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domingo, 4 de diciembre de 2022

LORD JIM (Richard Brooks, 1965)

Igual que ocurrió con Moby Dick y John Huston, también había un director que se encontraba obsesionado con la idea de llevar “Lord Jim” a la gran pantalla (Richard Brooks), y también existían antecedentes en los años veinte que lo había intentado con resultados discretos (Lord Jim de Victor Fleming, 1925). Así que la historia se repetía con la misma reticencia de los grandes estudios por llevar adelante un proyecto tan complicado como ese. Sólo cuando Brooks firmó con la Columbia pudo hacer realidad su sueño. El que fuera reputado guionista, ya llevaba una década realizando películas y se enfrentó a la producción como un verdadero autor, llevando los sombreros de productor, director y escritor para embarcarse en una aventura tan intensa como el propio filme:


Jim (Peter O’Toole) es el flamante segundo comandante del “Patna”, un barco mercante que en alta mar sufre un fuerte temporal. Debido a la inutilidad del capitán, Jim se hace cargo de la situación, pero se contagia del miedo de la tripulación y finalmente salta al bote salvavidas abandonando barco y pasajeros. Apartado de la marina por los remordimientos y la sensación de culpa, Jim vaga por los puertos malayos ofreciéndose para trabajos tan peligrosos como el de llevar un cargamento de explosivos y fusiles a Patusán. Las armas son para derrocar al “General” (Eli Wallach), un tirano que trata a los nativos como esclavos en la explotación del estaño. Jim lidera la revuelta y logra restaurar la paz en el territorio. Una paz pasajera ya que Cornelius (Curd Jürgens), el lugarteniente del General, ha contratado al capitán Brown (James Mason) para acabar con Jim...

El guion de Richard Brooks es bastante fiel al libro y la estructura de la película sigue tres partes muy bien diferenciadas: la primera centrada en el “Patna”, la segunda transcurre en la jungla hasta derrotar al General, y la última narra el enfrentamiento con Brown. Aunque la cinta, salvo el primer tercio, casi no discurre en la mar, ésta se encuentra presente a lo largo de todo el metraje. El “Patna”, su acto de cobardía, persigue a Jim y es el eje que soporta al filme. De hecho, Patusán es casi un anagrama de Patna, como el propio Jim dice casi al final del largometraje. En ese poblado perdido en la jungla se acrecienta la obsesión del protagonista por expiar su culpa, más por él mismo que por el resto de la sociedad, y se evidencia lo estrecha que es la línea que discurre entre el valor y el miedo. 


Una década más tarde, otra cinta volvió sobre "Lord Jim", al menos sobre una parte de ella. Me refiero, por supuesto, a Apocalipsis Now (Apocalypse Now, Francis Ford Coppola, 1979). El filme de Coppola también nació como resultado de adaptar una obra de Conrad: “El corazón de las tinieblas”, un cuento que el autor escribió de resultas de la experiencia en el Congo belga, cuando mandaba un barco fluvial y vio las atrocidades que los europeos estaban cometiendo allí. Las similitudes entre Apocalipsis Now y Lord Jim son abundantes: el remontar ese amenazante río, los horrores de la guerra, los nativos torturados y, sobre todo, los diálogos filosóficos entre el General y Jim, que recuerdan a los de Apocalipsis Now entre el coronel Kurtz y el capitán Willard.

Lord Jim fue la película más cara de Richard Brooks y también la más complicada de rodar. Lo que Brooks quería recrear era el interior de la península de Malasia donde se encuentran los mayores yacimientos de estaño del mundo. Los exteriores de Lord Jim no se filmaron en Malasia, sino en la selva de Angkor Wat, Camboya, en una época especialmente complicada para los estadounidenses dadas las malas relaciones entre los dos gobiernos, con el conflicto de Vietnam a la vuelta de la esquina. A la sensación incómoda por culpa de la tensión política, había que añadir los sobornos que tuvieron que pagar a las autoridades, y los precios elevados que exigían las empresas de servicios que se aprovechaban del aislamiento del equipo de rodaje. Mala alimentación, calor sofocante, enfermedades y picaduras de mosquitos aderezaron la difícil estancia de todo el personal. Para Peter O’Toole aquello se convirtió en “Una condenada pesadilla”.

A pesar de todo, Lord Jim fue una de las mejores películas de Richard Brooks, una cinta muy de los años sesenta por el derroche de medios para combatir a la televisión, y por el contexto social y político perfectamente reflejado en el filme: Patusán, la comunidad donde Jim restaura la paz, es muy afín a los ideales de libertad de la juventud de esos años; por otro lado, el conflicto de Vietnam, en auge en el momento del estreno de la película, se encuentra muy presente, no sólo porque se rodase allí la película, sino porque la colonización del sudeste asiático era otro de los temas tratados en el largometraje.



El post es un extracto corregido para la ocasión del capítulo dedicado a Lord Jim en mi libro: CINE Y NAVEGACIÓN. Los 7 mares en 70 películas





jueves, 16 de octubre de 2008

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 17 al 23 de octubre de 2008)

Con la incorporación a nuestra tabla de nuevos canales autonómicos tenemos una oferta muy amplia de buenas películas para la semana entrante. Entre ellas la cinta de Don Siegel, que dio origen a la serie de televisión Madigan; dos filmes de John Huston; la versión de Las Amistades Peligrosas de Milos Forman; y las obras maestras Ordet (La Palabra) de Dreyer, 2001 de Kubrick y Blade Runner de Ridley Scott.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)


Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

Estación Comanche
(Comanche Station de Budd Boetticher, 1960). Randolph Scott, Nancy Gates. (IB3, viernes 17 a las 15:30)

El mejor de los siete western de serie B filmados por Boetticher con Randolph Scott como reclamo estelar, que se enriqueció con la serie aparte de resurgir como actor. La trama nos cuenta como un cazador de recompensas (Scott) rescata a una mujer de los indios creyendo que se trata de su esposa. La desilusión no impide que proteja a la dama como si realmente fuera su pareja; y es que acecha otro “colega” que también busca cobrar la gratificación. Con esta estructura narrativa ágil y sencilla se dibuja uno de los western de mayor calidad de la década de los sesenta. Todos los personajes, principales y secundarios, tienen historia propia y en pocas escenas el espectador los conoce perfectamente. Gran parte del mérito puede atribuirse al excelente guión de Burt Kennedy, más tarde también director.



Paso al Noroeste (Northwest Passage de King Vidor, 1940). Spencer Tracy, Robert Young. (TVG, sábado 18 a las 01:30)

Basada en el libro de Kenneth Roberts, la película narra las aventuras de los Rangers de Rogers… leer más



Lord Jim (Richard Brooks, 1965). Peter O’Toole, James Mason. (TPA, sábado 18 a las 23:45)

Adaptación de la novela de Joseph Conrad sobre un oficial de la marina mercante que huye de su pasado. La acusación de cobardía que pesa sobre él es consecuencia del abandono de "El Patna", un buque fantasma que a mí me recuerda mucho a los que presenta Hergé en su comic Tintín (aquel barco cargado de musulmanes que se dirigen a la Meca en "Stock de Coque").

Richard Brooks realiza una de sus mejores películas y, lejos de ser una convencional cinta de aventuras, profundiza en la personalidad de Jim, un hombre angustiado con tintes suicidas que busca redimirse ante sí mismo, más que ante la sociedad. Lo mejor del largometraje es el protagonista, Peter O'Toole; el actor británico se encuentra a la altura de su trabajo en Lawrence de Arabia y le viene como anillo al dedo el tortuoso personaje de Jim. Le siguen de cerca un elenco de lujo donde destaca, como siempre, James Mason.

Una curiosidad cinéfila, no me extrañaría nada que Francis Ford Coppola se fijara en Lord Jim para su Apocalypse Now, no sólo por la ambientación en la sofocante jungla, sino por las secuencias donde Eli Wallach dialoga con Peter O'Toole sobre el sufrimiento y la muerte: dichas escenas tienen mucho que ver con aquellas entre Brando y Martin Sheen. Pero también cuando aquí Curt Jurgens desvaría lo hace a semejanza de un personaje parecido, el de Dennis Hopper en la citada película bélica.



Quiero la cabeza de Alfredo García (Bring me the head of Alfredo García de Sam Peckinpah, 1974). Warren Oates, Isela Vega. (TVG, domingo 19 a las 00:15)

Con la cabeza de Alfredo García como un personaje más, Bennie sortea todo tipo de dificultades a través del polvoriento desierto… leer más



Río Grande (John Ford, 1950). John Wayne, Maureen O’Hara. (TVG, domingo 19 a las 02:00)

Río Grande se puede encuadrar dentro de las cintas más personales de Ford – la mayoría lo eran-; se puede definir como una sucesión de grandes momentos que el propio director hubiera querido vivir… leer más



Amores Perros (Alejandro González Iñárritu, 2000). Gael García Bernal, Goya Toledo, Emilio Echeverría. (Onda 6 TV, domingo 19 a las 22:00)

Un grave accidente de automóvil provoca que se crucen tres personajes, que sólo tienen en común el cariño que sienten por sus perros: un joven vive peligrosamente entre peleas ilegales de canes y bajo la amenaza de su violento hermano; una modelo, liada con un hombre casado, ve arruinada su carrera debido al accidente y se desespera al perder a su mascota que, literalmente, se la ha tragado la tierra; un mendigo, asesino a sueldo, cuida con cariño a todos los perros que se encuentra y vive del recuerdo de una vida anterior.

Esta es la base de una cinta a ratos sofocante, y siempre violenta, que nos deja un regusto amargo difícil de olvidar. Todas las historias tienen su estructura particular, se desarrollan de forma episódica y se resuelven al final de la cinta de forma desigual.

González Iñárritu rueda un drama de sucio realismo que le vale la nominación al oscar a la mejor película de habla no inglesa y varios premios importantes como el de Cannes. Además le abre las puertas de la gran industria y le proporciona la oportunidad de dirigir 21 gramos (2003), segunda parte de su trilogía que finalizará con Babel (2006).



Conspiración de silencio (Bad day at Black Rock de John Sturges, 1954). Spencer Tracy, Robert Ryan. (TV3, miércoles 22 a las 18:30)

Un tren llega a una estación perdida del Oeste; de él se baja un hombre con un solo brazo y con una sola misión: condecorar a un excombatiente japonés de la Segunda Guerra Mundial. Pronto será rechazado por los habitantes del pueblo, que esconden un terrible secreto… A partir de aquí se desarrolla posiblemente la mejor película de John Sturges; un director que se acerca, a pasos agigantados, a situarse entre los grandes del cine clásico norteamericano.

Después del interesante arranque (me encantan esos comienzos en los que se divisa a lo lejos el ferrocarril o un automóvil…, sabemos que algo va a cambiar) el realizador se encarga de mantener la tensión gracias al excelente manejo de dos herramientas: el guión y la buena gestión del scope.

La trama descansa en la lucha entre un único personaje y todo un pueblo hostil. Una estructura de western con un protagonista minusválido, cuyo brazo amputado encierra un doble significado: por un lado la metáfora de la impotencia del hombre frente a la injusticia; por otro su situación personal que nos sitúa en el momento correcto al inicio de la película, el reciente fin de la Guerra. La simbología podría alcanzar mayores dimensiones si consideramos a Tracy como una representación de la propia humanidad; de una generación herida después de la terrible contienda y sometida de nuevo a la presión, ya sea del racismo o de cualquier otro tipo, pero siempre por la misma causa: la intolerancia del ser humano.

El correcto tratamiento del guión aporta el suficiente estrés al espectador, pero Sturges consigue amplificar dicho efecto gracias a su destreza técnica en la utilización, con fines dramáticos, del Cinemascope. Y es que la soledad de Tracy se acentúa aún más cuando el director lo sitúa, con el nuevo formato, en medio del desierto o del pueblo semiabandonado.

Todo lo anterior, más una magnífica dirección de actores, hacen de esta cinta una maravilla para la vista y la catalogan de imprescindible.


viernes, 25 de enero de 2008

LA ÚLTIMA VEZ QUE VI PARÍS (The Last time I saw Paris, de Richard Brooks, 1954)

No debe haber nada más frustrante que escribir un guión y ver como el director, el productor, o los dos juntos, te lo destrozan. Esa sensación de impotencia, de rabia contenida al ver como son otros los que desarrollan –y cambian- tus ideas, es la causa de que hayan aparecido algunos de los mejores directores de la historia del cine. Richard Brooks fue uno de ellos.

Guiones como los de Fuerza Bruta (Brute Force de Jules Dassin, 1947) o Cayo Largo (Key Largo de John Huston, 1948) propiciaron que Brooks se pasara a la dirección tal como había ocurrido con el propio Huston o con Billy Wilder. Transcurrida una primera fase de aprendizaje, Richard Brooks dirigió La última vez que vi París, película que, en mi opinión, inaugura su mejor etapa como realizador: aquella que transcurre desde la mitad de los años cincuenta hasta la mitad de los sesenta y se compone de excelentes adaptaciones literarias. De hecho, el filme que nos ocupa, se basa en el relato “Babylon Revisited” de F. Scott Fitzgerald, con guión de los gemelos Epstein y del propio Brooks.



The last time I saw Paris es un melodrama que se sitúa entre aquellas “películas para mujeres” que se realizaban a finales de los 40 y aquellas otras dirigidas por el verdadero especialista: Douglas Sirk. Y digo que se sitúa entre ellas porque no se puede incluir en ninguno de esos dos grupos gracias a la forma de rodar de Brooks y a su cuidado guión. La trama se desarrolla en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, en París. Un periodista del ejercito(Van Johnson), el mismo día de la liberación de la ciudad, conoce a dos hermanas que se enamoran de él. Finalmente se casa con una de ellas (Elizabeth Taylor), mientras la otra (Donna Reed) no puede olvidar la afrenta y esperará la oportunidad para vengarse. Por otro lado, la forma de vida algo alocada de la familia, sus ansias por conseguir dinero, más el carácter depresivo de Van Johnson (cuya “sosa” forma de actuar viene aquí como anillo al dedo), provocan una situación que evoluciona de forma dramática.

Si bien la historia parece más adecuada a los años 20 -tal como la ideó Scott Fitzgerald-, Brooks consigue adaptarla a la década de los 50 y le da un original toque de modernidad. Y lo logra gracias a unos diálogos –los suyos- que no tienen desperdicio (“es más barato vivir como un rico que serlo en realidad”); a una puesta en escena espectacular; y a una actriz que acababa de dar el salto de ídolo juvenil –del que muchas otras no se habían recuperado- a mujer adulta: Elizabeth Taylor.



Y es que el realizador utiliza eficazmente todo lo que rodea a una estrella de esa categoría para obtener los fines dramáticos deseados. Liz Taylor acude a cada escena con un vestido distinto –y hasta con diferente corte de pelo- según el momento de la historia o el efecto que se pretende conseguir. Así, en el arranque, en un ambiente decadente -donde suena la famosa canción que da nombre al título-, el rostro de la Taylor brilla de una forma especial entre su melena y su ropa, ambas del mismo color negro. En otra secuencia crucial de la película, para dar mayor fuerza al drama que estamos viviendo, ella aparece con un vestido rojo intenso y con el pelo muy corto, como una medieval Juana de Arco camino del cadalso.

La última vez que vi París, por las razones aportadas, transciende más allá del típico producto comercial para entretenimiento de las amas de casa en los años de la posguerra. Richard Brooks aprovechó la oportunidad que se le brindaba de plasmar en la gran pantalla uno de sus brillantes guiones. Ya nunca más permitiría que otros dirigieran sus películas.


Ver Ficha de La Última vez que vi París.
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