domingo, 5 de noviembre de 2017

JUPITER'S MOON; WESTERN

Segunda jornada en el festival de cine de Sevilla con resultado desigual en cuanto a las películas visionadas. Dos fueron las cintas, una húngara otra alemana, si atendemos a los directores porque en realidad son coproducciones de varios países, en un principio diferentes entre sí aunque formalmente no lo sean tanto. En efecto, ambos filmes utilizan el mismo recurso: acudir al género comercial ––sólo en apariencia–– para atraer al espectador y que caiga en la “trampa” de tomar conciencia de un problema social.

JUPITER’S MOON (Jupiter holdja, Kornél Mundruczó, 2017)

Hace tres años ya vimos de lo que era capaz de hacer el director húngaro Kornél Mundruczó con una trama de ciencia-ficción en sus manos. White God (2014) sacudió la mente de los espectadores cuando la vieron, en especial de aquellos sensibilizados acerca del maltrato animal. Con Jupiter’s Moon vuelve al mismo género aunque centrado en la vertiente de los superhéroes:



Aryan es un refugiado sirio que intenta entrar en la Unión Europea a través de Serbia. En Hungría es atrapado junto con su padre y otros compatriotas por la policía magyar. Los disparos de un agente en lugar de provocarle la muerte lo convierten en una especie de ángel que puede volar a su voluntad. Un médico del campamento de refugiados se hará cargo de él, pero no para protegerlo sino para explotar sus poderes con fines comerciales.


Como decíamos al principio, el realizador utiliza el pretendido género comercial para abordar una tragedia que en Hungría es especialmente cruda por el comportamiento del gobierno y de los ciudadanos. La idea es buena y consigue funcionar en los primeros compases. La secuencia de arranque es de un verismo atroz, con los inmigrantes huyendo entre los disparos. Enseguida el largometraje da un vuelco, justo cuando Aryan comienza a levitar. A partir de aquí podríamos encuadrar la trama dentro de un realismo mágico más que de ciencia-ficción, porque no nos engañemos, esto no es una película de la Marvel, es una denuncia de un conflicto que nos atañe a todos.

Sin embargo, a medida que avanza el largometraje, la historia se pierde entre misticismos, corrupción, efectos especiales, y otras cuestiones, perdiendo el interés igual que Aryan pierde la gravedad. La metáfora de que el inmigrante sirio sobrevuela en las conciencias de la gente pierde sentido y la cinta comienza a aburrir cuando se convierte en una persecución convencional, eso sí muy bien llevada desde el aspecto técnico.




 WESTERN (Valeska Grisebach, 2017)

Tras once años sin saber de la directora alemana Valeska Grisebach (estaba previsto que acudiera al festival para hablarnos de su película, pero se excusó por problemas de salud) la realizadora presenta esta buena película a la sección Oficial:


Meinhard (Meinhard Neumann, actor sobrio y fibroso, ideal para el papel) es un antiguo legionario, ahora conductor de maquinaria pesada en la construcción de infraestructuras, que junto a sus compañeros trabaja en tierra búlgara. La falta de agua y de grava suspende la actividad de la compañía que se ve obligada a tratar con los ciudadanos del cercano pueblo. Mientras tanto, Meinhard logra integrarse en la comunidad extranjera e incluso se ofrece para ayudarles en su lucha contra el empresario que los explota en una cantera.

Un forastero a caballo, la lucha contra el cacique, una partida de póker… Sí, la estructura, o al menos los elementos del guión, parecen tener que ver con el género norteamericano por excelencia. Hasta el título nos avisa de que esto es así. De nuevo nos encontramos con una argucia, en este caso de la directora nacida en Bremen, para introducirnos en el eterno problema europeo: los odios entre etnias, entre pueblos; las viejas heridas que lejos de cicatrizar se renuevan y se transmiten de generación en generación.


Meinhard es alemán y da la impresión de que ha conseguido congeniar con los búlgaros del pueblo en el que trabaja. Y no es que haya superado la enorme brecha que separa ambos pueblos desde la ocupación germana (y eso que eran aliados en la Segunda Guerra Mundial), sino que parece haberse acercado desde su posición dominante en Europa Central como potencia económica a uno de los países más pobres ––verdadera razón de la enemistad entre pueblos, parece decir la directora––. En cualquier caso, Meinhard se ha ganado su confianza, e incluso le han dejado un caballo…

¿Es todo una ilusión? Desde luego, el resto de compañeros no sienten lo mismo, y el jefe de Meinhard es especialmente beligerante. ¿Los búlgaros lo admiten en su comunidad como él piensa, sobre todo desde que ha establecido una relación sentimental con una mujer del pueblo? El espectador sacará sus propias conclusiones en la resolución de este peculiar “western”, tan realista en la forma como certero en su planteamiento y pesimista en la conclusión.   




sábado, 4 de noviembre de 2017

TIERRA FIRME; EL SACRIFICIO DE UN CIERVO SAGRADO


La jornada inaugural del Festival de Cine Europeo de Sevilla 2017 tuvo dos protagonistas claros, dos películas muy diferentes entre sí, que competían en distintas secciones, pero con un elemento común: la expectación que generaban en público y crítica. La primera porque fue la elegida para la gala inaugural, la segunda por ser una de las cintas más esperadas de todo el certamen:

TIERRA FIRME (Carlos Marqués-Marcet, 2017)

El nuevo largometraje de Carlos Marqués-Marcet se presentaba a todo lujo en la gala inaugural del festival que tuvo lugar en el Teatro Lope de Vega. Nosotros pudimos verla horas antes en un pase de prensa que daba el pistoletazo de salida a la Sección Oficial. Tengo que decir que la experiencia fue en general buena.


El realizador español había debutado tres años antes con 10.000 Km., una película sobre una pareja que vive separada la distancia que señala el título. Con Tierra firme, Marqués-Marcet sigue indagando en las relaciones entre personas, de igual o de distinto sexo, aunque en esta ocasión el ámbito sea tan limitado como el de una pequeña barcaza:

Kat (Natalia Tena) y Eva (Oona Chaplin) son dos lesbianas que viven su amor navegando por los ríos de Inglaterra. La llegada de un amigo de ambas, Roger (David Verdaguer), cambiará las cosas porque entre él y Eva hay un plan: Eva quiere ser madre. Kat no recibirá con agrado la noticia y el conflicto les estalla en la cara a los tres.

Una trama no demasiado original, con personajes si se quiere estereotipados, pero que funciona bien gracias a la hábil dirección del joven director. Marqués-Marcet utiliza el humor para introducir la historia y hacerla agradable al espectador, y dirige con soltura a sus protagonistas (de su ópera prime repiten Natalia Tena y David Verdaguer), todos muy creíbles, con la sorpresa de la madre de Eva en la ficción y en la vida real: Geraldine Chaplin.


El director eleva la calidad del filme cuando gestiona los silencios y recurre a largos travellings. También con el recurso de la metáfora ––evidente, pero eficaz–– que enfrenta la difícil vida en un barco (por lo estrecho, por el movimiento, y porque les obliga a cambiar de lugar cada dos meses) frente a la más estable de tierra firme. La primera opción de vida es la elegida por Kat que quiere continuar con la insegura aventura, navegando junto a su amada; la segunda es la ansiada por Eva, que sueña con su maternidad instalada en un piso con una vida más convencional.

A pesar del tramposo final, Tierra firme supera la media de los dramas españoles que intentan hacerse paso entre la oferta de género. Oferta que busca la rentabilidad ––por fin–– en el nuevo y prometedor cine patrio. Una industria que parece recuperarse, donde debería caber de todo, cine comercial y cine de autor.





EL SACRIFICIO DE UN CIERVO SAGRADO (The Killing of a Sacred Deer, Yorgos Lanthimos, 2017)

Otra sección que arrancaba ayer en el festival fue la siempre atractiva EFA (European Film Academy), películas ya reconocidas a lo largo del año en diferentes certámenes y que optan por los premios de la Academia Europea de Cine. Por cierto, las nominaciones las conoceremos hoy.


De todas ellas, una de las más esperadas es la nueva propuesta del director griego Yorgos Lanthimos que viene con el premio al mejor guión en Cannes. Habitual en el festival de Sevilla (Canino, Alps, Langosta), el realizador heleno tiene multitud de seguidores como demuestran las largas colas a la entrada de El sacrificio de un ciervo sagrado, y el cartel que anunciaba en las taquillas que se habían agotado las entradas.

Lanthimos nunca defrauda. Con su nueva película vuelve a dar un giro a un estilo cuyo fuerte es la originalidad. Singularidad que ahora se fabrica paradójicamente con elementos sueltos de otros directores:

Steven (Colin Farrell) es un cirujano de prestigio que lleva una vida de lujo, casado con Anne (Nicole Kidman) con la que tiene dos hijos. Al mismo tiempo, Steven mantiene una extraña relación con un adolescente de 16 años. El joven ejerce cierto poder sobre él, y pronto le obligará a tomar una decisión que pondrá en peligro la vida de sus seres queridos.


Entre la tensión de una película de Haneke o Kubrick (hay planos de Nicole Kidman que remiten a Eyes Wide Shut, y otros de todo el elenco que nos llevan a Funny Games) y el surrealismo de Roy Andersson (los pasillos de ese hospital y toda la trama en sí) navega la nueva cinta de Lanthimos que, no obstante, conserva integra toda la personalidad del director porque el conjunto resulta único.

Lanthimos no es sólo original, es un director completo. Lo es porque usa todos los recursos disponibles para obtener el resultado que desea: así, distorsiona la imagen de forma nada gratuita; desdramatiza a los actores al máximo (en especial a la pareja protagonista, donde repite Colin Farrell que ya colaboró en la excelente Langosta) para tensionar su interpretación hasta hacerlos explotar; o utiliza los sonidos, la música, como elemento catalizador que refleje las diferentes pulsiones.

El realizador ya forma parte de ese selecto club de directores ––como los tres citados: Haneke, Kubrick, Andersson––, muy reconocibles como autores de sus películas donde  incluir su nombre en los créditos se nos antoja innecesario. Sin duda, este es el caso de El sacrificio de un ciervo sagrado.






domingo, 29 de octubre de 2017

XIV FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA 2017

La primera semana de noviembre aquí en Sevilla huele a cine europeo; a buen cine, al mejor del año en el Viejo Continente. Y ya vamos por la décimocuarta edición en un certamen que año tras año va creciendo en interés y en propuestas de calidad. Del 3 al 11 de noviembre se celebrará esta fiesta del séptimo arte con el "objetivo de promover y difundir la cinematografía europea, estableciéndose como un lugar de encuentro anual para los talentos de cine, periodistas especializados y profesionales del sector" según afirma la organización del festival.




















Con las habituales secciones (Oficial, Selección de premios de la academia europea (EFA), Nuevas Olas, Resistencias, Panorama Andaluz, etc.) la nueva cita con el cine europeo viene cargada de novedades. Nombres ilustres como los hermanos Taviani, que recibirán el Giraldillo de honor, Martin Scorsese (productor ejecutivo de A Ciambra que compite en la sección oficial), Ermanno Olmi (al frente de Vedete sono uno di voi, documental sobre la vida del cardenal Martini) o Isabelle Huppert (protagonista de Mrs Hyde en la sección las Nuevas Olas) acompañan a nuevos valores europeos y a directores españoles ya consagrados como Agustín Díaz Yañes. El realizador madrileño nos sorprende con la premier mundial de su nueva obra: Oro, basada en un relato breve de Pérez Reverte, escritor con el que ya colaboró en Alatriste.

El festival de cine de Sevilla rinde homenaje a los directores Paolo y Vittorio Taviani

Nosotros, como todos los años, nos centraremos en la sección oficial y en la de la EFA para programar las películas a visionar, ya que hay que priorizar entre tanta oferta, y los filmes de esas dos secciones siempre prometen. De hecho, en la EFA se podrán ver los últimos trabajos de Michael Haneke, Yorgos Lanthimos y Andrey Zvyagintsev, entre otros. No obstante, no descartamos darnos una vuelta por el resto de secciones para asistir a alguna proyección de interés. Eso sí, de todo lo que veamos intentaremos dar nuestra opinión desde este portal de cine.

LEER LA CRÓNICA Y LAS PELÍCULAS DEL FESTIVAL DE CINE EUROPEO 2017

Ver programación del festival.

Ver ediciones anteriores:
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sábado, 28 de octubre de 2017

VISIBILIDAD CERO

El pasado miércoles 25, en el Museo Marítimo de Barcelona,  tuvo lugar el acto de entrega del vigésimo primero certamen Nostromo de literatura. La novela ganadora fue "Visibilidad Cero" del autor Fernando de Cea. El premio estuvo dedicado a la académica de las letras Carmen Riera, que acudió al acto.


La Asociación Amigos de Nostromo (el nombre viene de la célebre novela de Joseph Conrad) lleva organizando este premio desde hace veinte años. Para mí es un honor haberlo ganado y anunciar que pronto la editorial Juventud publicará la novela (previsto para la primavera del 2018).

"Visibilidad Cero" es una novela de aventuras con altas dosis de intriga y suspense de la que, por ahora, sólo puedo adelantar la siguiente sinopsis:

 En abril de 1993 la goleta Pitcairn se hunde en aguas de Ibiza con toda su dotación a bordo. Entre los tripulantes fallecidos se encuentra Álvaro Durán, un biólogo marino que deja esposa y dos hijos. Han pasado más de veinte años y Marcos, el mayor de los huérfanos, se enfrenta ahora a una nueva tragedia: la muerte de su madre. Enferma terminal, las últimas palabras de la viuda antes de morir son desconcertantes: “tu padre sigue vivo.” A partir de tan sorprendente revelación, Marcos inicia un peligroso viaje existencial que cambiará su vida para siempre. Buscar a la Pitcairn será su meta; descubrir dónde se encuentra su padre le llevará a cruzar el Mediterráneo en un velero donde nada ni nadie es lo que parece.


Si queréis más información, aquí hay algunos enlaces de prensa, televisión y de una entrevista para Radio Nacional de España  (minuto 26:30 aprox.):






lunes, 9 de octubre de 2017

2 X 1: “ALMAS EN EL MAR” y “LOBOS DEL NORTE” (Henry Hathaway)

Almas en el mar (Souls at Sea, 1937)

Primera de las dos aventuras marítimas que Henry Hathaway rodó seguidas en la Metro Goldwyn Mayer. Ideada por Ted Lesser, Almas en el mar es un filme de aventuras que bien podría pertenecer al género de juicios o al de catástrofes:

Nuggin Taylor (Gary Cooper) es un marino que quiere hacer la guerra por su cuenta contra los negreros. Taylor y su compañero Powdah (George Raft) embarcan en el “William Brown”, un esbelto clíper que los llevará a Savannah. La misión de Taylor es infiltrarse en una banda de traficantes para provocar que sean capturados. En la travesía el buque se incendia debido a un accidente. Aunque Taylor se comporta como un héroe, será acusado por un tribunal de asesinar a varios de los pasajeros durante el naufragio.

En realidad, el libreto de Almas en el mar se cuenta desde un largo flashback. La cinta arranca con el juicio de Filadelfia. La audiencia se suspende por la llegada de un representante del ministerio del interior inglés que salva in extremis a Taylor y se convierte en el narrador de la película. Para Gary Cooper, el protagonista del largometraje (la cuarta vez que colaboraba con Hathaway), la trama se haría bastante familiar. La misma historia de héroe falsamente acusado en un juicio se repitió en más de una ocasión a lo largo de su carrera.


En Almas en el mar, Gary Cooper no figura solo al frente del reparto sino que comparte protagonismo con George Raft. Los personajes de ambos actores son reflejo de su condición de profesionales en la realidad. Mientras Cooper era toda una estrella de primera línea, y su personaje era un marino culto, que lee a Shakespeare, juega al ajedrez y se enamora de una dama, Raft era un actor de películas de serie B que cimentó su fama haciendo de gánsteres en policíacos. En la película era un negrero arrepentido, con un pasado más oscuro que el de Cooper, medio analfabeto y mujeriego, que se lía con una criada. Un personaje simple en apariencia que se hace más atractivo de cara al público que el interpretado por Gary Cooper. Daba la impresión de que cuando Raft trabajaba junto a estrellas consolidadas, los resultados eran mejores que cuando lo hacía solo. Claro que parte del mérito hay que dárselo a Hathaway que retrató la amistad inquebrantable entre los dos personajes basándose en la admiración de Powdah sobre Taylor, la que le lleva, por ejemplo, a aprender poesía de su culto amigo. Los dos temas, el de la amistad y el aprendizaje eran de los preferidos de Henry Hathaway, muy presentes en varias de sus películas.

El éxito taquillero de Almas en el mar no fue ninguna sorpresa porque era una película que lo tenía todo, que repartía por igual aventura, humor, romanticismo y catástrofes. Además logró tres nominaciones a los premios de la Academia, algo que sin duda fue un aliciente para que Hathaway, cinematográficamente hablando, volviese pronto a la mar.


Lobos del norte  (Spawn of the North, 1938)

Para su segunda película seguida en la mar, Hathaway llamó de nuevo a George Raft y se decidió por otro actor en alza: Henry Fonda. Raft no era el único que repetía, Hathaway contó con el mismo equipo técnico que tan buen resultado le había dado en Almas en el mar: decoradores, músico, director de fotografía, montador, etc.; y por si eso fuera poco, para asegurarse la jugada logró que el escritor más ingenioso, Jules Furthman, accediera a trabajar con él escribiendo un guión que no tenía desperdicio:

Jim Kimmerle (Henry Fonda) y Tyler Dawson (George Raft) viven en Alaska y son amigos desde la infancia, pero han elegido caminos opuestos: el primero ha montado una fábrica de conservas con el dinero heredado de su padre, y se dedica a la pesca del salmón. El segundo acaba de regresar del Ártico, y aunque está sin blanca, su intención es comprarse una goleta para volver al norte y cazar focas. Para conseguir el dinero que necesita, Tyler se alía con el pirata ruso Red Skain (Akim Tamiroff). Juntos saquean las trampas para salmones que son propiedad de Jim y sus compañeros.

Entre Almas en el mar y Lobos del Norte hay muchos puntos en común: el final ––que no vamos a contar––; los dos amigos situados a ambos lados de la ley; o las escenas que subrayan la amistad. Dichas secuencias están muy bien llevadas desde el lado de la fotografía gracias a Charles Lang, que si bien estuvo correcto en Almas en el mar, aquí demostró por qué era uno de los mejores operadores de Hollywood.

Todo lo comentado acerca de George Raft en Almas en el mar se puede aplicar aquí perfectamente. Su trabajo resultó de nuevo convincente gracias a la cercanía de Henry Fonda, y su personaje se hizo más atractivo que el del héroe por las mismas razones que en el filme anterior.


Con respecto al director, se ha hablado mucho de un realizador que debido a la heterogeneidad de sus propuestas no parecía tener una personalidad definida. Afirmación como poco discutible cuando en Lobos del Norte apreciamos varios de los temas que interesaban al director, y que ya se vieron en Almas en el mar. Me refiero a la amistad, a la evolución de los personajes a través de la historia, y al final nada feliz. Ha­thaway también trató otros asuntos presentes en la mayoría de sus películas como el contraste entre lo viejo y lo nuevo, la importancia de la comunidad sobre lo individual y el interés por la naturaleza. Pero lo que más se aprecia en Lobos del Norte es la predilección de Hathaway sobre el debate entre el progreso, por un lado, y los valores tradicionales, por el otro.

En realidad es el tema principal de la película. Nada más empezar, Tyler deja clara su postura: el sueño de toda su vida es comprar una goleta, volver a navegar por el Ártico, y cazar focas. Mientras, Jim quiere establecerse en el pueblo, ver crecer la ciudad y hacerse empresario con su fábrica de conservas. Dos puntos de vista opuestos que son la causa última del enfrentamiento entre los amigos. Hathaway no se limita al diálogo, sino que se apoya en otros personajes y elementos que los rodean para subrayar las intenciones de cada uno. Así, Dian, la mujer enamorada de Jim, es universitaria y no deja que su novio se implique en la lucha; mientras que Nicky, la compañera de Tyler,  es como él, tiene un pasado de aventura y de­sea ir al norte con su amado. Además está Skyler, la foca, un elemento de comedia que usará Raoul Walsh en El mundo en sus manos, y que simboliza la libertad de su dueño. En Lobos del Norte, la secuencia en la que Tyler se encuentra con su mascota es una maravilla: Tyler se zambulle en el agua para jugar con ella sin quitarse la ropa, sin importarle el resto del pueblo que asiste atónito a la escena; hasta el nombre de su pesquero, “Who Cares”, define cómo es el patrón.


El post es un extracto corregido para la ocasión de los capítulos dedicados a Almas en el mar y Lobos del norte en mi libro: CINE Y NAVEGACIÓN. Los 7 mares en 70 películas



viernes, 14 de julio de 2017

¡VACACIONES DE VERANO!

Llegó la hora del descanso.
Nos vemos pronto con novedades.
Saludos y felices vacaciones a todos.



Una pregunta para los cinéfilos, que seguro que la saben: ¿por qué John Wayne se toca el brazo de esa forma en el último plano de la película?


viernes, 30 de junio de 2017

LA AMARGURA DEL GENERAL YEN (The Bitter Tea of General Yen de Frank Capra, 1932)

Una joven norteamericana (Barbara Stanwyck) llega a Shanghai para casarse con un misionero en plena Guerra Civil China. Sin embargo la boda tendrá que aplazarse debido a que el novio tiene que rescatar a unos huerfanos en peligro. La misión no sale bien y la novia es secuestrada por un Señor de la Guerra: el general Yen (Nils Asther, exagerada su caracterización como oficial oriental).

Frank Capra se aleja algo de su original visión de la vida, pero no tanto de la fábula y la fantasía de la posterior Horizontes Perdidos (Lost Horizon, 1937), para narrar un drama romántico que resulta escandaloso para la época debido a la relación interrracial entre los protagonistas.

La historia promete grandes aventuras, pero se desarrolla con sencillez entre las lujosas habitaciones de un palacio muy bien reconstruido en los estudios. Eran los años en los que estaban de moda este tipo de filmes gracias a la obsesión de Josef Von Stenberg por colocar a su diva Marlene Dietrich en todo tipo de decorados imposibles. 

Diseño de producción barroco aparte, es precisamente la simpleza de la trama lo que hace que la película resulte muy atractiva. El amor y el odio entre la joven y el general recuerdan levemente a la historia del "El Rey y Yo", varias veces llevada a la pantalla, con la gran diferencia de que, para Capra, el amor entre la occidental y el oriental se encuentra permanentemente rodeado de la tragedia de la guerra, de los fusilamientos sin piedad, los espias y los hombres sin escrúpulos que quieren sacar tajada del tráfico de armas.


Es inevitable que el paso de los años haga mella en melodramas de este tipo, pero también es cierto que aquí el tiempo tiene que luchar contra la habilidad de Frank Capra para emocionar con imágenes; el último tramo de la película de la que estamos hablando demuestra que el director era un durísimo contrincante.

No obstante, la cinta no tuvo el éxito esperado y el propio Capra admitió que el público le "había abandonado". Para volver a ganarse a la audiencia, Capra dejó de emular a Von Stenberg y volvió a su cine descriptivo de la realidad social americana: su siguiente película fue Dama por un día, la cinta que cambió la carrera del director y la de la propia Columbia.





lunes, 29 de mayo de 2017

2 X 1: “SEMILLA DE CRISANTEMO” y “QIU JU, UNA MUJER CHINA” (Zhang Yimou)

Semilla de crisantemo (Ju Dou, 1990)

Zhang Yimou es otro de los casos en los que prestigiosos festivales de cine occidentales han dado a conocer a excelentes directores de países más o menos exóticos.  El director chino hace tiempo que se pasea triunfante allá por donde presenta sus magníficas cintas, pero en 1990 era todavía un completo desconocido aunque ya había ganado el Oso de Oro en el festival de Berlín con su ópera prima Sorgo Rojo (1987). Con su tercer largometraje, Semilla de crisantemo, logró encandilar a jurado y público del certamen vallisoletano haciéndose con la espiga de oro; ese mismo año obtuvo una merecida nominación al Óscar a la mejor película extranjera.

La historia del triángulo amoroso en una fábrica textil, en una tintorería de principio de siglo XX, resulta espectacular desde el lado de la fotografía (Yimou fue operador antes que realizador, y se nota), pero también sorprende por el tratamiento desenfadado que el cineasta oriental le confiere a una trama que en realidad es una tragedia. El director narra con cierto humor negro para concluir con una falsa moralina en la que el fruto del pecado se vuelve contra sus progenitores. 


No obstante, como se ha dicho, lo que destaca en Ju Dou es la forma sobre el fondo. La estética, los decorados y el color sobresalen por encima de los diálogos. En la fábrica las telas se secan en altísimos tendederos y se tiñen de amarillo, de azul o de verde, mientras Yimou extiende la pintura para colorear toda la puesta en escena con esos mismo colores. Cuando se avecinan problemas no es casual que sea el rojo el tono del tinte.

Del reparto, hay que destacar a Gong Li por encima del resto del corto elenco. La debutante en la primera película de Yimou, la citada Sorgo Rojo, se convierte en Semilla de crisantemo en una fija, en una bella musa que será el blanco del objetivo del director a lo largo de toda su carrera.  





Qiu Ju, una mujer china (Qiu Ju da guan si, 1992)

Dos años más tarde de Semilla de crisantemo, Zhang Yimou vuelve a rodar una cinta donde una mujer de fuerte carácter es la protagonista indiscutible. De hecho, esos retratos femeninos son lugares comunes en la filmografía del director, y el tema central de sus mejores películas.

Qiu Ju  (Gong Li, no podía ser otra) es una mujer de campo medio analfabeta y a punto de dar a luz un hijo. Después de una disputa, el alcalde de la aldea donde vive Qiu Ju arremete contra el marido de ella y le propina una patada en sus partes nobles. A partir de aquí, la terca mujer inicia un recorrido por todos los juzgados e instancias para obtener una satisfacción del alcalde. Desde la aldea, a la corte del pueblo, pasando por el condado, la capital y demás instituciones, Qiu Ju apela una y otra vez las decisiones de los magistrados hasta que le den la razón.

En Qiu Ju, Zhang Yimou cambia radicalmente de temática, de ambientación y hasta de forma de rodar. Si en Semilla de crisantemo, el director se remontaba a los años veinte,  y daba rienda suelta a su experiencia como director de fotografía; aquí se desentiende de la estilizada puesta en escena para filmar una especie de documental contemporáneo, una película donde Yimou critica la burocracia comunista desde un punto de vista tragicómico muy atractivo.


Sólo Gong Li permanece como denominador común en ambos filmes, aunque en el segundo largometraje la actriz está irreconocible. El cambio de aspecto y de registro es tan extremo como el del propio director: más gorda, con varias capas de ropa encima como corresponde a una mujer que sobrevive al duro y frío invierno, Gong Li se mueve con torpeza e interpreta a una inocente campesina que cultiva guindillas, que en nada tiene que ver con la espabilada y sofisticada concubina de la película anterior. Si algo les une, es la determinación y el empeño que ponen para lograr sus objetivos.

Qiu Ju, una mujer china es, en definitiva, una comedia realista, con momentos divertidos, pero con final dramático, con la que Zhang Yimou consiguió el León de Oro en Venecia, al tiempo que su actriz fetiche se hacia con la prestigiosa Copa Volpi. Con tan solo cinco películas Yimou ya había ganado en Berlín, Valladolid y Venecia.





lunes, 15 de mayo de 2017

CINE EN TV: CARAVANA DE PAZ; LANZA ROTA

Caravana de Paz (Wagon Master de John Ford, 1950). Ward Bond, Ben Johnson, Joanne Dru, Harry Carey Jr. (La 2, miércoles 17 de mayo a las 12:40).

Entre las impresionantes La Legión invencible y Río Grande, dos de las tres películas dedicadas a la caballería con John Wayne como estrella, el maestro John Ford dirigió este largometraje del género que dominaba como nadie. Podría ser un divertimento del propio Ford, una relajación entre dos cintas tan importantes como las citadas, digamos una obra menor en la extensa filmografía del realizador; sin embargo Caravana de Paz, por el tratamiento de un argumento bastante simple, por carecer de estrellas entre su reparto, por el realismo con el que se cuenta la historia en la que apenas sucede nada, la podemos calificar de obra maestra adelantada a su tiempo.

Es una cinta moderna gracias a la sencillez de la trama donde se narra de forma desdramatizada y cercana al documental las peripecias de un grupo de colonos. Se trata de una caravana de mormones a la que se le unen unos "actores" y una banda de asesinos, todos capitaneados por dos vaqueros que sueñan con las cartas. Aquí los indios son por fin nativos de una tierra salvaje y no una amenaza directa. Los “malos” no lo son tanto cuando observan la difícil progresión de los carruajes en su ascender por la montaña.


Ford muestra la escena bajo el punto de vista de los asesinos que por un momento admiran al grupo de colonos y casi se puede decir que querrían ser como ellos. No son los únicos encuadres bellos, los hay por decenas; destacan algunos primeros planos de los personajes, perfectamente insertados cuando la acción lo requiere y no de forma gratuita como algunos directores acostumbran a hacer (otro ejemplo: cuando la banda de malhechores irrumpen en el baile).

En Caravana de Paz, como se ha dicho, se refuerza el realismo gracias a que no hay una estrella tipo John Wayne al frente del casting. Los actores que se reparten el protagonismo pertenecen a la troupe habitual del director. Excelentes secundarios, todos ellos, que hacen su trabajo a la perfección dirigidos por el “jefe de la “compañía”, que los conoce tan bien como si fueran un grupo de profesionales del mundo del teatro

A pesar de ser un filme casi experimental, Ford no se salta el carácter épico de la cinta y la rueda en su querido Monument Valley. Los planos del inicio y el final de la película resumen toda la historia y configuran la grandeza del western como género épico por excelencia: una carreta sale del río y sube una empinada cuesta, delante de los esforzados caballos va un potrillo, verdadero símbolo de la nueva vida que se abre camino por un territorio salvaje.



Lanza Rota (Broken Lance de Edward Dmytryk, 1952). Spencer Tracy, Richard Widmark, Robert Wagner. (Aragón TV, miércoles 17 de mayo a las 15:05)

Más que correcto western de Edward Dmytryk, de los llamados psicológicos. Es la segunda adaptación de la novela "House of Strangers" (la primera corresponde a Joseph L. Mankiewicz), pero en clave de película del oeste. El autor, Philip Yordan, ganó el oscar por el estupendo guión... Seguir leyendo




lunes, 1 de mayo de 2017

2 X 1: “Y LA VIDA CONTINÚA” y “A TRAVÉS DE LOS OLIVOS” (Abbas Kiarostami)


Y la vida continúa (Zendegi va digar hich, 1991)

En 1991 se produce un hecho transcendental en la historia del cine mundial y del iraní en particular: la película de un desconocido Abbas Kiarostami, Y la vida continúa, gana el premio Rossellini en el festival de Cannes. Igual que sucedió con el cine japonés cuando Kurosawa presentó al mundo su obra Rashomon (1950), con el italiano cuando el propio Rossellini unos años antes sorprendió con Roma, ciudad abierta (1945), o con muchos otros países fuera de la esfera hollywoodense, Kiarostami hizo lo propio con su original cinta. A partir de Y la vida continua el cine del país de los ayatolás comenzó a tenerse en cuenta y directores de la talla de Makhmalbaf, Panahi o Majidi se incorporaron al circuito cinematográfico como lo que eran, unos realizadores magníficos con un cine moderno y realista que se nos antoja fundamental hoy en día.

En realidad la película de Kiarostami era la segunda parte de una trilogía que había comenzado con ¿Dónde está la casa de mi amigo? (Khane-ye doust kodjast?, 1987) y que finalizaría con A través de los olivos, la otra película de la que vamos a hablar. Por tanto más que un “dos por uno”, nos referimos a un trío de cintas que Kiarostami ideó a partir de su interés por la educación infantil. De hecho, venía de realizar un par de largometrajes muy críticos con el sistema educativo de su país. Con la excusa del guión de ¿Dónde está la casa de mi amigo? –un niño busca a un compañero de clase para devolverle el cuaderno y así evitar que el maestro lo castigue–, Kiarostami filma la segunda de las cintas desde una posición tan realista como curiosa:


En Y la vida continúa, un padre y su hijo atraviesan la zona castigada por el terremoto iraní de 1990 con el objetivo de localizar al actor (que no al personaje) protagonista de la película anterior. Es decir, Kiarostami mezcla ficción y realidad de forma perfectamente estudiada para rodar lo que le interesa: las pequeñas historias de los habitantes de la región que cuentan de la forma más natural posible cómo han sobrevivido a la catástrofe y cómo han perdido a familiares y amigos. Ellos, mientras tanto, siguen con sus vidas e intentan volver a la rutina que finalmente es lo que da la felicidad. El verismo de su proyecto se logra con una cámara ágil y con la colaboración de actores improvisados, no profesionales.

En cuanto a la historia en sí, el director se fija en pequeños detalles como el hecho de la preocupación de la gente por colocar una antena de televisión para ver el mundial de fútbol, por regar las plantas en medio de la desolación o por descubrir que hay agua corriente en una solitaria tubería. Son elementos que configuran una hermosa película, minimalista, sin apenas trama, pero cuyo tema, el que el título adelanta, es desarrollado con perfección y espontaneidad por igual.




A través de los olivos (Zire darakhatan zeyton, 1994)

Tres años más tarde de Y la vida continúa, el realizador iraní se interna en el rodaje de dicha cinta, pero lo hace con otra película como si fuera un documental, o el making of, cuando en realidad es una suerte de experimento de cine dentro del cine, una vuelta de tuerca más en su afán por filmar la realidad con ayuda de la ficción.

Así de sorprendente es A través de los olivos que arranca con la presentación del propio Kiarostami (no es él, es un actor, cosa que no oculta al público) en el lugar del rodaje de Y la vida continúa, concretamente en la realización de la secuencia que presenta a una pareja de recién casados que viven entre ruinas.

Los actores de esa escena son los personajes de la nueva película: son dos jóvenes que apenas se conocen, que sólo se relacionan en los ensayos y filmación de Y la vida continúa. Hussein, que así se llama el que hace de flamante marido, quiere casarse con la joven que interpreta a su mujer en la ficción (no olvidemos que “esa ficción” era la realidad en la cinta anterior –me temo que me estoy liando, pero así es el cine del maestro iraní–), pero ella no quiere saber nada de él debido a la injerencia de su abuela que quiere un marido mejor para su nieta. La insistencia de Hussein es el tema principal de la cinta. De nuevo una trama minimalista porque la película no deja de ser otro experimento de Kiarostami para “oír” lo que tienen que decir los personajes que van apareciendo en el filme. De hecho, el realizador siempre decía que rodaba sin guión, que él no contaba historias, lo que hacía era escucharlas.


Dentro de la obligada comparación que siempre hacemos en esta sección del blog, más que puntos en común entre ambas cintas, habría que hablar de cómo se complementan una y otra. No obstante, si nos abstraemos de la lógica que las une, podemos observar el estilo personal de rodar de Kiarostami: así, las secuencias dentro de automóviles son un sello característico de su cine, con diálogos entre los que conducen y los personajes de fuera (el espectador es el conductor y la película discurre en el exterior); también lo son los planos secuencias y las largas y estáticas tomas generales que cierran sus películas. Son escenas que fotografían caminos zigzagueantes y empinados, simples y sencillos encuadres muy adecuados para subrayar lo complicada y dura que es la vida.

Para terminar, quisiera reproducir las palabras que dijo Martin Scorsese con respecto a su colega de oriente medio: “Kiarostami representa el más alto nivel artístico en el cine”. La contestación del realizador iraní fue ingeniosa: “Son palabras de admiración que agradezco, pero que serían más apropiadas después de mi muerte”.

Kiarostami nos dejó el año pasado, por tanto ya tenemos el permiso del director para alabar su cine.







lunes, 17 de abril de 2017

ESPECIAL KIRK DOUGLAS (y V): EL FINAL DE LA CUENTA ATRÁS (The Final Countdown de Don Taylor, 1980)

La última película del especial sobre Kirk Douglas pertenece a su época digamos ya decadente o menos gloriosa, donde el actor aún demostraba fuerza interpretativa en una cinta de ciencia ficción que, como veremos, en realidad se trataba de un filme bélico.


Kirk Douglas ya había producido con anterioridad con su compañía Bryna historias de ciencia ficción con la guerra fría como telón de fondo —Siete días en mayo (Seven Days in May, John Frankenheimer, 1964)— así que un proyecto como El final de la cuenta atrás no le era en absoluto extraño. Tampoco se encontraba a disgusto con la fantasía un director como Don Taylor, antiguo actor secundario que se había pasado a la realización, y que casi se había especializado en el tema cuando en los años setenta dirigió una de las secuelas de El planeta de los simios (1971), una versión de La isla del doctor Moreau (1977) y un filme de terror como La maldición de Demian (1978).

El argumento de El final de la cuenta atrás, escrito por Thomas Hunter, Peter Powell y David Ambrose resultó muy atractivo, ideal para ser rodado en 1980 ya que enlazaba la Guerra Fría con la Segunda Guerra Mundial gracias a un ingenioso salto en el tiempo: El analista de sistemas Warren Lasky (Martin Sheen) embarca en el USS “Nimitz” para sugerir cambios en su sistema de combate. En mitad de las operaciones, el “Nimitz” se ve envuelto en una extraña tormenta que surge de la nada. El comandante Yelland (Kirk Douglas) no entiende lo que ocurre cuando diversos sucesos indican que han viajado al pasado, concretamente al 6 de diciembre de 1941, el día anterior al ataque de Pearl Harbor. Mientras la fuerza nipona se acerca a Pearl Harbor, Yelland duda si intervenir o no en el devenir de la historia.


Del guión de la película, todo ficticio por supuesto, sólo el barco es real y además es el verdadero protagonista del filme. Lo es porque la cinta no deja de ser un escaparate mundial para admirar —y temer, según de dónde sea el público— al USS “Nimitz” y a toda su potencia armamentística. El “Nimitz” es el primer buque de la clase que lleva su nombre (segundo portaaviones nuclear construido en USA después del “Enterprise”), entregado a la Navy en 1975 y todavía en activo. El enorme barco de mas de trescientos metros de eslora, casi 100.000 toneladas a plena carga y con más de noventa aviones a bordo, puede dar, gracias a sus dos reactores nucleares, una potencia de 260.000 caballos de vapor, o lo que es lo mismo, más de 30 nudos de velocidad y autonomía ilimitada de combustible.

En la película da la impresión de que no fue el portaaviones el que se sometió al guión, sino todo lo contrario, que el libreto se escribió de tal forma que pudiera justificar el espectacular despliegue de imágenes documentales de aterrizajes, despegues, situaciones de emergencia, zafarrancho de combate, etc. Aunque los tomcats en misión CAP (Combat Air Patrol) tienen más presencia, sobre todo en la secuencia del desigual combate aéreo contra los zeros, la operación de SAR (Search and Rescue) de los helicópteros, la de reconocimiento fotográfico de los crusader en la bahía de Pearl Harbor, o la de vigilancia de la flota japonesa a cargo del AWACS (avión sofisticado de alerta temprana y control), encajan muy bien en el guión y logran completar el muestrario de operaciones aeronavales. No en vano el largometraje se usó durante mucho tiempo como parte del proceso de reclutamiento de la Navy.

En plena Guerra Fría, para los norteamericanos el alarde exhibido en la película estaba justificado. Hasta hay un guiño a la crisis cuando un pesquero ruso en labores de inteligencia se dedica a “faenar” en las inmediaciones de la flota. La película se llegó a prohibir en algunos países de la esfera soviética, como Hungría, y en otros se suprimieron las escenas en las que aparece el buque espía. Parece ser que las naciones del Este se dieron por aludidos e interpretaron la superioridad yanqui de la película como una especie de metáfora en la que ellos eran los obsoletos japoneses. 
Ver ficha  de El final de la cuenta atrás.



El post es un extracto corregido para la ocasión del capítulo dedicado a El final de la cuenta atrás
en mi libro: CINE Y NAVEGACIÓN. Los 7 mares en 70 películas




lunes, 3 de abril de 2017

CINE EN DVD: LA BRIGADA DEL DIABLO (The Devil's Brigade de Andrew V. McLaglen, 1968)

Seguimos con los décimos aniversarios de lanzamientos de películas en DVD, en concreto con una cinta de la colección Promolider Bélico que editó la Fox en abril del 2007. Entre las películas de la serie figuraba este filme de acción de Andrew V. McLaglen:



The Devil’s Brigade es un largometraje bélico basado en la primera agrupación de operaciones especiales. En 1942, cuando Alemania dominaba en todos los frentes de la Segunda Guerra Mundial, los aliados crearon esta unidad, precedente de los famosos “Boinas verdes”. Fueron los propios nazis los que la bautizaron como la “Brigada del Diablo” y sus misiones se centraban en incursiones por detrás de las líneas enemigas. Digamos, algo parecido a la brigada que mandaba Brad Pitt en la más reciente Malditos Bastardos (Inglourious Bastards de Quentin Tarantino, 2009).

Andrew V. McLaglen, un especialista en western, fue el encargado de realizar la película que nos atañe en 1968. No creo que fuera casual que La Brigada del Diablo se estrenara un año después del éxito alcanzado por Doce del patíbulo (The Dirty Dozen, 1967), y es que era prácticamente un remake de la célebre película de Robert Aldrich. No fue la única. La idea de reunir a un grupo de desertores y delincuentes para formar un grupo de ataque se repitió en innumerables ocasiones. La principal diferencia con el film que inauguró la serie se basaba en las dificultades del coronel protagonista (William Holden) en entrenar a soldados americanos (los indeseables) junto a una compañía canadiense y, finalmente, reunir un grupo compacto.


La estructura de este tipo de cintas era siempre la misma: una primera parte de adiestramiento en un campamento donde se sucedían continuos enfrentamientos entre las tropas aliadas; y una segunda parte de acción propiamente dicha, con los alemanes como enemigos. Con este tipo de largometrajes se lograba entretener al público por el hecho de haberle dado la vuelta al propio género bélico. Ya no se trataba de ver las hazañas de soldados más o menos ejemplares; lo que primaba era presentar a unos personajes que llegaban a ser héroes en contra de su voluntad. La desmitificación del género causó, paradójicamente, su revitalización.

La cinta se deja ver con simpatía, pero no no nos engañemos, no llega a ser nada más que una de las incontables películas bélicas de la época, con mucha acción, actores ya en decadencia y con un director-artesano, bastante irregular por cierto, al frente del proyecto.


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