viernes, 10 de noviembre de 2017

VERANO 1993; THE SQUARE

Seguimos aquí en el festival de cine europeo de Sevilla, y da la impresión de que nuestro recorrido fuera el de una montaña rusa. Ayer tocó la subida pues las dos películas que tuvimos la suerte de ver nos han confirmado que el cine de autor todavía tiene una larga vida a pesar de la dura competencia con los remakes, con las secuelas, con las películas de la Marvel y, sobre todo, con las series de televisión.

VERANO 1993 (Estiu 1993, Carla Simón, 2017)  

Tres de tres. El trío de películas españolas visto por el momento en el festival (Oro, Tierra firme y la que vamos a comentar) ha sido de lo mejorcito con lo que nos hemos topado en las salas de cine. Algo inusual hasta ahora, al menos en la década que llevamos asistiendo fieles a la cita anual con el cine europeo.


Verano 1993 es un drama autobiográfico acerca de la adaptación de Frida (Laia Artigas), una niña de seis años, a la  nueva vida que le aguarda con sus tíos después de la muerte de su madre víctima del SIDA. Carla Simón, la prometedora realizadora, se deja llevar por sus experiencias para retratar con una cámara muy sensible cada instante, cada suceso, cada sonrisa y cada llanto vivido en el estío del año 1993.

El tema de la película, el que ronda la mente de todos los personajes, es el de la muerte. La niña, aún en estado de shock, no es consciente de lo que ha pasado y se enfrenta a su nueva situación desde el enfado, desde la rebelión, poniendo en peligro en todo momento a su prima Anna (Paula Robles), varios años menor que ella. Por cierto que uno de los aciertos de la película es la sorprendente actuación de dos niñas tan pequeñas.


Algún momento de humor (casi siempre a cargo del buen actor que es David Verdaguer, ya tuvo esa responsabilidad, la de suavizar la trama, en la citada Tierra firme), relaja la tensión que a veces se hace insoportable para el espectador, que espera que sobrevenga la tragedia en el plano siguiente, que teme que algún accidente vaya a estropear ese verano de 1993 (y no se equivoca).

El drama costumbrista, la comedia y hasta el thriller se alían para ofrecer un producto de altura, capaz de representar con orgullo a nuestro país en los Óscar ––que se haya elegido una película en catalán para tal evento no deja de ser significativo con la que está cayendo en el nordeste de España––. De hecho, la crítica especializada y la organización del festival han querido comparar Verano 1993 con El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973), lo cual nos parece algo precipitado porque aunque el beneplácito de prensa y público parezca darles la razón, aún falta la objetiva valoración del tiempo, esa que no falla nunca y que le ha dado a la película de Erice el carácter de legendaria.




THE SQUARE (Ruben Östlund, 2017)

Otra de las cintas más esperadas en el festival es la nueva película de Ruben Östlund, ganador del Giraldillo de Oro hace tres años por aquel estupendo largometraje, Turist. Si en aquel momento el premio fue una sorpresa, ahora que compite por el reconocimiento del público ya no lo será tanto pues The Square viene con, nada menos, que la Palma de Oro de Cannes bajo el brazo.


The Square narra la vida del director de un museo de arte moderno que se esmera en abrir una nueva exposición centrada en la obra de una artista sudamericana. The Square  (el “cuadrado”, así se llama la obra expuesta en la entrada del museo) pretende ser un santuario para todo aquel que se introduzca en él, una vez dentro todos tendrán “los mismos derechos y las mismas obligaciones”. Todo va bien hasta que al director del museo le roban la cartera, el móvil y unos gemelos, a partir de aquí se suceden una serie de hechos que cambiarán la vida del protagonista.

Con un espléndido reparto ––el director ya tiene caché para permitírselo––, repleto de actores punteros de series de televisión (¿es intencionado?) como Elisabeth Mosss (Mad Men) o Dominic West (The Wire), el realizador pisa con fuerza para ganarse a la parte del mundo que aún no conoce su excelente cine.


Y es que el filme del director sueco es una divertidísima comedia sarcástica que con el pretexto de criticar toda la falsedad comercial que hay en torno al arte moderno, ahonda en problemas más profundos de la sociedad, como la falta de solidaridad y de coraje, el egoísmo arraigado en un mundo desigual, y la ausencia de confianza entre los seres humanos. Es decir, todo lo contrario a lo que supuestamente apunta la obra de la artista sudamericana.

La denuncia del largometraje es precisa, y se asienta gracias a la carcajada del público que favorece que el mensaje cale hondo. Por tanto, es una película efectiva en ese sentido. La película de Östlund no es tan surrealista como la obra de su compatriota Roy Andersson, no llega tan lejos, pero sin duda tiene cierta similitud en cuanto pone el grito en los mismos elementos. Así, por ejemplo hay que estar atentos a cómo conseguir hacer viral una campaña de marketing, a cómo hacer frente a un ladrón que te ha robado impunemente o a como despertar el interés de los patrocinadores en una cena de inauguración. La película no tiene desperdicio y le auguramos muchos éxitos (ojo que también se prepara para competir en los Óscar).


jueves, 9 de noviembre de 2017

UN SOL INTERIOR; BARBARA

Ayer de nuevo nos encontramos con una jornada desigual, con dos películas francesas, de calidad dispar y ambas dentro de la Sección Oficial. Que compitan entre sí para obtener el Giraldillo de Oro nos obliga a hacer una comparación entre ellas: sin duda gana la primera que vamos a comentar ––aunque tampoco es para tirar cohetes––:

UN SOL INTERIOR (Un beau soleil intérieur, Claire Denis, 2017)

A Claire Denis la teníamos como una directora un poco encasillada en temas exóticos, africanos, de las antiguas colonias europeas. Todo debido a sus películas más conocidas (en especial Beau Travail, 1999). Equivocados estábamos pues su nueva cinta no tiene nada que ver con esa temática


Un sol interior es una comedia urbana muy cercana a las películas de Woody Allen, con una protagonista indecisa y neurótica muy bien interpretada por Juliette Binoche que se comporta de forma maníaco-depresiva a lo largo del ajustado metraje (cómo me gustan las películas que duran 90 minutos, ¡cada vez más escasas!):

Isabelle (Juliette Binoche) es una mujer madura, separada y con problemas afectivos. A su edad ansía encontrar el amor verdadero, pero lo busca en relaciones fallidas con un banquero y un actor, los dos hombres casados (uno de ellos interpretado por el director Xavier Beauvois, del que ya hemos hablado en Les Gardiennes); pero también con una persona de diferente estrato social y con otra de su entorno profesional; y hasta con su ex...


La cinta sigue ese derrotero de búsqueda sin éxito. La estructura de la totalidad del filme es la misma que la de cada relación que entabla la protagonista: no avanza demasiado y se pierde en diálogos circulares, algunos simpáticos que hacen sonreír a la audiencia, pero otros terminan cansando.

La buena interpretación de la desesperada Juliette Binoche, el encuentro sorpresa de Gerard Depardieu en una conclusión abierta que es lo mejor de la cinta, y el ambiente general a filme nouvelle vague -reconozco mi debilidad por ese cine francés-, en especial al de los cuentos morales de Eric Rohmer, vienen al rescate de una película que, vale, al final deja buen sabor de boca.




BARBARA (Mathieu Amalric, 2017)

El actor-director Mathieu Amalric vino a la sala de cine a presentarnos su película sobre Barbara, cantante francesa ya fallecida. Habló de su obra como una especie de biopic de la estrella de la canción gala; artista muy conocida en su país, pero que en el  nuestro no lo es tanto. Comentó el realizador que por esa razón en España se podría tomar la cinta como un filme de ficción, cosa que también era cierta, aseguró.


Tanta ambigüedad pronto se vio confirmada en un largometraje musical (recomendamos la banda sonora) que mezclaba hasta cinco capas. La organización del festival comparaba el filme con una muñeca rusa, yo más bien creo que es como una cebolla recién cortada difícil de digerir.

Las capas. A saber: la película en sí; los retazos de documental con imágenes reales de la diva; la trama especular donde el director (Amalric) es también el realizador en la ficción empeñado en hacer una película de Barbara; las imágenes de dicha película, ejemplo de cine dentro del cine; y la ensoñación del director por la actriz/cantante/personaje (no se sabe en realidad por cuál de ellas).


Todo ello en un batiburrillo críptico, pretencioso y hasta irritante que se queda muy lejos de otros ensayos más conseguidos como los de La noche americana (La nuit americáine, Francois Truffaut, 1973) o la reciente Mia Madre (Nanni Moretti, 2015), entre varios ejemplos de metacine, si es que se puede llamar así.

Quizás en el país vecino tenga otro tipo de repercusión, pero lo que es aquí o, mejor dicho, lo que significó para mí, fue el de un intento fallido de originalidad que sólo recuperaba el pulso del interés con las canciones de Barbara, interpretadas por ella o por la actriz que la encarna, Jeanne Balibar, a la sazón ex esposa del director.





miércoles, 8 de noviembre de 2017

A CIAMBRA; INSYRIATED (ALMA MATER)

De vuelta a la sección oficial y a la EFA (European Film Academy) ayer pudimos ver, en nuestra opinión, las dos mejores películas hasta la fecha proyectadas aquí en el festival de cine europeo de Sevilla.

A CIAMBRA (Jonas Carpignano, 2017)

Otra cinta en la que el director nos dio plantón a la hora de presentar la película, aunque le perdonamos pues se excusó desde Estados Unidos donde se encontraba promocionando su excelente película, y es que la cinta italiana se halla en muy buena posición para ganar el Óscar al mejor filme extranjero. Además tiene un padrino de altura: Martin Scorsese.


La historia de Pío, prácticamente un niño, un gitano rumano que vive en A Ciambra, en los suburbios de una ciudad de Calabria, es la de un joven delincuente ocasional que se fija en su hermano mayor a la hora de plantearse la vida. Cuando éste y su cuñado son encarcelados, Pío quiere ser el hombre de la casa y se decide a robar a mayor escala para sostener a la numerosa familia.

Entre la realidad y la ficción, como dijo la organización del festival a la hora de su presentación, discurre este magnífico testimonio de lo que ocurre en los abandonados barrios de la Italia pobre. Actores no profesionales que se interpretan a sí mismos ya no es novedad es las películas europeas contemporáneas, pero sí la sinceridad en lo que se cuenta gracias a una interpretación fuera de lo normal. Pío Amato parece un actor profesional cuando la cámara le acosa en todo momento, con un elevadísimo porcentaje de primeros planos, mientras él no se inmuta ante el objetivo, todo lo contrario, actúa de una forma tan real que consigue introducir al espectador en la acción.


Del aprendizaje del oficio de delincuente, del descubrimiento de la muerte, también de las tradiciones perdidas en la figura del abuelo (“nosotros contra el mundo”, le dice el anciano), del despertar del sexo, de la responsabilidad que acarrea una familia, de todo eso trata la película. También de la amistad en un mundo que parece pertenecer a un planeta diferente: Pío sólo confía en marginados como él, en subsaharianos que malviven en un campamento de refugiados y que curiosamente son los que le dan los mejores consejos, los que le invitan a dejar esa vida al margen de la ley.

La película mantiene el suspense por ver si Pío finalmente optará por reconducir su vida o seguirá el camino de su hermano y del resto de la comunidad. Pío se hará mayor en este peligroso recorrido; sólo resta saber qué significa y qué consecuencias acarrea “ser hombre” en un niño de A Ciambra.





ALMA MATER (Insyriated, Philippe Van Leeuw, 2017)

De una coproducción entre Francia, Bélgica y Líbano, con realizador belga al frente del proyecto, viene esta buena película acerca de un conflicto (la guerra en Siria) que se encuentra lejos de acabar.


En Damasco, en el único piso habitado de un bloque de apartamentos, sitiado por ambos bandos, vive parte de una familia aislada del exterior. Oum (la estupenda actriz de perfil heleno, Hiam Abbass, que recuerda mucho a Irene Papas) es la mujer que intenta resistir y mantener a salvo a su familia: al abuelo, a sus tres hijos, a la criada, a dos recién casados que han solicitado cobijo para proteger a su bebé y al novio de una de sus hijas, también atrapado entre esas paredes. Cuando el joven vecino, el flamante esposo, cae acribillado por los disparos de un francotirador, todo parece tambalearse.

“Un día cualquiera en Siria” podría titularse de forma irónica una película tan dura como esta. La cinta transcurre en un ámbito claustrofóbico, en 24 horas, en el mismo estado de tensión que las distintas versiones de El diario de Ana Frank. Y es que lo que sucede en el interior del piso de Insyriated podría ocurrir en cualquier casa de cualquier guerra de cualquier época. Porque cuando la luz, la televisión, los móviles e Internet no funcionan, el tiempo deja de ser una variable.

La verdadera tragedia de Insyriated es el sufrimiento de Oum. Perseguida en todo momento por la cámara de Van Leeuw, la mujer aguanta y se comporta de cara al exterior como una persona sin corazón, que tiene que tomar decisiones muy duras (en más de una ocasión tendrá que decidir quién vive o quién muere), todo con tal de salvaguardar a los suyos. Sólo en contadas ocasiones el director nos enseña lo que sucede en el interior de la desesperada protagonista. Porque Oum no deja de ser una ama de casa que se aferra a la rutina diaria, a dar órdenes a la criada, a limpiar sus muebles, preparar la comida, en definitiva intentar abstraerse de lo que sucede fuera para poder seguir adelante.





martes, 7 de noviembre de 2017

ORO (Agustín Díaz Yanes, 2017)

En el ecuador del festival de cine europeo de Sevilla, nos dimos una vuelta por la sección Special Screening donde se proyecta una heterogénea selección de películas en la que destaca la nueva y esperada obra de Agustín Díaz Yanes.























Oro se podría encuadrar en el subgénero histórico de los conquistadores en busca de El Dorado. Y digo subgénero porque hay ya una cantidad importante de obras ––todas interesantes–– que abordan el tema. Quizás las más conocidas, y las mejores, sean las de Werner Herzog (Aguirre, la cólera de Dios, 1972) y Carlos Saura (El Dorado, 1988). Oro recuerda a las dos en ocasiones aunque no es tan críptica como sus antecesoras, digamos sigue un formato también realista, pero con una trama más convencional:

Gonzalo de Baztán dirige una expedición al mando de cuarenta hombres en busca de la ciudad azteca del oro. Entre ellos se encuentra la bella y joven esposa del conquistador, deseada por el alférez que manda la parte militar y por un soldado (Raúl Arévalo) que destaca por su inteligencia en batalla. Pronto la selva y las pulsiones de todo tipo harán estragos entre la tropa.

La película funciona como una metáfora del reino de España en la época del emperador Carlos. En el microcosmos que presenta Díaz Yanes (basado en un relato inédito de Arturo Pérez-Reverte, con quien ya colaboró en Alatriste), se encuentran representadas todas las clases sociales: los curas, los licenciados (el narrador de la película), los aristócratas, los militares, etc. Estos últimos van a una en los enfrentamientos con el enemigo (con los nativos y con otros españoles que han salido en su busca para detenerlos y hacerse con el oro), pero entre ellos se encuentran divididos y se agrupan según su procedencia (aragoneses, navarros, extremeños, etc.).


Lo mejor de Alatriste se encuentra aquí: la fotografía, la luz y el tono crepuscular de un imperio que hace aguas. Y todo con un reparto estelar (Raúl Arévalo, José Coronado, Juan Diego, Antonio Dechent, Juan José Ballesta,…) en una cinta donde reina la ironía del autor que crítica con orden todos los males que han afectado a nuestro país, desde los pésimos gobernantes hasta el fanatismo religioso (y la corrupción en todos los estamentos) pasando por las rencillas territoriales.

Es como si Díaz Yanes hubiera tomado buena nota de todo lo irregular de la muy citada Alatriste para enmendarse, para quitarse esa espina que tenía clavada. Para mí que lo ha conseguido con una película redonda donde el tema principal no es la crítica de la tan manida masacre española en el Nuevo Continente (que también la hay, que no falte), sino un reconocimiento a la labor de aquellos hombres que arriesgaban sus vidas en lo desconocido. ¿De qué madera estaban hechos?, se parecen preguntar Pérez-Reverte y Díaz Yanes. Es verdad que lo hacían por fama y codicia, que lo que les incentivaba era el premio que nombra el titulo del filme, pero al final el resultado era algo más grande que todo el oro del mundo. Era el descubrimiento de nuevas tierras, la apertura de una ruta comercial, en definitiva el progreso de todo el planeta.




lunes, 6 de noviembre de 2017

LES GARDIENNES (Xavier Beauvois, 2017)

Nuestra apuesta para el tercer día, aquí en el festival de cine europeo de Sevilla, fue la nueva película de Xavier Beauvois. Un realizador que se encuandra en ese grupo de cineastas franceses, digamos academicistas (Claude Berri podría ser el paradigma), del que aún recordamos su paso por el certamen andaluz hace siete años. Su película de entonces, De dioses y hombres, fue un regalo para los ojos y guarda cierta relación con la que vamos a comentar ahora.  


Les gardiennes transcurre durante la Primera Guerra Mundial en la campiña francesa: una familia de granjeros cuida sus tierras mientras los dos hijos y el marido de la tercera hermana combaten en el frente. Para ayudar en las tareas del hogar y del campo, la señora de la casa (Nathalie Baye) contrata a una joven huérfana (Iris Bry). Rumores de encuentros sexuales a cargo de la hija con los americanos recién llegados, y relación no deseada entre la joven sirvienta y uno de los herederos, obligarán a la madre a tomar una difícil decisión.

La cinta de Beauvois se podría catalogar como un melodrama de retaguardia con todos los elementos conocidos en este tipo de películas: las noticias con cuentagotas de los que caen en la batalla, las infidelidades de las esposas que aguardan a sus maridos, lo terrible de la guerra y las consecuencias psicológicas de los que vuelven, los embarazos no deseados, etc.


Todo esto se cuenta con el tiempo pausado al que nos tiene acostumbrados el director, dando prioridad a la fotografía de las labores del campo (como ya hiciera en la citada De dioses y hombres) y con el inestimable apoyo de la música de una leyenda: Michel Legrand (ganador de tres Óscar, entre ellos la inolvidable Verano del 42). Pero Les gardiennes es, ante todo, un filme de actrices, todas ellas muy bien retratadas por el realizador e interpretadas por profesionales que van desde la veterana y estupenda Nathalie Baye hasta la debutante y sorprendente Iris Bry.

No obstante lo anterior, a una película se le pide algo más. Es cierto que la historia del cine ha dado buenos largometrajes, por ejemplo bélicos, que apenas disponían de una trama, tan sólo se limitaban a describir la “rutina” del combate de una unidad (ya sea un barco, un escuadrón aéreo o un pelotón). En la cinta que nos atañe casi se hace lo mismo: apenas hay una historia que destaque cuando lo que se cuenta es el relato de lo que sucedía en los hogares mientras una guerra asolaba el mundo. Hasta ahí todo bien, pero han transcurrido años y se han estrenado multitud de películas con el mismo tema.

Es decir, demasiados tópicos, muy bien fotografiados, eso sí, pero tópicos al fin y al cabo.





domingo, 5 de noviembre de 2017

JUPITER'S MOON; WESTERN

Segunda jornada en el festival de cine de Sevilla con resultado desigual en cuanto a las películas visionadas. Dos fueron las cintas, una húngara otra alemana, si atendemos a los directores porque en realidad son coproducciones de varios países, en un principio diferentes entre sí aunque formalmente no lo sean tanto. En efecto, ambos filmes utilizan el mismo recurso: acudir al género comercial ––sólo en apariencia–– para atraer al espectador y que caiga en la “trampa” de tomar conciencia de un problema social.

JUPITER’S MOON (Jupiter holdja, Kornél Mundruczó, 2017)

Hace tres años ya vimos de lo que era capaz de hacer el director húngaro Kornél Mundruczó con una trama de ciencia-ficción en sus manos. White God (2014) sacudió la mente de los espectadores cuando la vieron, en especial de aquellos sensibilizados acerca del maltrato animal. Con Jupiter’s Moon vuelve al mismo género aunque centrado en la vertiente de los superhéroes:



Aryan es un refugiado sirio que intenta entrar en la Unión Europea a través de Serbia. En Hungría es atrapado junto con su padre y otros compatriotas por la policía magyar. Los disparos de un agente en lugar de provocarle la muerte lo convierten en una especie de ángel que puede volar a su voluntad. Un médico del campamento de refugiados se hará cargo de él, pero no para protegerlo sino para explotar sus poderes con fines comerciales.


Como decíamos al principio, el realizador utiliza el pretendido género comercial para abordar una tragedia que en Hungría es especialmente cruda por el comportamiento del gobierno y de los ciudadanos. La idea es buena y consigue funcionar en los primeros compases. La secuencia de arranque es de un verismo atroz, con los inmigrantes huyendo entre los disparos. Enseguida el largometraje da un vuelco, justo cuando Aryan comienza a levitar. A partir de aquí podríamos encuadrar la trama dentro de un realismo mágico más que de ciencia-ficción, porque no nos engañemos, esto no es una película de la Marvel, es una denuncia de un conflicto que nos atañe a todos.

Sin embargo, a medida que avanza el largometraje, la historia se pierde entre misticismos, corrupción, efectos especiales, y otras cuestiones, perdiendo el interés igual que Aryan pierde la gravedad. La metáfora de que el inmigrante sirio sobrevuela en las conciencias de la gente pierde sentido y la cinta comienza a aburrir cuando se convierte en una persecución convencional, eso sí muy bien llevada desde el aspecto técnico.




 WESTERN (Valeska Grisebach, 2017)

Tras once años sin saber de la directora alemana Valeska Grisebach (estaba previsto que acudiera al festival para hablarnos de su película, pero se excusó por problemas de salud) la realizadora presenta esta buena película a la sección Oficial:


Meinhard (Meinhard Neumann, actor sobrio y fibroso, ideal para el papel) es un antiguo legionario, ahora conductor de maquinaria pesada en la construcción de infraestructuras, que junto a sus compañeros trabaja en tierra búlgara. La falta de agua y de grava suspende la actividad de la compañía que se ve obligada a tratar con los ciudadanos del cercano pueblo. Mientras tanto, Meinhard logra integrarse en la comunidad extranjera e incluso se ofrece para ayudarles en su lucha contra el empresario que los explota en una cantera.

Un forastero a caballo, la lucha contra el cacique, una partida de póker… Sí, la estructura, o al menos los elementos del guión, parecen tener que ver con el género norteamericano por excelencia. Hasta el título nos avisa de que esto es así. De nuevo nos encontramos con una argucia, en este caso de la directora nacida en Bremen, para introducirnos en el eterno problema europeo: los odios entre etnias, entre pueblos; las viejas heridas que lejos de cicatrizar se renuevan y se transmiten de generación en generación.


Meinhard es alemán y da la impresión de que ha conseguido congeniar con los búlgaros del pueblo en el que trabaja. Y no es que haya superado la enorme brecha que separa ambos pueblos desde la ocupación germana (y eso que eran aliados en la Segunda Guerra Mundial), sino que parece haberse acercado desde su posición dominante en Europa Central como potencia económica a uno de los países más pobres ––verdadera razón de la enemistad entre pueblos, parece decir la directora––. En cualquier caso, Meinhard se ha ganado su confianza, e incluso le han dejado un caballo…

¿Es todo una ilusión? Desde luego, el resto de compañeros no sienten lo mismo, y el jefe de Meinhard es especialmente beligerante. ¿Los búlgaros lo admiten en su comunidad como él piensa, sobre todo desde que ha establecido una relación sentimental con una mujer del pueblo? El espectador sacará sus propias conclusiones en la resolución de este peculiar “western”, tan realista en la forma como certero en su planteamiento y pesimista en la conclusión.   




sábado, 4 de noviembre de 2017

TIERRA FIRME; EL SACRIFICIO DE UN CIERVO SAGRADO


La jornada inaugural del Festival de Cine Europeo de Sevilla 2017 tuvo dos protagonistas claros, dos películas muy diferentes entre sí, que competían en distintas secciones, pero con un elemento común: la expectación que generaban en público y crítica. La primera porque fue la elegida para la gala inaugural, la segunda por ser una de las cintas más esperadas de todo el certamen:

TIERRA FIRME (Carlos Marqués-Marcet, 2017)

El nuevo largometraje de Carlos Marqués-Marcet se presentaba a todo lujo en la gala inaugural del festival que tuvo lugar en el Teatro Lope de Vega. Nosotros pudimos verla horas antes en un pase de prensa que daba el pistoletazo de salida a la Sección Oficial. Tengo que decir que la experiencia fue en general buena.


El realizador español había debutado tres años antes con 10.000 Km., una película sobre una pareja que vive separada la distancia que señala el título. Con Tierra firme, Marqués-Marcet sigue indagando en las relaciones entre personas, de igual o de distinto sexo, aunque en esta ocasión el ámbito sea tan limitado como el de una pequeña barcaza:

Kat (Natalia Tena) y Eva (Oona Chaplin) son dos lesbianas que viven su amor navegando por los ríos de Inglaterra. La llegada de un amigo de ambas, Roger (David Verdaguer), cambiará las cosas porque entre él y Eva hay un plan: Eva quiere ser madre. Kat no recibirá con agrado la noticia y el conflicto les estalla en la cara a los tres.

Una trama no demasiado original, con personajes si se quiere estereotipados, pero que funciona bien gracias a la hábil dirección del joven director. Marqués-Marcet utiliza el humor para introducir la historia y hacerla agradable al espectador, y dirige con soltura a sus protagonistas (de su ópera prime repiten Natalia Tena y David Verdaguer), todos muy creíbles, con la sorpresa de la madre de Eva en la ficción y en la vida real: Geraldine Chaplin.


El director eleva la calidad del filme cuando gestiona los silencios y recurre a largos travellings. También con el recurso de la metáfora ––evidente, pero eficaz–– que enfrenta la difícil vida en un barco (por lo estrecho, por el movimiento, y porque les obliga a cambiar de lugar cada dos meses) frente a la más estable de tierra firme. La primera opción de vida es la elegida por Kat que quiere continuar con la insegura aventura, navegando junto a su amada; la segunda es la ansiada por Eva, que sueña con su maternidad instalada en un piso con una vida más convencional.

A pesar del tramposo final, Tierra firme supera la media de los dramas españoles que intentan hacerse paso entre la oferta de género. Oferta que busca la rentabilidad ––por fin–– en el nuevo y prometedor cine patrio. Una industria que parece recuperarse, donde debería caber de todo, cine comercial y cine de autor.





EL SACRIFICIO DE UN CIERVO SAGRADO (The Killing of a Sacred Deer, Yorgos Lanthimos, 2017)

Otra sección que arrancaba ayer en el festival fue la siempre atractiva EFA (European Film Academy), películas ya reconocidas a lo largo del año en diferentes certámenes y que optan por los premios de la Academia Europea de Cine. Por cierto, las nominaciones las conoceremos hoy.


De todas ellas, una de las más esperadas es la nueva propuesta del director griego Yorgos Lanthimos que viene con el premio al mejor guión en Cannes. Habitual en el festival de Sevilla (Canino, Alps, Langosta), el realizador heleno tiene multitud de seguidores como demuestran las largas colas a la entrada de El sacrificio de un ciervo sagrado, y el cartel que anunciaba en las taquillas que se habían agotado las entradas.

Lanthimos nunca defrauda. Con su nueva película vuelve a dar un giro a un estilo cuyo fuerte es la originalidad. Singularidad que ahora se fabrica paradójicamente con elementos sueltos de otros directores:

Steven (Colin Farrell) es un cirujano de prestigio que lleva una vida de lujo, casado con Anne (Nicole Kidman) con la que tiene dos hijos. Al mismo tiempo, Steven mantiene una extraña relación con un adolescente de 16 años. El joven ejerce cierto poder sobre él, y pronto le obligará a tomar una decisión que pondrá en peligro la vida de sus seres queridos.


Entre la tensión de una película de Haneke o Kubrick (hay planos de Nicole Kidman que remiten a Eyes Wide Shut, y otros de todo el elenco que nos llevan a Funny Games) y el surrealismo de Roy Andersson (los pasillos de ese hospital y toda la trama en sí) navega la nueva cinta de Lanthimos que, no obstante, conserva integra toda la personalidad del director porque el conjunto resulta único.

Lanthimos no es sólo original, es un director completo. Lo es porque usa todos los recursos disponibles para obtener el resultado que desea: así, distorsiona la imagen de forma nada gratuita; desdramatiza a los actores al máximo (en especial a la pareja protagonista, donde repite Colin Farrell que ya colaboró en la excelente Langosta) para tensionar su interpretación hasta hacerlos explotar; o utiliza los sonidos, la música, como elemento catalizador que refleje las diferentes pulsiones.

El realizador ya forma parte de ese selecto club de directores ––como los tres citados: Haneke, Kubrick, Andersson––, muy reconocibles como autores de sus películas donde  incluir su nombre en los créditos se nos antoja innecesario. Sin duda, este es el caso de El sacrificio de un ciervo sagrado.






domingo, 29 de octubre de 2017

XIV FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA 2017

La primera semana de noviembre aquí en Sevilla huele a cine europeo; a buen cine, al mejor del año en el Viejo Continente. Y ya vamos por la décimocuarta edición en un certamen que año tras año va creciendo en interés y en propuestas de calidad. Del 3 al 11 de noviembre se celebrará esta fiesta del séptimo arte con el "objetivo de promover y difundir la cinematografía europea, estableciéndose como un lugar de encuentro anual para los talentos de cine, periodistas especializados y profesionales del sector" según afirma la organización del festival.




















Con las habituales secciones (Oficial, Selección de premios de la academia europea (EFA), Nuevas Olas, Resistencias, Panorama Andaluz, etc.) la nueva cita con el cine europeo viene cargada de novedades. Nombres ilustres como los hermanos Taviani, que recibirán el Giraldillo de honor, Martin Scorsese (productor ejecutivo de A Ciambra que compite en la sección oficial), Ermanno Olmi (al frente de Vedete sono uno di voi, documental sobre la vida del cardenal Martini) o Isabelle Huppert (protagonista de Mrs Hyde en la sección las Nuevas Olas) acompañan a nuevos valores europeos y a directores españoles ya consagrados como Agustín Díaz Yañes. El realizador madrileño nos sorprende con la premier mundial de su nueva obra: Oro, basada en un relato breve de Pérez Reverte, escritor con el que ya colaboró en Alatriste.

El festival de cine de Sevilla rinde homenaje a los directores Paolo y Vittorio Taviani

Nosotros, como todos los años, nos centraremos en la sección oficial y en la de la EFA para programar las películas a visionar, ya que hay que priorizar entre tanta oferta, y los filmes de esas dos secciones siempre prometen. De hecho, en la EFA se podrán ver los últimos trabajos de Michael Haneke, Yorgos Lanthimos y Andrey Zvyagintsev, entre otros. No obstante, no descartamos darnos una vuelta por el resto de secciones para asistir a alguna proyección de interés. Eso sí, de todo lo que veamos intentaremos dar nuestra opinión desde este portal de cine.

LEER LA CRÓNICA Y LAS PELÍCULAS DEL FESTIVAL DE CINE EUROPEO 2017

Ver programación del festival.

Ver ediciones anteriores:
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sábado, 28 de octubre de 2017

VISIBILIDAD CERO

El pasado miércoles 25, en el Museo Marítimo de Barcelona,  tuvo lugar el acto de entrega del vigésimo primero certamen Nostromo de literatura. La novela ganadora fue "Visibilidad Cero" del autor Fernando de Cea. El premio estuvo dedicado a la académica de las letras Carmen Riera, que acudió al acto.


La Asociación Amigos de Nostromo (el nombre viene de la célebre novela de Joseph Conrad) lleva organizando este premio desde hace veinte años. Para mí es un honor haberlo ganado y anunciar que pronto la editorial Juventud publicará la novela (previsto para la primavera del 2018).

"Visibilidad Cero" es una novela de aventuras con altas dosis de intriga y suspense de la que, por ahora, sólo puedo adelantar la siguiente sinopsis:

 En abril de 1993 la goleta Pitcairn se hunde en aguas de Ibiza con toda su dotación a bordo. Entre los tripulantes fallecidos se encuentra Álvaro Durán, un biólogo marino que deja esposa y dos hijos. Han pasado más de veinte años y Marcos, el mayor de los huérfanos, se enfrenta ahora a una nueva tragedia: la muerte de su madre. Enferma terminal, las últimas palabras de la viuda antes de morir son desconcertantes: “tu padre sigue vivo.” A partir de tan sorprendente revelación, Marcos inicia un peligroso viaje existencial que cambiará su vida para siempre. Buscar a la Pitcairn será su meta; descubrir dónde se encuentra su padre le llevará a cruzar el Mediterráneo en un velero donde nada ni nadie es lo que parece.


Si queréis más información, aquí hay algunos enlaces de prensa, televisión y de una entrevista para Radio Nacional de España  (minuto 26:30 aprox.):






lunes, 9 de octubre de 2017

2 X 1: “ALMAS EN EL MAR” y “LOBOS DEL NORTE” (Henry Hathaway)

Almas en el mar (Souls at Sea, 1937)

Primera de las dos aventuras marítimas que Henry Hathaway rodó seguidas en la Metro Goldwyn Mayer. Ideada por Ted Lesser, Almas en el mar es un filme de aventuras que bien podría pertenecer al género de juicios o al de catástrofes:

Nuggin Taylor (Gary Cooper) es un marino que quiere hacer la guerra por su cuenta contra los negreros. Taylor y su compañero Powdah (George Raft) embarcan en el “William Brown”, un esbelto clíper que los llevará a Savannah. La misión de Taylor es infiltrarse en una banda de traficantes para provocar que sean capturados. En la travesía el buque se incendia debido a un accidente. Aunque Taylor se comporta como un héroe, será acusado por un tribunal de asesinar a varios de los pasajeros durante el naufragio.

En realidad, el libreto de Almas en el mar se cuenta desde un largo flashback. La cinta arranca con el juicio de Filadelfia. La audiencia se suspende por la llegada de un representante del ministerio del interior inglés que salva in extremis a Taylor y se convierte en el narrador de la película. Para Gary Cooper, el protagonista del largometraje (la cuarta vez que colaboraba con Hathaway), la trama se haría bastante familiar. La misma historia de héroe falsamente acusado en un juicio se repitió en más de una ocasión a lo largo de su carrera.


En Almas en el mar, Gary Cooper no figura solo al frente del reparto sino que comparte protagonismo con George Raft. Los personajes de ambos actores son reflejo de su condición de profesionales en la realidad. Mientras Cooper era toda una estrella de primera línea, y su personaje era un marino culto, que lee a Shakespeare, juega al ajedrez y se enamora de una dama, Raft era un actor de películas de serie B que cimentó su fama haciendo de gánsteres en policíacos. En la película era un negrero arrepentido, con un pasado más oscuro que el de Cooper, medio analfabeto y mujeriego, que se lía con una criada. Un personaje simple en apariencia que se hace más atractivo de cara al público que el interpretado por Gary Cooper. Daba la impresión de que cuando Raft trabajaba junto a estrellas consolidadas, los resultados eran mejores que cuando lo hacía solo. Claro que parte del mérito hay que dárselo a Hathaway que retrató la amistad inquebrantable entre los dos personajes basándose en la admiración de Powdah sobre Taylor, la que le lleva, por ejemplo, a aprender poesía de su culto amigo. Los dos temas, el de la amistad y el aprendizaje eran de los preferidos de Henry Hathaway, muy presentes en varias de sus películas.

El éxito taquillero de Almas en el mar no fue ninguna sorpresa porque era una película que lo tenía todo, que repartía por igual aventura, humor, romanticismo y catástrofes. Además logró tres nominaciones a los premios de la Academia, algo que sin duda fue un aliciente para que Hathaway, cinematográficamente hablando, volviese pronto a la mar.


Lobos del norte  (Spawn of the North, 1938)

Para su segunda película seguida en la mar, Hathaway llamó de nuevo a George Raft y se decidió por otro actor en alza: Henry Fonda. Raft no era el único que repetía, Hathaway contó con el mismo equipo técnico que tan buen resultado le había dado en Almas en el mar: decoradores, músico, director de fotografía, montador, etc.; y por si eso fuera poco, para asegurarse la jugada logró que el escritor más ingenioso, Jules Furthman, accediera a trabajar con él escribiendo un guión que no tenía desperdicio:

Jim Kimmerle (Henry Fonda) y Tyler Dawson (George Raft) viven en Alaska y son amigos desde la infancia, pero han elegido caminos opuestos: el primero ha montado una fábrica de conservas con el dinero heredado de su padre, y se dedica a la pesca del salmón. El segundo acaba de regresar del Ártico, y aunque está sin blanca, su intención es comprarse una goleta para volver al norte y cazar focas. Para conseguir el dinero que necesita, Tyler se alía con el pirata ruso Red Skain (Akim Tamiroff). Juntos saquean las trampas para salmones que son propiedad de Jim y sus compañeros.

Entre Almas en el mar y Lobos del Norte hay muchos puntos en común: el final ––que no vamos a contar––; los dos amigos situados a ambos lados de la ley; o las escenas que subrayan la amistad. Dichas secuencias están muy bien llevadas desde el lado de la fotografía gracias a Charles Lang, que si bien estuvo correcto en Almas en el mar, aquí demostró por qué era uno de los mejores operadores de Hollywood.

Todo lo comentado acerca de George Raft en Almas en el mar se puede aplicar aquí perfectamente. Su trabajo resultó de nuevo convincente gracias a la cercanía de Henry Fonda, y su personaje se hizo más atractivo que el del héroe por las mismas razones que en el filme anterior.


Con respecto al director, se ha hablado mucho de un realizador que debido a la heterogeneidad de sus propuestas no parecía tener una personalidad definida. Afirmación como poco discutible cuando en Lobos del Norte apreciamos varios de los temas que interesaban al director, y que ya se vieron en Almas en el mar. Me refiero a la amistad, a la evolución de los personajes a través de la historia, y al final nada feliz. Ha­thaway también trató otros asuntos presentes en la mayoría de sus películas como el contraste entre lo viejo y lo nuevo, la importancia de la comunidad sobre lo individual y el interés por la naturaleza. Pero lo que más se aprecia en Lobos del Norte es la predilección de Hathaway sobre el debate entre el progreso, por un lado, y los valores tradicionales, por el otro.

En realidad es el tema principal de la película. Nada más empezar, Tyler deja clara su postura: el sueño de toda su vida es comprar una goleta, volver a navegar por el Ártico, y cazar focas. Mientras, Jim quiere establecerse en el pueblo, ver crecer la ciudad y hacerse empresario con su fábrica de conservas. Dos puntos de vista opuestos que son la causa última del enfrentamiento entre los amigos. Hathaway no se limita al diálogo, sino que se apoya en otros personajes y elementos que los rodean para subrayar las intenciones de cada uno. Así, Dian, la mujer enamorada de Jim, es universitaria y no deja que su novio se implique en la lucha; mientras que Nicky, la compañera de Tyler,  es como él, tiene un pasado de aventura y de­sea ir al norte con su amado. Además está Skyler, la foca, un elemento de comedia que usará Raoul Walsh en El mundo en sus manos, y que simboliza la libertad de su dueño. En Lobos del Norte, la secuencia en la que Tyler se encuentra con su mascota es una maravilla: Tyler se zambulle en el agua para jugar con ella sin quitarse la ropa, sin importarle el resto del pueblo que asiste atónito a la escena; hasta el nombre de su pesquero, “Who Cares”, define cómo es el patrón.


El post es un extracto corregido para la ocasión de los capítulos dedicados a Almas en el mar y Lobos del norte en mi libro: CINE Y NAVEGACIÓN. Los 7 mares en 70 películas



viernes, 14 de julio de 2017

¡VACACIONES DE VERANO!

Llegó la hora del descanso.
Nos vemos pronto con novedades.
Saludos y felices vacaciones a todos.



Una pregunta para los cinéfilos, que seguro que la saben: ¿por qué John Wayne se toca el brazo de esa forma en el último plano de la película?


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