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lunes, 27 de abril de 2026

2 X 1: "BUTTERFLY KISS" y "GO NOW" (Michael Winterbottom)

Butterfly Kiss (1995) 


Debut en el cine del director británico Michael Winterbottom. Cineasta que comienza su carrera ligado a la televisión, primero como montador para pasar luego a dirigir documentales. Tras varias experiencias en rodaje de series y telefilmes (alguno de los cuales consigue que se vean en salas de cine), el éxito de la serie Family (1994) le hacen debutar en la gran pantalla con Butterfly Kiss. 

Se trata de una película de carretera donde dos mujeres viajan por el norte del Reino Unido en lo que resulta una escapada hacia delante. La que impulsa tal periplo es Eunice (Amanda Plummer), una joven desequilibrada y peligrosa que busca una canción que apenas sabe tararear y a una antigua amante por todas las gasolineras del país. Una de las dependientas que se encuentra en las estaciones de servicio es Miriam (Saskia Reeves), tímida y sin mucha personalidad, que se enamora de Eunice y se va con ella sin saber que su compañera de viaje es capaz de matar a cualquiera que le suponga un estorbo.

Besos de mariposa (el título en países de habla hispana) es, por tanto, una road movie de dos mujeres que se encuentran una en las antípodas de la otra: la primera con una personalidad arrolladora, violenta, pero romántica, la segunda pasiva ante la vida, y sumamente moldeable.

 

Dentro de un rodaje casi artesanal, con un equipo reducido y con escaso presupuesto, Winterbottom alterna secuencias brillantes como las de la playa, con otras más oscuras, como las de los asesinatos. El filme es una suerte de alternativa británica a la mucho más conocida Thelma y Louise (Ridley Scott, 1991), aunque más austera, cruda y veraz que la cinta norteamericana. 

Director de una generación posterior a los Ken Loach, Mike Leigh o Stephen Frears, también se debate como este último entre baratas producciones británicas y otras más costosas y comerciales en Estados Unidos; películas inglesas más realistas, dentro de la tradición de este tipo de cine en Gran Bretaña, y cintas americanas donde, a diferencia de su compatriota, no abandona su personal estilo.  


Go Now (1995) 


El mismo año de Butterfly Kiss, Winterbottom vuelve a la televisión para rodar un telefilme que, como sucede con alguno de sus primeros trabajos, también se exhibe en salas de cine: 

Nick (Robert Carlyle) es un obrero de la construcción que junto a su amigo Tony (James Nesbitt) juegan en un equipo de fútbol local y se divierten en los pubs con sus compañeros. Cuando Nick conoce a Karen (Juliet Aubrey), se enamora de ella y pronto se van a vivir juntos. Todo va sobre ruedas hasta que Nick empieza a tener extraños síntomas. Para Karen todo parece indicar que se trata de esclerosis múltiple (EM). Una enfermedad que todo lo arrasa, incluida la relación y la fuerte unión que parecía haberse establecido entre ambos protagonistas. 

De nuevo una película realista, que leyendo sólo la sinopsis podría parecer cercana a los inefables telefilmes norteamericanos de sobremesa, de los que, como poco, se aparta con inteligencia y cierto humor. 

Largometraje, pues, tragicómico, protagonizado por el gran Robert Carlyle (Full Monty, Trainspotting) en un registro inicial en el que se mueve como pez en el agua, y otro posterior que sorprende por su realismo en una formidable interpretación llena de matices. No le anda a la zaga su compañero de fatigas interpretado por James Nesbitt, otro polifacético actor, muy visto en series policiacas, que destaca por su poco habitual registro cómico en las mejores secuencias de humor del filme. 

En Go Now, la cámara de Michael Winterbottom, con ayuda de los actores, consigue meterse en la piel del enfermo, de su novia y de sus amigos, todos afectados de alguna manera por la EM, pero sin los excesos almibarados de la televisión norteamericana de sobremesa. También es original y cómica la manera en la que el director separa las secuencias con fotografías en blanco y negro subtituladas con ingenio.


domingo, 6 de marzo de 2011

EL DEMONIO BAJO LA PIEL (The Killer Inside Me de Michael Winterbottom, 2010)

En estos tiempos cinematográficos que corren resulta muy difícil encontrar una película original. Suponemos —y esperamos— que no es por falta de ideas. Nos tememos que la razón es la ausencia de coraje. La escasez de valor cunde entre productores, y cineastas en general, cuando no se atreven con un argumento virgen y prefieren otro que ya haya pasado la prueba de la taquilla. Sólo en contadas ocasiones podemos encontrarnos con películas que intentan mejorar otras que pasaron sin pena ni gloria. Es el caso de El Demonio bajo la piel. Una versión actualizada de la cinta de Burt Kennedy, The Killer Inside Me (1976), basada a su vez en la novela homónima del especialista en literatura negra, Jim Thompson.


El largometraje de Michael Winterbottom se aparta del viaje del director inglés por la realidad social de su país, generalmente a través de dramas y comedias personales, y se convierte en una de las contadas paradas —todas excelentes— que el realizador británico ha practicado por los géneros tradicionales: el western, la ciencia-ficción o, como ahora, el cine negro.

Aunque debemos matizar: si bien El Demonio bajo la piel arranca como un film noir, pronto se torna en un thriller muy atractivo. Algo que parece estar de moda si pensamos, por ejemplo, en el intento más o menos afortunado de los hermanos Coen. (No es País para Viejos, 2007). Mientras allí, Ethan y Joel abrían varias brechas a una trama que finalmente se rompía en dos, aquí, Winterbottom, mantiene unida la historia para dirigirla con su maestría habitual.

Y es que la estructura de la cinta es perfecta. El realizador británico se apoya en unos cuantos crímenes para, entorno a ellos, avanzar por el descenso a los infiernos del protagonista: el agente Ford (Casey Affleck en uno de sus mejores trabajos). En todos los asesinatos, Winterbottom juega con las pulsiones de verdugo y víctima hasta el desenlace final de cada secuencia. Son escenas que guardan cierta armonía con la propia personalidad del personaje principal: un policía con un exterior apacible, pero con un interior en plena ebullición. Así, en cada episodio, la situación se va tensando gracias al apoyo de unos diálogos aparentemente relajados, pero cargados de intención. En el momento en que la cuerda no puede estirarse más se produce la explosión; un clímax, aunque esperado, siempre sorprendente y que tiene su máxima expresión en uno de los finales más espectaculares que hemos podido ver en los últimos años.


La organización fílmica no es el único activo de esta interesante película. También lo es el excepcional elenco de actores con el que esta vez se ha hecho acompañar Winterbottom. Un casting donde sólo cojea Bill Pullman en un papel desdibujado, al que le falta profundidad, posiblemente por un fallo de guión a la hora de trasladar el personaje de la novela a la pantalla. El resto del reparto no puede ser más adecuado. Encabezado por Affleck, también brilla nuestro admirado Elías Koteas, en un personaje enigmático muy típico del cine negro; el veterano Ned Beatty, en su mejor registro; y las actrices Kate Hudson y Jessica Alba, en algo que ya viene siendo habitual en el thriller moderno desde Mujer Blanca Soltera busca (Single White Female de Barbet Schroeder, 1992): encarnar a dos personajes cuyo parecido físico será determinante en la trama.

Antes de finalizar, una confesión: tenemos que reconocer que si Michael Winterbottom no hubiera sido el responsable de esta película, nos la habríamos saltado sin pestañear; tal es nuestra aversión a los remakes. Si no lo hemos hecho ha sido para no interrumpir el seguimiento que venimos haciendo del recorrido cinematográfico del buen director inglés. Algo de lo que aún no nos hemos arrepentido.

Ver ficha de El Demonio bajo la piel.


jueves, 11 de junio de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 12 al 18 de junio de 2009)

Celebramos estos días el primer aniversario de la sección “Silencio se… graba”. Un año en el blog y parece que fue ayer cuando iniciamos la primera entrada, un tímido post donde comentábamos Simbad y la princesa y Paso al Noroeste. Hoy tenemos la suerte de contar con verdaderas obras maestras para conmemorar el evento. Encontramos películas tan importantes como Lo que el viento se llevó, Los Comulgantes, La Lista de Schindler, Río Grande o Escrito sobre el viento. También destacan producciones mudas de Buster Keaton (El Colegial) o del genio Von Stroheim (Esposas Frívolas); la inacabada cinta del maestro Jean Renoir (Una Partida de Campo), homenaje a su padre; la divertida comedia de Gregory La Cava (Al servicio de las damas); el thriller de Hitchcock, con Grace Kelly como protagonista; y muchas otras más. Un afectuoso saludo a todos los lectores.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)

Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

El Perdón (The Claim de Michael Winterbottom, 2000). Natasha Kinski, Wes Bentley, Peter Mulan, Milla Jovovich. (Aragón Televisión, domingo 14 a las 01:20)

Moderno y atractivo western del buen realizador Michael Winterbottom. Muy en la línea de Los Vividores (McCabe and Mrs. Miller de Robert Altman, 1971) tanto en la estética: planos atrapados por el teleobjetivo mezclados con otros muy generales; como en el entorno nevado: un blanco inmaculado que contrasta con la oscuridad del pueblo -y con el carácter gris de los que allí habitan- y que hace más hostil, si cabe, la vida en el ya complicado Oeste

Quizás lo que más destaque, en la citada aproximación al cine de Altman, es el empeño en mostrar una trama realista. Una forma de hacer cine que persigue un claro objetivo: desmitificar al género. Mientras tanto, la separación entre ambos cineastas se apoya en la diferente estructura narrativa y en la ausencia de elementos de comedia por parte de Winterbottom. En The Claim los insertos, a base de flash-back, van acompañando a la historia del cacique del pueblo que ve como su pasado acude para rendirle cuentas; un argumento basado en la novela de Thomas Hardy (autor ya utilizado por Winterbottom en Jude, 1996) y que el director inglés convierte en tragedia, con final apocalíptico incluido.


El director se rodea de buenos actores, donde destacan Peter Mulan (presente en varias de las mejores cintas británicas del nuevo cine social) y una consagrada Natasha Kinski. Además la elegante cámara de Winterbottom nos regala algunos planos memorables, como el de la muerte de un personaje que el director, por respeto, esconde tras un caballo; o el largo travelling final, que recuerda al de Infierno de Cobardes (High Plain Drifters de Clint Eastwood, 1973).

Con El Perdón, Winterbottom investiga en el género épico por excelencia, pero se resiste a abandonar del todo su cine social y de denuncia. De hecho, aprovecha el western para mostrarse más duro de lo habitual, obteniendo un resultado excelente.



Detour (Edgar G. Ulmer, 1945). Tom Neal, Ann Savage (Canal 300, domingo 14, a las 04: 45, y lunes 15, a las 05:55)

Cinta negra del cada día más admirado Edgar G. Ulmer, un director especialista en conseguir que películas de la serie B se conviertan en clásicos.

El filme se estructura a lo largo de un flash-back contado en off (como señal inequívoca del género al que pertenece). Es un relato en primera persona desde la barra de un bar de carretera. Un relato que se convierte en pesadilla, que transforma el rostro del protagonista y que, gracias a las sombras, lo muda en una máscara de la propia muerte.

La cinta trata de las zancadillas del destino. De lo imposible de luchar contra él. Un largometraje, por tanto, muy langiano. Con pocos personajes, contados decorados, pero con una riqueza en los diálogos que compensa todo lo anterior. Son frases cortas y cortantes; cargadas de pesimismo que caen como losas sobre los hombros de la pareja protagonista: dos perdedores que están condenados a entenderse, en un inútil intento de salir de una situación desesperada.

Ulmer los sitúa en muy pocos escenarios, pero en todos ellos se encontrarán atrapados: en un automóvil, causante de todos sus males; o entre las cuatro paredes de la habitación de un motel, donde el propio destino es el guardián de la única llave.

La visión amarga de Detour recuerda a algunas obras importantes del film noir donde una pareja transita errante por la carretera acercándose a un final trágico. Sólo se vive una vez, Los Amantes de la Noche, Bonnie and Clyde, etc., todas ellas tienen en común el destino fatal, y disponen del amor redentor como compensación final. Detour cumple con lo primero; pero se le niega lo segundo.



Manuale d’Amore (Giovanni Veronesi, 2005). Carlo Verdone, Sergio Rubini. (Televisión de Galicia, domingo 14 a las 17:45)

La cinta, en apariencia, es una comedia sin muchas pretensiones acerca del amor y de todo, o casi todo, lo que le rodea. Aunque su principal objetivo es entretener existe un trasfondo muy interesante de homenaje al género que vamos a tratar de analizar… leer más.





Río de Sangre (The Big Sky de Howard Hawks, 1952). Kirk Douglas, Martin Dewey, Elizabeth Threatt. (Castilla-La Mancha TV 2, lunes 15 a las 00:30)

Western de los llamados menores de Howard Hawks, pero que a mi juicio es una de sus obras más personales. La cinta propone una historia muy conectada con el descubrimiento del paso hacía el Pacífico. Aunque la película tiene un desarrollo sensiblemente diferente –y una mayor calidad- la trama coincide en su planteamiento con Paso al Noroeste (Northwest Passage de King Vidor, 1940) y Horizontes Azules (The Far Horizons de Rudolph Maté, 1955). Con la segunda, la semejanza también tiene que ver con el conflicto entre los tres personajes principales: dos colonizadores (Kirk Douglas y Martin Dewey) y una indígena (Elizabeth Threatt) mucho mejor caracterizada que la nativa de la cinta de Maté.

El paisaje y los rodajes exteriores del parque Grand Teton de Wyoming dan una muestra del realismo con el que Hawks se enfrenta a la historia. La película es un bello documental, cuando transcurre de día (la secuencia del remolque de la balsa es de lo mejor que se ha rodado en exteriores), y un relato intimista por la noche, cuando los personajes se despojan de sus ataduras y confiesan sus temores y ambiciones a la luz de las fogatas.

El narrador de la historia es el magnífico tío Zeb (Arthur Hunnicutt), un personaje que emerge progresivamente a medida que transcurre la acción, controlado por un magnífico guión a cargo del reputado Dudley Nichols, habitual colaborador de John Ford en la década de los treinta y cuarenta.

Comparado con los otros “Ríos” de Hawks, Río de Sangre es tan épico como Río Rojo, resulta tan entretenido como Río Lobo y se acerca al intimismo de Río Bravo. Pero, sobre todo, está muy bien narrado por uno de lo mejores contadores de historias: Howard Hawks, que en seguida se hace con las riendas de la película para hacerla suya.
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