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lunes, 3 de abril de 2017

CINE EN DVD: LA BRIGADA DEL DIABLO (The Devil's Brigade de Andrew V. McLaglen, 1968)

Seguimos con los décimos aniversarios de lanzamientos de películas en DVD, en concreto con una cinta de la colección Promolider Bélico que editó la Fox en abril del 2007. Entre las películas de la serie figuraba este filme de acción de Andrew V. McLaglen:



The Devil’s Brigade es un largometraje bélico basado en la primera agrupación de operaciones especiales. En 1942, cuando Alemania dominaba en todos los frentes de la Segunda Guerra Mundial, los aliados crearon esta unidad, precedente de los famosos “Boinas verdes”. Fueron los propios nazis los que la bautizaron como la “Brigada del Diablo” y sus misiones se centraban en incursiones por detrás de las líneas enemigas. Digamos, algo parecido a la brigada que mandaba Brad Pitt en la más reciente Malditos Bastardos (Inglourious Bastards de Quentin Tarantino, 2009).

Andrew V. McLaglen, un especialista en western, fue el encargado de realizar la película que nos atañe en 1968. No creo que fuera casual que La Brigada del Diablo se estrenara un año después del éxito alcanzado por Doce del patíbulo (The Dirty Dozen, 1967), y es que era prácticamente un remake de la célebre película de Robert Aldrich. No fue la única. La idea de reunir a un grupo de desertores y delincuentes para formar un grupo de ataque se repitió en innumerables ocasiones. La principal diferencia con el film que inauguró la serie se basaba en las dificultades del coronel protagonista (William Holden) en entrenar a soldados americanos (los indeseables) junto a una compañía canadiense y, finalmente, reunir un grupo compacto.


La estructura de este tipo de cintas era siempre la misma: una primera parte de adiestramiento en un campamento donde se sucedían continuos enfrentamientos entre las tropas aliadas; y una segunda parte de acción propiamente dicha, con los alemanes como enemigos. Con este tipo de largometrajes se lograba entretener al público por el hecho de haberle dado la vuelta al propio género bélico. Ya no se trataba de ver las hazañas de soldados más o menos ejemplares; lo que primaba era presentar a unos personajes que llegaban a ser héroes en contra de su voluntad. La desmitificación del género causó, paradójicamente, su revitalización.

La cinta se deja ver con simpatía, pero no no nos engañemos, no llega a ser nada más que una de las incontables películas bélicas de la época, con mucha acción, actores ya en decadencia y con un director-artesano, bastante irregular por cierto, al frente del proyecto.


jueves, 18 de junio de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 19 al 25 de junio de 2009

Con el verano llamando a las puertas de la calurosa primavera de estos últimos días presentamos la siguiente tabla de recomendaciones. En ella destacan, entre otras, el drama de Ettore Scola; el excelente biopic de Maurice Pialat; la adaptación teatral de Laurence Olivier; el surrealismo de Buñuel; los western de Anthony Mann, John Sturges, Delmer Daves y Henry King; las películas negras de Fritz Lang, Rene Clement, John Huston y Jacques Tourneur; y las obras maestras del cine mudo, de Pabst y Robert Wiene.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)

Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

Ser o No Ser (To Be or Not to Be de Ernst Lubitsch, 1942). Carole Lombard, Jack Benny. (Veo TV, sábado 20 a las 22:00)

Esta comedia sólo puede definirse como obra maestra. Una gran película con Ernst Lubitsch en plena forma; el director se atreve a meterse con los nazis en la época de su mayor dominio (Chaplin también lo hizo dos años antes con El Gran Dictador).

Una compañía de teatro polaca, que representa a Skakespeare, se ve envuelta en la guerra cuando intenta ayudar a la resistencia con un peculiar montaje “teatral”. El dueño (Joseph Tura) y su mujer (María Tura) dirigen la troupe y también la conspiración. Lubitsch, que no se conforma con la trama bélica, insiste en su toque personal e incluye en la historia los flirteos de María con un joven militar aliado. Esto añade tensión –y carcajadas- a la acción cuando Joseph Tura se preocupa más de los posibles cuernos que de la ocupación alemana.

El filme se divide en secuencias muy bien delimitadas, como actos de una obra de teatro. Sobresalen aquellas en las que Joseph Tura (Jack Benny) se hace pasar por espía alemán; y la larga escena final, con un clímax muy recordado, donde hasta el propio Hitler tiene su papel.


El reparto acompaña a Lubitsch en su parodia: con Robert Stack casi debutando, y Jack Benny especialmente motivado, es Carole Lombard la que destaca por encima de todos. La Reina de la comedia, a la sazón mujer del otro “Rey”, Clark Gable, está sencillamente magnífica. La excelente actriz nunca pudo ver la película en pantalla, murió en un accidente de aviación antes del estreno; se puede decir que en acto de servicio, ya que volvía de un tour para vender bonos de guerra.

Pero si los actores están a la altura, el apartado técnico es casi mejor: Miklos Rozsa en la partitura, Rudolph Maté con la fotografía y Vincent Korda en los decorados y, quien lo duda -aunque Lubitsch también aparecía en los créditos como productor-, Alexander Korda llevando las riendas del proyecto.

Mel Brooks hizo un remake en 1983, muy, muy lejos del original.



Sinfonía de la Vida (Our Town de Sam Wood, 1940). William Holden, Martha Scott. (Canal 300, domingo 21 a las 04:10 y lunes 22 a las 05:30)

Drama que narra la vida en una pequeña ciudad de New Hampshire a comienzos del siglo XX. La cinta de Sam Wood es una notable adaptación de la célebre obra de teatro de Thornton Wilder, ganadora del premio Pulitzer. El propio escritor sufrió lo suyo para llevar su creación a la gran pantalla. Sólo tras varios meses de trabajo con el productor Sol Lesser, y con algunas variaciones –todas consentidas por Wilder-, el proyecto pudo llevarse a cabo. Con Wood al mando, ocupándose de los actores, y William Cameron Menzies llevando la parte visual, la película estuvo a punto de hacerse con seis oscar.

El metraje se reparte en tres actos, todos narrados por el farmacéutico de Grover’s Corner, el pueblo donde casi no sucede nada especial, pero que quiere representar los valores tradicionales americanos. El arranque, y la descripción de la villa por parte del presentador, propician la inclusión de la película en el subgénero del melodrama coral donde un pueblo o una calle son el personaje principal. Es el microcosmos donde se desarrolla una historia que bien podría haber pasado en cualquier lugar. Precisamente en el cine español abundan ejemplos de esta circunstancia cinematográfica lo que provoca que la visión de Our Town, hoy en día, resulte tan familiar. En este caso dos clanes (los Webb y los Gibbs), que pronto formarán uno solo cuando dos de sus hijos se casen, son los que llevan el peso de la historia.


Nadie mejor que Sam Wood para dirigir este drama tan conservador. El realizador –tachado con frecuencia de reaccionario- era un buen artesano que supo dar lo mejor de sí mismo en este tipo de productos. Los primeros minutos son espectaculares: el plano secuencia en el plató, que acompaña a los créditos, es seguido de la presentación de la ciudad que se transforma hasta el tiempo en el que se inicia la historia; y después viene lo mejor, con la introducción de las dos familias a base de transiciones tan sutiles como las de un gato que persigue al lechero, o los pasos de una de las hijas que se mezclan con los de las gallinas y polluelos en la granja. Todo esto se adorna con algunos contrapicados y con la excelente utilización del objetivo en tres niveles (en primer término un objeto difuminado, en el segundo nivel el personaje que el director destaca, y en el tercero el motivo que da continuidad a la acción, el lechero por ejemplo, o uno de los niños que acude a desayunar). Hay que pensar que esta manera de rodar tan estilizada tuvo lugar antes de esa revolución que fue Ciudadano Kane.

Sin quitarle mérito a su trabajo es cierto que Wood tuvo una serie de ventajas para que el largometraje funcionara tan bien: parte del elenco de actores ya habían representado la obra en Broadway; y luego estaba la inestimable ayuda de William Cameron Menzies, al que se le puede atribuir la brillante resolución de ciertas secuencias complicadas, como las del tercer acto, donde son fantasmas los que llevan la acción.

La historia funciona y casi todos los actores están creíbles (muy bien Martha Scott, pero sobre todo los secundarios, con Thomas Mitchell y Guy Kibbee a la cabeza, aunque chirríe algo el protagonista, un jovencísimo –casi irreconocible- William Holden); pero lo que apreciamos más son esos veinte primeros minutos, que de haber tenido continuidad probablemente hoy estaríamos hablando de una obra maestra.



El Cabo del Terror (Cape Fear de J. Lee Thompson, 1962). Gregory Peck, Robert Mitchum. (Canal Sur 2, domingo 21 a las 22:00)

La novela "The executioners", de John D. Macdonald, ha sido llevada a la pantalla en dos ocasiones: la primera de la mano de J. Lee Thompson, de forma impecable y es la que vamos a comentar; la segunda dirigida por Martin Scorsese en 1991, bastante interesante, pero, en mi opinión, inferior al original… leer más.

jueves, 6 de noviembre de 2008

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 7 al 13 de noviembre de 2008)

Creo que esta semana batimos el record en cuanto a cantidad (y calidad) de películas recomendadas; algunas ya comentadas en anteriores citas, pero emitidas en diferentes cadenas autonómicas –es frecuente que los títulos pasen de unas comunidades a otras-. Entre tantas propuestas podemos destacar otra obra fundamental para entender el origen del cine como es Intolerancia de Griffith; un par de películas españolas de Jaime de Armiñán y Víctor Erice; la adaptación al cine del estremecedor relato de Truman Capote; el divertimento de aventuras de Hawks en África; la excelente Adiós Muchachos de Malle; la poco valorada, pero muy buena película de Alan J. Pakula, con Jane Fonda y James Caan; o la obra maestra de Capra, que parece que se adelanta a las Navidades como los dichosos adornos que ya coronan nuestras calles.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)



Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

El Hombre de Laramie (The Man from Laramie de Anthony Mann, 1955). James Stewart, Arthur Kennedy. (ETB2, viernes 7 a las 18:15)

El Hombre de Laramie es el último western de los cinco que hicieron juntos Anthony Mann y James Stewart. Ambos protagonizaron una de las colaboraciones más fructíferas que ha dado el cine… leer más.



Atrapado por su pasado (Carlito’s way de Brian de Palma, 1993). Al Pacino, Sean Penn. (Canal 9, sábado 8 a las 00:15)

Una de las obras maestras del género negro y de De Palma. Contiene algunos de los planos más logrados de la historia del cine… leer más.




Imitación a la vida (Imitation of life de Douglas Sirk, 1959). Lana Turner, John Gavin. (Canal 9, sábado 8 a las 11:00)

Una de las películas que dirigió Douglas Sirk dentro del género que dominaba como nadie: el melodrama. Es un remake de Imitation of Life (1934) de John M. Stahl. Aquí una madura Lana Turner, en su afán de volver a ser actriz, se intenta relacionar con agentes y productores de teatro, dejando de lado al fotógrafo Gavin, su verdadero amor. Paralelamente a la trama principal se cuenta la historia de una joven de color que reniega de su raza y causa la infelicidad de su madre. Esa doble narración es casi lo mejor de la cinta que, sin embargo, tiene un handicap: la falsa interpretación de Lana Turner, lejos de sus mejores momentos. Este error puede hasta potenciar la película si entendemos la actuación de la estrella como una interpretación de sí misma.



Fort Bravo (Escape from Fort Bravo de John Sturges, 1953). William Holden, Eleanor Parker. (TPA, sábado 8 a las 19:00)

Western tradicional del especialista Sturges, donde William Holden es un oficial del ejercito yankee destinado en Fort Bravo, un fuerte rodeado de indios y que a la vez es un campo de concentración de prisioneros confederados. Con la llegada de Eleanor Parker se origina la verdadera trama: ella resulta ser una espía del Sur, cuya misión es ayudar a escapar a unos oficiales rebeldes. Holden tratará de impedirlo y por el camino se enamorará (inevitable) de la heroína. Todo se complica cuando nos enteramos que la "Mata Hari" es la prometida del oficial rebelde.

Lo cierto es que la cinta resulta algo irregular: una brillante secuencia final, con el protagonista luchando desesperadamente contra los indios, destaca sobre algunas escenas nocturnas donde los decorados chirrían demasiado. Sturges llegó a decir que el acabado final hubiera mejorado sensiblemente si hubiera dispuesto de Cinemascope, formato que dominaría en películas como Conspiración de Silencio.

A pesar de todo el filme gana muchos enteros gracias al buen hacer del realizador, con su característico ritmo narrativo, y a las espectaculares tomas rodadas en exteriores, en el "Death Valley". Este parque natural, con estrechos desfiladeros, colinas sinuosas y rocas de formas imposibles, encaja muy bien en la historia y ayuda a expresar la angustia que sufren los personajes acosados por los indios y por ellos mismos.



Esmeralda, La Zíngara (The Hunchback of Notre Dame de William Dieterle, 1939). Charles Laughton, Maureen O’Hara. (Popular TV, sábado 8 a las 22:00)

Clásico del cine fantástico que se encuentra a un paso entre el género de aventuras y el de terror. La película se basa en la conocida obra de Víctor Hugo El Jorobado de Notre Dame; es la segunda adaptación y la mejor de todas (la primera data del cine mudo, con una interpretación legendaria de Lon Chaney).

Además de la trama central, es decir la gitana perseguida por un juez déspota y salvada por el tullido que habita en la catedral de París, posee muchos e interesantes ingredientes para comentar: por ejemplo el asunto de la libertad de expresión –a tener muy en cuenta desde la invención de la imprenta- nueva preocupación de las autoridades dado el peligro potencial que supone la opinión pública. También presenta el tema de actualidad de la xenofobia y el racismo (los gitanos son tratados como seres inferiores). Y en general el de la intolerancia, con el rechazo explícito hacía el jorobado (Charles Laughton, en una impresionante caracterización e interpretación).

La película se realizó cuando estallaba la Segunda Guerra Mundial, sin embargo muestra un mensaje optimista cuando al final, el personaje encarnado por el debutante Edmond O'Brien, le dice a Thomas Mitchell que es mejor solucionar los problemas con las palabras que con la acción. Es particularmente emocionante el momento en el que Charles Laughton se sube a las campanas y las hace tocar frenéticamente; según dicen, justo antes de rodar la escena, alguien le comunicó al actor británico que comenzaba la contienda más sangrienta de la historia.

domingo, 2 de marzo de 2008

EL CREPÚSCULO DE LOS DIOSES (Sunset Blvd. de Billy Wilder, 1950)

La Morgue, música del oscarizado Franz Waxman. Los cadáveres cubiertos con un blanco sudario, casi transparente. Los recién fallecidos hablan y comentan entre ellos –casi cotillean- lo que les ha ocurrido a cada uno. Uno de ellos comienza a contar que la ilusión de toda su vida siempre fue tener una piscina. Por fin la tuvo; pero murió en ella.


Este era el inicio que Charles Brackett y Billy Wilder idearon para Sunset Boulevard, y que finalmente no fue aprobado por un público que se reía a carcajadas en una proyección previa. Así que optaron por cambiarlo: El crepúsculo de los Dioses, realmente arranca con Willian Holden flotando en el agua, contando la historia de su corta vida. Holden es Joe Gillis, un guionista en horas bajas, y su voz, más bien su tono, siempre me ha recordado a la utilizada por los veteranos de cualquier actividad cuando, de forma resignada, intentan aconsejarte para que no caigas en sus mismos errores. Esta vez se trata de alguien que ya ha traspasado el umbral entre la vida y la muerte, y se encuentra sorprendentemente relajado.

Gillis, sin vida, relata como llega la policía al lugar de los hechos. Los coches patrulla se aproximan en contrapicado; desde el punto de vista de un muerto. Y es que el cine todo lo puede: algunas veces hemos asistido a personajes agonizando que sirven de guías aventajados de la historia en Carlito’s Way de Brian de Palma (1993); otras los protagonistas yacían en coma, pero eso no les impedía relatar los acontecimientos que dieron con sus huesos en una cama, que más bien era una tumba prematura en El Misterio Von Bulow (Reversal of Fotune de Barbet Schroder, 1990); o incluso hemos presenciado la narración, en primera persona, de finados al estilo de Holden, en Fallen de Gregory Hoblit(1998).


En Sunset Boulevard el Wilder escritor puede al realizador cuando coloca al espectador a la vera del fallecido y le hace preguntarse cómo se ha llegado a esa situación -ya hizo algo parecido en Perdición (Double Indemnity, 1944)-. Suficiente intriga para introducir un excelente melodrama tintado de negro y de apariencia gótica: Joe Gillis, en su decadencia como guionista, perseguido por los acreedores, se tropieza con una mansión de los años veinte. Allí vive Norma Desmond (Gloria Swanson), una estrella del cine mudo, retirada del mundo exterior. Ella y Max (Erich Von Stroheim) -uno de sus maridos, antiguo director de sus películas, convertido en fiel mayordomo- pertenecen a otra época y atraen a Holden que se deja atrapar por el pasado para poder sobrevivir en el presente.

La cinta cobra la categoría de obra maestra al menos por dos razones: por el desarrollo de la historia en el interior de la mansión, donde la decadencia es la protagonista; y por el tratamiento de la narración al mezclarlo con la vida real.

La actividad doméstica confirma que para los personajes cualquier tiempo pasado fue mejor; y que el cine sonoro se ha convertido en su bestia negra particular. “Han hecho una cuerda con las palabras y con ellas han ahorcado el cine”, dice Norma en uno de sus arranques de nostalgia, mientras proyecciones de películas antiguas se alternan con sesiones de números más o menos kistch. La obsesión por reaparecer ante las cámaras da pie a que los celos, la locura y el crimen terminen por aparecer.

Billy Wilder utilizó su experiencia europea para dotar de expresionismo a las secuencias: así es como presentaba las habitaciones, abarrotadas, de acuerdo a los tiempos en los que la imagen era lo principal; lo mismo hizo con la actuación de Gloria Swason, exagerada, perteneciente al cine sin sonido. Hay un momento especialmente mágico: Norma acude al estudio, y mientras espera sentada, un micrófono casi le roza la cabeza; la mirada de desprecio y el manotazo que le da al aparato es muy significativo.


Y todo esto ocurría en un entorno real. La misma actriz era en realidad una estrella del cine mudo. Además Von Stroheim había sido su director en la inacabada La Reina Kelly (Queen Kelly, 1928,una de cuyas escenas aparece proyectada en la cinta). Cecile B. De Mille se interpretaba a sí mismo cuando Norma acudía a pedirle trabajo. Se puede decir que el legendario director fue el descubridor de Gloria Swanson. En la cinta hay más referencias directas a Hollywood, y el guión especular se convirtió en un reproche hacia la industria nunca visto hasta ese momento. Tanto es así que Louis B. Mayer al ver la película, en una proyección privada, dijo que había que devolver a Alemania a Billy Wilder; que como se atrevía a morder la mano de quien le da de comer. Wilder oyó lo que decía. Su respuesta es famosa: “Fuck You!”


viernes, 4 de enero de 2008

GRUPO SALVAJE (The Wild Bunch de Sam Peckinpah, 1969)

Grupo Salvaje es una película que no ha hecho sino crecer con el paso de los años y hoy en día podemos decir, sin riesgo a equivocarnos, que es la obra maestra de Sam Peckinpah y la más representativa del llamado western crepuscular; quizás porque el cine del polémico realizador encajaba perfectamente con los elementos que definían dicho género. Algunos de ellos son los siguientes:

-Los personajes, eternos aventureros, pertenecen al salvaje oeste y se encuentran fuera de sitio con la llegada de la civilización. No les queda otro camino que luchar hasta morir, más que nada porque no saben hacer otra cosa. Así películas como Dos Hombres y un destino (Butch Cassidy and The Sundance Kid de George Roy Hill, 1969) son calcadas en su resolución a Grupo Salvaje.



-Los actores son viejas glorias del cine (Holden, Ryan, Borgnine, O’Brien, “El indio” Fernández, etc). Es lo que pide una cinta crepuscular. Peckinpah ya hizo algo parecido en Duelo en la Alta Sierra, para algunos el primer largometraje de este subgénero.

-El “tono” de la película es nostálgico, pesimista y, sobre todo, violento. Los buenos tiempos han pasado ya; el “romanticismo” del western, los duelos y la violencia justificada por la ausencia de ley ya no existen. Ahora prima la violencia por la propia violencia. En Grupo Salvaje los “buenos” son peores que los “malos”, son como aves de rapiña.

Para resaltar la crudeza de algunas secuencias Peckinpah utilizaba la cámara lenta, y no creo que lo hiciera por estética. Me parece ingenua la afirmación de algunos críticos cuando se refieren a las escenas de los tiroteos como si se trataran de un “baile”; lo que el director pretendía era conseguir que las imágenes de la barbarie permanecieran en nuestras retinas -y en nuestra memoria- el máximo tiempo posible. Era una nueva forma de denuncia y no cabe duda de la estrecha relación que existe entre lo que se cuenta en el filme y lo que se estaba viviendo en Vietnam a finales de la década de los sesenta.

El espectador que aún no haya visto Grupo Salvaje que se prepare para una nueva experiencia. Peckinpah les dará una pista de lo que se avecina, sólo hay que fijarse con qué juegan unos niños en el arranque de la película...


Ver Ficha de Grupo Salvaje.
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