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lunes, 29 de junio de 2026

2 X 1: "NACIDO PARA MATAR" y "THE CAPTIVE CITY" (Robert Wise)

Nacido para matar (Born To Kill, 1947) 


En el seno de la RKO, tras pasar su etapa como montador —algunas de sus cintas editadas resultan obras maestras como Ciudadano Kane y El cuarto mandamiento, ambas de Orson Welles—, y después de la serie de películas de terror que hace con Val Lewton de productor, el director Robert Wise realiza dos policíacos: Criminal Court y Nacido para matar

En el segundo de ellos, el psicópata Sam Wild (Lawrence Tierney) mata con frialdad al menor contratiempo, sin necesidad de muchas excusas. Mientras tanto, Helen (Claire Trevor) se siente atraída por Sam, al tiempo que pretende casarse con un hombre adinerado sólo para sentirse protegida, sin atisbar amor por su parte. El triángulo se completa cuando la hermanastra de Helen se enamora del asesino y este le propone matrimonio... 

El filme tiene dos protagonistas claros: Sam y Helen. El primero, muy bien interpretado por Lawrence Tierney, se comporta como un hombre sin sentimientos, que manipula sin pestañear. Cuando Tierney entra en escena, todo se vuelve más oscuro, y se puede sentir un frío que transciende la pantalla. Sólo parece controlarlo su compañero de fatigas asesinas, otro actor de cine negro: el siempre eficaz Elisha Cook Jr. Secundario que se juega la vida cuando quiere frenar a su colega. 

Por su parte, Claire Trevor (¿la recuerdan como pareja de John Wayne en La diligencia?), borda su papel de mujer calculadora, con una lucha interior que se debate entre la maldad personificada —no se queda muy lejos de Sam— y la desesperación por abandonar la pulsión sexual que siente por Sam, a pesar de que sabe que es un criminal casi desde el principio. 

El largometraje es un noir de libro, pero tiene momentos de puro terror. Seguro que Wise puso en práctica las enseñanzas de Val Lewton para conseguir esa tensión que se crea cuando la pareja protagonista domina la puesta en escena… porque hay miradas que matan. 

 

The Captive City (1952) 


Cinco años después de rodar Nacido para matar, Robert Wise funda Aspen Productions junto a Mark Robson, su compañero de fatigas cuando ambos eran editores en la RKO. La primera película de la compañía es The Captive City, otro policíaco esta vez basado en hechos reales, según las experiencias del corresponsal de la revista “Time” Alvin M. Josephy: 

En La ciudad cautiva, título por el que se le conoce en algunos textos en español, el periodista interpretado por un sobrio John Forsythe intenta denunciar la situación creada por la mafia cuando se aprovecha de la impunidad de los garitos de apuestas ilegales. El protagonista y su mujer, también reportera, ponen en peligro sus vidas cuando huyen de los sicarios que los quieren silenciar igual que han hecho con otros anteriormente. 

La cinta se organiza en un largo flashback, (como Perdición y otras películas) donde Forsythe graba en un magnetofón todo lo que le ha sucedido, desde que se ocupó del asunto en la redacción del periódico hasta que los gangsters los tienen acorralados, a él y a su pareja, en una comisaría. El filme actúa como docudrama de cine negro cuyo objetivo es concienciar a la audiencia y denunciar los actos delictivos. 

Con una puesta en escena tan austera y mesurada como las actuaciones del elenco principal, Wise pone el acento en algunas secuencias donde utiliza la profundidad de campo como elemento dramático. Seguro que el director tuvo en cuenta la síntesis narrativa de las películas de Orson Welles —experiencias extraídas de su época como montador—cuando utilizó lentes adecuadas inventadas, cómo no, por Gregg Toland para organizar las escenas por capas, colocando al protagonista en un primerísimo plano, y al resto en un segundo y hasta en un tercer término. 

La cinta es una de las que se filmaron a raíz del informe del senador Kefauver —que sale al final de la película— sobre el delito organizado. El propio político dice en su intervención que es un problema que debe solucionarse de forma local, en cada ciudad, y que la película debe ser vista por todos.


domingo, 30 de noviembre de 2025

AUTORRETRATOS DE CINE.

Seguimos con las noticias literarias aquí en el blog de ethan, y ahora es un orgullo presentaros mi nuevo ensayo sobre cine: AUTORRETRATOS DE CINE. Las 50 mejores películas de Hollywood interpretadas por sus directores:



El libro ha sido editado por Ediciones TREA y cuenta con 480 páginas e ilustraciones a todo color. 

"Autorretratos de cine es un viaje único a través de cincuenta películas de Hollywood en las que sus directores decidieron ponerse también frente a la cámara. Desde el clásico El gran dictador (1940) hasta cintas recientes como En un lugar salvaje (2021), pasando por largometrajes tan conocidos como Ciudadano Kane, Braveheart, Bailando con lobos, Manhattan o Sin Perdón, Fernando de Cea recorre, con rigor y amenidad, títulos clásicos y contemporáneos que configuran una mirada distinta a la historia del séptimo arte. 

Entre anécdotas, análisis y retratos de carreras singulares, este libro descubre el valor de esos cineastas que eligieron doblarse en dos: creadores y protagonistas de sus propias obras, y las distintas motivaciones que les impulsaron a hacerlo. Un ensayo original y apasionante que fascinará tanto a cinéfilos como a lectores en general".

El índice de la obra es el siguiente:

ÍNDICE:

 

Introducción

1. CHARLES CHAPLIN: EL GRAN DICTADOR (1940)

2. ORSON WELLES: CIUDADANO KANE (1941)


3. ROBERT MONTGOMERY: PERSECUCIÓN EN LA NOCHE (1947)

 

4. IDA LUPINO: EL BÍGAMO (1953)

 

5. MARK STEVENS: TIME TABLE (1956)

 

6. MARLON BRANDO: EL ROSTRO IMPENETRABLE (1961)

 

7. JERRY LEWIS: EL PROFESOR CHIFLADO (1963)

 

8. DENNIS HOPPER: EASY RIDER (BUSCANDO MI DESTINO) (1969)

 

9. PETER FONDA: HOMBRE SIN FRONTERAS (1971)

 

10. BARBARA LODEN: WANDA (1971)

 

11. ELAINE MAY: CORAZÓN VERDE (1971)

 

12. JOHN CASSAVETES: NOCHE DE ESTRENO (1977)

 

13. WOODY ALLEN: MANHATTAN (1979)

 

14. WARREN BEATTY: ROJOS (1981)

 

15. ROB REINER: THIS IS SPINAL TAP (1984)

 

16. GENE WILDER: LA MUJER DE ROJO (1984)

 

17. SPIKE LEE: HAZ LO QUE DEBAS (1989)

 

18. KEVIN COSTNER: BAILANDO CON LOBOS (1990)

 

19. BARBRA STREISAND: EL PRÍNCIPE DE LAS MAREAS (1991)

 

20. GARY SINISE: DE RATONES Y HOMBRES (1992)

 

21. EDWARD JAMES OLMOS: AMERICAN ME (SIN REMISIÓN) (1992)

 

22. CLINT EASTWOOD: SIN PERDÓN (1992)

 

23. ROBERT DE NIRO: UNA HISTORIA DEL BRONX (1993)

 

24. EDWARD BURNS: LOS HERMANOS MCMULLEN (1995)

 

25. MEL GIBSON: BRAVEHEART (1995)

 

26. TOM HANKS: THE WONDERS (1996)

 

27. BILLY BOB THORNTON: EL OTRO LADO DE LA VIDA (1996)

 

28. STEVE BUSCEMI: TREES LOUNGE – UNA ÚLTIMA COPA (1996)

 

29. KENNETH BRANAGH: HAMLET (1996)

 

30. JOHNNY DEPP: THE BRAVE (1997)

 

31. VINCENT GALLO: BUFFALO ’66 (1998)

 

32. ROBERT REDFORD: EL HOMBRE QUE SUSURRABA A LOS CABALLOS (1998)

 

33. AL PACINO: CHINESE COFFEE (2000)

 

34. ED HARRIS: POLLOCK (2000)

 

35. BILL PAXTON: ESCALOFRÍO (2001)

 

36. DAVID DUCHOVNY: DELITOS MENORES (2004)

 

37. ZACH BRAFF: ALGO EN COMÚN (2004)

 

38. TOMMY LEE JONES: LOS TRES ENTIERROS DE MELQUIADES ESTRADA (2005)

 

39. GEORGE CLOONEY: BUENAS NOCHES, Y BUENA SUERTE (2005)

 

40. EMILIO ESTÉVEZ: BOBBY (2006)

 

41. JODIE FOSTER: EL CASTOR (2011)

 

42. BEN AFFLECK: ARGO (2012)

 

43. BEN STILLER: LA VIDA SECRETA DE WALTER MITTY (2013)

 

44. JOHN TURTURRO: APRENDIZ DE GIGOLÓ (2013)

 

45. RUSSELL CROWE: EL MAESTRO DEL AGUA (2014)

 

46. DENZEL WASHINGTON: FENCES (2016)

 

47. JAMES FRANCO: THE DISASTER ARTIST (2017)

 

48. EDWARD NORTON: HUÉRFANOS DE BROOKLYN (2019)

 

49. VIGGO MORTENSEN: FALLING (2020)

 

50. ROBIN WRIGHT: EN UN LUGAR SALVAJE (2021)

 

Apéndice. En el tintero…

 

Bibliografía


Índice de películas citadas.


El libro ya se puede adquirir en Amazon (pinchar en el siguiente banner), en La casa del libro y encargar en las principales librerías. ¡Espero que os guste!
Un abrazo a todos los lectores del blog.






domingo, 3 de septiembre de 2023

2 X 1: "EL HOMBRE DE MÁRMOL" y "EL HOMBRE DE HIERRO" (Andrzej Wajda)

El hombre de mármol (Czlowiek z marmuru, 1977)

El director Andrzej Wajda —junto con Roman Polanski—probablemente haya sido el cineasta más influyente de la historia del cine polaco. Hijo de un oficial del ejército, que murió en la masacre de Katyn, y resistente antinazi en la Segunda Guerra Mundial, Wajda comenzó su carrera como director con una serie de películas sobre dicho conflicto (más tarde denunció la matanza de Katyn perpetrada por la Unión Soviética aprovechando la invasión alemana con una más que interesante película). Conocido por sus buenas adaptaciones de novelas polacas, Wajda hizo a finales de los años setenta un díptico que analizaba a su manera tres décadas de la historia de Polonia:

En la primera película, El hombre de mármol, una joven estudiante (Krystyna Janda) intenta hacer una película como tesis de fin de carrera sobre el estajanovismo de los años cincuenta en Polonia. Cuando se documenta para el trabajo, se topa con la figura de Birkut (literalmente, con una escultura de mármol abandonada, de ahí el nombre del filme de Wajda), un héroe de esa época, capaz de poner miles de ladrillos en un solo día, famoso en toda la nación, pero que más tarde fue olvidado. Krystyna tratará de dar con él —ahora desaparecido— y con los motivos por los que cayó en desgracia.

Wajda utiliza una estructura muy reconocible, estilo Ciudadano Kane, donde la joven aprendiz entrevista a los amigos de Birkut, a su mujer, al director de cine que lo encumbró, etc., de tal forma que el espectador, a base de flashbacks, se da una idea de cómo era este hombre y, sobre todo, de por qué desapareció. De su subida a la cumbre y de su bajada a los infiernos de la cárcel.

 

La película tiene un doble mensaje: en primer lugar critica la época de la posguerra, de dura influencia estalinista, por no decir injerencia soviética en la vida social y política de Polonia. Las mejores secuencias tienen que ver con la utilización de la figura de Birkut con el propósito de la propaganda descarada. En especial, cabe destacar el rodaje de un documental de la época donde Wajda presenta los entresijos de la filmación (si el héroe se santigua, cortan, si se cansa, tampoco lo ruedan, etc.).

El segundo mensaje es con respecto al cine dentro del cine. Wajda se mete con la censura y las dificultades que ponen las autoridades para rodar determinados temas. La joven protagonista se las ve y se las desea para terminar su película. Supera una depresión y sigue buscando al protagonista. El propio Wajda comenzó con la idea de esta magnífica cinta en 1962, (en plena época del deshielo soviético) pero aun así no le permitieron rodarla hasta pasados quince años. 


El hombre de hierro (Czlowiek z zelaza, 1981)

Cuatro años después de El hombre de mármol, Andrzej Wajda cierra el díptico con una secuela titulada El hombre de hierro. Una película muy similar en cuanto a la estructura narrativa (Ahora es un periodista radiofónico el que quiere hacer un reportaje sobre la figura de Birkut y de su hijo, ambos interpretados por el mismo actor que en la película anterior: Jerzy Radziwilowicz).

La diferencia entre este filme y el primero de la serie es que ahora los poderes públicos le encargan el trabajo al reportero con el fin de desprestigiar al que fuera líder del movimiento obrero y a su hijo. El primero ya fallecido y el segundo casado con aquella cineasta de El hombre de mármol, a la que de nuevo encarna Krystyna Janda.

El periodista va siguiendo un recorrido muy similar al de la cineasta, cuando entrevista a los amigos del hijo de Birkut, a la madre, a su mujer, etc. Otra vez, poco a poco, el espectador irá sacando conclusiones sobre la figura de ambos personajes, padre e hijo: sabrá cómo murió el primero y cuál es la vida del segundo.

 

Wajda se esconde detrás de este formato de semidocumental, lo carga de objetividad,  para, de nuevo, encubrir lo que en realidad pretende el director, que no es otra cosa que criticar el sistema político de su país. Conforme el periodista va hallando pistas sobre el tema de su reportaje, va cambiando su manera de pensar hasta resistirse a hacer el trabajo tal como se lo habían encargado.  

Otra diferencia de El hombre de hierro con respecto a la anterior es su interés desde el punto de vista histórico, ya que desgrana el nacimiento del sindicato Solidaridad. Hasta el propio líder Lech Walesa tiene un papel en la cinta, haciendo de él mismo. El largometraje fue más reconocido que el anterior —aunque me quedo con el primero—, ya que ganó la Palma de Oro de Cannes y fue designado como candidato al Óscar. Más tarde, el gobierno polaco lo retiró de la carrera a los premios de Hollywood porque no quería que representara a ese país.




lunes, 14 de abril de 2014

EL AUTOREMAKE EN EL CINE: CAPÍTULO IV (V)

Gregg Toland ya era por entonces un prestigioso operador responsable de la genial fotogra­fía en blanco y negro de Ciudadano Kane (Citizen Kane de Orson Welles, 1941), repleta de encuadres imposibles, y con el uso de la profundidad de campo como sello personal. Técnicas que no pudo desarrollar a su antojo en Bola de fuego por la forma de dirigir de Hawks. Nos imaginamos a un Gregg Toland limitado, digamos contenido, por el director al que menos le atraían los artificios, las angulaciones extremas o los movimientos de cámara gratuitos. Hawks —como Ford— era un realizador clásico que gustaba de planos generales y huía del montaje innecesario. Creía que la cámara debía ser transparente para el espectador, invisible, y que los encuadres debían situarse a la altura de los ojos, todo para que el público se centrase en la acción olvidándose de que lo que estaba viendo había sido previamente filmado.

A pesar de tener a Toland atado por corto, Hawks permitió que en determinados momentos el director de fotografía diese rienda suelta a su creatividad. Hawks no traicionaba a su modelo clásico de dirección sino que se sometía a las necesidades que le iba imponiendo la propia trama como, por ejemplo, el hecho de querer mostrar juntos a los profesores y a Sugarpuss en un espacio reducido. Para resolver el problema podía optar por una puesta en escena basada en el plano general horizontal (4.4), con el inconveniente de saturar el encuadre, o por una distribución en profundidad o en vertical. Para estas dos últimas opciones contaba con sendas herramientas que Toland manejaba a las mil maravillas: la citada profundidad de campo, para mostrar a varios personajes en distintos rangos de distancias (4.9 y 4.10); y los fuertes contrapicados y picados, ideales para un decorado repleto de escaleras y niveles en altura (4.3 y 4.11). Cuando Hawks permitió que Toland gestionase ambas opciones, por separado o a la vez, los resultados fueron tan espectaculares como en Ciudadano Kane.

fig. 4.10

Con Bola de fuego, Hawks describió una batalla más de su particular guerra de sexos. Debido a que el argumento se basaba en un cuento tradicional, con muchos personajes encerrados en un decorado singular, recurrió a una trama menos desatada, más dramática que en anteriores comedias, pero igual de atractiva; y a una puesta en escena más barroca de lo que en él era habitual para realizar una película que pronto se confirmó —seis años después— que sería muy difícil de mejorar. 

fig. 4.11



jueves, 17 de septiembre de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 18 al 24 de septiembre de 2009)

Ya sabemos cual fue la ganadora del León de Oro: Lebanon del israelí Samuel Maoz; también conocemos quién se llevó el premio Volpi al mejor actor: Colin Firth (y nos acordamos de alguna amiga que estará encantada con la noticia). Nosotros seguimos con nuestra particular cita con los canales en abierto y nos alegramos de tener la oportunidad de comentar una de nuestras más queridas películas. Mientras tanto recomendamos la siguiente tabla de pases televisivos:

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)

Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

El Cuarto Mandamiento (The Magnificent Ambersons de Orson Welles, 1942). Joseph Cotten, Dolores Costello, Tim Holt, Anne Baxter. (Canal 9, viernes 18 a las 03:15)

Segunda película de Welles y segunda obra maestra; para el que suscribe, ligeramente por encima de Ciudadano Kane a pesar de las importantes modificaciones, del falso final feliz y de más de 40 minutos amputados por la RKO.

Orson Welles se vale de la novela de Booth Tarkington para contar, una vez más, una trama sobre la decadencia en el seno de la alta sociedad, sobre el triunfo del progreso y sobre las oportunidades perdidas en la búsqueda de la felicidad. Y lo hace narrando la historia de una familia aristócrata americana, Los Ambersons, y centrándola en la subtrama principal: la relación fallida entre un plebeyo (Joseph Cotten), futuro emprendedor que simboliza el progreso, y la hija del magnate (Dolores Costello), que sufre la actitud negativa de su familia y, posteriormente, la de su propio hijo (Tim Holt). Este niño mal criado se opone con más fuerza aún a la unión entre los protagonistas. Su intolerancia (como la de Kane y otros personajes de Welles) destrozará su vida y la de todos los que le rodean, incluyendo al amor de su vida (Anne Baxter).

Como se ha citado la película fue cortada por los productores de la RKO mientras Welles estaba en Brasil rodando el documental incompleto It's all true. El montaje final corresponde al futuro director Robert Wise que consigue mantener intactos (o casi) algunos elementos verdaderamente evocadores:

La fotografía expresionista en blanco y negro. Según la secuencia que se trate, puede ser cautivadora, romántica, cómica o agobiante. El decorado acompaña al argumento y casi lo dirige: La Mansión de los Ambersons –y su decadencia- gobierna el transcurrir de la historia. Y no hay más remedio que destacar la famosa escalera. No es la única vez que una escalera toma tanto protagonismo (pensemos en El Ídolo Caído y en tantas otras), pero es que aquí casi toma vida cuando se encuentra presente en los momentos decisivos de la trama.



El barroquismo de Welles sigue predominando en unos encuadres que deforman la imagen, pero más controlado que en su ópera prima. Además una suerte de planificación de la puesta en escena se traduce en planos secuencia inolvidables. Sólo hay que maravillarse, y seguir una y otra vez, por ejemplo, la escena del baile. Es la actitud formalista de Welles. La que propicia que toda su obra, con independencia de la temática abordada, tenga una continuidad tan clara.

Los actores están geniales. Otra vez, como sucede en Kane, son procedentes del Mercury Theatre; excepto Dolores Costello, una actriz del cine mudo que finalizó su carrera prematuramente debido al deterioro de su rostro causado por las severas sesiones de maquillaje. Y de nuevo hay que hacer una mención especial: Agnes Moorehead. Su papel de la instigadora tía Fanny se encuentra totalmente imbuido del espíritu de la mansión, como una especie de portavoz activo de salones, paredes y chimeneas.

Welles, aunque no actúa, se encuentra presente a lo largo de toda la película. Con su voz en off hace de narrador y dialoga con los coros: gentes de la calle, clientes y propietarios de pequeños negocios, que hacen de improvisados cronistas. También sorprende en los ingeniosos créditos finales, leídos por él mismo. Al final, y con un plano detalle de un micrófono, se oye su enorme y profunda voz (es aquí cuando nos imaginamos su presencia) que dice: "La escribí y la dirigí yo... Ah, mi nombre es Orson Welles”.



2001: Una Odisea del Espacio (2001: A space Odyssey de Stanley Kubrick, 1968). Keir Dullea, Gary Lookwood. (Televisión del Principado de Asturias, domingo 20 a las 00:00)

Cuando el mundo se vio sacudido por un inicio de revolución estudiantil, por unas ideas utópicas que fomentaban el amor libre y el final de todas las guerras, cuando todo esto sucedía un genio llamado Stanley Kubrick estrenaba su obra más importante… leer más



Comenzó en el Trópico (Swing High, Swing Low de Mitchell Leisen, 1937). Carole Lombard, Fred MacMurray, Dorothy Lamour. (Popular TV, domingo 20 a las 00:30)

Adaptación de la obra de teatro “Burlesque”, de George Manker Watters y Arthur Hopkins, a cargo de la “fábrica” de comedias de la Paramount regentada por el todopoderoso Adolph Zukor. La cinta, en efecto, arranca como una comedia romántica con una secuencia muy bien rodada a base de picados y contrapicados donde los protagonistas se encuentran en el Canal de Panamá: Maggie (la gran Carole Lombard) viaja en un crucero como peluquera ocasional y cuando su barco atraviesa una de las esclusas del Canal conoce a Skid (Fred MacMurray), un soldado americano próximo a licenciarse. Skid, en tierra, ve a Maggie asomada por un portillo y comienza a hablar con ella mientras el buque baja de nivel como consecuencia de la salida de aguas de la esclusa. Maggie “desciende” hasta el nivel del soldado, y más abajo, en una escena singular que promete futuras situaciones cómicas.

Sin embargo el filme cambia de género para pasarse al musical en el momento en que descubrimos que Skid es un virtuoso de la trompeta. Pero la mutación es transitoria: la película se transforma definitivamente en melodrama cuando interviene un tercer personaje (Dorothy Lamour) que vuelve inestable la relación entre Maggie y Skid.


El largometraje no llega a funcionar del todo en el aspecto musical debido a que el director, Mitchell Leisen, interrumpe los números con insertos aburridos de personajes secundarios. Además no le perdonamos que la chica “mala” de la película sea nuestra querida Dottie Lamour. Un encanto, como siempre, en sus actuaciones, con una especie de trikini que no deja ver bien el director y sus excesos con el atrezzo. Y es que Leisen abarrota los espacios hasta volverlos angustiosos cuando la trama no persigue esa intención. En algo tenía que notarse su paso previo por las labores de decoración, pero no queda bien esa especie de ambiente exótico forzado a lo Von Sternberg cuando se suceden las mejores secuencias musicales. Pero no sólo falla el director, también lo hace Fred MacMurray, sobre todo cuando simula tocar la trompeta. Da la impresión de que no sabe que hay que soplar para que suene el instrumento. Y lo malo es que la trama exige que toque casi todo el tiempo.

De Swing High, Swing Low nos quedamos con la primera parte, con el encuentro en el Canal y la pelea del bar (atención a un jovencísimo Anthony Quinn), con la encantadora Carole Lombard y la delicia de un par de números a cargo de Dorothy Lamour. Y con una escena muy bien planificada, fotografiada y rodada por Leisen. Un encuadre prácticamente fijo que se repetirá hasta tres veces -el plano lo merece- para marcar la estructura narrativa de la cinta: Fred MacMurray abraza a Carole Lombard mientras interpretan el tema estrella de la cinta.

miércoles, 3 de junio de 2009

COLABORACIÓN: Ciudadano Kane (Citizen Kane, Orson Welles; 1941)




Es probable que después de todo los árboles sigan sin dejarnos ver el bosque y que definitivamente nos hayamos olvidado ya de que en el fondo Ciudadano Kane no es más que la historia de un niño al que un buen día le arrebatan su infancia. Si como dijo el otro, ésta, la infancia, es el verdadero paraíso del hombre, Orson Welles no pudo escoger mayor tragedia para hacer su debut como narrador de historias en la gran pantalla. La calificación casi sistemática de Ciudadano Kane como La película, el mejor film rodado jamás, es un hecho que siempre ha jugado en contra de esta formidable opera prima y que anda desde luego muy lejos de beneficiarla. No es una buena táctica acercarse a esta obra de arte con el temor casi reverencial que su sola mención inspira, como una reliquia cuando en realidad se trata de una obra tremendamente viva. Fracasarán quienes se aproximen a este film desde una postura academicista tal y como fracasó el voluntarioso Thompson al presuponer en todo momento que detrás de Rosebud se escondía algo así como un complejo e indescifrable teorema matemático. El peligro de considerar que una palabra pueda resumir por si misma la vida de un hombre es tanto como el de pretender que ciento veinte minutos de película y de celuloide condensen por si solos las poco más de once décadas de historia del cine.
Para muchos la primera película de Weles supone la primera muestra y los primeros destellos de su genialidad; para otros poco menos que la bravata de un advenedizo que con 25 años se propone cambiar el rumbo del arte cinematográfico con una obra faraónica y grandilocuente. Es por eso quizá por lo que a algunos les resulta una película sumamente antipática, por su falta de humildad tratándose de una primera película que se atreve a abordar nada menos que una cuestión tan compleja como la de la vanidad humana. Soy el primero en observar detrás el virtuosismo de Welles cierta pose narcisista que le lleva a una tendencia al exceso a lo largo de toda su obra, pero también soy el primero en decir que bendito narcisismo y benditos excesos. Lo que hoy asumimos ya como tópicos en su día fueron notables hallazgos visuales y narrativos que suponían un antes y un después en el devenir del llamado Séptimo Arte. Aún siendo todavía objeto de enormes controversias entre quienes se supone entienden de esto, Ciudadano Kane sigue siendo esencialmente la película de los críticos; de ahí su omnipresente aparición en todas las listas y rankins de mejores películas de la Historia que en el mundo son desde el año de gracia de 1.941. Hoy en día la pregunta de si la opera prima de Welles es la mejor película de todos los tiempos parece totalmente superada. Al menos para quien esto escribe siempre lo estuvo y creo que ya he esgrimido mis razones al respecto en el párrafo anterior. Además ¿cómo iba a ser ésta la mejor película de la Historia si su director llegó a confesar en alguna ocasión que ni siquiera se trataba de su mejor film?


Intentar abarcar en unas pocas líneas el sentido de una obra de la magnitud de ésta resulta francamente imposible. Rosebud es evidentemente la columna que vertebra la película, aunque para otros la clave del film se oculta en el plano que lo abre y lo cierra y que nos muestra un cartel que cuelga de una de las verjas del palacio de Xanadu con el epígrafe "No tresspasing" (No pasar). Xanadu sería aquí una representación del cerebro humano y el cartel en realidad una invitación a no intentar adentrarse en los misterios de la mente. Quien sí se adentró y mucho en los misterios de la película fue lógicamente William Randolph Hearts, verdadero blanco de las críticas de Welles, para quien Rosebud no era precisamente una inscripción grabada en su trineo. Al verse reflejado en el personaje de Kane, el famoso magnate de la prensa norteamericana puso el grito en el cielo e hizo todos los posibles porque la película de Welles no llegase finalmente a los cines. La apasionante biografía de Hearts y de su trasunto Kane da pie a que en la película se aborden argumentos tan interesantes como el del poder de la prensa (a partir de Hearts es cuando realmente se habla de "cuarto poder"), los intereses creados de la política o la corrupción. Nunca podremos agradecerle lo bastante a Mr Hearts que inspirase un personaje tan fascintante como el de Charles Foster Kane.
Pero si fascinante resulta ser el personaje de Charles Foster Kane no lo es menos es de su íntimo amigo Leland, el crítico teatral al que da vida magníficamente Joseph Cotten. Y es que una nueva tragedia subyace en esta historia a todas las ya citadas, la dificultad para mantener la integridad y los principios a lo largo de toda la vida, máxime si esta vida se desarrolla entre el oropel y la pompa. Leland es quizá junto a Emily , la primera esposa de Kane, el único personaje del film que parece mantener de principio a fin esa integridad (todos los demás acaban vendiéndose por un plato de lentejas) aunque paradójicamente al final tenga que refugiarse en el alcohol para salvaguardarla. Se diría que, a pesar de que el film se estructura en torno a la narración de la vida de Kane a través de varios personajes, es el personaje de Cotten quien verdaderamente nos cuenta la historia del protagonista. Leland no juzga, se limita a observar para que el tiempo sea el que acabe dictando sentencia. No juzga, pero es él quien hace saber en momentos puntuales a su antiguo amigo que se ha quedado solo y que el mundo de cristal que ha construido en torno a si mismo se desmorona. Primero inconscientemente obligándole a completar la devastadora crítica en contra del debut y del fiasco operístico de Susan Alexander; después, ya de manera consciente enviándole a su propia casa la carta con la declaración de principios que Kane firmó en sus años de juventud. Y pone realmente realmente los la última escena en la que aparece, perdiéndose lentamente en el pasillo de la clínica escoltado por las dos enfermeras rumbo sin duda al olvido. Porque de eso, del olvido es de lo que nos habla Ciudadano Kane, de cómo los objetos que nos sobreviven subrayan nuestra condición efímera y de paso. La última escena del film remite a la imagen del faraón egipcio enterrándose en la pirámide junto a sus riquezas, aunque en este caso, la única "riqueza" de la que fue privado Kane en vida desaparece con él. Todavía sobrecoge ver cómo las señoriales grafías de la palabra Rosebud van desapareciendo poco a poco fundiéndose lentamente entre las paredes del crematorio. Así es Kane, una obra viva capaz aún hoy día de sobrecogernos, pese a que algunos se obstinen en arrinconarla como mera pieza de colección o de museo.

jueves, 3 de abril de 2008

SED DE MAL (Touch of Evil de Orson Welles, 1958)

Existe una tendencia a clasificar a los directores de cine en dos grandes grupos: los realizadores que son meros artesanos y aquellos otros –los menos- que son cineastas personales. Entre los últimos, que son los que a este blog interesan, pueden encontrarse verdaderos genios. De uno de ellos, de Orson Welles -sí, Caperuza, sí, reconozco que es un genio- vamos a volver a hablar hoy.


Estamos en 1958, año en el que Welles regresa a Estados Unidos para dirigir una película a pesar de su fama de director maldito para los estudios. Como muchas de las obras maestras del cine, la cinta nació de una casualidad; más bien de una confusión del protagonista, Charlton Heston: al enterarse de que Welles participaba en el rodaje, dio por sentado que se iba a encargar de la dirección cuando la realidad era que fue contratado sólo para actuar. El productor, Albert Zugsmith, para no desilusionar a Heston, finalmente accedió poner al orondo realizador al frente del proyecto. De esta forma Welles tuvo la oportunidad de crear unos de sus mejores trabajos: Sed de Mal; a nuestro entender sólo superado por El Cuarto Mandamiento (The Magnificent Ambersons, 1942) y Ciudadano Kane (Citizen kane, 1941).

El filme se basa en la novela negra de Whit Masterson, “Badge of Evil”, pero en manos del genial director se convierte en una crítica-venganza-revancha contra los elementos de poder yanquis; claramente representados aquí por un enorme Welles, casi un gigante gracias al efecto de los contrapicados. Este policía corrupto no duda en "colocar" pruebas falsas contra sospechosos, a los que interesa convertir en culpables; o conspirar con delincuentes de la zona para enredar a la mujer de otro policia. Resulta algo más que sospechoso el final cuando Marlene Dietrich intenta redimirlo. Es sabido que la película, como casi todas las de genial director, fue cortada y manipulada por los productores y sólo en 1998 se pudo realizar un montaje más acorde a la visión que Welles tenía de su obra. Por cierto la presencia de la Dietrich, caracterizada como en sus más legendarias películas, se me antoja más un homenaje a la propia actriz, y a Von Sternberg, que una exigencia del guión.

Touch of Evil es, ante todo, el cine barroco por excelencia. La sucesión de planos interminables, contrapicados imposibles, luz expresionista al máximo y travellings que parecen no acabar nunca, demuestran que para Welles la forma de contar las historias era igual de importante que la trama en sí. Pero el espectador cinéfilo, que no se cansa de ver una y otra vez esta gran película, que sigue expectante el movimiento de la cámara y, a la espera de que se corte el plano, se sorprende de su larguísima duración. A ese tipo de espectador, digo, puede que le resulte excesivo dicho alarde de técnica cuando se superpone, y casi logra enmascarar, a la acción en sí. En efecto, en la secuencia en la que el inspector Vargas (Charlton Heston) conduce su automóvil, acompañado de un funcionario estadounidense, es normal perderse los diálogos si se atiende al complejo y larguísimo plano, tomado desde el capó del coche, que nos muestra las estrechas calles de la agobiante ciudad fronteriza.



No puede decirse lo mismo del arranque, donde nos da igual perdernos los créditos, para contemplar admirados uno de los mejores (¿el mejor?) plano-secuencia de la historia del cine. Perfectamente concebido por Welles y su equipo, requirió toda una noche para poder rodarlo; en parte por culpa del actor que hacía de agente de aduanas, que no conseguía aprenderse su papel. Welles comprendió que sólo le quedaba una toma cuando ya divisaba la luz del Sol por el horizonte, entonces se volvió hacia el actor desmemoriado y le dijo algo así: “Si no te acuerdas de tu línea, limítate a mover los labios, que ya lo doblaremos luego en el estudio, pero ¡por Dios no se te ocurra decir de nuevo: Lo siento Mr Welles!” La toma fue un éxito y es la que finalmente aparece en la película.

Por último, una curiosidad que atormenta mi retorcida mente cinéfila ¿Es casual que en un momento de la película Janet Leight acuda a un motel, perdido en el desierto, donde ella sea la única cliente y donde el recepcionista no parezca estar muy cuerdo?. Exacto, igual que a vosotros a mí me suena a Psicosis de Alfred Hitchcock, además hay algunos planos casi idénticos. Podría ser un "guiño" de Welles a su colega aquejado también de problemas de sobrepeso, sino fuera porque... ¡Sed de Mal es anterior a Psicosis!

Ver Ficha de Sed de Mal

viernes, 8 de febrero de 2008

HOMBRES INTRÉPIDOS (The Long Voyage Home de John Ford, 1940)

John Ford influenciado por el expresionismo, crea una obra maestra. Es en sí pesimista y va claramente en contra de la corriente de la época, de fervor patriótico y propaganda pro-bélica. Es la antítesis de la aventura, es un alegato a la soledad, a la cruda realidad de unos hombres que se gastan la paga de dos años en una noche y que no tienen más remedio que volver a embarcar para subsistir.



El ambiente naval está tan conseguido que hace que nos olvidemos de que se trata de un decorado. Lo mismo ocurre con las tenebrosas calles de Londres, todo gracias a la maestría del director de fotografía Gregg Toland (aparece en los créditos a la misma altura que Ford). Ahora sabemos que sólo tardaría un año en firmar una película llamada Ciudadano Kane junto a un tal Orson Welles.

Pero Ford dispone de otro aliado fundamental para conseguir que esta película pase a la historia, se trata de Dudley Nichols que consigue adaptar las cuatro narraciones cortas del dramaturgo Eugene O'Neill y convertirlas en un guión redondo.

El casting no podía haber resultado mejor. El reparto, prácticamente de secundarios , consigue el propósito de hacer creíble la historia, que descansa, precisamente, en el compañerismo; en como un grupo de personajes se ayudan unos a otros sin que nadie destaque por encima de los demás. Es cierto que la presencia de John Wayne puede contradecir lo anterior, pero hay que pensar que aunque el actor estaba ya en alza después del gran éxito de La Diligencia (Stagecoach de John Ford, 1939), aquí realiza el papel de un marinero sueco -le costó lo suyo hacerse con el acento- que sólo se convierte en el personaje central en la segunda parte del filme.




Y es que la cinta se estructura en dos actos muy diferenciados. El arranque es soberbio: unos minutos sin diálogos donde nos damos cuenta de los sueños de esos marineros encerrados en el barco, de sus angustias y de la nostalgia por su tierra. La pelea a bordo, después de una orgía con las nativas del lugar, no hace más que reflejar la tensión acumulada de estos apátridas. Las sospechas de traiciones, las envidias y los pasados turbios es el equipaje que cargan sobre sus espaldas estos hombres intrépidos. Como queda dicho, la influencia alemana es clara: una vez en tierra las sombras alargadas de los marinos se proyectan sobre el pavimento mojado; y sobre ellos la de los "buitres" que buscan tripulación sin ningún escrúpulo. Y todo toma mal cariz...
Ford nos propone este largo viaje a casa que nunca termina y nosotros nos alegramos de haberlo visto una y otra vez.


Ver ficha de Hombres Intrépidos
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