lunes, 21 de octubre de 2024
THE CRUEL SEA (Charles Frend, 1953)
domingo, 6 de octubre de 2024
2 X 1: "LA BAILARINA DE LA ÓPERA" y "EL CARNET AMARILLO" (Raoul Walsh)
La bailarina de la ópera (The Red Dance, 1928)
Nadie
duda de que la mejor época en la carrera de Raoul Walsh fue aquella en la que
estuvo ligado a la Warner Brothers. Antes de eso fue saltando de productora
en productora sin mucho éxito. Sólo tuvo en la Fox cierta estabilidad y pudo
dirigir algunas películas que ya daban muestra de su calidad, tanto en el cine
mudo como en el sonoro. De ese período son las dos películas de las que vamos a
hablar hoy.
La primera de ellas, La bailarina de la ópera, es una cinta silente, un drama focalizado en la revolución rusa: Tasia (Dolores del Río) es una campesina que tiene a su padre en prisión simplemente por enseñar música; mientras que a su madre la asesinan los temibles cosacos del zar por enseñar en la escuela. Cuando Tasia conoce de casualidad al Gran Duque Eugen (Charles Farrell), se enamora de él. Un noviazgo difícil por pertenecer a dos clases diferentes, que en aquellos tiempos significaba dos bandos distintos. La pareja sólo tiene en común que a ambos los obligan a casarse con quien no quieren. La situación de los protagonistas —y la de toda Rusia— cambia cuando estalla la revuelta…
Filme muy bien rodado por Walsh, que se luce en las secuencias de la revolución, pero
también en las intimistas que encuadran a la pareja protagonista. Dolores del
Río, la gran diva mexicana —con permiso de María Félix—, gesticula con
vehemencia en su interpretación, algo típico del cine mudo de aquellos años, pero
su presencia llena la pantalla cuando la convierten en una heroína de la
revolución: La bailarina “roja” (título original del largometraje).
La película adapta la novela homónima de Henry L. Gates, una historia ingeniosa, que se desarrolla entre la aventura y el romance, con conspiraciones de todo tipo y protagonismo de personajes históricos (el propio Zar y su familia intervienen, igual que Rasputín, aunque no se diga su nombre), que se mezclan en una trama bien enlazada con ciertos toques de humor, pero también de tragedia.
La cinta demuestra lo bien que se rodaba en los últimos años del período mudo, con travellings, transiciones, encuadres y buen ritmo en las escenas de acción. Aunque la película denuncia los asesinatos de las masas obreras en los primeros días de la revuelta, también pone el énfasis en la pobreza extrema de la sociedad y, en contraste, la opulencia de las clases privilegiadas.
El carnet amarillo (The Yellow Ticket, 1931)
Tres
años después de La bailarina de la ópera, Raoul Walsh rueda El
carnet amarillo, de nuevo para la
Fox y otra vez con un argumento que tiene que ver con la revolución rusa:
Estamos en Rusia en 1914, en los meses previos a la Primera Guerra Mundial, la protagonista, Marya (Elissa Landy), vive en un gueto judío del que no puede salir por orden del zar. Cuando se entera de que su padre se está muriendo en prisión (fue encarcelado por no pagar unos impuestos injustos), Marya quiere viajar a San Petersburgo para visitarlo. La única solución para moverse por el país es hacerse con un carnet amarillo que distingue a las prostitutas, pero que les permite viajar con libertad. Confundida con una prostituta, Marya se las tiene que ver con el Barón Igor Andrey (Lionel Barrymore), un corrupto jefe de policía. Mientras tanto, Marya conoce al corresponsal inglés (Laurence Olivier) al que le cuenta las injusticias y los atropellos que vive la sociedad rusa en tiempos del zar. Cuando el periodista publica el artículo, tanto ella como él se sitúan en el blanco del Barón. Ni que decir tiene que cuando estalla la guerra, los acontecimientos se precipitan…
Filme sonoro basado en la obra de teatro de Michael Morton, con una trama con muchos puntos
en común con La bailarina de la ópera: además de transcurrir en
la rusia previa a la revolución, la protagonista también tiene un padre injustamente
encerrado que muere en la cárcel, hay un romance en el que se interpone un alto
cargo del gobierno, y el final es casi igual, e, incluso, hay escenas que se
repiten en una y otra cinta, como las de la prisión, seguramente para ahorrarse
metros de película.
El carnet amarillo es un largometraje sonoro pre-code filmado con la maestría de Raoul Walsh, que experimenta con los contrapicados y la profundidad de campo. Destaca la larga secuencia entre el Barón y la protagonista que termina con un disparo al más puro estilo de Hitchcock; también vuelven a sobresalir las escenas con muchos extras, como aquellas del movimiento de tropas al declararse la guerra.
La película tiene un magnífico reparto con el gran Lionel Barrymore haciendo uno de sus malvados personajes, y un Laurence Olivier jovencísimo, que ya brilla con una actuación sobresaliente, igual que la de la actriz y escritora Elissa Landy. Si estamos atentos, descubriremos a Boris Karloff en un pequeño papel.domingo, 22 de septiembre de 2024
EL AUTOREMAKE EN EL CINE. CAPÍTULO III (V)
Para este viaje entre el melodrama y la comedia, Dama por un día se apoya en una correcta puesta en escena y en la excelente fotografía de Joseph Walker,[1] otro de los colaboradores habituales de Frank Capra.
La mayoría de
las secuencias arrancan con planos generales de situación (3.7) para luego
gestionarse con encuadres medios y americanos nada barrocos. Capra sólo se
permite el lujo de un fuerte picado para resaltar el punto de giro principal de
la película, cuando los mendigos le explican a Dandi el problema de Annie
(3.8). En el resto del metraje, la dinámica cámara de Walker sigue los
movimientos de los actores con tanta elegancia como en los dos travellings, intencionadamente similares,
que acompañan a May Robson en las secuencias más dramáticas: más rápido cuando
Annie entra en el hotel y se dirige a recepción para recuperar la carta de
Louise, y más pausado cuando decide contar toda la verdad, casi al final de la
película (3.9 y 3.10).
Con la técnica
de Walker y la narrativa de Capra, con leves pinceladas, y con cierto grado de
suspense, descubrimos el secreto que guarda Annie celosamente: una breve conversación
con el botones, que le entrega sobres y papel con el membrete del hotel; una
fotografía que da la vuelta[2] cuando se dispone a beber
un trago; o un disco que todos los vecinos escuchan a la misma hora cuando ella
escribe a su hija. No hace falta explicar la historia con largos diálogos, sólo
tres secuencias son suficientes para plantear el drama.
Los diálogos se los reservaron Riskin y Capra para el tipo de comedia que sin querer estaban descubriendo para el cine: la screwball comedy.[3] Porque Dama por un día es un antecedente directo del género que se consagraría con películas como Sucedió una noche, todavía más exitosa que Lady for a Day.[4] La comedia “alocada”, como se conoció en España, se caracterizaba por diálogos punzantes que presidían situaciones absurdas donde el ritmo era endiabladamente rápido.
Si la
pertenencia de Dama por un día al
nuevo género no está muy clara no es por la falta de frases ácidas, casi
siempre surgidas del lacónico mayordomo o de los matones de Dandi cuyos apodos
irónicos iban en consonancia con la personalidad de cada uno: el malhumorado Happy y el medio analfabeto Shakespeare. “Esa cabaretera no te deja
pensar”, “Durante el día no pienso en ella”; “Trae mala suerte ser
supersticioso”; o “Mi mujer es una maniática, no le gusta que vaya por ahí
casándome con la gente”, son algunos ejemplos de los muchos que pueblan el
ingenioso guion. Quizás la parte melodramática de la trama y la contención en el
ritmo en algunas secuencias cómicas, es la que resta elementos para considerarla
una película screwball pura, pero la
utilización del diálogo como arma arrojadiza entre los personajes ya estaba
ahí.
Con respecto
al uso del diálogo como herramienta narrativa, el propio Capra hablaba de una
revolución cuando lo defendía por encima de la acción al poco de estrenarse la
película; aunque matizaba: “La acción importante no es la que sucede en
pantalla, sino la que tiene lugar en la mente del público. […] Lo que
necesitamos es suplir la acción esencial con diálogo que la sugiera […] La
imaginación es mejor artista que el guionista o el director. Nuestro objetivo
es hacer mayor uso de la imaginación por parte del público” (Freedman 1933,
p.10). El cine comenzaba a superar el trauma del paso del mudo al sonoro y profesionales
como Capra se estaban dando cuenta de que los diálogos no eran el fin sino un
recurso más de la narrativa cinematográfica. Las talkies, donde la parte hablada era la razón de ser comercial, como
una atracción más, estaban dando paso a filmes con un uso más racional de la
palabra. Ahora sabemos que el director siciliano fue fundamental en ese proceso
de transformación.
Capra y Riskin
consiguieron estimular la imaginación del público gracias a la suya propia y al
buen trabajo de todo el elenco. Con May Robson conduciendo el drama, y la banda
de Dandi la comedia, todos bajo la atenta mirada de Capra, el filme resultó una
perfecta mezcla entre los dos géneros. Un cuento de hadas que combinaba la fantasía
con la cruda realidad de la Depresión; donde se van superando las
complicaciones con elegancia y con precisión de relojero en el último minuto.
Tanto que para algunos autores es la película de Capra más cercana a la
perfección (Willis 1988). También era la preferida de John Ford y, en alguna
ocasión, el propio Capra no dudó en confesar que era su favorita (Dalio
1944).
Leer el capítulo desde el inicio
[1] Un
gran profesional que acumuló numerosas patentes a lo largo de su vida, entre
ellas la invención del primer zoom. Fue contratado por la Columbia en 1927 y,
desde entonces hasta su retirada en 1952 fue, prácticamente, un fijo como
director de fotografía de Frank Capra.
[2] Un
plano calcado al que ya rodó Capra un par de años antes en The Miracle Woman cuando Barbara Stanwyck, avergonzada por ser
cómplice de una estafa, da la vuelta a la fotografía de su difunto padre.
[3] El
nombre viene de una jugada de béisbol donde el pitcher lanza la pelota para que gire en el sentido contrario a las
agujas del reloj. Un lanzamiento especialmente propenso a las lesiones de codo.
En la screwball comedy se
especializaron la Paramount y la Columbia. Nació en la primera mitad de los
años treinta y se extendió hasta la siguiente década para dar obras tan
importantes como La Fiera de mi niña,
La Pícara puritana o Historias de Filadelfia, entre muchas
otras.
[4] Sucedió una noche, interpretada por Clark Gable y Claudette Colbert, ganó cinco Óscar: los que se llevaron la pareja protagonista más los obtenidos por Capra, Riskin y la Columbia.
domingo, 8 de septiembre de 2024
2 X 1: "PIEL DE VERANO" y "LA TERRAZA" (Leopoldo Torre Nilsson)
Piel de verano (1961)
A
finales de los años cuarenta el cine en Argentina vive un período de crisis.
Sólo la intervención proteccionista del gobierno de Perón salva la industria cinematográfica
a cambio de instalar una severa censura, que finaliza a mediados de los
cincuenta junto a la caída del régimen. Ahí es donde surgen las películas del
director Leopoldo Torre Nilsson, las que le dan a conocer como el mejor
director argentino de la época y acaso de la historia del cine de este país.
A principios de los sesenta, Torre Nilsson dirige dos estupendas películas pertenecientes a ese grupo de cintas que le consagran: Piel de verano y La terraza. La primera película adapta el relato corto de Beatriz Guido, Convalecencia, con guion de la propia Beatriz Guido, a la sazón mujer de Torre Nilsson:
Una
joven estudiante hace un trato con su abuela: cuidará hasta la muerte del hijo
del amante de la abuela, un hombre aquejado de una enfermedad terminal al que
le queda poco tiempo, y a cambio pasará todo un año en París pagado por la
abuela. El hombre llega con sus cuidadores, una inquietante pareja formada por
un mayordomo-enfermero y una insinuante y provocativa mujer que intenta seducir
al enfermo. Mientras tanto la relación entre la estudiante y el convaleciente
va siendo cada vez más estrecha…
Con una atmósfera opresiva durante todo el metraje, relajada de vez en cuando en tomas exteriores, discurre este drama inquietante con pocos personajes, todos ellos pertenecientes a una burguesía que es el blanco del ataque de la pareja formada por la escritora y el cineasta.
Finales pesimistas, cámara expresiva, a veces barroca contrarrestando la aparente sencillez de una trama agobiante, son características del cine de Torre Nilsson, que recurre a primeros planos convincentes según el momento dramático en el que se necesitan, y picados y contrapicados que indican que la relación entre la pareja protagonista es irregular, y asimétrica: ella sabe que se muere, él no parece tener la misma información.
La terraza (1963)
Dos
años después de Piel de verano, Torre Nilsson vuelve al estío, estación
propicia para romances, pero también para conflictos derivados del ocio y el calor.
Lo hace con La terraza, nuevo éxito del realizador argentino de
nuevo con guion de su mujer, Beatriz Guido, que adapta una historia también ideada
por ella:
En la terraza de un elegante bloque de pisos de Buenos Aires van llegando unos jóvenes para tomar el sol, nadar en la piscina, oír música y bailar. Poco a poco, Belita, una espabilada y descarada niña, les va suministrando las bebidas que piden a cambio de una propina. La situación se va caldeando y cuando llega un vecino para trabajar con su máquina de escribir, los jóvenes hacen lo posible para echarlo. La cosa se complica cuando el padre de uno de ellos aparece para desalojar el terrado. Entonces uno de los jóvenes se sube a la barandilla y amenaza con tirarse al vacío si no les dejan quedarse. El padre accede y ellos se disponen a pasar la noche en la azotea…
Película
buñueliana por el extraño encierro voluntario de los muchachos en un
lugar limitado como es la terraza de un edificio. Y de nuevo crítica certera hacia
la burguesía: hacia los hijos y su ridículo motín, pero también contra los
padres de esa clase social.
Los “niños de papá” sienten con su pequeña revuelta que por fin están haciendo algo de provecho, mientras que los padres se preguntan qué está pasando cuando su vida normal se vuelve del revés en el momento en el que los hijos no les hacen caso. Hasta “Dios” desde el cielo se preocupa por ellos (un sacerdote desde un helicóptero con un megáfono).
La situación generada pronto desemboca en disputas, peleas, celos, cambios de pareja y otras pequeñas riñas que no presagian nada bueno. La tragedia se ve llegar en una cinta bien dirigida con el estilo característico del director, primeros planos, contrapicados, puesta en escena claustrofóbica, a pesar de estar rodada en una terraza al aire libre, que, no obstante, provoca una sensación de confinamiento en un ámbito cada vez más estrecho.
domingo, 25 de agosto de 2024
ACCIÓN EN EL ATLÁNTICO NORTE (Action in the North Atlantic de Lloyd Bacon, 1943)
El post es un extracto corregido para la ocasión del capítulo dedicado a Acción en el Atlántico Norte en mi libro: CINE Y NAVEGACIÓN. Los 7 mares en 70 películas
domingo, 30 de junio de 2024
2 X 1: "LA CONDICIÓN HUMANA" y "HARAKIRI" (Masaki Kobayashi)
La condición humana (Ningen no jôken, 1959)
Otro maestro de la generación de
Akira Kurosawa, creador de la productora Yonki No Kai con él y con Kon Ichikawa
y Keisuke Kinoshita, es Masaki Kobayashi, que comenzó siendo asistente del
último de los directores nombrados. Antiguo combatiente y prisionero de guerra
en la Segunda Guerra Mundial, Kobayashi se da a conocer en el mundo entero por dirigir
La condición humana.
La cinta narra la historia de Kaji (Tatsuya Nakadai) y la de su mujer Michiko (Michiyo Aratama), desde la guerra de Manchuria hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. El protagonista se declara objetor de conciencia y, para evitar ser reclutado, accede a desplazarse a Manchuria en calidad de supervisor de personal, en un campo de concentración japonés para prisioneros chinos. Allí Kaji intenta que prevalezca el trato humano y que mejoren las condiciones de trabajo de los cautivos. Cuando se reciben órdenes de incrementar la producción, los métodos de Kaji pronto se ven desplazados por un autoritario y despiadado comportamiento de los militares nipones. Cuando Kaji finalmente es despedido, sucede lo que más temen él y su esposa: Kaji es llamado a filas y entra en combate…
Monumental obra de casi diez
horas de duración, repartida en tres películas para su distribución y divida
cada una en dos partes de aproximadamente una hora y media cada una. Para
algunos críticos es la mejor película jamás rodada, con duras secuencias en la
primera y última parte, y bellos planos como el de la columna de prisioneros
chinos caminando a contraluz por las crestas de las montañas rumbo a la
cantera.
Filme mastodóntico (se tardó cuatro años en rodarlo), pero muy atractivo, basado en la novela de Jumpei Gomikawa —de seis volúmenes—, que comienza en un campo de prisioneros con el protagonista en el lado de los que van ganando y termina en otro campo, esta vez soviético, y con él de prisionero. Entre medias, Kaji pasa por todo tipo de calamidades mientras combate contra los chinos y los soviéticos.
El largometraje, ganador de varios premios en el Festival de Venecia, es un enorme repaso antibélico, que, como anuncia el título, trata de la condición humana en todas sus aristas. Kobayashi acude a sus propias experiencias durante la guerra para completar una de las mayores obras del cine mundial.
Harakiri (Seppuku, 1962)
Un año después de que se
estrenara la última parte de La condición humana, Masaki
Kobayashi rueda una de sus mejores películas: Harakiri. Un jedai-geki,
o filme de época, situado en el siglo XVII, en un periodo de paz después de una
guerra civil en Japón. Sin batallas a las que acudir, algunos samuráis se
quedan sin trabajo. Es lo que le ocurre a Hanshiro (de nuevo interpretado por
Tatsuya Nakadai), un ronin o samurái sin señor al que servir, que se
encuentra sumido en la más absoluta pobreza. Desesperado, Hanshiro acude a la
hacienda de un señor feudal para solicitar un lugar adecuado para hacerse el
harakiri y de esta forma poder morir con honor.
Su ruego es aceptado, pero se le advierte que no permitirán extorsiones de ningún tipo como han hecho otros, que en realidad venían a pedir limosna a cambio de renunciar al suicidio, algo considerado un deshonor manifiesto. Hanshiro se mantiene en sus trece y accede a escuchar la historia de uno anterior que murió allí. Un relato que revelará las verdaderas intenciones de Hanshiro…
Excelente filme rodado con luz de
tono bajo, con más sombras que luces, en un blanco y negro expresionista que
subraya la trama: un thriller, o una película de cine negro al estilo oriental
donde hay suspense cuando se va descubriendo lo que pretende el protagonista.
La estructura de la película, en flashback cuando le cuentan la historia del ronin anterior, y cuando el propio Hanshiro cuenta la suya para explicar cómo ha llegado a esa situación, ayuda al suspense y sirve para que poco a poco el espectador vaya metiéndose en la historia.
Harakiri quizás sea la cinta de Masaki Kobayashi más reconocida y galardonada (ganó el Premio del Jurado en Cannes), un largometraje que vuelve a incidir en el comportamiento humano ante las adversidades, igual que en La condición humana, pero esta vez trasladado al mundo de los samuráis. Kobayashi se atreve a criticar el código de honor de aquellos caballeros mientras ataca también al sistema feudal japonés, justo después de la ocupación norteamericana, como hicieron algunos colegas suyos.
domingo, 16 de junio de 2024
EL AUTOREMAKE EN EL CINE. CAPÍTULO III (IV)
El espíritu
comunal (una cinta donde no hay un protagonista claro, donde triunfa la sinergia) es una de las claves de la historia de Dama por un día. Se puede decir que todo el cine de
Capra, aunque aboga por la iniciativa individual y el tesón de los
protagonistas, al final hace que estos logren sus propósitos con la ayuda de
familiares y amigos. Es lo que le ocurre a "Annie Manzanas" y a casi todos los personajes
del director a lo largo de su carrera.[1] Una característica que
tiene mucho que ver con los tiempos en los que se rodaron la mayoría de sus
éxitos, los años de la Depresión, y que sigue los principios del New Deal: la política intervencionista
del presidente Roosevelt ideada para acabar con la crisis. Se puede decir que
desde La Locura del Dólar (otro guion
de Robert Riskin)[2] Capra opta por un cine de
realidad social, que poco a poco se va comprometiendo cada vez más con las
ideas y principios del partido Demócrata.
Dama
por un día también sigue por ese derrotero, aunque sólo sea por el entorno
en el que se desarrolla la trama y por
la crítica al estamento político (véase el último tercio de la película). Capra
plantea pronto el ambiente de la historia: la primera imagen es de un ciego
(que no lo es) que toca el acordeón mientras pide unas monedas. El mendigo se
encuentra con un colega amputado de las dos piernas[3] y con el resto de
indigentes que sobreviven en las calles de Nueva York; entre ellos, Annie
Manzanas. Un colectivo que parece extraído de una novela de Dickens (y esto nos
recuerda a Browning y a sus freaks) o
de la cinta alemana contemporánea, M, el
vampiro de Düsseldorf (M de Fritz
Lang, 1931).
Para conseguir que la trama se impregnase del ambiente de la crisis, Riskin cambió la actividad original de Annie. La anciana pasó de vender flores, según la idea original de Runyon, a vender manzanas. De esta forma, Riskin creó un personaje que el público enseguida identificaría con la vida real, un personaje que era muy habitual verlo transitando por las aceras de Nueva York en la época de la Depresión. Además, gracias a las manzanas, a Riskin se le ocurrió la idea que provoca la intervención de Dandi para ayudar a la vieja: la superstición por la fruta, la necesidad de que Annie siga vendiendo las manzanas de la suerte. Aunque esta sea la razón “oficial”, a nadie se le escapa que el mafioso y el resto de la banda tienen en el fondo buen corazón y ayudan a la vieja por compañerismo. Igual que lo hacen los políticos corruptos y la policía cuando se enteran del motivo de la farsa.
A pesar de la tímida motivación que Riskin está obligado a presentar,
la del chantaje de Dandi que tiene secuestrados a varios periodistas, el
público sabe que todos quieren contribuir a sacar adelante la pantomima por
pura empatía con Annie, por solidaridad. De nuevo tenemos el espíritu comunal
del New Deal. Al final, todos se sienten tan bien consigo mismos que se vuelven
agradables con sus subordinados: el gobernador suspende la supervisión de la
alcaldía, el alcalde confiesa haber sido duro con el comisario, el comisario
pide perdón a los policías y éstos les dicen a los periodistas que olviden lo
sucedido.
Dentro de esta
temática social tan del gusto de Capra, hay que señalar, por último, el
acercamiento de clases como una de las obsesiones particulares de su cine.[4] Un tema ideal para la
comedia, que Capra y Riskin explotarían en su siguiente proyecto, Sucedió una noche (It Happned One Night, 1934), pero que en Lady for a Day también se encuentra presente aunque funcione al
revés: los que se acercan a los ricos son los pobres y no al contrario como
suele ser habitual. Una aproximación que aquí funciona como una fábula, como un
cuento de hadas que transita entre la comedia y el melodrama, pero que tiene un
final realista: “la Cenicienta” vuelve a las calles una vez que su hija parte
hacia la felicidad.
Leer el capítulo desde el inicio
[1]
Podríamos enumerar las películas que se basan en este principio, pero serían
casi todas las de Frank Capra. Aquí van algunas: Dama por un día y Un Gangster
para un Milagro, La Locura del Dólar,
¡Qué bello es vivir!, Juan Nadie, El secreto de Vivir, etcétera.
[2] Una
cinta que se ha vuelto muy actual al tratar la crisis financiera desde el punto
de vista del director de un banco que defiende las ayudas a los pequeños empresarios
en contra de la especulación, “que se fía más de las ideas que de los avales”.
Una trama en cierto modo parecida a la de ¡Qué
bello es vivir! y también presente en el arranque de Estrictamente Confidencial.
[3] Es el
discapacitado físico al que llaman “Shorty” que se trata, en realidad, de un
mendigo que conoció Capra en la infancia cuando el director vendía periódicos
por las calles. El resto de extras también los reclutó de los barrios bajos de
Los Ángeles y a ellos les dedica las primeras imágenes.
[4] Tema
central de otro gran número de películas del director: Dama por un día y su remake,
Estrictamente Confidencial y su remake, Sucedió una noche, El Secreto
de Vivir, Vive como quieras, Juan Nadie, etcétera.
lunes, 3 de junio de 2024
2 X 1: "EL ARPA BIRMANA" y "SOLO EN EL PACÍFICO" (Kon Ichikawa)
El arpa birmana (Biruma no tategoto, 1956)
Kon
Ichikawa, de la generación de Akira Kurosawa, fue un director japonés atraído
por el humanismo en todas sus acepciones. De hecho, fue el director del
excelente documental sobre Las Olimpiadas de Tokyo (Tokio
orinpikku, 1965), aunque su obra no cayó demasiado bien al Comité Olímpico en
cuanto Ichikawa se fijó más en el deportista-hombre que en las competiciones
deportivas.
Antes de eso, Ichikawa dirigió dos largometrajes por los que se dio a conocer en el mundo entero, diferentes entre sí pero con elementos comunes. El primero de ellos puede ser su obra maestra: El arpa birmana. Una cinta sobre la Segunda Guerra Mundial y sus miserias:
Mizushima,
es un soldado nipón que toca muy bien el arpa birmana —peculiar instrumento
musical portátil, más pequeño que el clásico—, que siempre lleva consigo y cuando
lo toca hace las delicias de sus compañeros de sección y del capitán Inouye, también
músico, que siempre que puede organiza un concierto con el coro de la compañía.
Cuando la guerra termina, los británicos asignan a Mizushima una misión desesperada:
el soldado tiene 30 minutos para convencer a un destacamento japonés para que deje
de luchar. Los rebeldes no acceden y los británicos atacan destruyendo a todo
el grupo. Mizushima, profundamente afectado por el desastre, decide vivir como
un sacerdote budista y dedicar su vida a enterrar a los compatriotas cuyos
cuerpos han sido abandonados por todo el frente.
El arpa birmana es un alegato antibelicista típico de posguerra y de la ocupación estadounidense, que comienza con una trama convencional acerca de una sección en los últimos días del conflicto bélico, pero que pronto cambia al drama de un solo soldado (los planos generales con el protagonista en medio de los campos birmanos vacíos acentúan esa soledad), enfrentado a los desastres de la guerra, que busca una solución interior, religiosa, para salvar tanto horror.
La cinta llevó el nombre de Kon Ichikawa por todo el mundo, ganó varios premios en Venecia y estuvo nominada al Óscar a la mejor película extranjera. Ichikawa volvió sobre ella cuando realizó un autoremake en color en 1985.
Solo en el Pacífico (Taiheiyô hitoribotchi, 1963)
Siete
años después de rodar El arpa birmana, Ichikawa filma la historia
verdadera de Kenichi Horie (basada en el libro del propio Horie), un joven
japonés que está obsesionado por atravesar el Pacífico e ir desde Japón hasta
San Francisco en un pequeño velero.
A pesar de ir en contra de las leyes del país, y de la oposición de sus padres —sólo con el beneplácito de su hermana—, el joven va ahorrando poco a poco hasta hacerse con un velero de madera y comprar todos los suministros necesarios para el viaje. Horie se hace a la mar con ilusión, pero las penalidades se suceden durante el viaje: desde tempestades hasta largas jornadas sin viento van mermando las fuerzas del marino solitario.
Solo en el Pacífico
está rodada con la voice over de Horie, que se convierte también en el
narrador de la cinta; y con insertos en flashback, recurso muy utilizado
en este tipo de películas donde hay un único personaje en la mayoría del
metraje. Así, los filmes más modernos como A la deriva (Adrift,
Baltasar Kormákur, 2018) y Espíritu libre (True Spirit,
Sarah Spillane, 2023), por nombrar tan solo dos.
El largometraje de Ichikawa, si bien muestra la soledad del navegante en medio del inmenso piélago azul, por otro lado resulta algo claustrofóbico en cuanto gran parte de ella se rueda en el parvo interior del barco, que además hace agua por las deficiencias y prisas en su construcción.
Igual que en El arpa birmana, Kon Ichikawa apuesta por el humanismo crítico, por la voluntad del ser humano. En esta ocasión es un navegante solitario que a través de sus habilidades, esfuerzo y trabajo es capaz de desarrollar sus posibilidades y llevar a término lo que se proponga.domingo, 19 de mayo de 2024
PUNTO DE RUPTURA (The Breaking Point de Michael Curtiz, 1950)
domingo, 5 de mayo de 2024
2 X 1: "NO AÑORO MI JUVENTUD" y "ESCÁNDALO" (Akira Kurosawa)
No añoro mi juventud (Waga seishun ni kuinashi , 1946)
A
Akira Kurosawa siempre se le ha considerado el más occidental de los directores
japoneses, sobre todo respecto a los otros dos grandes, Mizoguchi y Ozu, algo
que es cierto si tenemos en cuenta la influencia recibida —y transmitida— por
el director nipón desde y hacia sus
colegas extranjeros. Un ejemplo lo tenemos en las dos películas que traemos
hoy, ambas consideradas el punto de cierre de dos periodos en la carrera de
Kurosawa.
No añoro mi juventud, pertenece al final de la primera etapa de Kurosawa, la más desconocida, la que abarca la Segunda Guerra Mundial y la posterior ocupación estadounidense de la posguerra. Basada en hechos reales, la película transcurre a lo largo del conflicto armado y trata de la persecución del gobierno japonés hacia los elementos más liberales de la universidad. Así, un profesor es destituido y un alumno detenido y más tarde ejecutado sólo por sus ideas.
A
medida que avanza el metraje, el protagonismo del filme recae en Yukie (Setsuko
Hara), la hija del profesor y, a la vez, la viuda del alumno. Cuando Yukie
lleva las cenizas de su esposo a los padres de éste, la película cambia y se
transforma en otro drama bien distinto donde Yukie ayuda a sus suegros agricultores
a superar el desprecio y el abandono por parte de la comunidad, que considera
que el finado era un traidor.
La cinta, por tanto, se estructura en dos partes bien diferenciadas siendo la mejor la segunda, la que se desarrolla en los campos de arroz. Una parte que Kurosawa tuvo que reescribir para superar la censura. Setsuko Hara (musa de Yasujiro Ozu) hace un papel bien distinto al ambiguo de la primera parte, como si quisiera redimirse con el trabajo.
No
añoro mi juventud se convierte así en una de las pocas cintas de Akira
Kurosawa protagonizadas por una mujer. De hecho, las mejores secuencias son
aquellas en las que Setsuko Hara aparece sin maquillaje, llena de barro, plantando
arroz en un lodazal, echando una mano a sus suegros para superar todo tipo de
dificultades.
Escándalo (Shûbun, 1950)
La
segunda etapa en la carrera de Akira Kurosawa abarca desde el final de la
guerra hasta 1950, año en el que rueda Rashomon, película que le
da a conocer en el mundo entero. Justo antes de Rashomon,
Kurosawa filma Escándalo, probablemente la cinta más occidental de Kurosawa:
Una famosa cantante de ópera (Shirley Yamaguchi, célebre actriz que más tarde rodaría con King Vidor Esposa de guerra japonesa) se encuentra perdida en el monte y un pintor (Toshiro Mifune, ¿quién si no?) accede a llevarla en su moto al hotel donde ambos se alojan. Unos paparazzi les hacen fotos para un periódico sensacionalista, que saca la noticia del inexistente idilio. El pintor arremete contra el director del rotativo y contrata al abogado Hurita (Takashi Shimura, otro fijo en la troupe de Kurosawa) para denunciar al periódico. Pronto el juicio llenará las primeras páginas de las revistas del corazón.
Trama
muy cercana a lo que se estaba haciendo en Estados Unidos, con muchas
reminiscencias de las películas de Frank Capra: Así, las secuencias del juicio,
las escenas navideñas (Mifune llevando un árbol de Navidad en su moto), la de
Nochevieja en el bar, con todos cantando y, en general, toda la atmósfera del
filme.
Igual
que ocurría en No añoro mi juventud, la estructura del
largometraje se parte en dos cuando el foco de la trama se centra en el astroso
abogado, justo después de que Hurita acepte dinero para sabotear el juicio.
Todo lo que viene a continuación refleja el drama interno del letrado corrupto,
mientras su hija enferma se debate entre la vida y la muerte.
También
esta segunda parte es mejor que la primera cuando Kurosawa se luce en varias
secuencias, como aquellas en las que muestra los rostros de los parroquianos
del bar; o cuando antes del juicio rueda los planos de las calles, llenas de
carteles con la fotografía de marras y, después de la audiencia, con todos los pósteres
medio arrancados a la espera de la siguiente noticia escandalosa.


























