muchas excusas. Mientras tanto, Helen (Claire Trevor) se siente atraída por Sam, al tiempo que pretende casarse con un hombre adinerado sólo para sentirse protegida, sin atisbar amor por su parte. El triángulo se completa cuando la hermanastra de Helen se enamora del asesino y este le propone matrimonio... 

El filme tiene dos protagonistas claros: Sam y Helen. El primero, muy bien interpretado por Lawrence Tierney, se comporta como un hombre sin sentimientos, que manipula sin pestañear. Cuando Tierney entra en escena, todo se vuelve más oscuro, y se puede sentir un frío que transciende la pantalla. Sólo parece controlarlo su compañero de fatigas asesinas, otro actor de cine negro: el siempre eficaz Elisha Cook Jr. Secundario que se juega la vida cuando quiere frenar a su colega. 

Por su parte, Claire Trevor (¿la recuerdan como pareja de John Wayne en La diligencia?), borda su papel de mujer calculadora, con una lucha interior que se debate entre la maldad personificada —no se queda muy lejos de Sam— y la desesperación por abandonar la pulsión sexual que siente por Sam, a pesar de que sabe que es un criminal casi desde el principio. 

El largometraje es un noir de libro, pero tiene momentos de puro terror. Seguro que Wise puso en práctica las enseñanzas de Val Lewton para conseguir esa tensión que se crea cuando la pareja protagonista domina la puesta en escena… porque hay miradas que matan. 

 

The Captive City (1952) 


Cinco años después de rodar Nacido para matar, Robert Wise funda Aspen Productions junto a Mark Robson, su compañero de fatigas cuando ambos eran editores en la RKO. La primera película de la compañía es The Captive City, otro policíaco esta vez basado en hechos reales, según las experiencias del corresponsal de la revista “Time” Alvin M. Josephy: 

En La ciudad cautiva, título por el que se le conoce en algunos textos en español, el periodista interpretado por un sobrio John Forsythe intenta denunciar la situación creada por la mafia cuando se aprovecha de la impunidad de los garitos de apuestas ilegales. El protagonista y su mujer, también reportera, ponen en peligro sus vidas cuando huyen de los sicarios que los quieren silenciar igual que han hecho con otros anteriormente. 

La cinta se organiza en un largo flashback, (como Perdición y otras películas) donde Forsythe graba en un magnetofón todo lo que le ha sucedido, desde que se ocupó del asunto en la redacción del periódico hasta que los gangsters los tienen acorralados, a él y a su pareja, en una comisaría. El filme actúa como docudrama de cine negro cuyo objetivo es concienciar a la audiencia y denunciar los actos delictivos. 

Con una puesta en escena tan austera y mesurada como las actuaciones del elenco principal, Wise pone el acento en algunas secuencias donde utiliza la profundidad de campo como elemento dramático. Seguro que el director tuvo en cuenta la síntesis narrativa de las películas de Orson Welles —experiencias extraídas de su época como montador—cuando utilizó lentes adecuadas inventadas, cómo no, por Gregg Toland para organizar las escenas por capas, colocando al protagonista en un primerísimo plano, y al resto en un segundo y hasta en un tercer término. 

La cinta es una de las que se filmaron a raíz del informe del senador Kefauver —que sale al final de la película— sobre el delito organizado. El propio político dice en su intervención que es un problema que debe solucionarse de forma local, en cada ciudad, y que la película debe ser vista por todos.


domingo, 28 de agosto de 2022

2 X 1: "HOME OF THE BRAVE" y "LA FURIA DE LOS JUSTOS" (Mark Robson)

Después de su paso por la RKO, y especializarse en películas de terror bajo la batuta del productor Val Lewton, el realizador Mark Robson da un salto cualitativo en su carrera al dirigir a Kirk Douglas en el éxito El ídolo de barro (Champion, 1949). Dentro de la misma productora independiente, propiedad de Stanley Kramer, y el mismo año, Robson rueda Home of the Brave:

Un pelotón formado por cuatro soldados y un oficial se adentran en una isla del Pacífico controlada por los japoneses con la intención de hacer un reconocimiento del terreno y levantar unos planos para una futura invasión. La inclusión en la patrulla de un militar de color traerá consigo no pocos enfrentamientos entre unos y otros.

La cinta, aunque pertenece al género bélico, en realidad es otro proyecto más de corte social del productor Stanley Kramer en cuanto se centra en la lucha por los derechos civiles. El filme se desarrolla a través de un largo flashback mientras se intenta explicar qué le ocurrió al soldado negro para tener que recibir después de la misión un tratamiento psiquiátrico que resuelva la parálisis que sufre.

 

El largometraje es una adaptación de la obra de teatro homónima de Arthur Laurents a cargo de Carl Foreman, guionista de la citada El ídolo de barro. Su origen teatral le viene bien a una trama claustrofóbica que se desarrolla en la jungla, donde el calor, la humedad, los estridentes sonidos de los pájaros tropicales y la amenaza de un enemigo que nunca se ve ⸺Robson tomó buena nota de su experiencia con Val Lewton⸺ es el entorno hostil ideal para que salte la chispa de la intolerancia y el racismo.

Intérpretes de segunda línea, pocos medios y rodaje a base de primeros planos y planos medios, muy televisivo, son las características de este filme que se puede incluir dentro de la corriente realista iniciada por el mismo Robson, por su compañero de la RKO Robert Wise, por Joshua Logan y, en general, por todos los llamados directores de la generación de la televisión.

 

La furia de los justos (Trial, 1955)

Cinco años más tarde de realizar Home of the Brave, Mark Robson vuelve al tema racial con La furia de los justos. Una película, ahora sí, plagada de estrellas y con la todopoderosa Metro-Goldwyn-Mayer detrás, lo que demuestra el aumento de su caché como profesional:

Un joven de ascendencia hispanoamericana es acusado de asesinar a una mujer blanca en la playa. Cuando se enfrenta a la pena de muerte, un bufete de abogados progresistas se interesa por el caso. El novato letrado (Glenn Ford) será el encargado de llevar el caso mientras su jefe (Arthur Kennedy) se interesa más en recaudar los fondos que sufraguen los gastos del juicio.

En un principio, la historia no difiere demasiado de la trama mil veces vista del abogado blanco que defiende al acusado de color ⸺chicano en este caso⸺, que es visto como culpable por toda la población, más debido al racismo que a otra cosa. Solo John Ford llevó un argumento parecido a la gran pantalla en tres ocasiones, aunque el paradigma de este subgénero sea la excelente Matar a un ruiseñor (To Kill a Mockingbird, Robert Mulligan, 1962).

 

Lo original de La furia de los justos es la trama política que subyace en el caso, que poco a poco se va haciendo con el protagonismo de la historia. Sobre todo, a partir de que el abogado descubra que lo que pretende su jefe no es otra cosa que buscar un mártir para la causa comunista. El letrado se siente engañado y manipulado en un caso sin aparente solución que será usado en beneficio del partido.

Buenas interpretaciones de Glenn Ford, de los actores hispanos (el juez y el acusado) y del siempre efectivo Arthur Kennedy, algo histriónico, pero adecuado para una película que, si es verdad que denuncia el odio racista, se centra más en atacar al comunismo en plena guerra fría.




domingo, 6 de febrero de 2022

EL BARCO FANTASMA (The Ghost Ship de Mark Robson, 1943)

Hablar de misterio y terror en Hollywood y no nombrar a Val Lewton sería una temeridad. Lewton, de ascendencia rusa (se llamaba en realidad Vladimir Leventon), trabajó unos cuantos años con David O. Selznick antes de ser contratado por la RKO en 1942 para producir películas de terror de serie B. En competencia directa con la Universal, los largometrajes de Lewton resultaron más sofisticados que los de sus oponentes. Realizados con menos dólares y menos monstruos, pero con más inteligencia, Lewton demostró que sugerir las imágenes era mejor que mostrarlas. Lo implícito ganaba a lo explícito gracias al poder de imaginación del espectador, un elemento con el que contaba el productor para suplir la falta de presupuesto.


Después de una primera etapa donde predominaban las historias de mujeres amenazadas por toda clase de peligros (La mujer pantera, Yo anduve con un zombi, La séptima víctima, etc.), Lewton quiso cambiar de tercio y produjo una cinta totalmente diferente. En El barco fantasma era un hombre el perseguido por las fuerzas del mal:

Recién salido de la Escuela Naval, Tom Merriam (Russell Wade) embarca como tercer oficial en el “Altair”, un carguero que se dirige a la costa oeste sudamericana para transportar ganado. El destino de Merriam ha sido solicitado por el capitán Stone (Richard Dix) que ve en el nuevo oficial un retrato de sí mismo cuando era joven. Antes de salir a la mar, Merriam descubre que su anterior en el cargo ha fallecido en extrañas circunstancias, además uno de los marineros ha sido encontrado muerto en cubierta, presumiblemente de un ataque al corazón... 


A pesar de que el director de la cinta es Mark Robson, la película tiene todo el sello de Val Lewton. Es un filme angustioso que transcurre en su mayor parte a bordo de un mercante cuyo demente capitán tiene unas ideas acerca de la autoridad propias de un paranoico megalomaníaco. El suspense se apoya en ruidos, luces y sombras, puertas que se abren o cierran, pensamientos atronadores, miradas, y diálogos inquietantes. Para muchos, la técnica de Lewton de mostrar lo menos posible es un antecedente claro de la estética del cine negro.

En filmes anteriores y posteriores de Mark Robson también se ve la mano “invisible” de Val Lewton. Tanto Robson como Robert Wise, se foguearon en la sala de montaje de la RKO justo cuando comenzaban a trabajar para Lewton. Los dos participaron en la edición de El cuarto mandamiento de Orson Welles, y Robson, además, fue el montador de Estambul, también de Welles. Es curioso observar la cantidad de puntos en común que hay entre Estambul y El barco fantasma; ambos largometrajes destilan una atmósfera insana, a bordo de un barco, en el que el héroe lucha por su vida, pero nadie le hace caso.


El post es un extracto corregido para la ocasión del capítulo dedicado a El barco fantasma en mi libro: CINE Y NAVEGACIÓN. Los 7 mares en 70 películas





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