lunes, 9 de noviembre de 2015

THE CHILDHOOD OF A LEADER (Brady Corbet, 2015)

Desigual, aunque interesante, resultó nuestra visita de ayer por la Sección Oficial. La película elegida, una coproducción británica, húngara y francesa, era el debut en la dirección del actor americano Brady Corbet que sorprendió por el original guión, si bien no llegó a redondear una historia que prometía:





Al final de la Primera Guerra Mundial, la familia de un diplomático americano, destinado en el gabinete del presidente Wilson, se traslada a Francia para intervenir en las negociaciones sobre el futuro de Europa. Mientras el padre (Liam Cunningham) asiste a las diferentes reuniones, en la gran mansión viven su mujer (Berenice Bejo), y su hijo pequeño, Prescott. Al niño le da clases de francés Ada, una bella institutriz, y lo mima especialmente Mona, la criada. Una noche, tras el ensayo de la obra de teatro infantil para el día de Navidad, Prescott se esconde entre la maleza y ataca con piedras a las personas que salen de misa. Los padres lo reprenden y lo obligan a disculparse ante el párroco y los feligreses. Es el comienzo de una serie de incidentes que anuncian un cambio radical en la actitud del niño.

Planteada como una gran —y evidente— metáfora, la cinta narra de forma velada la caída del ejercito alemán, y la preparación de un acuerdo de paz que dejará a los derrotados sumidos en una crisis económica. Ahora sabemos las consecuencias que tuvo el Tratado de Versalles, que no fueron otras que provocar el nacimiento del partido nazi y el regreso a un conflicto mundial mucho más sangriento. Mientras en el exterior estalla la paz, en el seno de la familia burguesa también se está creando un monstruo. Prescott ya tiene de por sí un carácter extraño y unos prontos inexplicables, pero la actitud de sus padres no mejoran la situación, al contrario no hacen más que empeorarla. Infidelidades, incomprensión y alejamiento progresivo en su educación son otro caldo de cultivo para el nacimiento de un dictador, tal como anuncia el título de la película.


Estructurado como una ópera, con obertura, tres actos y un epílogo, el filme de Corbet es oscuro en su trama y en la puesta en escena. Es un thriller donde falta la luz hasta en las tomas de exteriores, cuando todos y cada uno de los personajes visten de negro; es un melodrama donde los adulterios se insinúan; y, en fin, es una historia de ciencia-ficción donde la música anuncia el apocalipsis de un universo altertativo. Demasiado estridente el resultado cuando ya la trama lo es sin necesario de subrayarlo tan insistentemente. 

La falta de sutileza del argumento de una película que quiere ser alegórica es su principal fallo, pero no el único: el aburrimiento planea por el largometraje en demasiadas secuencias con poco gancho, en una cinta que es verdad que no pertenece al género de terror, pero digamos que aspira a ello. Al menos eso se infiere del tono del filme y del trabajo de todo el reparto: desde la sentida interpretación de Berenice Bejo (muy lejos de su papel en The Artist) hasta la grave del marido (rostro conocido gracias a la serie de moda, Juego de Tronos), pasando por la meramente presencial, aunque importante en la trama, de Robert Pattinson (saga Crepúsculo), sin olvidarnos, por supuesto, de la excelente actuación del niño.


domingo, 8 de noviembre de 2015

MUSTANG (Deniz Gamze Ergüven, 2015); AFTERTHOUGHT (Hayored Lema'ala de Elad Keidan, 2015)

Nos resistimos a abandonar la European Film Academy y ayer pudimos ver dos películas más de dicha sección (EFA), una israelí y otra turca, ambas en esa parte del mundo en permanente conflicto, en crisis política y social que, por supuesto, tiene su repercusión en la cultura; concretamente en el cine:

MUSTANG

El largometraje de la realizadora turca Deniz Gamze Ergüven se ha asociado por la organización del festival con otra directora, Sofia Coppola, y con su ópera prima Las vírgenes suicidas (The Virgin Suicides, 1999). Quizás el argumento la recuerde algo, por aquello de la educación rígida de unas adolescentes y sus trágicas consecuencias, pero no nos engañemos, la situación que viven las niñas en el mundo islámico, y sobre todo en aquellas ciudades cosmopolitas cercanas a occidente, en Turquía por ejemplo, es, lamentablemente, única.



Lo radical de una religión mal entendida que no evoluciona es la base de la denuncia de la cineasta. Además, el contraste entre dos culturas agrava el problema cuando las jóvenes protagonistas ven en sus amigos y amigas una vida completamente diferente a la suya: mucho más libre y tolerante, donde el amor inocente no deriva en escándalo sexual, y donde el drama de tener que casarse demasiado jóvenes con personas que no conocen de nada, sólo por conveniencia de sus mayores, es algo impensable.

La realizadora se vale para su crítica social de una música que acoge a las niñas con un manto trágico que anuncia el drama. Es una melodía tan adecuada como los escenarios elegidos: primero la playa abierta y el océano para las secuencias del arranque, cuando la libertad de las niñas es apenas una ilusión pasajera; y después, en contrapartida, el interior de la vivienda-cárcel, y un frondoso y descuidado jardín, cuando el encierro ya es un hecho.



La visión medieval musulmán de la educación femenina se denuncia con toda la firmeza posible en una cinta que compite este año por el prestigioso premio LUX de las cortes europeas. Igual que otros filmes de pasadas ediciones (de algunos ya dimos cuenta aquí: ShunLi and The Poet y Die Fremde) las instituciones comunitarias abogan por lo que se ha llamado acervo europeo, es decir, por una forma de vida que respeta la democracia y la libertad de las personas. Una de las iniciativas del parlamento es, precisamente, apoyar y premiar propuestas tan decididas y comprometidas como Mustang. Desde luego, mucho tendrán que cambiar países como Turquía que son aspirantes a pertenecer a la Union Europea, pero no son capaces de parar la sistemática violación de los más elementales derechos humanos.



AFTERTHOUGHT

El Monte Carmelo es la base donde se ha construido gran parte de la ciudad costera de Haifa. Sus barrios en capas, en altura, y los intrincados escalones que unen en interminables cuestas dichas calles, son el escenario de la buena película del cineasta judío, Elad Kaidan:























Uri y Moshen son dos vecinos de Haifa a los que les separa una generación, pero que tiene en común una frustrante vida laboral y una no menos complicada situación amorosa. Mientras el primero acaba de romper con su pareja, y quiere desertar del ejército para embarcarse en un mercante y dedicarse a escribir, el segundo comienza a salir de una depresión causada por su trabajo cuando sospecha que su mujer lo engaña. Uri baja el monte con dirección al puerto, a su libertad, al tiempo que Moshen lo sube para buscar el pendiente que acaba de perder su mujer. Ambos se cruzarán en el camino, se encontrarán en las largas escalinatas, como lo harán con otros personajes que irán definiendo poco a poco el carácter de los protagonistas.

Con la simbología de partida de la escalera, como si fuera el río de la vida -no sólo en el aspecto lineal sino también en las subidas y bajadas de ánimo-, el director israelí le da un repaso a la existencia humana amparándose en relaciones concretas entre personajes cuyas vidas se encuentran en permanente evolución. Lo hace sin dejar de lado la coyuntura de un país en guerra, y ofreciendo su visión particular de la ciudad que le vio nacer y de las personas que allí viven; la mayoría desencantadas.



Para ello, Kaidan gestiona, con buen criterio, todos y cada uno de los recursos audiovisuales disponibles. A destacar una música envolvente; una bella panorámica de la ciudad contrastada con planos detalles como el de un vaso de plástico que rueda sobre sí mismo en las escaleras mecánicas, como si fuera un zoótropo de museo; y unos bien construidos diálogos (“lo que sale de la boca nunca vuelve, como las palabras o los dientes”). Todo ayuda para remar en una u otra dirección. Para avanzar o retroceder, para subir o a bajar por la escalera de la vida.

Nos preocupa el pesimismo de la cinta, la no solución de un mundo que el director parece que quiere ver desde fuera. Da la impresión de que su punto de vista (el de los créditos, el uso continuo del teleobjetivo) es el de alguien que ha conseguido salir de allí, pero al que la nostalgia le pide echar un último vistazo. Una mirada que comparte con el público a través de su cámara. 


sábado, 7 de noviembre de 2015

MIA MADRE (Nanni Moretti, 2015); RAMS: EL VALLE DE LOS CARNEROS (Hrutar de Grimur Hakonarson, 2015)

De satisfactorio tenemos que clasificar el arranque del festival de cine europeo, aquí en Sevilla, con dos películas bien distintas, pero con una factura más que correcta en ambas.

Mientras se celebraba la gala inaugural en el Teatro Lope de Vega con Two Friends (Les deux amis de Louis Garrel, 2015), nosotros elegimos dos cintas que compiten por el premio del público en la Sección EFA (European Film Academy), donde suelen encontrarse las mejores propuestas si tenemos en cuenta anteriores ediciones del certamen:

MIA MADRE

Alguien definía la figura del director de cine, y su cometido a lo largo de una jornada de trabajo, y lo resumía como aquel que se dedica a responder preguntas. En La Noche Americana (La nuit américaine, 1973), Francoise Truffaut hacía una aproximación exacta a la labor del realizador para mezclar ficción y realidad en una cinta imprescindible; con Mia madre, Nanni Moretti sigue la misma estructura —nada nuevo en su estilo que cabalga a lomos del documental—, pero le da una visión muy particular al tema. Digamos que se revuelve contra sí mismo y deforma la trama hasta volverla desencantada y pesimista; hasta llegar a decir que trabajar en el cine es lo peor a lo que uno se puede dedicar.





Pero Moretti hace trampa. Como suele ser habitual en él, el director también participa como actor, pero en esta ocasión deja el protagonismo, su alter ego, en otra persona, en la excelente Margherita Buy. En la actriz recae todo el peso del discurso de Moretti, como si fuera una marioneta en manos del realizador. Ella interpreta a una directora que también se llama Margherita, y que además de pasar por las dificultades propias de un rodaje, acaba de separarse de su pareja, se ha dado cuenta de que su hija adolescente se entiende mejor con su ex y, para colmo, su madre se está muriendo. Para enredarlo todo aún más, la estrella extranjera contratada por la realizadora es un actor (John Turturro) que se comporta de forma extravagante y hace que el rodaje sea aún más caótico.

La maniobra intencionada de Moretti lejos de ocultarla al público, se permite anunciarla cuando la protagonista sostiene que los actores deberían desdoblarse a la hora de interpretar su papel. Algo así como que cada personaje debería tener en todo momento al lado de él al actor que le da vida. Es lo que hace Moretti en la película con respecto a Margherita. Es el hermano de la directora en la ficción, el que se mantiene a su lado para aconsejarla, consolarla y para compartir los momentos duros. Como un ángel que vela por el personaje (hay una secuencia muy explícita en este sentido: un sueño en el que la directora y su hermano aguardan en la cola de un cine para ver El cielo sobre Berlín; el que haya visto la célebre película de Wim Wenders me entenderá). En Mia madre, Moretti juega con doble mano, la de la realizadora (es decir, él mismo) y la suya como actor. Un juego original e interesantísimo que gustará a los fans del cineasta pues es otra vuelta de tuerca más a su ya larga filmografía.


El filme es, por tanto, una delicia en su estructura, en su intención y en la realización. Un drama que no pierde el sentido del humor gracias a las escenas donde John Tuturro se hace con las riendas. Un personaje que, no obstante, tampoco se salva del halo de amargura que preside a la película. Turturro interpreta a un actor en decadencia que también se encuentra harto de su profesión y que pide a gritos, literalmente, volver a la realidad. De nuevo otro personaje que pronuncia las frases que Moretti no se atreve a decir por sí mismo; o mejor dicho que sí se atreve siempre y cuando lo haga utilizando el medio que domina como nadie: el cine.


RAMS: EL VALLE DE LOS CARNEROS

Sin cambiar el tono intimista, pero sí completamente la forma y el fondo, asistimos casi sin tiempo para respirar a la siguiente sesión de cine de autor, en este caso escandinavo:


En un valle de Islandia viven dos hermanos que llevan cuarenta años sin hablarse. Tan frío y distante es el paisaje como la relación entre Gummi y Kiddi. Los dos se dedican a la cría de ovejas a las que quieren como si fueran sus propios hijos. Ambos preparan y presentan a sus mejores carneros al concurso anual de la comarca. El hermano mayor, Kiddi, es el ganador, mientras Gummi se tiene que conformar con un segundo puesto que le sabe a derrota. Desolado, Gummi descubre que el carnero de su hermano tiene todos los síntomas de una enfermedad altamente contagiosa. El descubrimiento inicia una revuelta que pone en peligro todas las explotaciones de la región. Cuando se decreta que los carneros deben ser sacrificados, Kiddi comienza a sospechar que Gummi se ha inventado la epidemia por despecho. Mientras el enfrentamiento parece inevitable, el invierno comienza a hacer estragos.

El valle de los carneros es un drama familiar con una cantidad de premios importante dada su corta vida. Una película con tantos planos rodados en exteriores como intensas son las pulsiones interiores de los dos protagonistas. El director islandés, Grimur Hakonarson, decide narrar el largometraje desde el punto de vista de Gummi. Es el perdedor del concurso, el que desencadena toda una revolución que afectará aún más a la relación con su hermano, y a la sazón vecino, y con toda la región.


El realizador, rueda este drama con toques de comedia —ya decía John Ford que una película sin humor, aunque sea una tragedia, no vale nada—; con cierto suspense gracias a los bien llevados puntos de giro (el último con cambio en el punto de vista y, aunque previsible, muy impactante); y con rigor en la puesta en escena de planos muy bien rodados, donde destacan los bellos encuadres de la campiña islandesa. 

Rams puede parecer un largometraje con una trama sencilla en su enunciación, sin embargo resulta tan compleja como aristas tiene la mente humana. El orgullo y la intolerancia tienen su hueco en la historia; también se acomoda en ella el rencor enquistado que ha logrado bloquear una relación de la misma forma que la nieve obstruye las entradas de las viviendas. ¿Podrán Gummi y Kiddi pasar el invierno sin las ovejas? ¿Se hará la película con el premio del público?


lunes, 2 de noviembre de 2015

FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA 2015

La primera quincena de noviembre en Sevilla ya es sinónimo de cine europeo de calidad, y este año no iba a ser menos. Del 6 al 14 se podrá ver en las salas del centro comercial de Nervión, y en los teatros Alameda y  Lope de Vega, una selección de 200 películas con lo más representativo de lo que se ha producido en el viejo continente en el 2015.
Con las habituales secciones a concurso (Sección Oficial, Premios EFA, EURIMAGES, Nuevas Olas, Resistencias, etc.) y con otras igual de interesantes como los ciclos y retrospectivas, el certamen en su duodécima edición se presenta muy atractivo.

A destacar la presencia en la Sección Oficial de directores de la categoría de Marco Bellocchio. Con una impresionante carrera que va desde Las manos en los bolsillos (nuestra favorita de siempre) hasta Buenos días, noche, personal versión del secuestro y asesinato de Aldo Moro, Bellocchio presenta en el festival su último trabajo: Blood of my blood, que ya se ha llevado un premio en el festival de Venecia.

Otros ilustres en el concurso son Philippe Garrel, José Luís Guerín, Amos Gitai, Yorgos Lanthimos (siempre muy bien recibidas sus originales propuestas, véanse las de otros años: Canino, Alps), Matteo Garrone (también habitual en el certamen: Gomorra, Reality) y Miguel Gomes, que ya triunfara con Tabú y que este año presenta nada menos que una trilogía: Las mil y una noches (El desolado, El embelesado y El inquieto).


De la Sección que reúne a los nominados de la Academia de Cine Europea (EFA), a priori habrá que fijarse en Nanni Moretti y su Mía Madre, en Peter Greenaway y el biopic sobre Eisenstein (Eisenstein en Guanajuato) y en una de las favoritas a todos los premios donde se presenta: El valle de los carneros del director islandés Grimur Hakonarson (acaba de ganar la espiga de oro en Valladolid y también gustó en Cannes, entre otros certámenes).


Conciertos, proyecciones de cortometrajes y ciclos para cinéfilos son otras actividades anunciadas por la organización. De todas ellas, yo no me perdería el ciclo dedicado al actor Timothy Spall; la retrospectiva sobre el expresionismo, "Weimar oculto"; y un par de documentales: From Caligari to Hitler, dentro de la sección Las Nuevas Olas,  y Hitchcock/Truffaut, sobre el célebre libro de cabecera de todos aquellos a los que nos gusta el cine clásico.

Como de costumbre, muchas propuestas y poco tiempo para estar a todo. Ahora es cuando viene la primera pega: ¿Qué películas ver?

Bendito problema. De su solución, de lo que da de sí el festival, daremos cuenta en los próximos días.


LEER CRÓNICA Y PELÍCULAS DEL FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA 2015


Ver programación del Festival

Ver anteriores ediciones: SEFF14, SEFF13, SEFF12, SEFF11, SEFF10




lunes, 26 de octubre de 2015

EL AUTOREMAKE EN EL CINE: CAPÍTULO 4.2 (III)

Hawks plantea Río Bravo para que la acción se desarrolle alrededor del sheriff Chance, para que las actividades, e incluso la existencia de todos los personajes tengan su razón de ser por la relación que se establece entre ellos y Chance. Quizás el único individuo que puede compartir con Chance el protagonismo de la película sea Dude. De hecho, Hawks decía que Río Bravo era en realidad una película de Dean Martin: “Todo lo que pasa, pasa por el borracho. Al principio y a lo largo de toda la historia”. (Bogdanovich 2007, p. 286). 

Es cierto que el conflicto principal arranca por culpa del alcoholismo de Dude, de su intento de recoger la moneda de la escupidera; es verdad que el ayudante del sheriff es el blanco preferido de los villanos, al que atacan una y otra vez y finalmente capturan, y del que se preocupan Chance y sus amigos para evitar que recaiga en la bebida; ahora bien, todo eso no deja de ser una subtrama más que, como el res­to, tiene como denominador común al personaje interpretado por John Wayne. Para nosotros el tema principal de la película no es el intento de Dude por superar el alcoholismo sino el de Chance por resolver la situación sin pedir ayuda a nadie, con el problema añadido de contar con un borracho como ayudante. 

Robin Wood tampoco opina como Hawks —ni como nosotros— y cree que la importancia de la cinta radica en el conjunto, en el grupo en su totalidad (1982, p. 47). Independientemente de cómo interpretemos la idea central de la cinta, no hay duda que el presentar a dos fuertes personalidades —y a dos actores de primera línea: Wayne y Martin— es una de las claves del éxito de la película. Algunos de los largometrajes importantes de Hawks mantienen la constante de dos amigos enfrentados por el trabajo, por el amor de una mujer o por las dos cosas.[1] Más tarde veremos cómo la ausencia de esta circunstancia en Río Lobo es el gran hándicap del filme.

4.21

Hemos mencionado el arranque de Río Bravo como la secuencia que tiene lugar en el saloon, cuando en realidad la cinta tiene hasta tres comienzos: el primero, el de los créditos, es un espejismo (4.21). Hawks presenta una imagen rodada en exteriores, de día, de una caravana que se aproxima al poblado, justo todo lo contrario a lo que vamos a ver a continuación en un largometraje que discurre en su mayor parte en interiores y con más sombras que luces. A los títulos de crédito le siguen la citada escena donde Dean Martin acude de noche al bar, y donde Joe Burdette se burla de él arrojándole un dólar a la escupidera. Justo después de esta secuencia, y la del arresto del asesino, comienza realmente la película, con la llegada de Wheeler, a la luz del sol, cuando el conflicto ya se ha planteado con Joe Burdette en la cárcel

Da la impresión de que la secuencia nocturna del saloon es un inserto entre los títulos de crédito y la llegada de Wheeler, como si fuera un flash-back. La escena dura unos cuatro minutos y al desarrollarse sin palabras es un claro homenaje al cine silente. Comienza con la apertura de la puerta del saloon, un arranque que nos parece mucho más apropiado que el de los créditos ya que al tiempo que Martin penetra en el local, el espectador accede al western de interiores que plantea Hawks.

4.22

Se trata de un plano muy fordiano, si tenemos en cuenta el inicio y el final de Centauros del desierto (The Searchers de John Ford, 1956). Como en la cinta de Ford, Hawks delimita la acción de las tres jornadas en las que se desarrolla la película con dos encuadres de sendas puertas. El que acabamos de comentar es el primero, mientras que el segundo (exacto al de cierre de Centauros…, con Wayne imitando el andar cansino de la cinta de Ford) se produce cuando la acción se abre al exterior (4.22), una vez resuelta la trama de la cárcel. 

Hawks siempre se declaró un admirador del cine de John Ford del que decía que era “el mejor director, sin duda” (Entrevistas TCM) y del que confesó haber visto toda su filmografía. Ambos extrajeron lo mejor de John Wayne que bajo sus órdenes dibujó su registro más característico, el de un hombre fuerte, huraño pero noble, que prefiere los actos a las palabras y por eso evita dar muestras explícitas de amistad, que no se da nunca por vencido y que en Hawks actúa, no sólo como líder, sino como protector del grupo. Para el director, Wayne era “la estrella más grande que nunca ha existido para hacer películas del Oeste” (Hawks citado en Perales 2005, p. 123).





[1] Una novia en cada puerto, La Escuadrilla del Amanecer, Camino a la gloria, Rivales, Vivamos hoy, Pasto de Tiburones, Ciudad sin ley, Águilas heroicas, Río de sangre, Río Rojo, etc.




lunes, 19 de octubre de 2015

EL AUTOREMAKE EN EL CINE: CAPÍTULO 4.2 (II)

Si bien en los créditos se anuncia que el filme se basa en un relato corto de B.H. McCampbell,[1] en realidad el argumento de Río Bravo tiene su origen en la película de Fred Zinnemann, Solo ante el peligro (High Noon, 1952), un western psicológico donde el protagonista (Gary Cooper) es un sheriff que se enfrenta solo a una banda de malhechores después de solicitar, en vano, ayuda a la comunidad. Para Hawks, la actitud del sheriff de Zinnemann era tan reprochable como la de los personajes de El Tren de las 3:10 (3:10 to Yuma de Delmer Daves, 1957), muy en la línea de la anterior, otra película que le sirvió de referencia para escribir Río Bravo. Hawks lo explica delante de las cámaras:

“Algo no cuadra, se supone que el tipo es bueno, que es muy habilidoso con las armas, pero va por ahí, como una perdiz mareada, buscando a gente para que le ayude. Y al final su esposa cuáquera le salva el pellejo […]. Esto es ridículo. Este tipo no era profesional […]. Un prisionero le dice al sheriff: ‘verás cuando mis amigos te cojan’. Y yo dije: Si ese sheriff fuera de los buenos tendría que haberle respondido: ‘será mejor que no me toquen porque la primera bala será para ti’.[2] Empezamos a entrelazar este tipo de cosas y así surgió Río Bravo(Entrevistas TCM: Howard Hawks).

Con la réplica a la famosa cinta de Zinnemann, Hawks aborda lo que él llamaba segunda etapa de la conquista del Oeste. Tras una primera fase donde se encuadran los exploradores (Río de sangre) y los ganaderos (Río Rojo), ahora les toca el turno a los representantes de la ley para imponer el orden entre los pioneros que se habían instalado en los nuevos territorios. Hawks pasa de los rodajes en exteriores de sus primeros dos “ríos”, a un western claustrofóbico que se desarrolla en únicamente tres o cuatro decorados: la cárcel, el saloon, y el hotel, y que, como quería Hawks, incide más en los personajes, en las relaciones entre ellos, que en la trama. 


Con la renuncia al espacio abierto y el énfasis en los caracteres, Hawks consigue con Río Bravo realizar su película del Oeste más moderna. Y lo es más al contrastar el enfoque avanzado con la inclusión de los elementos tradicionales del género (el sheriff, los pistoleros, el saloon, los jugadores de cartas, etcétera, todos, excepto los ligados a los exteriores como los indios o la caballería), pero también con la forma de narración lineal, con la puesta en escena convencional retratada con un objetivo transparente y, en fin, con el clasicismo ejemplar de Hawks. Es lo que llama Robin Wood “la complejidad de la película por contradicciones aparentes” (1982, p. 40).

Río Bravo es el paradigma del cine tal como lo entendía Hawks. Da la impresión de que el autor quería resumir su obra reuniendo en un solo título a todos los personajes que anteriormente había utilizado, no sólo en sus cintas dramáticas, sino también, como luego veremos, en la comedia. Así, el largometraje lo protagoniza un grupo que se enfrenta a un peligro común, donde figuran el líder, el amigo del líder, con conflicto interno incluido, el joven inexperto, el viejo y, finalmente, la mujer que quiere entablar una relación con el primero, pero es rechazada inicialmente.[3] Todos ellos conectados entre sí para ensalzar los valores de la amistad como tema prioritario, seguidos muy de cerca por los del honor, el deber y la responsabilidad del mando.  






[1] B.H. son las siglas de Barbara Hawks, la hija de Howard Hawks y Athole Shearer (hermana de Norma Shearer, a su vez casada con Irving Thalberg). Además de participar en el argumento, Barbara tuvo algunas ideas tan buenas como la del empleo de la dinamita en el tiroteo final.
[2] Esta frase la emplea Hawks en Río Bravo, cuando Nathan Burdette va a visitar a su hermano a la cárcel y amenaza al sheriff Chance. También la usa en la secuencia donde Dude obliga a toda la banda a dejar las armas en la entrada del pueblo. En El Dorado volverá sobre ella en un par de ocasiones más.
[3] Además de El Dorado y Río Lobo, los ejemplos donde aparecen los mismos personajes, con muy pocas variantes, son múltiples: La Escuadrilla del Amanecer, Sólo los ángeles tienen alas, Tener y no tener, Camino a la gloria, Air Force, Río Rojo, Río de sangre, Hatari!, etc. 



lunes, 12 de octubre de 2015

EL AUTOREMAKE EN EL CINE: CAPÍTULO 4.2 (I)

Continuamos con el capítulo iniciado el año pasado referente a la obra de Howard Hawks. Después de ver el primer epígrafe dedicado a Bola de fuego y a su remake, Nace una canción, ahora nos adentramos en los entresijos de Río Bravo y sus posteriores remakes, El Dorado y Río Lobo. Espero que os gusten:


4.2. ¿A quién le toca hacer de borracho?
4.2.1. Río Bravo (Howard Hawks, 1959).

Ni siquiera Howard Hawks, amparado en su independencia, fue capaz de esquivar la crisis que sacudió al cine en la década de los 50. Ya hemos comentado que la televisión hizo mucho daño a la industria cinematográfica, y que ésta intentó diferenciarse de la pequeña pantalla ofreciendo un producto de gran formato y a todo color. Megaproducciones como Tierra de faraones (Land of the Pharaohs de Howard Hawks, 1955) eran habituales en las salas de la época, si bien los fracasos, cuando sucedían, eran de las mismas proporciones. Desengañado con lo mal aceptada que fue por crítica y público su historia del faraón Keops, Hawks decidió alejarse de la dirección durante cuatro años; tiempo que empleó en viajar a Europa para replantearse su profesión. Al regresar a Los Ángeles tenía unas cuantas cosas claras: ya no volvería a hacer una película histórica, intentaría contar siempre con actores de primera línea [1] y, ante todo, daría prioridad a los personajes sobre la trama.[2] Algo que no era nada nuevo en su forma de entender el cine, pero que en cierto sentido fue más premeditado a partir de ese periodo de reflexión. De esa toma de conciencia habló Hawks en numerosas ocasiones:

“Ha llegado la televisión y han utilizado tantos argumentos que la gente empieza a cansarse […]. Si conseguimos impedir que sepan de qué va la historia, quizás consigamos mantener su interés. Y esto pasa por personajes que den una motivación a la historia: las situaciones suceden porque el personaje ‘cree’, no porque lo escribas tú” (Bogdanovich 2007, p.283).

Con tales premisas, intentó llevar a cabo un viejo proyecto, una película de aventuras que se rodaría en África, con Gary Cooper como protagonista y distribuida por la Warner Brothers.[3] Pero nada salió como estaba previsto, la producción fue cancelada y Hawks se enfrentó a la Warner en un pleito que se saldó con una propuesta: el estudio participaría en la financiación y distribución de la siguiente película de Hawks, Río Bravo, un western que haría el número tres de su carrera.[4]

El guión escrito por Jules Furthman y Leigh Brackett narra cómo el sheriff de Río Bravo, John T. Chance (John Wayne), tras acusar de asesinato y detener a Joe Burdette, se prepara a rechazar el asalto a la cárcel por parte de Nathan Burdette, hermano del primero y cacique del pueblo. Para resistir el ataque cuenta con Dude (Dean Martin), su ayudante, un borracho que ahoga sus penas en alcohol a causa de un desengaño amoroso, y con Stumpy (Walter Brennan), un viejo tullido. Al tiempo que se prepara el enfrentamiento, llegan a Río Bravo, Feathers (Angie Dickinson), una jugadora de cartas perseguida por la justicia, y Wheeler (Ward Bond), un comerciante amigo de Chance que termina por ofrecerle su ayuda. Cuando Wheeler es asesinado por la banda de Burdette, el joven Colorado (Ricky Nelson), guardaespaldas del comerciante, también se ofrece para ayudar al sheriff, que de nuevo rechaza todo tipo de auxilio. Tras una escaramuza, donde Dude se deja sorprender por los matones de Burdette, y donde Feathers y Colorado, sin el consentimiento del sheriff, colaboran para reducir a los pistoleros, Colorado consigue ser admitido en el grupo. El desenlace se precipita cuando de nuevo Dude cae en poder del cacique: Burdette negocia con Chance un intercambio de prisioneros que tiene lugar en las afueras del poblado. Es allí, durante el canje, cuando se produce el último tiroteo que acaba con Burdette y su banda.






[1] Para Tierra de Faraones, Hawks quiso contratar a John Wayne, pero las agencias de casting le impusieron a Jack Hawkins.
[2] También opinaba que las escenas eran más importantes que el argumento: “Sólo debes hacer buenas escenas. Encadenar una escena con la siguiente sin preocuparse por la parte lógica, sin preocuparse por buscar cómo enlazarlas, sólo que sean buenas” (Entrevistas TCM: Howard Hawks)
[3] La película finalmente se rodó en 1962 para la Paramount y tuvo un gran éxito. Se tituló Hatari! y fue protagonizada por John Wayne.
[4] Los dos anteriores fueron Río Rojo (1948) y Río de sangre (The Big Sky, 1952), aunque Hawks también participó en la dirección de El Forajido (The Outlaw de Howard Hughes, 1943) y en Viva Villa (Viva Villa! de Jack Conway, 1934).


martes, 7 de julio de 2015

¡VACACIONES DE VERANO!



Ride away... Aléjate, piérdete en estas vacaciones y disfruta.
Nos vemos a la vuelta.
Abrazos.

What makes a man to wander What makes a man to roam? What makes a man leave bed and board And turn his back on home? Ride away (Ride away), ride away (ride away), ride away ---------------------------------------------- The snow is deep and oh, so white The winds they howl and moan Fire cooks a man his buffalo meat But his lonely heart won't warm Ride away, ride away, ride away

A man will search his heart and soul Go searchin' way out there His peace of mind he knows he'll find But where, oh Lord, Lord where? Ride away, ride away, ride away




viernes, 26 de junio de 2015

ESPECIAL 2 X 1: "EL CAPITÁN BLOOD" y "EL HALCÓN DEL MAR" (Michael Curtiz) (y VI)

Con respecto a la base histórica de El halcón del mar sólo decir que se basa ligeramente en la vida de Sir Francis Drake, el más famoso corsario al servicio de su majestad la reina Isabel I. Las expediciones a las colonias españolas, en especial a Panamá para interceptar a un convoy de oro, y los asaltos a los barcos de la Armada sin previa declaración de guerra, pero contando con el beneplácito de la reina, son algunas de las hazañas del pirata que también se cuentan en la película.



Muchos han querido comparar las dos cintas, El capitán Blood y El halcón del mar. El haber sido dirigidas por Curtiz, interpretadas por Flynn, con el mismo músico e igual productora, ayudan a querer enfrentarlas. Para nosotros la primera de ellas gana con una ligera ventaja. A pesar de ser una producción más limitada, El capitán Blood supera a su compañera en ritmo y la pareja Errol Flynn-Olivia de Havilland funciona mejor que la formada por Flynn y Brenda Marshall. También el villano, Basil Rathbone, le da más empaque al conjunto que el interpretado por Henry Daniell. Y eso que ambos se parecen bastante y que el duelo de El halcón del mar no tiene nada que envidiar al de la primera película, de hecho recuerda mucho al mejor de todos, al de Robín de los bosques, con esas enormes sombras de los dos contendientes que casi se salen de la pantalla. Si pensamos en los premios que ambas producciones cosecharon también vemos una diferencia entre la primera cinta, con tres nominaciones importantes (dirección, guión, producción), frente a la segunda, con mayor reconocimiento técnico.

Además, con El halcón del mar la fórmula parecía estar agotándose. Algunos actores ya no quisieron participar en la película, es el caso de Basil Rathbone y, sobre todo, de Olivia de Havilland muy cansada de ser la consorte de Flynn en cintas de capa y espada. Olivia deseaba probarse como actriz en solitario y repudió sus trabajos anteriores con Flynn. Una vez retirada, y después de ver sus películas en televisión, se dio cuenta de que eran excelentes filmes; quiso enmendar su error y excusarse con su compañero, pero llegó tarde, Errol Flynn ya había muerto.

Errol Flynn, por su parte, sólo hizo un filme más de piratas, La isla de los corsarios (Against all flags, George Sherman, 1952) ya lejos de la Warner y en plena decadencia personal y profesional. Una cinta por la que no será recordado, ni falta que hace: su participación en las dos películas comentadas son suficientes para considerarlo el mejor pirata que haya existido nunca en la gran pantalla.


BIBLIOGRAFÍA:

-Flynn, E. 2003, My Wicked, Wicked Ways: The Autobiography of Errol Flynn, Cooper Square Press Inc., New York.
-Martínez-Hidalgo y Terán, J. 1982, Enciclopedia general del mar, Ediciones Garriga, S.A., Barcelona.
-McNulty, T. 2004, Errol Flynn: The Life and Career, McFarland & Company, Inc., Publishers, Jefferson.
-Moix, T. 1996, La Gran Historia del Cine, ABC, Madrid.
-Padrol, J. 2007, Diccionario de Bandas Sonoras, T&B Editores, Madrid.
-Torres, A.M. 2006, Cine Mundial (de la A a la Z), Espasa Calpe, Madrid.






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lunes, 22 de junio de 2015

ESPECIAL 2 X 1: "EL CAPITÁN BLOOD" y "EL HALCÓN DEL MAR" (Michael Curtiz) (V)

El retraso en la producción de El halcón del mar no sólo fue debido al guión sino también a la fabricación del famoso estudio 21, un enorme tanque de agua en el que cabían dos barcos construidos a escala real: una galera española y un galeón inglés. Un lujo destinado a sustituir las pobres maquetas de El capitán Blood para darle mayor autenticidad a la acción, y para permitir movimientos de cámara tan complejos como el elegante travelling inicial con el que se presenta la dotación del buque pirata.


















De la misma forma, el vestuario que se encargó era el que exigía una superproducción, si bien, resultó más económico de lo previsto al aprovecharse gran parte del utilizado en La vida privada de Elisabeth y Essex (The private life of Elizabeth and Essex, Michael Curtiz, 1939) un largometraje que se desarrollaba en la misma época isabelina. Sólo faltó el color en una película que se rodó en blanco y negro precisamente para esconder entre tonos grises la artificialidad del estudio. Todos estos aspectos técnicos fueron recompensados a la hora de las cuatro nominaciones a los Óscar que se llevó el largometraje: mejor dirección artística, sonido, efectos especiales y… música.

La banda sonora de El halcón del mar es sin duda de lo más destacado de la película. El compositor alemán, Erich Wolfgang Korngold, que había conseguido toda una proeza al debutar de tan buena manera con El capitán Blood, que se había consagrado al lograr la preciada estatuilla con Robín de los bosques, y que había vuelto a las nominaciones con la citada La vida privada de Elisabeth y Essex, volvió a hacer una increíble composición con la nueva cinta de Curtiz: “…un soberbio recital de música descriptiva y un suntuoso poema sinfónico sobre el mar, los galeones, los ataques de los piratas y los grandes duelos a espada.” (Padrol 2007, pg.277). El ejemplo más claro de la excelente factura musical es el que se puede ver en la primera secuencia: pocas veces se han visto imágenes tan bien secundadas por una banda sonora.

El arranque es tan bueno que casi es contraproducente. En efecto, la batalla entre el barco de Thorpe y la galera española es la secuencia mejor rodada de toda la película lo que sin duda es un lastre para el resto del metraje. Digamos que provoca un anticlímax que no se logra superar hasta el último tercio cuando Thorpe y su dotación consiguen liberarse de su condición de galeotes y se vuelven a hacer con un navío.


Esta primera secuencia, rodada con gran verismo en el estudio 21, parece un resumen histórico de cómo los galeones llegaron a superar a las galeras y a sustituirlas a finales de siglo XVI. De hecho, los primeros eran una especie de evolución de las segundas y por eso su nombre procede de la misma raíz etimológica. Si hablamos de la época en la que se desarrolla la película, segunda mitad del siglo XVI entre la batalla de Lepanto (dominada por galeras) y la Armada Invencible (dominada por galeones), las galeras eran de mayor eslora y menor manga, con espolón en la proa y con dos palos (raramente llevaban tres) y velas latinas, a veces cuadras en el trinquete. Los galeones eran más anchos y cortos, de mayor franco bordo, con tres o cuatro palos, sin remos, con velas cuadras en el trinquete y mayor, y latinas en el mesana y contramesana que luego derivarían en cangrejas en el siglo XVIII. En los buques representados en el filme, si bien la arboladura y el trapo de la galera se corresponden con la realidad, sin embargo carece de espolón y el casco no es tan estilizado como debiera ser. Creemos, por tanto, que aunque en la película se nombre como galera se trata más bien de una galeaza; mientras que el galeón sí es bastante fiel al tipo de buque que existía en esos años. De todas formas, lo interesante de la película es que muestra la mejor maniobrabilidad del galeón con respecto a la galeaza: el buque de Thorpe le corta la proa al español, se cruza con él de vuelta encontrada, lo rodea por la popa y lo alcanza del mismo bordo hasta situarse a su altura para finalmente asaltarlo. Las galeazas tuvieron una vida efímera por esa circunstancia, por ser más lentas y de peor condición maniobrera con respecto al galeón, tal como se refleja en la cinta.

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