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lunes, 5 de noviembre de 2012

REALITY (Matteo Garrone, 2012)


De vuelta a la sección Oficial, acudimos con expectación a la proyección de la última película de Matteo Garrone, un director al que le gusta el festival de cine de Sevilla, del que ya se llevó un recuerdo en forma de premio en 2008.























Después del verismo descarnado de Gomorra, casi un documental, Matteo Garrone juega con otro realismo, el de los programas de televisión, y propone una tragicomedia que discurre entre la comedia a la italiana y el cine de Fellini: Luciano es un pescadero de Nápoles que vive obsesionado con participar en el “Grande Fratello”, el “Gran Hermano” del país transalpino. Luciano ha superado los dos primeros casting y espera el aviso que confirme su participación en la nueva entrega del reality.  Mientras llega la ansiada llamada, Luciano va preparando lo que será su nueva vida de famoso: vende la pescadería, promete una vida de lujo a su familia y se vuelve en exceso caritativo con pobres y vagabundos temiendo que le estén vigilando los responsables del programa, fingiendo ser lo que no es para caer en gracia a los productores y forzar su presencia en la televisión.

En Reality, Garrone rueda una película costumbrista que denuncia la alienación de los programas basura, la obsesión por salir del anonimato, por escapar de la pobreza gracias a un golpe de suerte en forma de concursante del programa de moda. Pero quizás su principal objetivo es presentar la persecución de un sueño que, finalmente, deforma la realidad —el título de la película no se refiere únicamente a la televisión— para adaptarla a la mente enfermiza del protagonista. Mientras Luciano se siente partícipe de la aventura de “Gran Hermano”, el resto de personajes, amigos, familia —y el público— van observando su progresiva degradación sin poder hacer nada por evitarlo.


Garrone fabrica una historia amarga salpicada de comedia, que se transforma en surrealista, en felliniana, a medida que la locura va haciendo mella en Luciano. En ese sentido, es significativa la visita de Luciano y su familia a Cinecittá y el encuentro con todo tipo de actores, alguno caracterizado de payaso o arlequín, en un claro homenaje al cine del director de Amarcord. También lo es la secuencia en la discoteca donde se presenta el ganador del “Grande Fratello” volando por los aires, por encima de la cabeza de Luciano que sueña parecerse a él algún día. El director italiano recurre a una cámara casi subjetiva para ponernos en el lugar del protagonista y negocia unos larguísimos planos secuencia para no perder la mirada de Luciano, para dejar claro cuál es el punto de vista de una persona trastornada a causa de un deseo legítimo: el de salir de la miseria.

Sólo el ojo que todo lo ve del director —el ojo fílmico del “Gran Hermano” cineasta, el objetivo de Garrone— se muestra en el arranque y en el final, para redondear la cinta y dejar claro quién observa la historia. Nos referiremos sólo al primero para dejar la sorpresa del segundo al espectador: se trata de un largo plano a vista de pájaro, el de la comitiva nupcial, un coche de caballos que lleva a la pareja de novios a una lujosa ceremonia. Es al terminar el convite cuando el director nos dice lo que es real y lo que no lo es. Los invitados, ataviados con sus mejores galas, vuelven a sus míseras viviendas de paredes desconchadas y escaleras interminables sin ascensor. La boda fue un espejismo, igual que los realities, la realidad es la que se descubre cuando cada uno de ellos se despoja de los vestidos. Garrone pierde el tiempo —lo gana— en la mejor secuencia: visitando una a una las míseras habitaciones y descubriendo los cuerpos grasientos, fláccidos, viejos y empobrecidos de cada uno los personajes mientras se desnudan.   




Ver Ficha de Reality.



viernes, 12 de noviembre de 2010

LA PRIMA COSA BELLA (Paolo Virzi, 2010)

Nos adentramos en la recta final de Festival, con el segundo, y último, fin de semana, y la expectación por ver quién se lleva los Giraldillos a casa.

Ayer fue un día que sirvió para quitarnos el mal sabor de boca que nos dejaron las últimas proyecciones, tanto por el nivel que tenían, como por la dureza de las temáticas abordadas. Y es que pudimos ver, de la sección EFA, la película a la que le daríamos el premio del público si utilizáramos el criterio del entusiasmo de los aplausos al final de la sesión; aunque si fuera por su calidad, por nuestra parte también se lo llevaría.



La cinta de Paolo Virzi (un viejo conocido, ya estuvo compitiendo en Sevilla con Caterina va in cittá) es una comedia dramática. Nos gusta más emplear esa calificación que el adjetivo de tragicomedia –no sabemos si se puede hacer, pero no nos importa mucho-, al menos para este largometraje que trata de la vida misma, de sus alegrías y tristezas:

Bruno Michelucci es un profesor de instituto que se siente vacío por dentro y que intenta llenar ese hueco de forma artificial, con todo tipo de drogas y sustancias estimulantes, aunque la mayor parte de las veces solo se queda en un intento debido a su torpeza y mala suerte. La visita inesperada de su hermana Valeria, y la noticia que transporta: su madre se está muriendo, provocarán que se replantee su existencia.

El director ayuda al protagonista, en el repaso de su vida, gracias al uso alternativo del flash-back. De hecho el arranque se sitúa en el año 1971, muy parecido al comienzo de la divertida Al Fuego Bomberos (Hori Ma Panenko de Milos Forman, 1967); mientras que la continuación se emparenta con la más reciente El Hijo de la Novia (J.J. Campanella, 2001).
Con esta estructura, podremos vivir junto a Bruno los momentos más importantes de su infancia y adolescencia: los más graciosos, pero también los más traumáticos. En la retrospectiva hay alguien que, para bien y para mal, ha sido el causante de todo: Anna, su madre, que está decidida a casarse a pesar de su enfermedad.

Uno de los muchos atractivos que tiene La Prima Cosa Bella (¡ojo! ha sido seleccionada por Italia para competir por el Oscar) es la descripción de los personajes. Todos ellos se volverán muy cercanos al espectador y, desde luego, el mérito recae en Virzi. Pero también en los actores. En especial de un mito viviente: Stefania Sandrelli. La veterana actriz encarna a Anna en el presente. Y lo hace de una forma tan natural que nos recuerda a alguien de nuestra vida real. Ya la conocíamos, esa es la impresión que da. Pasa lo mismo con el resto del elenco, sobre todo con Bruno y con Valeria, gracias a los seis actores que los interpretan (tres para cada uno, y para cada fase de su vida).

Por tanto, el último filme de Paolo Virzi es una delicia. Entrañable, divertido, amargo en algunas ocasiones. Muy consecuente con la tradicional comedia italiana; de la que se acuerda con una escena, aquella en la que Dino Risi está rodando una película con Marcello Mastroianni y Sophia Loren. Casi nadie.


Ver Ficha de La Prima Cosa Bella.




martes, 10 de junio de 2008

UNA VIDA DIFÍCIL (Una Vita Difficile de Dino Risi, 1961)

Desde los primeros cortos de Charles Chaplin, la comedia no ha dejado de evolucionar. En aquellas historias predominaba el slapstick, pero ya asomaba una nueva forma de narrar: la típica del payaso que, bajo su risueño maquillaje, esconde una vida triste y desgraciada. Chaplin lo bordó en sus posteriores largometrajes; y otros directores se encargaron de modernizar el género humorístico utilizando la misma base: la tragicomedia. Uno de ellos fue Dino Risi, y Una Vida Difícil es una buena muestra de ello.


La película viene a ser una de las mejores "Comedias a la Italiana". Se trata de un guión de Rodolfo Sonego, el habitual guionista de las cintas donde trabajaba Alberto Sordi. El actor da vida a un escritor fracasado de izquierdas que trata en vano vivir de acuerdo a sus principios, pero tanto su mujer (Lea Massari, espléndida) como sus amigos intentan que no se resista y que se deje llevar por la corrupción y la vida fácil, para salir de la miseria.

Risi aprovecha la vida de este peculiar personaje para retratar casi veinte años de la historia de Italia: desde la guerra, con la ilusión de partisanos y combatientes, hasta el desarrollo de los sesenta, pasando por la posguerra del hambre y la república.

Tiene todos los ingredientes de la llamada comedia a la italiana, es decir humor, sátira y drama todo hábilmente mezclado para que Risi profundice en la crítica. Como hará en la posterior La Escapada (Il Sorpaso, 1962), el director arremete contra la burguesía surgida en la posguerra y afianzada en el desarrollismo; pero también denuncia la corrupción, enchufes y amoralidad de los nuevos empresarios, y de la propia Administración. Nadie se salva de la quema, tampoco el pobre personaje que cae una y otra vez en desgracia. Y es que el mayor atractivo del largometraje descansa en las idas y venidas de Alberto Sordi. Su vida transcurre entre las tentaciones -poco honestas- de prosperar, y sus arranques heroicos, que terminan por estropearlo todo.


En este sentido destaca el último tercio de la película. Sobre todo la secuencia que parece el colofón de la cinta, en un final digno del mejor Chaplin: un plano general larguísimo con Sordi a contracorriente del tráfico. La metáfora en vez de cerrar el largometraje conduce a un epílogo que es casi lo mejor del filme; ese que transforma la carcajada en una mueca amarga.

Sirva el comentario de Una Vita Difficile para recordar a uno de los más inteligentes cineastas; aquél que fue capaz de conseguir expresar con imágenes el sentido del olfato, a través de un invidente que reconocía a las mujeres por el perfume; el responsable de la creación de personajes inolvidables, de estafadores, desdichados y caraduras, dentro de un género nuevo que prácticamente inventó: La Comedía a la Italiana.

El sábado pasado fallecía Dino Risi, con su pérdida el Cine se queda cada vez más huérfano.

Ver Ficha de Una Vida Difícil.

miércoles, 9 de abril de 2008

PAN, AMOR Y FANTASÍA (Pane, Amore e Fantasia de Luigi Comencini, 1953)

Esta tarde seguimos con el humor, en este caso con un título fundamental de la llamada comedia “a la italiana”: Pan, Amor y Fantasía. La película gozó, en su día, de un éxito sin precedentes en el género y, a pesar de su carácter costumbrista, aún puede verse con agrado.


Y es que son muchos los atractivos que tiene esta cinta de Luigi Comencini. De entrada, supuso el inicio de lo que se dio en llamar el "Neorrealismo Rosado"; movimiento que englobaba largometrajes realistas, o que más bien utilizaba algunos esquemas de la corriente cinematográfica nacida con filmes tales como Roma, Ciudad Abierta (Roma, Citta Aperta de Roberto Rossellini, 1945) o El ladrón de bicicletas (Ladri di biciclette de Vittorio de Sica, 1948), para darles un sentido más popular; y más comercial.

El propio De Sica, que como director había conseguido ya el reconocimiento de la crítica, alcanzó el punto más alto de su carrera como actor gracias a este entrañable filme. Aquí interpretaba el papel del inolvidable comandante Carotenuto, un oficial de los carabinieri que acababa de llegar a un pueblo imaginario (Sagliena) de la profunda Italia. Más que la incertidumbre de ver como resolvía los problemas de los ciudadanos importaba su condición personal: soltero y sin compromiso. Aunque el personaje se empeñaba en demostrar no estar interesado en casamiento alguno, lo cierto es que la trama central descansaba en la búsqueda de la esposa adecuada.


Varias eran las candidatas. Por un lado "La Bersagliera" (Gina Lollobrigida, en el personaje que le abriera las puertas del cine americano), una joven pizpireta, pero inocente, que era la comidilla de todo el pueblo por su descaro y belleza; por otro lado la comadrona Annabella (estupenda Marisa Merlini en su mejor papel), una madre soltera, más adecuada en edad para Carotenuto.

Era inevitable que el toque picante de De Sica -muy creíble como viejo verde- y la exultante belleza de la Lollobrigida, sentada a horcajadas de su mula, proporcionaran los mejores momentos de la cinta.

Aún siendo una comedia deliciosa, el mérito de Pan, Amor y Fantasía es la habilidad de Comencini para desarrollar los aspectos realistas citados al principio. Lo consigue distribuyendo estratégicamente varias escenas a lo largo del metraje que sitúan la trama en su contexto histórico correcto: el de la posguerra y la pobreza. Así, en el arranque, De Sica se interesa por lo que está comiendo un hombre con un bocadillo en la mano, éste le contesta con resignación: "Pan, con fantasía", refiriéndose a que el pan, salvo la miga, no lleva nada dentro; en otra inolvidable secuencia, la del enfrentamiento entre "La Bersagliera" y su madre, la primera llora desconsolada cuando su madre le obliga a casarse con el carabinero Riso, más adelante la madre reconoce su error y le dice "perdona hija es culpa de esta miseria".

La película tuvo varias secuelas: Pan, Amor y celos, Pan, Amor y... y Pan, Amor y Andalucía. La verdad es que ninguna llegó a la altura de la primera. ¿La razón?, puede que no dieran con la receta adecuada, aquella que consigue una perfecta mezcla entre el sabor dulce de la comedia con el amargo del drama.

Ver Ficha de Pan, Amor y Fantasía

lunes, 4 de febrero de 2008

MANUAL DE AMOR (Manuale d'amore de Giovanni Veronesi, 2005)

No hay nada mejor para combatir un lunes depresivo que hacerse con el DVD de Manuale d’Amore, la divertida película de Giovanni Veronesi. La cinta, en apariencia, es una comedia sin muchas pretensiones acerca del amor y de todo, o casi todo, lo que le rodea. Aunque su principal objetivo es entretener existe un trasfondo muy interesante de homenaje al género que vamos a tratar de analizar.



Lo primero es destacar su estructura narrativa en forma de cuatro capítulos levemente entrelazados. Es uno de los muchos guiños a los largometrajes italianos de los años sesenta donde era muy normal que varios directores se unieran para realizar películas episódicas. Aquí, cada uno de los “cortos” relata alguna de las fases por las que puede transcurrir toda historia de amor. Aunque la cinta está dirigida por el mismo cineasta –que además es el guionista- el tono va cambiando hábilmente conforme se adentra en cada mini-trama. Así, en el primer episodio, Veronesi utiliza un tratamiento de guión que podemos calificar de moderno; con un humor judío, muy del estilo de las películas de Woody Allen, para describir el enamoramiento de una joven pareja. Las situaciones por las que pasan los protagonistas –y su amigo Dante, casi lo mejor de esta primera historia- hacen que aparezcan las primeras sonrisas.

En el segundo capítulo, “La Crisis”, se produce un giro en todo los sentidos: en el guión, al mostrarnos una pareja madura en pleno conflicto; y en la forma de afrontar la comedia, al más puro estilo screw-ball comedy de los años treinta y cuarenta, es decir con diálogos rápidos y punzantes. A estas alturas aparecen ya las carcajadas para no cesar hasta el final del filme.



Gran parte de la culpa la tienen Sergio Rubini y Margherita Buy. “A veces me das miedo cuando te pones a decir esas cosas” le dice Rubini a su mujer –han estado casados en la vida real- cuando ella le propone una especie de ritual de lo más hortera, con velas y ante todo el mundo, para intentar salvar su matrimonio.

En el tercer episodio, una mujer, policía de tráfico, ve como su marido le es infiel y se dispone a vengarse de él y, de paso, de todo el género masculino. Es la historia más cercana a la “Comedia a la italiana”. El homenaje a directores como Mario Monicelli, Luigi Comencini o Dino Risi es evidente. Incluso la protagonista, Luciana Littizzetto, nos recuerda mucho en su forma de actuar a las maggiorate más famosas como Gina Lollobrigida, Silvana Mangano o Sophía Loren. Aquí se suceden los gestos, los gritos y las amenazas, todo al más puro estilo del neorrealismo rosado.

“El abandono” es el título de la última historia, donde un médico (Carlo Verdone), después de haberle dejado su mujer, intenta rehacer su vida. Giovanni Veronesi utiliza todas sus “armas” para echar el resto en este último capítulo y mezcla, con buen criterio, todo lo anterior además de buenas dosis de slapstick en el momento oportuno –la secuencia donde Verdone se escapa por una ventana es digna del mejor cine de Buster Keaton-; pero también recurre a la tragicomedia del mejor Fellini en sus comienzos, así el final bien podría haberlo firmado el genial director ya fallecido.

El amor debe ser, seguramente, el tema más tratado por el cine y por cualquier arte. Veronesi se sirve de él para hacernos pasar un rato divertidísimo. Con este Manual de Amor consigue que durante dos horas nos olvidemos de todos nuestros problemas, entre ellos el tener que soportar este maldito lunes.


Ver Ficha de Manual de Amor.
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