viernes, 11 de noviembre de 2022

FAIRYTALE (Aleksandr Sokurov, 2022)

Ayer se cumplió una semana desde el comienzo del XIX Festival de Cine Europeo de Sevilla y pudimos ver dos películas que compiten por el Giraldillo de Oro en la Sección Oficial. Dos filmes muy diferentes con una sola cosa en común: ambos se han realizado con técnicas de animación. El segundo de ellos, My Love Affair With Marriage, de la directora letona Signe Baumane, que presentó el largometraje en una sala abarrotada, es una cinta, medio musical, medio comedia, medio ¿autobiográfica?, que resulta divertida, desde luego feminista, pero con excesiva información biológica y algo maniquea: todos los hombres son unos monstruos, excepto aquel que se siente mujer. 

En cuanto a la primera película, tenemos que decir que, si bien la esperábamos con ganas por ser la última propuesta del gran director Aleksandr Sokurov, la verdad es que salimos un poco decepcionados de la sala de cine. Fairytale, que así se llama el filme, resulta interesante, pero no deja de tener defectos, algo que nos llama la atención en una cinta del que nos maravilló en El arca rusa o nos sobrecogió en Madre e hijo.

 

La cinta parte de una premisa llamativa, aunque no original ⸺ya se usó en La isla de los tiranos, novela de G. H. Guarch⸺: en una especie de limbo o purgatorio se encuentran Hitler, Mussolini, Stalin y Churchill. Conversan entre ellos, se asoman a un portón enorme por el que no les dejan entrar (¿el cielo?) y observan una masa informe de personas (¿los millones de muertos que ellos provocaron?) como un océano revuelto. Un lugar de pesadilla, desdibujado, en blanco y negro y con una bruma permanente. 

La idea del filme es buena, pero no da para un largometraje (aunque la duración no es excesiva: 78 minutos). Un corto sería lo ideal para representar lo que el director quiere enseñar en su flamante película, que sería algo así como el colofón a la tetralogía del poder de Sokurov sobre Hitler (Moloch, 1999), Lenin (Taurus, 2001), Hirohito (The Sun, 2005) y Fausto (2011). 

Más que el contenido de los diálogos, a veces sin sentido, otras sobre cuestiones domésticas, las menos sobre política, lo que destaca de la obra de Sokurov es la forma, la puesta en escena. Con un formato cuadrado, como los documentales de la Segunda Guerra Mundial, el realizador ruso se vale de la técnica deepfake (la que gracias a la inteligencia artificial se puede animar digitalmente rostros y movimientos labiales a partir de imágenes reales o fotografías) para resucitar a tales personajes mientras esperan de forma indefinida un posible indulto (atravesar el portón). Lo más curioso es que entre ellos aparece Jesucristo, también a la espera (¿del juicio final?).   






jueves, 10 de noviembre de 2022

TORI Y LOKITA (Tori & Lokita de Jean-Pierre y Luc Dardenne, 2022)

En el ecuador del XIX Festival de Cine Europeo, aquí en Sevilla, hemos podido asistir a un evento que siempre es un acierto: a una película de los hermanos Dardenne. Los directores belgas este año presentan su último largometraje a la Selección EFA (European Film Academy), ya que su cinta, Tori y Lokita, está nominada a los premios de la Academia de cine europea. No se conforman los realizadores con su flamante galardón en Cannes con motivo del 75 aniversario de ese certamen.

 

Reconocemos nuestra debilidad por las producciones de los Dardenne, pero es que todas sus películas nos parecen fundamentales para conocer por donde va el cine europeo del siglo XXI. Tori y Lokita no podía ser menos: dos menas inmigrantes intentan sobrevivir en Bélgica como pueden. Lokita asegura que Tori es su hermano pequeño, pero no acierta a demostrarlo en el interrogatorio al que es sometida la adolescente. De ahí que no lleguen los ansiados papeles que le permitan quedarse y trabajar en el país. Además tiene que mandar dinero a su madre, le debe dinero a los mafiosos que la trajeron a Europa y necesita efectivo para conseguir unos papeles falsos. Demasiada carga para los pequeños que no ven otra solución que trapichear con drogas y aceptar un trabajo que solo les traerá más problemas… 

Los Dardenne abordan el tema de la inmigración ilegal desde el realismo, como siempre, con un cine casi documental y una cámara que sigue muy de cerca a los dos niños, sin dejarles un segundo para no perder nada de lo que acontece. Tanto es así que los directores tienen que ingeniárselas para que el espectador tampoco se pierda lo que ocurre fuera de campo, ya sea con el sonido, con la voz en off, o apoyándose en la imaginación del espectador que puede cubrir ese vacío de la imagen.

 

Porque todo, hasta el más pequeño detalle, importa en una cinta que es, de nuevo, un thriller disfrazado de drama social como ocurre en varias películas de su ya extensa filmografía: El hijo, El joven Ahmed, La promesa, etc. Todas ellas con protagonistas menores de edad, con los que los Dardenne se manejan estupendamente, y a los que eligen como objetivos de sus películas por ser más indefensos, por facilitar que los mensajes de sus filmes calen más hondo.

En Tori y Lokita lo que se denuncia son las carencias de los inmigrantes a los que una negación de papeles por parte de las autoridades es casi lo mismo que una invitación a delinquir. Lo que se ve en la película es ficción, pero a nadie se le escapa que esto mismo les está ocurriendo a muchos como ellos, que Tori o Lokita pueden ser perfectamente cualquiera de los miles de migrantes que llegan a Europa de forma ilegal.






miércoles, 9 de noviembre de 2022

HOLY SPIDER (Ali Abbasi, 2022)

De vuelta a la Sección Oficial del XIX Festival de Cine Europeo de Sevilla, ayer pudimos ver una película coproducida por Dinamarca, Suecia, Francia y Alemania del director iraní, pero afincado en Dinamarca, Ali Abbasi. La cinta se titula Holy Spider, es la que presenta el país escandinavo a los Óscar, en la sección de habla no inglesa, y se trata del primer largometraje que el realizador rueda sobre su nación de origen.

 

La cinta se ocupa de la historia real acaecida entre los años 2000 y 2001 en Mashhad (ciudad santa iraní, lugar de peregrinación al santuario del imán Reza) donde un asesino en serie mató a 16 prostitutas. La protagonista de la historia es Rahimi (Zar Amir-Ebrahimi, premio a la mejor actriz en Cannes), una periodista que acude a Mashhad para investigar el caso totalmente abandonado por las autoridades y la policía, que asisten a la matanza de mujeres pecadoras con cierta simpatía por el asesino. 

Película cruda, thriller de violencia explícita difícil de soportar por el espectador, con características propias del género, pero con una diferencia clara al servir la historia para denunciar a un sistema laxo con la violencia machista y que niega los derechos de las mujeres. Así, el blanco principal de las criticas del filme es doble: por un lado la presentación de un asesino en serie de libro que, aunque se escuda en su labor “de limpieza” de la sociedad, asesinando mujeres sucias y pecadoras, en realidad es alguien con una adicción a matar, que disfruta haciéndolo, y que cada vez lo hace con mayor avidez, y menos control, cometiendo errores.

 

Por otro lado, el director subraya un hecho, quizás el más grave, del que se ocupa en el último tercio del largometraje, y es la actitud de una parte importante de los ciudadanos y de, lo que es peor, las altas instancias del poder, cuando ven en el criminal una especie de héroe. Actitud que se traslada a las nuevas generaciones, en concreto al hijo del asesino. 

El fundamentalismo religioso que ocupa todos los poderes del estado, entre ellos la justicia, tampoco sale bien parado en una película que ya ha sido condenada por las autoridades iraníes, que han puesto todas las trabas posibles para impedir su rodaje ⸺al final tuvo que filmarse en Jordania, después de varios intentos en Irán y Turquía⸺ y que, en palabras de la organización del festival, la han comparado con “Los versos satánicos” de Salman Rushdie.







martes, 8 de noviembre de 2022

LA OREJA (Ucho de Karel Kachyna, 1970)

Una de nuestras secciones favoritas, ya lo fue el año pasado, del festival de cine europeo de Sevilla es Hacia otra historia del cine europeo. Se trata de una retrospectiva de películas restauradas donde, como dice el título de la sección, se da una visión particular de la historia del cine. En el certamen de este año se proyectan cintas que fueron censuradas o ignoradas en su día por motivos políticos o por mala o nula distribución. Es el caso de La oreja del director checo Karel Kachyna. Prohibida cuando se estrenó en 1970 por el gobierno comunista prosoviético de Checoslovaquia, solo pudo ser estrenada en 1989 tras la caída del muro de Berlín y, posteriormente, formó parte de la sección oficial del festival de Cannes en 1990.

 

La trama de La oreja transcurre a lo largo de una noche después de una fiesta del partido. El matrimonio formado por el alto funcionario comunista Ludvik (Radoslav Brzobohatý) y por la alcohólica Anna (Jirina Bohdalová, ambos pareja en la vida real) regresan a su casa después de la fiesta y se dan cuenta de que sus llaves han desaparecido, de que han cortado la luz y el teléfono y de que alguien les espía desde un automóvil al otro lado de la calle. La noticia de que han arrestado a un ministro del partido les hace ponerse en lo peor: temen que el próximo que caiga sea Ludvik… 

Planteada como un diálogo a dos, la cinta, en su mayor parte a oscuras, como oscuros son los tiempos en los que viven, discurre mientras Ludvik intenta deshacerse de todos los documentos que puedan comprometerle al tiempo que tiene que soportar reproches de lo más ácidos y punzantes por parte de Anna. La sospecha de que la policía del partido los escucha (de ahí el título de la película) flota en el sórdido ambiente en el que también se tambalea el matrimonio.

 

El director gestiona el rodaje con una puesta en escena a base de contrapicados para subrayar aún más la tensión; y de insertos en flashbacks de tan solo unas horas antes, durante la fiesta, donde Ludvik recuerda ciertas conversaciones con miembros del partido, que no hacen si no acrecentar aún más las sospechas de que está a punto de ser purgado. De estas secuencias destacan los planos y contraplanos con miradas a la cámara, como si fuera el objetivo de un Yasujiro Ozu erguido. 

Angustiosa, incómoda, oscura, la propuesta de Karel Kachyna, demasiado osada en su tiempo como para pasar desapercibida. De hecho, tuvieron que transcurrir dos décadas para que finalmente pudiera ser vista. La vida real finalmente se confundió y superó a la ficción: Kachyna, como Ludvik, fue perseguido y censurado por el partido.






lunes, 7 de noviembre de 2022

CLOSE (Lukas Dhont, 2022)

Tercera jornada aquí en el XIX Festival de Cine Europeo de Sevilla y segunda película que vemos de la Sección Oficial, en esta ocasión un largometraje del director belga Lukas Dhont titulado con acierto Close.

 

La cinta se ocupa de la historia de dos niños de 13 años, Léo (Eden Dambrine) y Rémi (Gustav De Waele), íntimos amigos que disfrutan del campo y del verano juntos en casa de uno y de otro. Cuando terminan las vacaciones y van al colegio, sus compañeros de clase comienzan a murmurar si no hay algo más que una simple amistad entre ellos, lo que provoca que Léo comience a rechazar a Rémi. La vida de ambos da un giro que desemboca en tragedia.

Película muy bien rodada desde el aspecto formal, con largos travellings en la campiña belga muy logrados y escenas que subrayan la estación del año en la que se encuentran los personajes. Un ciclo completo desde un verano hasta la primavera siguiente que acompaña a la historia con acierto.

 

Trama, pues, muy delicada que el director gestiona de forma adecuada, paso a paso, con una cámara que sigue muy de cerca a los dos niños y, después de la separación, solamente a Léo, con intensidad creciente según transcurre la historia hasta el final; igual que hiciera en su película anterior Girl (2018) donde una adolescente de 15 años quería ser bailarina en un cuerpo de niño.

Con un estilo cercano al de los hermanos Dardenne, el realizador belga juega con las emociones utilizando los recursos que le proporciona el cine, entre ellos la excelente interpretación de los dos niños, con mención especial al joven Eden Dambrine, al que el director contactó en un viaje en tren. Según el realizador, a la hora de escribir la historia, se inspiró en el cuadro de David Hockney, We Two Boys Together Clinging.






domingo, 6 de noviembre de 2022

EL TRIÁNGULO DE LA TRISTEZA (Triangle of Sadness de Ruben Östlund, 2022)

Tras el visionado de la primera película que compite por el Giraldillo de Oro, en la Sección Oficial del XIX Festival de Cine Europeo de Sevilla, ayer nos tocó ver una de las cintas más esperadas del certamen, la última del director sueco Ruben Östlund, que opta al galardón del público dentro de la Selección EFA, o lo que es lo mismo dentro del grupo de largometrajes nominados a los premios de la Academia de Cine Europeo.

 

El triángulo de la tristeza, que así se titula la película, es una comedia vitriólica muy del estilo del director, que narra el viaje en barco y el posterior naufragio de un grupo de magnates, modelos, influencers, etc., representantes de la clase social alta, a los que el director no pone demasiado bien; aunque en palabras de Östlund, «nunca quise ser maniqueo, y no creo que los ricos sean unos monstruos, todo lo contrario, suelen tener inteligencia social si no no habrían llegado a lo que son». Opiniones del director aparte, lo cierto es que la película es una sátira contra los poderosos, un viaje a ninguna parte de unos cuantos millonarios que se puede encuadrar perfectamente en lo que es ya un subgénero (véase El barco de los locos o Y la nave va…), una metáfora del rumbo hacia el desastre al que se dirige la humanidad sin gobierno alguno. 

La cinta que nos ocupa se estructura en tres partes que el realizador diferencia explícitamente: en una primera, Östlund crítica el mundo de la moda, como hacía con el del arte moderno en la excelente The Square (2017), y nos presenta a una joven pareja que formarán parte de los pasajeros del yate de la segunda parte. En el tercer capítulo, un temporal acaba con el barco y obliga a los supervivientes a vivir como pueden en una isla.

 

Precisamente, el hundimiento del barco, con el mareo de los personajes, los vómitos y demás inmundicias simbolizan esa descomposición de los ricos ⸺algo que tampoco es nuevo, se me ocurre El ángel exterminador, por ejemplo⸺ mientras el capitán (Woody Harrelson) se desentiende del gobierno de la nave, como si quisiera evitar que lo relacionen con el pasaje, y deja a la deriva el yate, lo que completa la metáfora y le confiere toda la intención. También el temporal es en sí otro símbolo, en este caso el de la revolución que vendrá en la isla cuando los poderosos tengan que depender de una limpiadora, la única capaz de reaccionar para conseguir comida, la que provocará que se cambien las tornas.

Divertida y explosiva ⸺literalmente⸺ película de un director que crece con el tiempo (sus dos obras anteriores, The Square, ganó la Palma de Oro en Cannes, y Fuerza Mayor se llevó el Giraldillo de Oro entre otros premios), y que es ya un habitual en el festival de Sevilla. Muy querido aquí si tenemos en cuenta el lleno en todas las salas en las que se proyectan sus filmes, y los aplausos que provocan la visión de sus películas. Dicen que en Cannes este año duró ocho minutos la ovación del público. Ruben Östlund volvió a ganar la Palma de Oro.







sábado, 5 de noviembre de 2022

SAINT OMER (Alice Diop, 2022)

Arranca el XIX Festival de Cine Europeo de Sevilla con el estreno en España de Saint Omer, película francesa, a la sazón el debut de Alice Diop, una directora que hasta ahora se había especializado en documentales. La cinta compite en la Sección Oficial del festival, mientras opta al Óscar al mejor largometraje extranjero después de haber ganado el León de Plata y dos premios más en Venecia.

 

El filme se basa en hechos reales y narra cómo Rama (Kayije Kagame), una profesora universitaria, embarazada, y novelista de origen senegalés, acude a Saint-Omer para asistir al proceso contra Laurence Coly (Guslagie Malanga), acusada de asesinar a su hija de quince meses. El interés de Rama se centra en el argumento de su nueva novela: una revisión de Medea, el mito griego acerca de la mujer que mató a sus dos hijos. 

La película pertenece, por tanto, al género de juicios. En el primer tercio la directora se ocupa del largo interrogatorio al que es sometido la procesada por parte de la juez de la causa. Un diálogo que pretende descubrir por qué la acusada dejó a su hija pequeña a merced de las olas. Para ello se remonta a los antecedentes de Laurence, también inmigrante de Senegal, también con estudios universitarios, también con una pareja de otra raza y con una relación complicada con su madre.

 

Demasiados hechos en común con Rama, que comienza a ver el juicio con otros ojos. A partir de aquí, el filme se desarrolla desde dos puntos de vista, el de Rama, que parece identificarse con Laurence, y el del espectador, que va atando cabos a medida que la realizadora se los presenta. Y lo hace con una puesta en escena sencilla, pero eficaz en la elección de los primeros planos, en la gestión de la paleta de colores, en la ayuda de un flashback adecuado y hasta en el recurso de varios fotogramas de Medea (Pier Paolo Pasolini, 1969).

Como en toda buena película del género, al final lo que destaca en Saint Omer es el alegato de la abogada en favor de su defendida, que cala en el interior de Rama ⸺y en el del espectador⸺, si bien, el discurso que predomina es el de la directora cuando presenta a lo largo de todo el metraje un tema nada sencillo como es el de la relación madre(s)-hija(s), en un entorno que no pone las cosas fáciles como es el de la integración de los inmigrantes, y el del choque de culturas.







miércoles, 2 de noviembre de 2022

XIX FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA 2022

Fiel a su cita anual de otoño, vuelve el Festival de Cine Europeo de Sevilla con más ganas que nunca después de haber pasado dos años muy difíciles. En palabras del alcalde de la capital andaluza, con la presente edición «cerramos el paréntesis de la pandemia pese a la cual este certamen se mantuvo fiel, de manera presencial, a su compromiso con los creadores, con los profesionales del sector y con el público».

Para muchos, la pandemia fue la puntilla de un sector que sobrevive a duras penas. Al frente de la resistencia ante la crisis profunda que vive el cine por culpa de, entre otros factores, el auge de las plataformas televisivas, se encuentra el certamen sevillano donde los creadores del mejor cine europeo acuden a reivindicar sus obras y donde la masiva afluencia de púbico certifica que el cine en las salas está lejos de desaparecer.

 

Como viene siendo habitual, de entre la variedad de propuestas interesantes que ofrece el festival, destaca la Sección Oficial donde los cineastas aspiran a llevarse el Giraldillo de Oro. Este año compiten directores tan conocidos como Aleksandr Sokurov, Valeria Bruni-Tedeschi, Pietro Marcello (ganador del Giraldillo de Oro en 2019 por la excelente Martin Eden) o Paolo Taviani, que acude de nuevo al festival, esta vez con su primera película en solitario, sin su hermano Vittorio fallecido en 2018. También el veterano documentalista Frederick Wiseman, autor de aquellas películas, ya legendarias, Titicut Follies o High School, presenta en el festival su primera cinta de ficción: A couple.

Atractivo programa, pues, el de la Sección Oficial, que no deja atrás a la siempre interesante Selección EFA (European Film Academy), donde el espectador tiene asegurada una calidad media muy alta de las películas a concurso por el premio del público, debido a que todas optan a los galardones anuales de la Academia de Cine Europeo. Entre ellas, el nuevo largometraje de Rodrigo Sorogoyen, As Bestas; la última película de Ruben Östlund, un habitual del festival, ganador en 2014 por Fuerza Mayor; el nuevo trabajo de Jerzy Skolimovski, veterano cineasta polaco de la generación de Polanski, tan influyente como este; o la última producción de los míticos hermanos Dardenne.

 


Fotograma de As Bestas, última película de Rodrigo Sorogoyen


Si nuestra intención inicial es prestar especial atención a los filmes de la Sección Oficial y a los de la Selección EFA, también echaremos un ojo (si tenemos tiempo) al resto de propuestas del festival, entre las que se encuentran, la sección Las Nuevas Olas, dedicada a los jóvenes cineastas que vienen pisando fuerte; Revoluciones Permanentes, donde, en palabras de la organización del festival, «vanguardia y placer se dan la mano»; Historias Extraordinarias, donde el espectador puede sentirse identificado o empatizar con los relatos que allí se exponen; o MIOB Shorts, los mejores cortos del cine europeo.


Alex de la Iglesia

 

Por último, en este certamen, sobresale un ciclo de encuentros con personalidades del cine de hoy y de siempre, donde especialistas y espectadores podrán dialogar con directores tan prestigiosos como Carlos Saura, Alekxandr Sokurov, Juan Antonio Bayona o Alex de la Iglesia.

Retrospectivas, ciclos, música, panorama andaluz, y muchas otras secciones completan este amplio programa con más de doscientas proyecciones, donde, como siempre, será imposible atender a todas. No obstante, prometemos dar testimonio de aquellas a las que podamos asistir de este esperado XIX Festival de Cine Europeo de Sevilla.       

LEER CRÓNICA Y RESEÑAS DE LAS PELÍCULAS DEL FESTIVAL

Ver programación del festival.


Ver ediciones anteriores:
SEFF 21SEFF 19SEFF 17SEFF16SEFF15,





domingo, 23 de octubre de 2022

2 X 1: "NOLA DARLING" y "SCHOOL DAZE" (Spike Lee)

Nola Darling (She’s Gotta Have It, 1986)

Con Ronald Reagan de presidente y los republicanos en el poder, las películas protagonizadas por actores negros y, sobre todo, las dirigidas por afroamericanos, fueron escasas en el Hollywood de los años ochenta. Tan solo tuvieron cierta repercusión las comedias interpretadas por Bill Cosby, Eddie Murphy o Richard Pryor. De ahí el mérito de las películas de Spike Lee, un oasis en el desierto de las cintas, digamos serias, realizadas por cineastas de color. 

Mientras estudiaba dirección cinematográfica en la Universidad de Nueva York, Lee fundó la compañía independiente 40 Acres & A Mule Filmworks con la que realizó Nola Darling, su primera obra como actor-director.

Dirigida, producida, escrita, protagonizada y montada por él, la cinta tuvo buena acogida por la crítica y por el público. Rodada en tan solo doce días debido al escaso presupuesto, y con estructura de documental, se trata de una comedia muy en la línea de Woody Allen. Con Brooklyn de escenario principal, Lee muestra como introducción un collage de fotos del vecindario, parecido a lo que hacía Allen en Manhattan (1979), y hasta presenta secuencias donde el puente de ese barrio, en lugar del de Queensboro, es el protagonista.

 

Con cierta denuncia racial, aunque no se centra en ese tema, y con referencia a algunas de las aficiones de Lee (el baloncesto), la cinta tiene apuntes de fantasía cuando rueda en color secuencias musicales, en contraste con el resto fotografiado en un espléndido blanco y negro.

La trama se basa en las relaciones de la joven del título con tres afroamericanos. El filme tiene de original las altas dosis de erotismo en un largometraje en el que, por primera vez en la historia del cine, se ve en pantalla a los afroamericanos besarse y mantener relaciones sexuales. En 2017, se estrenó en las pantallas de televisión una serie creada por el propio Lee, basada en su película.

 

School Daze (1988)

Justo después de Nola Darling, Spike Lee rueda School Daze, un peculiar musical, que se desarrolla en el sur de Estados Unidos, en una universidad privada para gente de color donde hay dos tendencias predominantes: aquellos que abogan por el activismo político en contra de la segregación racial, y los que obvian el problema y dicen estar perfectamente integrados en la sociedad.

Es una cinta que, en cierto modo, adelanta el conflicto del, para muchos, mejor largometraje del director hasta la fecha: Haz lo que debas (Do the Right Thing, 1989). De hecho, School Daze finaliza con un grito, «¡Despierta!» (Wake Up!), con el que arranca la siguiente película, lo que demuestra la continuidad entre ambos filmes.

El grito de la primera cinta lo pronuncia Laurence Fishburne, mientras que es Samuel L. Jackson el que lo hace en la segunda; ambos actores ahora muy célebres, pero en aquel momento comenzando sus carreras, igual que Giancarlo Espósito. Los tres formando parte del elenco de School Daze, y demostrando la importancia de Spike Lee a la hora de descubrir a los nuevos actores afroamericanos.

 

Como curiosidad, durante el rodaje de la película Lee mantuvo a los actores reales de las dos facciones en conflicto en distintos hoteles, uno con habitaciones mucho mejores que las del otro, para acentuar aún más la enemistad entre los grupos y que esta se viera reflejada en el filme.

Prolífico autor de vídeos musicales, Spike Lee se despachó a gusto en School Daze con un buen puñado de números, secuencias complejas muy bien rodadas, con música de Bill Lee, padre del director. Además, su hermana, Joie Lee, también tenía un pequeño papel. Todo quedaba en casa.







domingo, 9 de octubre de 2022

EL AUTOREMAKE EN EL CINE. CAPÍTULO V (XI)

Según Errol Flynn, su participación en Objetivo: Birmania no se limitó a la interpretación, también propuso ideas tan interesantes como imponer el silencio en algunas escenas para conseguir mantener la tensión. Con una banda sonora integrada en la trama por el prestigioso Franz Waxman, los periodos sin música resultan aún más expresivos, algo que sería imitado más adelante en películas como La colina de los diablos de acero (Men in War de Anthony Mann, 1957). Una técnica que es particularmente adecuada en la secuencia del asalto a la aldea donde sólo se oyen los ruidos de la selva, mientras los soldados se comunican con gestos para acabar con unos japoneses que limpian pescado (5.25).

Si Flynn habla con orgullo de su colaboración en la película, no así de la acogida del largometraje en el Reino Unido. La polémica desatada por la usurpación del mérito en la campaña birmana por los estadounidenses, en perjuicio de los británicos y de las muchas vidas que perdieron allí los soldados de su majestad, se centró en ataques al propio Errol Flynn. Alguno tan duro como el de la viñeta del Daily Mirror en la que se veía al actor pisando la tumba de un militar inglés. La cinta fue prohibida en las islas y sólo se pudo ver a partir de 1952 tras incorporar un mensaje final a modo de disculpa (5.26).

Con Errol Flynn como protagonista absoluto, y sin mujeres en el reparto, el resto de caracteres son adjudicados a secundarios tan conocidos como James Brown, George Tobias, Mark Stevens o William Prince. Este último se quejaba de Flynn, decía que “le robaba las líneas de diálogo siempre que podía”, y recordaba las consignas de Walsh en el rodaje para conseguir el realismo: “All right, boys. No Hamlets in the jungle” (Moss 2011, p. 2448). Para presentar a los actores, Walsh aprovecha la secuencia en la que el sargento (Brown) va pasando la orden de reunión de uno en uno. De nuevo el director hace uso de la premonición cuando inserta una escena de unos soldados lanzando un cuchillo, ensayando algo que luego harán contra el enemigo (5.27 y 5.28).

Mención especial merece la presencia de Henry Hull (que ya participó en High Sierra y Colorado Territory). El versátil actor era capaz de ser igual de efectivo como experimentado general de aviación, en Fighter Squadron, que como patoso periodista en Objetivo: Birmania. Su personaje, el corresponsal Williams, es uno de los más interesantes del filme por distintas circunstancias. En primer lugar, porque es un amago de narrador: Walsh emplea su voice over en el arranque de la cinta, cuando el pelotón aguarda en el avión el momento de lanzarse sobre la zona de operaciones. Un recurso audiovisual que no volverá a repetir, quizás para no darle mayor protagonismo al personaje e integrarlo en el pelotón, o también para no caer en la trampa de falsear la trama ya que el supuesto narrador muere en el último tercio de la película. 

En segundo lugar, el director utiliza al periodista para infiltrar en la película el punto de vista de un civil; en realidad el punto de vista del propio espectador. El público, a través de los ojos de Williams, sufre las penurias de la misión, se agota, siente miedo y es testigo de los horrores del conflicto (5.29). Por último, el reportero espera que su artículo (5.30) contribuya de alguna manera a ayudar a ganar la guerra, a que el pueblo sepa cómo se comportan los soldados en la batalla, algo que también espera el propio Walsh —y Errol Flynn— con su trabajo en la película. En ese sentido, el punto de vista del personaje también es el del propio realizador.

A ese indudable tono propagandístico que reina en la película se le une el característico sello trágico de Walsh: El director deja que el drama se apodere de la cinta progresivamente, a través de la evolución de los personajes, pero también de las imágenes. El optimismo del inicio, con la inclusión de las pocas concesiones al humor que Walsh permite en el largometraje, continúa con la rápida y limpia operación de la estación de radar, sin ninguna victima norteamericana, y con el uso de la banda sonora y encuadres convencionales. A partir de ahí, con el desengaño producido por la fallida evacuación, arranca el deambular del pelotón por la selva birmana. Los encuadres comienzan a ser más barrocos, la iluminación rebaja su tono y los personajes se desesperan. Walsh utiliza de nuevo el paisaje como elemento dramático para reflejar la angustia de la guerra y lo desplazado del americano de su entorno natural. El vadear de los ríos ya no es tan fácil como al principio y el agua cada vez les llega más al cuello (5.31 en el primer tercio, en comparación con 5.32 casi al final) 

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domingo, 25 de septiembre de 2022

2 X 1: "EL BOTONES" y "EL TERROR DE LAS CHICAS" (Jerry Lewis)

El botones (The Bellboy, 1960)

La carrera del humorista Jerry Lewis siempre ha estado ligada a la Paramount desde que esta lo lanzara a la gran pantalla junto a su compañero Dean Martin, allá por el año 1949. Una década después, ya separado del cantante y en el cénit de su carrera, Lewis firmó un nuevo acuerdo con la major que le permitía dirigir y protagonizar con su productora independiente una película por año a cambio de ceder los derechos de distribución.

En un principio, estaba previsto que las cintas las dirigieran otras personas, pero en la primera urgía realizarla para poder estrenarla en la temporada de verano. Jerry le ofreció el trabajo a Billy Wilder, pero este lo rechazó y le recomendó que la dirigiera el propio humorista. Jerry escribió el guion en ocho días y rodó la película en cuatro semanas. El filme se tituló El botones.

En el largometraje el cómico daba vida al botones de un hotel. La trama no era tal, solamente se trataba de una sucesión de secuencias, de sketches, sin conexión alguna entre ellas, salvo la de estar ubicadas en el mismo establecimiento, y donde los gags iban in crescendo a medida que avanzaba el metraje.

Destacan aquellos en los que una mujer pasa de extremadamente delgada a escandalosamente gorda tras el efecto de una caja de bombones que Jerry le entrega; el gag del playback de la orquesta, muy usado por Jerry en sus representaciones; el del paseo de los perros, también utilizado en otras películas; el de la pareja discutiendo; el de las modelos; o el del teléfono.

Aunque los más recordados tienen que ver con la obsesión de Lewis por los dobles, un tema recurrente en la obra del cineasta. En El botones, su personaje se enfrenta al propio Jerry Lewis y se mira cara a cara con un doble de Stan Laurel, cómico con un registro parecido, al que siempre admiró (de hecho, el botones se llama Stanley). El mismo personaje tuvo continuidad en otra película de Jerry Lewis, Jerry Calamidad (The Patsy, 1964), donde el botones suplantaba a un humorista.

 


El terror de las chicas (The Ladies Man, 1961)

Al año siguiente de realizar El botones, Jerry Lewis se enfrenta a otra producción mucho más ambiciosa: El terror de las chicas. De nuevo se trata de una sucesión de gags, con una ligera trama: al deprimido Herbert le acaba de dejar su novia. Recién graduado, con miedo a las mujeres, acepta sin querer un trabajo en una mansión habitada solamente por féminas.

Otra vez, igual que en El botones, los sketches tienen que ver con una persona patosa que sirve a los habitantes de una pensión, solo que en esta ocasión todas son mujeres. La misoginia con la que siempre se le ha identificado a Lewis ⸺«Las mujeres son animales indomesticables, que obedecen a leyes simples con la puntualidad de un perro de Pavlov», solía decir el humorista⸺ tiene aquí más de un elemento en favor de tal acusación cuando da la impresión de que Herbert se halla en un mundo dominado por las mujeres, como si fuera el último hombre en la tierra.  

De nuevo el interés por el doble sale a relucir en esta película ⸺y en casi todas las de Jerry Lewis⸺ cuando el actor interpreta a Herbert y también a su madre. El matriarcado americano más feroz es también otro lugar común en la obra de Lewis.

A diferencia de otros directores, el cómico solía rodar de forma eficiente, en los plazos establecidos y con el presupuesto adecuado. El no ensayar antes de los rodajes y el filmar casi siempre en una sola toma, ayudaba a trabajar rápido. También sumaba su afición a la electrónica. Entre otras cosas, Lewis inventó un sistema de cámaras y receptores de televisión que le aseguraba poder ver lo que rodaba en tiempo real, con el consiguiente ahorro de tiempo y coste. Técnica muy usada actualmente, pero toda una novedad en los primeros años sesenta.

Aparte de algunos gags muy logrados, lo que más destaca de la película es el decorado: una casita de muñecas construida a tamaño real, uno de los más grandes platós de interior que se haya utilizado nunca, cuyo objetivo era poder mover la cámara con comodidad. Decorado que, por cierto, no se disimula en la película, como tampoco se hace en otras producciones que seguro que tuvieron en mente El terror de las chicas para su realización. Me refiero, entre otras, a Todo va bien (Tout va bien, Jean-Luc Godard, 1972).








domingo, 11 de septiembre de 2022

LA BATALLA DEL RÍO DE LA PLATA (The Battle of the River Plate de Michael Powell y Emeric Pressburger, 1956)

De todos los acorazados de bolsillo, el más activo en los primeros meses de la Segunda Guerra Mundial fue el “Admiral Graf Spee”. Al mando del capitán de navío Langsdorff, el “Graf Spee” salió a la mar diez días antes de la invasión de Polonia, de acuerdo a los planes de la Kriegsmarine de anticiparse al comienzo de las hostilidades. Langsdorff se internó en el océano sin ser detectado y se preparó para actuar contra el tráfico marítimo. Sus incursiones por el Atlántico Sur y el Índico enseguida dieron sus frutos: nueve mercantes hundidos o los que es lo mismo más de 50.000 toneladas al fondo del mar. 



Pronto la armada británica trazó un plan para interceptar al corsario alemán que se mostraba tan esquivo como le habían ordenado. La batalla del Río de la Plata narra, precisamente, el encuentro entre una flotilla de cruceros ingleses y el “Graf Spee” en diciembre de 1939, con las trágicas consecuencias de una batalla naval encarnizada y un conflicto diplomático que dio la vuelta al mundo. El combate naval en aguas sudamericanas fue especialmente célebre debido a que la guerra en tierra, la drôle de guerre o “guerra de broma”, parecía estancada. Sin embargo, la batalla entre el “Graf Spee” y los buques ingleses no fue ninguna broma y el guion de la cinta así lo confirma:

El “Admiral Graf Spee” acaba de hundir al mercante “Africa Shell” y de capturar a su comandante, el capitán Dove (Bernard Lee). El marino inglés es conducido ante la presencia de Langsdorff (Peter Finch) del que recibe un trato exquisito igual que el resto de prisioneros de guerra que lleva el navío. Mientras tanto, la armada británica, en concreto el comodoro Hardwood (Anthony Quayle), diseña un plan de caza para interceptar al “Graf Spee”. Gracias a la información del “Doric Star”, el último barco hundido por el corsario alemán, Harwood estima la posición del acorazado de bolsillo y decide esperarlo en las cercanías del estuario del Río de la Plata. Sus cruceros “Exeter”, “Ajax” y “Achilles” son inferiores en armamento, velocidad y protección, pero espera que la acción conjunta de los tres pueda vencer al “Graf Spee”... 

Michael Powell y Emeric Pressburger, los responsables del guion, de la dirección y de la producción, llevaban trabajando juntos desde que se conocieron en El espía negro (1939), dirigida por el primero y escrita por el segundo, y desde que en 1941 acordaron fundar The Archers, una productora independiente que financió todos sus éxitos, los que los llevaron a ser los mejores directores del Reino Unido. En estrecha colaboración los dos cineastas ya habían dirigido películas bélicas con anterioridad. Fueron filmes de propaganda (Los invasores, One of our aircrafts is missing, El coronel Blimp) realizados durante la guerra, pero que se fueron distanciando poco a poco de otras producciones del mismo estilo. En especial la última, El coronel Blimp (The Life and Death of Colonel Blimp, 1943), una obra maestra. 

Si en El coronel Blimp los directores ya abordaron el espinoso asunto de la amistad entre enemigos que tanto disgustó a Winston Churchill, en La batalla del Río de la Plata dicho tema es el central de la película: Dove y Langsdorff no sólo se respetan sino que terminan siendo amigos, algo que en plena guerra era difícil de admitir. Claro que Powell y Pressburger lo tuvieron más fácil a finales de los cincuenta, en los años en los que la Comunidad Europea comenzaba su andadura, que en 1943 cuando arriesgaron su carrera con El coronel Blimp.



Como en Blimp y en otras cintas de The Archers (la citada One of our aircrafts is missing es otro buen ejemplo), la película que nos atañe viene impregnada del sentido del humor y la flema que tanto ha caracterizado a los británicos. Tópicos a los que solían recurrir Powell y su compañero sin que se resintiese el conjunto de la trama. Los comentarios ingeniosos en plena batalla, con el “Exeter” en serías dificultades, o los simpáticos diálogos entre el comodoro y los protagonistas, no chirrían en absoluto gracias a la naturalidad de su inclusión en el guion. 

Aunque los dos realizadores compartían en los créditos la autoría de la dirección de la película, se supone, por sus antecedentes, que Pressburger pondría más de su parte en el libreto, mientras que Powell haría lo propio en la realización, compartiendo ambos la labor de producción. Para Powell entonces dejaríamos la dirección de escenas en interiores tan brillantes como la del encuentro entre Dove y Langsdorff, rodada en un larguísimo plano secuencia, y las de exteriores en planos generales de los barcos implicados en la contienda. En opinión del director, la cinta era como “una especie de ballet marítimo”, y así se lo tomó en los muchos metros de película rodados en la mar, tanto los previos a la batalla como los del combate.

Powell y Pressburger llegaron tan lejos en su afán de lograr escenas lo más verídicas posible, que utilizaron en prácticamente todo el rodaje buques reales, nada de maquetas; incluso alguno de ellos habían sido los verdaderos protagonistas de la acción naval. Su presencia fue tan importante que en los singulares créditos de la película, como si fueran actores, figuran los nombres de la impresionante flota de barcos utilizados: así, los cruceros “Achilles” y “Cumberland” se interpretan a sí mismos, mientras que el “Sheffield” hace de “Ajax” y el “Jamaica” de “Exeter”. Para el papel del “Graf Spee”, los productores utilizaron al crucero estadounidense “Salem”. Aunque son evidentes algunos anacronismos (el transbordo de combustible navegando no se corresponde con una maniobra de la Segunda Guerra Mundial; los cañones antiaéreos del “Salem” de 3 pulgadas son inconfundibles, también los cascos de los artilleros pertenecen a la marina de los Estados Unidos, etc.), el truco de guion de presentar al acorazado alemán camuflado de crucero americano salva el inconveniente.

Los directores aprovecharon bien tal despliegue de medios y fotografiaron a los barcos a todo color y en Vistavision. Asimismo se rodearon de los mejores asesores para describir con acierto el ambiente dentro de un crucero inglés en combate o, lo que tiene más mérito, en operaciones rutinarias de vigilancia. Las guardias de mar, el transbordo de pesos con andarivel, el aprovisionamiento de combustible, el arriado e izado de botes, la obsesión por no perder de vista al buque insignia donde va el comodoro, etcétera, son descritos como si de un documental se tratase y se acercan mucho a lo que es la realidad de todos los días a bordo de un buque de guerra.    


El post es un extracto corregido para la ocasión del capítulo dedicado a La batalla del Río de la Plata en mi libro: CINE Y NAVEGACIÓN. Los 7 mares en 70 películas 




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