sábado, 14 de noviembre de 2015

THE OTHER SIDE (Roberto Minervini, 2015)

Soy de la opinión que, en general, hay que acudir al cine con las menos referencias posibles a la hora de ver una película nueva. Nada de leer reseñas o críticas, ni siquiera saber de qué va el filme. No obstante, la excepción que confirma la regla (seguro que hay más) es la nueva película del italiano afincado en USA, Roberto Minervini.























El realizador tuvo la deferencia de venir a la sala a hacer una breve introducción, y a someterse al final de la proyección a todas las preguntas que le quiso hacer el público. En este caso, como digo, es bueno saber de antemano que la cinta es un documental con muy poco de ficción. Sólo algunas escenas de transición y otras alegóricas han sido preparadas, el resto es un rodaje libre, cámara en mano, de lo que sucede en las dos historias que propone Minervini.

El director vive allí, con esa gente, y sólo ha querido plasmar en pantalla a lo que se enfrentan Marc, Lisa y el resto de personajes, que insisto, son reales, ninguno es actor y de ahí que las secuencias más crudas impacten tanto. En opinión del realizador, es imposible simular ciertas escenas: o se ruedan tal como suceden o se nota el artificio. Vimos algo parecido hace un par de años aquí, en el Festival de Cine Europeo, cuando Danis Tanovic dirigió a personas reales interpretándose a si mismo en La mujer del chatarrero. Se trataba de una historia que se quería reproducir con los mismos personajes que la vivieron.

Minervini va mucho más lejos que Tanovic en su propuesta realista: todo lo que ocurre en la gran pantalla está sucediendo sobre la marcha, como la vida misma. La película es dura, muy dura, y más sabiendo que todo es real. Drogas, alcohol, grupos paramilitares, marginados todos ellos, son los protagonistas de este documento extraordinario, pero no apto para todos los públicos. El mismo Minervini nos confesó que a veces se tuvo que ausentar del rodaje porque no podía aguantar (dejo al cámara y a los técnicos solos rodando lo que pudieran).



Lo único que une a las dos historias, en lo que coinciden el grupo de enganchados a la metanfetamina y la banda paramilitar organizada de ultraderecha, es que todos ellos odian a la Administración Obama. Le echan la culpa de lo que ocurre a su alrededor y ambos grupos desean acabar con el sistema.

Otro aspecto que puede relacionar ambas tramas, es el de la protección. Mientras los radicales aseguran que todo lo que hacen es para proteger a sus familias, los drogadictos se cuidan entre ellos, aunque siempre planea la duda de si lo hacen para conseguir más droga.

Sólo un apunte final para el espectador que quiera ver el largometraje: el título, The Other Side, no se refiere a lo diferente de las dos historias, sino al significado de la frase, algo que nos aclaró Minervini: es un slang norteamericano que tiene un sentido violento cuando se pronuncia ya que se trata de excluir a alguien por no ser o pensar como tú. “Eres un other side, no te queremos”, sería la frase completa.




jueves, 12 de noviembre de 2015

ONE FLOOR BELOW (Un etaj mai jos de Radu Muntean, 2015)

¿Hasta que punto considera que lo que ocurre en el bloque de apartamentos donde vive le concierne? ¿Debe intervenir o lo más prudente es dejar que cada uno resuelva sus problemas, mientras éstos no le afecten directamente a usted o a su familia? Esas y otras preguntas son las que el director rumano, Radu Muntean, quiere responder con su interesante cinta que compite para hacerse con el Giraldillo de Oro, aquí en el Festival de Cine Europeo de Sevilla.


Patrascu es un padre de familia, casado con la socia del negocio de matriculación de vehículos que ambos regentan. Un día, al regresar de su paseo diario, oye ruidos en el primer piso. Una pareja discute acaloradamente. Cuando pasa por delante de la puerta del apartamento, ve salir al responsable de los gritos: es Vami, su vecino de abajo. Unos días más tarde, la policía invade el bloque: la mujer que vivía en el piso de la pelea ha sido hallada muerta con la cabeza destrozada. En el interrogatorio pertinente, Patrascu opta por no decir nada y seguir con su vida. Sin embargo, no podrá evitar tropezarse con Vami, ni que éste se relacione con su familia.

En la línea realista del cine europeo de los últimos años (nos acordamos de los hermanos Dardenne, por ejemplo), Muntean rueda una cinta personal donde su cámara observa la tranquila vida de una familia de clase media; donde las imágenes y los diálogos no cuadran con el interior de los personajes que suponemos se encuentran en ebullición después de haberse cometido el crimen. El efecto de esta paradoja sobre el espectador es de lo más interesante: casi se puede oír lo que piensan los protagonistas, que se encuentran al borde del estallido. La tensión tiene que salir por algún lado, pero no sabemos cuándo ni cómo. Es la dosis de suspense de una película donde la puesta en escena es meramente auxiliar. Todo lo que ocurre forma parte del decorado, como una capa externa desdramatizada, mientras lo verdaderamente importante sucede en algún lugar del cerebro de Patrascu.


Con una ligera referencia a películas como Teorema (Pier Paolo Pasolini, 196) y a otros filmes del estilo, donde un extraño se introduce progresivamente en la vida de una familia, avanza el largometraje con tiento, pero de forma lineal hasta poner al protagonista en una situación límite. La intención de Vami no está clara. Tampoco se sabe si es el asesino o no. Da la impresión de que ya que comparte con Patrascu un terrible secreto, también quiere compartir todo lo demás.

En resumen, atractivo thriller realista que, salvo algunas secuencias más flojas, mantiene al espectador atento a la más mínima señal que haga saltar todo por los aires.


martes, 10 de noviembre de 2015

MADAME MARGUERITE (Marguerite de Xavier Giannoli, 2015)

Con la Sección Oficial a cuestas, ayer asistimos a la proyección de una de las cintas más esperadas del festival: una coproducción francesa, belga y checa que se viste de tragicomedia, del género que parece renacer en Europa después de que los italianos lo inventasen allá por los años cincuenta.Y es que más que francesa, la película de Xavier Giannoli parece transalpina (igual que el apellido del director galo), por la puesta en escena, por las interpretaciónes de todo el reparto y, sobre todo, por la trama:


La baronesa Marguerite (Catherine Frot) es aficionada a la ópera y suelde dar recitales benéficos en su mansión a las afueras de París. Lo que ella no sabe, pero lo sufren los demás, es que canta horriblemente mal. Desafina continuamente y no se da cuenta de que la audiencia la alaba por interés. Algunos, los incondicionales, no están por la labor de decirle la verdad para no causarle daño. Entre ellos se encuentran su infiel marido y dos recientes admiradores: Hazel, la joven voz femenina que triunfa en el circuito operístico gracias a la oportunidad que Marguerite le concedió; y Lucien Beaumont, un crítico musical que no sabe si reírse de la baronesa o encumbrarla como adalid de la vanguardia anarquista.

Dicha pareja será el contrapunto romántico a la trama principal: la joven sí canta bien, el crítico sí la quiere, todo es tan bonito y romántico que pasa desapercibido en comparación con el drama que se vive a espaldas de la baronesa. Drama o tragedia, porque la comedia está casi descartada gracias a habilidad del director en lograr que, sistemáticamente, se nos congele la sonrisa.



El último —o el primer— fan de Marguerite es Madelbos, su mayordomo. La adora, le sigue la corriente como si fuera una diva, y colecciona sus fotografías como si de estampitas de santos se tratase. Un personaje que recuerda mucho al que diera vida Erich Von Stroheim en la muy similar El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, Billy Wilder, 1950).

Igual que en el filme de Wilder, la ambientación de Madame Marguerite es una loa a todo lo kitsch, un monumento a la decadencia, si bien, aquí se encuentra más justificado por desarrollarse la trama —basada en hechos reales— en los locos años veinte del art déco y la extravagancia.

Entre las dos películas, protagonizadas por una señora ya entrada en años que se cree una estrella, la principal diferencia estriba en que el papel interpretado por Gloria Swanson era el de una mujer que podía presumir de gran actriz del cine mudo, mientras que el personaje de Marguerite es aún más patético pues nunca ha destacado en nada, simplemente ha soñado que antaño fue la mejor soprano de la historia. En cualquier caso, en ambos filmes la locura y el delirio presiden el argumento que, inevitablemente, se precipita hacia el mismo final.

Mientras tanto, como es de esperar, el largometraje destaca por la música. La banda sonora y la selección de obras maestras es una maravilla. Arias de Lakmé, Norma o La flauta mágica, harán las delicias de los aficionados a la ópera; siempre, claro está, que Marguerite no cante.



lunes, 9 de noviembre de 2015

THE CHILDHOOD OF A LEADER (Brady Corbet, 2015)

Desigual, aunque interesante, resultó nuestra visita de ayer por la Sección Oficial. La película elegida, una coproducción británica, húngara y francesa, era el debut en la dirección del actor americano Brady Corbet que sorprendió por el original guión, si bien no llegó a redondear una historia que prometía:





Al final de la Primera Guerra Mundial, la familia de un diplomático americano, destinado en el gabinete del presidente Wilson, se traslada a Francia para intervenir en las negociaciones sobre el futuro de Europa. Mientras el padre (Liam Cunningham) asiste a las diferentes reuniones, en la gran mansión viven su mujer (Berenice Bejo), y su hijo pequeño, Prescott. Al niño le da clases de francés Ada, una bella institutriz, y lo mima especialmente Mona, la criada. Una noche, tras el ensayo de la obra de teatro infantil para el día de Navidad, Prescott se esconde entre la maleza y ataca con piedras a las personas que salen de misa. Los padres lo reprenden y lo obligan a disculparse ante el párroco y los feligreses. Es el comienzo de una serie de incidentes que anuncian un cambio radical en la actitud del niño.

Planteada como una gran —y evidente— metáfora, la cinta narra de forma velada la caída del ejercito alemán, y la preparación de un acuerdo de paz que dejará a los derrotados sumidos en una crisis económica. Ahora sabemos las consecuencias que tuvo el Tratado de Versalles, que no fueron otras que provocar el nacimiento del partido nazi y el regreso a un conflicto mundial mucho más sangriento. Mientras en el exterior estalla la paz, en el seno de la familia burguesa también se está creando un monstruo. Prescott ya tiene de por sí un carácter extraño y unos prontos inexplicables, pero la actitud de sus padres no mejoran la situación, al contrario no hacen más que empeorarla. Infidelidades, incomprensión y alejamiento progresivo en su educación son otro caldo de cultivo para el nacimiento de un dictador, tal como anuncia el título de la película.


Estructurado como una ópera, con obertura, tres actos y un epílogo, el filme de Corbet es oscuro en su trama y en la puesta en escena. Es un thriller donde falta la luz hasta en las tomas de exteriores, cuando todos y cada uno de los personajes visten de negro; es un melodrama donde los adulterios se insinúan; y, en fin, es una historia de ciencia-ficción donde la música anuncia el apocalipsis de un universo altertativo. Demasiado estridente el resultado cuando ya la trama lo es sin necesario de subrayarlo tan insistentemente. 

La falta de sutileza del argumento de una película que quiere ser alegórica es su principal fallo, pero no el único: el aburrimiento planea por el largometraje en demasiadas secuencias con poco gancho, en una cinta que es verdad que no pertenece al género de terror, pero digamos que aspira a ello. Al menos eso se infiere del tono del filme y del trabajo de todo el reparto: desde la sentida interpretación de Berenice Bejo (muy lejos de su papel en The Artist) hasta la grave del marido (rostro conocido gracias a la serie de moda, Juego de Tronos), pasando por la meramente presencial, aunque importante en la trama, de Robert Pattinson (saga Crepúsculo), sin olvidarnos, por supuesto, de la excelente actuación del niño.


domingo, 8 de noviembre de 2015

MUSTANG (Deniz Gamze Ergüven, 2015); AFTERTHOUGHT (Hayored Lema'ala de Elad Keidan, 2015)

Nos resistimos a abandonar la European Film Academy y ayer pudimos ver dos películas más de dicha sección (EFA), una israelí y otra turca, ambas en esa parte del mundo en permanente conflicto, en crisis política y social que, por supuesto, tiene su repercusión en la cultura; concretamente en el cine:

MUSTANG

El largometraje de la realizadora turca Deniz Gamze Ergüven se ha asociado por la organización del festival con otra directora, Sofia Coppola, y con su ópera prima Las vírgenes suicidas (The Virgin Suicides, 1999). Quizás el argumento la recuerde algo, por aquello de la educación rígida de unas adolescentes y sus trágicas consecuencias, pero no nos engañemos, la situación que viven las niñas en el mundo islámico, y sobre todo en aquellas ciudades cosmopolitas cercanas a occidente, en Turquía por ejemplo, es, lamentablemente, única.



Lo radical de una religión mal entendida que no evoluciona es la base de la denuncia de la cineasta. Además, el contraste entre dos culturas agrava el problema cuando las jóvenes protagonistas ven en sus amigos y amigas una vida completamente diferente a la suya: mucho más libre y tolerante, donde el amor inocente no deriva en escándalo sexual, y donde el drama de tener que casarse demasiado jóvenes con personas que no conocen de nada, sólo por conveniencia de sus mayores, es algo impensable.

La realizadora se vale para su crítica social de una música que acoge a las niñas con un manto trágico que anuncia el drama. Es una melodía tan adecuada como los escenarios elegidos: primero la playa abierta y el océano para las secuencias del arranque, cuando la libertad de las niñas es apenas una ilusión pasajera; y después, en contrapartida, el interior de la vivienda-cárcel, y un frondoso y descuidado jardín, cuando el encierro ya es un hecho.



La visión medieval musulmán de la educación femenina se denuncia con toda la firmeza posible en una cinta que compite este año por el prestigioso premio LUX de las cortes europeas. Igual que otros filmes de pasadas ediciones (de algunos ya dimos cuenta aquí: ShunLi and The Poet y Die Fremde) las instituciones comunitarias abogan por lo que se ha llamado acervo europeo, es decir, por una forma de vida que respeta la democracia y la libertad de las personas. Una de las iniciativas del parlamento es, precisamente, apoyar y premiar propuestas tan decididas y comprometidas como Mustang. Desde luego, mucho tendrán que cambiar países como Turquía que son aspirantes a pertenecer a la Union Europea, pero no son capaces de parar la sistemática violación de los más elementales derechos humanos.



AFTERTHOUGHT

El Monte Carmelo es la base donde se ha construido gran parte de la ciudad costera de Haifa. Sus barrios en capas, en altura, y los intrincados escalones que unen en interminables cuestas dichas calles, son el escenario de la buena película del cineasta judío, Elad Kaidan:























Uri y Moshen son dos vecinos de Haifa a los que les separa una generación, pero que tiene en común una frustrante vida laboral y una no menos complicada situación amorosa. Mientras el primero acaba de romper con su pareja, y quiere desertar del ejército para embarcarse en un mercante y dedicarse a escribir, el segundo comienza a salir de una depresión causada por su trabajo cuando sospecha que su mujer lo engaña. Uri baja el monte con dirección al puerto, a su libertad, al tiempo que Moshen lo sube para buscar el pendiente que acaba de perder su mujer. Ambos se cruzarán en el camino, se encontrarán en las largas escalinatas, como lo harán con otros personajes que irán definiendo poco a poco el carácter de los protagonistas.

Con la simbología de partida de la escalera, como si fuera el río de la vida -no sólo en el aspecto lineal sino también en las subidas y bajadas de ánimo-, el director israelí le da un repaso a la existencia humana amparándose en relaciones concretas entre personajes cuyas vidas se encuentran en permanente evolución. Lo hace sin dejar de lado la coyuntura de un país en guerra, y ofreciendo su visión particular de la ciudad que le vio nacer y de las personas que allí viven; la mayoría desencantadas.



Para ello, Kaidan gestiona, con buen criterio, todos y cada uno de los recursos audiovisuales disponibles. A destacar una música envolvente; una bella panorámica de la ciudad contrastada con planos detalles como el de un vaso de plástico que rueda sobre sí mismo en las escaleras mecánicas, como si fuera un zoótropo de museo; y unos bien construidos diálogos (“lo que sale de la boca nunca vuelve, como las palabras o los dientes”). Todo ayuda para remar en una u otra dirección. Para avanzar o retroceder, para subir o a bajar por la escalera de la vida.

Nos preocupa el pesimismo de la cinta, la no solución de un mundo que el director parece que quiere ver desde fuera. Da la impresión de que su punto de vista (el de los créditos, el uso continuo del teleobjetivo) es el de alguien que ha conseguido salir de allí, pero al que la nostalgia le pide echar un último vistazo. Una mirada que comparte con el público a través de su cámara. 


sábado, 7 de noviembre de 2015

MIA MADRE (Nanni Moretti, 2015); RAMS: EL VALLE DE LOS CARNEROS (Hrutar de Grimur Hakonarson, 2015)

De satisfactorio tenemos que clasificar el arranque del festival de cine europeo, aquí en Sevilla, con dos películas bien distintas, pero con una factura más que correcta en ambas.

Mientras se celebraba la gala inaugural en el Teatro Lope de Vega con Two Friends (Les deux amis de Louis Garrel, 2015), nosotros elegimos dos cintas que compiten por el premio del público en la Sección EFA (European Film Academy), donde suelen encontrarse las mejores propuestas si tenemos en cuenta anteriores ediciones del certamen:

MIA MADRE

Alguien definía la figura del director de cine, y su cometido a lo largo de una jornada de trabajo, y lo resumía como aquel que se dedica a responder preguntas. En La Noche Americana (La nuit américaine, 1973), Francoise Truffaut hacía una aproximación exacta a la labor del realizador para mezclar ficción y realidad en una cinta imprescindible; con Mia madre, Nanni Moretti sigue la misma estructura —nada nuevo en su estilo que cabalga a lomos del documental—, pero le da una visión muy particular al tema. Digamos que se revuelve contra sí mismo y deforma la trama hasta volverla desencantada y pesimista; hasta llegar a decir que trabajar en el cine es lo peor a lo que uno se puede dedicar.





Pero Moretti hace trampa. Como suele ser habitual en él, el director también participa como actor, pero en esta ocasión deja el protagonismo, su alter ego, en otra persona, en la excelente Margherita Buy. En la actriz recae todo el peso del discurso de Moretti, como si fuera una marioneta en manos del realizador. Ella interpreta a una directora que también se llama Margherita, y que además de pasar por las dificultades propias de un rodaje, acaba de separarse de su pareja, se ha dado cuenta de que su hija adolescente se entiende mejor con su ex y, para colmo, su madre se está muriendo. Para enredarlo todo aún más, la estrella extranjera contratada por la realizadora es un actor (John Turturro) que se comporta de forma extravagante y hace que el rodaje sea aún más caótico.

La maniobra intencionada de Moretti lejos de ocultarla al público, se permite anunciarla cuando la protagonista sostiene que los actores deberían desdoblarse a la hora de interpretar su papel. Algo así como que cada personaje debería tener en todo momento al lado de él al actor que le da vida. Es lo que hace Moretti en la película con respecto a Margherita. Es el hermano de la directora en la ficción, el que se mantiene a su lado para aconsejarla, consolarla y para compartir los momentos duros. Como un ángel que vela por el personaje (hay una secuencia muy explícita en este sentido: un sueño en el que la directora y su hermano aguardan en la cola de un cine para ver El cielo sobre Berlín; el que haya visto la célebre película de Wim Wenders me entenderá). En Mia madre, Moretti juega con doble mano, la de la realizadora (es decir, él mismo) y la suya como actor. Un juego original e interesantísimo que gustará a los fans del cineasta pues es otra vuelta de tuerca más a su ya larga filmografía.


El filme es, por tanto, una delicia en su estructura, en su intención y en la realización. Un drama que no pierde el sentido del humor gracias a las escenas donde John Tuturro se hace con las riendas. Un personaje que, no obstante, tampoco se salva del halo de amargura que preside a la película. Turturro interpreta a un actor en decadencia que también se encuentra harto de su profesión y que pide a gritos, literalmente, volver a la realidad. De nuevo otro personaje que pronuncia las frases que Moretti no se atreve a decir por sí mismo; o mejor dicho que sí se atreve siempre y cuando lo haga utilizando el medio que domina como nadie: el cine.


RAMS: EL VALLE DE LOS CARNEROS

Sin cambiar el tono intimista, pero sí completamente la forma y el fondo, asistimos casi sin tiempo para respirar a la siguiente sesión de cine de autor, en este caso escandinavo:


En un valle de Islandia viven dos hermanos que llevan cuarenta años sin hablarse. Tan frío y distante es el paisaje como la relación entre Gummi y Kiddi. Los dos se dedican a la cría de ovejas a las que quieren como si fueran sus propios hijos. Ambos preparan y presentan a sus mejores carneros al concurso anual de la comarca. El hermano mayor, Kiddi, es el ganador, mientras Gummi se tiene que conformar con un segundo puesto que le sabe a derrota. Desolado, Gummi descubre que el carnero de su hermano tiene todos los síntomas de una enfermedad altamente contagiosa. El descubrimiento inicia una revuelta que pone en peligro todas las explotaciones de la región. Cuando se decreta que los carneros deben ser sacrificados, Kiddi comienza a sospechar que Gummi se ha inventado la epidemia por despecho. Mientras el enfrentamiento parece inevitable, el invierno comienza a hacer estragos.

El valle de los carneros es un drama familiar con una cantidad de premios importante dada su corta vida. Una película con tantos planos rodados en exteriores como intensas son las pulsiones interiores de los dos protagonistas. El director islandés, Grimur Hakonarson, decide narrar el largometraje desde el punto de vista de Gummi. Es el perdedor del concurso, el que desencadena toda una revolución que afectará aún más a la relación con su hermano, y a la sazón vecino, y con toda la región.


El realizador, rueda este drama con toques de comedia —ya decía John Ford que una película sin humor, aunque sea una tragedia, no vale nada—; con cierto suspense gracias a los bien llevados puntos de giro (el último con cambio en el punto de vista y, aunque previsible, muy impactante); y con rigor en la puesta en escena de planos muy bien rodados, donde destacan los bellos encuadres de la campiña islandesa. 

Rams puede parecer un largometraje con una trama sencilla en su enunciación, sin embargo resulta tan compleja como aristas tiene la mente humana. El orgullo y la intolerancia tienen su hueco en la historia; también se acomoda en ella el rencor enquistado que ha logrado bloquear una relación de la misma forma que la nieve obstruye las entradas de las viviendas. ¿Podrán Gummi y Kiddi pasar el invierno sin las ovejas? ¿Se hará la película con el premio del público?


lunes, 2 de noviembre de 2015

FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA 2015

La primera quincena de noviembre en Sevilla ya es sinónimo de cine europeo de calidad, y este año no iba a ser menos. Del 6 al 14 se podrá ver en las salas del centro comercial de Nervión, y en los teatros Alameda y  Lope de Vega, una selección de 200 películas con lo más representativo de lo que se ha producido en el viejo continente en el 2015.
Con las habituales secciones a concurso (Sección Oficial, Premios EFA, EURIMAGES, Nuevas Olas, Resistencias, etc.) y con otras igual de interesantes como los ciclos y retrospectivas, el certamen en su duodécima edición se presenta muy atractivo.

A destacar la presencia en la Sección Oficial de directores de la categoría de Marco Bellocchio. Con una impresionante carrera que va desde Las manos en los bolsillos (nuestra favorita de siempre) hasta Buenos días, noche, personal versión del secuestro y asesinato de Aldo Moro, Bellocchio presenta en el festival su último trabajo: Blood of my blood, que ya se ha llevado un premio en el festival de Venecia.

Otros ilustres en el concurso son Philippe Garrel, José Luís Guerín, Amos Gitai, Yorgos Lanthimos (siempre muy bien recibidas sus originales propuestas, véanse las de otros años: Canino, Alps), Matteo Garrone (también habitual en el certamen: Gomorra, Reality) y Miguel Gomes, que ya triunfara con Tabú y que este año presenta nada menos que una trilogía: Las mil y una noches (El desolado, El embelesado y El inquieto).


De la Sección que reúne a los nominados de la Academia de Cine Europea (EFA), a priori habrá que fijarse en Nanni Moretti y su Mía Madre, en Peter Greenaway y el biopic sobre Eisenstein (Eisenstein en Guanajuato) y en una de las favoritas a todos los premios donde se presenta: El valle de los carneros del director islandés Grimur Hakonarson (acaba de ganar la espiga de oro en Valladolid y también gustó en Cannes, entre otros certámenes).


Conciertos, proyecciones de cortometrajes y ciclos para cinéfilos son otras actividades anunciadas por la organización. De todas ellas, yo no me perdería el ciclo dedicado al actor Timothy Spall; la retrospectiva sobre el expresionismo, "Weimar oculto"; y un par de documentales: From Caligari to Hitler, dentro de la sección Las Nuevas Olas,  y Hitchcock/Truffaut, sobre el célebre libro de cabecera de todos aquellos a los que nos gusta el cine clásico.

Como de costumbre, muchas propuestas y poco tiempo para estar a todo. Ahora es cuando viene la primera pega: ¿Qué películas ver?

Bendito problema. De su solución, de lo que da de sí el festival, daremos cuenta en los próximos días.


LEER CRÓNICA Y PELÍCULAS DEL FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA 2015


Ver programación del Festival

Ver anteriores ediciones: SEFF14, SEFF13, SEFF12, SEFF11, SEFF10




lunes, 26 de octubre de 2015

EL AUTOREMAKE EN EL CINE: CAPÍTULO 4.2 (III)

Hawks plantea Río Bravo para que la acción se desarrolle alrededor del sheriff Chance, para que las actividades, e incluso la existencia de todos los personajes tengan su razón de ser por la relación que se establece entre ellos y Chance. Quizás el único individuo que puede compartir con Chance el protagonismo de la película sea Dude. De hecho, Hawks decía que Río Bravo era en realidad una película de Dean Martin: “Todo lo que pasa, pasa por el borracho. Al principio y a lo largo de toda la historia”. (Bogdanovich 2007, p. 286). 

Es cierto que el conflicto principal arranca por culpa del alcoholismo de Dude, de su intento de recoger la moneda de la escupidera; es verdad que el ayudante del sheriff es el blanco preferido de los villanos, al que atacan una y otra vez y finalmente capturan, y del que se preocupan Chance y sus amigos para evitar que recaiga en la bebida; ahora bien, todo eso no deja de ser una subtrama más que, como el res­to, tiene como denominador común al personaje interpretado por John Wayne. Para nosotros el tema principal de la película no es el intento de Dude por superar el alcoholismo sino el de Chance por resolver la situación sin pedir ayuda a nadie, con el problema añadido de contar con un borracho como ayudante. 

Robin Wood tampoco opina como Hawks —ni como nosotros— y cree que la importancia de la cinta radica en el conjunto, en el grupo en su totalidad (1982, p. 47). Independientemente de cómo interpretemos la idea central de la cinta, no hay duda que el presentar a dos fuertes personalidades —y a dos actores de primera línea: Wayne y Martin— es una de las claves del éxito de la película. Algunos de los largometrajes importantes de Hawks mantienen la constante de dos amigos enfrentados por el trabajo, por el amor de una mujer o por las dos cosas.[1] Más tarde veremos cómo la ausencia de esta circunstancia en Río Lobo es el gran hándicap del filme.

4.21

Hemos mencionado el arranque de Río Bravo como la secuencia que tiene lugar en el saloon, cuando en realidad la cinta tiene hasta tres comienzos: el primero, el de los créditos, es un espejismo (4.21). Hawks presenta una imagen rodada en exteriores, de día, de una caravana que se aproxima al poblado, justo todo lo contrario a lo que vamos a ver a continuación en un largometraje que discurre en su mayor parte en interiores y con más sombras que luces. A los títulos de crédito le siguen la citada escena donde Dean Martin acude de noche al bar, y donde Joe Burdette se burla de él arrojándole un dólar a la escupidera. Justo después de esta secuencia, y la del arresto del asesino, comienza realmente la película, con la llegada de Wheeler, a la luz del sol, cuando el conflicto ya se ha planteado con Joe Burdette en la cárcel. 

Da la impresión de que la secuencia nocturna del saloon es un inserto entre los títulos de crédito y la llegada de Wheeler, como si fuera un flash-back. La escena dura unos cuatro minutos y al desarrollarse sin palabras es un claro homenaje al cine silente. Comienza con la apertura de la puerta del saloon, un arranque que nos parece mucho más apropiado que el de los créditos ya que al tiempo que Martin penetra en el local, el espectador accede al western de interiores que plantea Hawks.

4.22

Se trata de un plano muy fordiano, si tenemos en cuenta el inicio y el final de Centauros del desierto (The Searchers de John Ford, 1956). Como en la cinta de Ford, Hawks delimita la acción de las tres jornadas en las que se desarrolla la película con dos encuadres de sendas puertas. El que acabamos de comentar es el primero, mientras que el segundo (exacto al de cierre de Centauros…, con Wayne imitando el andar cansino de la cinta de Ford) se produce cuando la acción se abre al exterior (4.22), una vez resuelta la trama de la cárcel. 

Hawks siempre se declaró un admirador del cine de John Ford del que decía que era “el mejor director, sin duda” (Entrevistas TCM) y del que confesó haber visto toda su filmografía. Ambos extrajeron lo mejor de John Wayne que bajo sus órdenes dibujó su registro más característico, el de un hombre fuerte, huraño pero noble, que prefiere los actos a las palabras y por eso evita dar muestras explícitas de amistad, que no se da nunca por vencido y que en Hawks actúa, no sólo como líder, sino como protector del grupo. Para el director, Wayne era “la estrella más grande que nunca ha existido para hacer películas del Oeste” (Hawks citado en Perales 2005, p. 123).





[1] Una novia en cada puerto, La Escuadrilla del Amanecer, Camino a la gloria, Rivales, Vivamos hoy, Pasto de Tiburones, Ciudad sin ley, Águilas heroicas, Río de sangre, Río Rojo, etc.




lunes, 19 de octubre de 2015

EL AUTOREMAKE EN EL CINE: CAPÍTULO 4.2 (II)

Si bien en los créditos se anuncia que el filme se basa en un relato corto de B.H. McCampbell,[1] en realidad el argumento de Río Bravo tiene su origen en la película de Fred Zinnemann, Solo ante el peligro (High Noon, 1952), un western psicológico donde el protagonista (Gary Cooper) es un sheriff que se enfrenta solo a una banda de malhechores después de solicitar, en vano, ayuda a la comunidad. Para Hawks, la actitud del sheriff de Zinnemann era tan reprochable como la de los personajes de El Tren de las 3:10 (3:10 to Yuma de Delmer Daves, 1957), muy en la línea de la anterior, otra película que le sirvió de referencia para escribir Río Bravo. Hawks lo explica delante de las cámaras:

“Algo no cuadra, se supone que el tipo es bueno, que es muy habilidoso con las armas, pero va por ahí, como una perdiz mareada, buscando a gente para que le ayude. Y al final su esposa cuáquera le salva el pellejo […]. Esto es ridículo. Este tipo no era profesional […]. Un prisionero le dice al sheriff: ‘verás cuando mis amigos te cojan’. Y yo dije: Si ese sheriff fuera de los buenos tendría que haberle respondido: ‘será mejor que no me toquen porque la primera bala será para ti’.[2] Empezamos a entrelazar este tipo de cosas y así surgió Río Bravo” (Entrevistas TCM: Howard Hawks).

Con la réplica a la famosa cinta de Zinnemann, Hawks aborda lo que él llamaba segunda etapa de la conquista del Oeste. Tras una primera fase donde se encuadran los exploradores (Río de sangre) y los ganaderos (Río Rojo), ahora les toca el turno a los representantes de la ley para imponer el orden entre los pioneros que se habían instalado en los nuevos territorios. Hawks pasa de los rodajes en exteriores de sus primeros dos “ríos”, a un western claustrofóbico que se desarrolla en únicamente tres o cuatro decorados: la cárcel, el saloon, y el hotel, y que, como quería Hawks, incide más en los personajes, en las relaciones entre ellos, que en la trama. 


Con la renuncia al espacio abierto y el énfasis en los caracteres, Hawks consigue con Río Bravo realizar su película del Oeste más moderna. Y lo es más al contrastar el enfoque avanzado con la inclusión de los elementos tradicionales del género (el sheriff, los pistoleros, el saloon, los jugadores de cartas, etcétera, todos, excepto los ligados a los exteriores como los indios o la caballería), pero también con la forma de narración lineal, con la puesta en escena convencional retratada con un objetivo transparente y, en fin, con el clasicismo ejemplar de Hawks. Es lo que llama Robin Wood “la complejidad de la película por contradicciones aparentes” (1982, p. 40).

Río Bravo es el paradigma del cine tal como lo entendía Hawks. Da la impresión de que el autor quería resumir su obra reuniendo en un solo título a todos los personajes que anteriormente había utilizado, no sólo en sus cintas dramáticas, sino también, como luego veremos, en la comedia. Así, el largometraje lo protagoniza un grupo que se enfrenta a un peligro común, donde figuran el líder, el amigo del líder, con conflicto interno incluido, el joven inexperto, el viejo y, finalmente, la mujer que quiere entablar una relación con el primero, pero es rechazada inicialmente.[3] Todos ellos conectados entre sí para ensalzar los valores de la amistad como tema prioritario, seguidos muy de cerca por los del honor, el deber y la responsabilidad del mando.  






[1] B.H. son las siglas de Barbara Hawks, la hija de Howard Hawks y Athole Shearer (hermana de Norma Shearer, a su vez casada con Irving Thalberg). Además de participar en el argumento, Barbara tuvo algunas ideas tan buenas como la del empleo de la dinamita en el tiroteo final.
[2] Esta frase la emplea Hawks en Río Bravo, cuando Nathan Burdette va a visitar a su hermano a la cárcel y amenaza al sheriff Chance. También la usa en la secuencia donde Dude obliga a toda la banda a dejar las armas en la entrada del pueblo. En El Dorado volverá sobre ella en un par de ocasiones más.
[3] Además de El Dorado y Río Lobo, los ejemplos donde aparecen los mismos personajes, con muy pocas variantes, son múltiples: La Escuadrilla del Amanecer, Sólo los ángeles tienen alas, Tener y no tener, Camino a la gloria, Air Force, Río Rojo, Río de sangre, Hatari!, etc. 



lunes, 12 de octubre de 2015

EL AUTOREMAKE EN EL CINE: CAPÍTULO 4.2 (I)

Continuamos con el capítulo iniciado el año pasado referente a la obra de Howard Hawks. Después de ver el primer epígrafe dedicado a Bola de fuego y a su remake, Nace una canción, ahora nos adentramos en los entresijos de Río Bravo y sus posteriores remakes, El Dorado y Río Lobo. Espero que os gusten:


4.2. ¿A quién le toca hacer de borracho?
4.2.1. Río Bravo (Howard Hawks, 1959).

Ni siquiera Howard Hawks, amparado en su independencia, fue capaz de esquivar la crisis que sacudió al cine en la década de los 50. Ya hemos comentado que la televisión hizo mucho daño a la industria cinematográfica, y que ésta intentó diferenciarse de la pequeña pantalla ofreciendo un producto de gran formato y a todo color. Megaproducciones como Tierra de faraones (Land of the Pharaohs de Howard Hawks, 1955) eran habituales en las salas de la época, si bien los fracasos, cuando sucedían, eran de las mismas proporciones. Desengañado con lo mal aceptada que fue por crítica y público su historia del faraón Keops, Hawks decidió alejarse de la dirección durante cuatro años; tiempo que empleó en viajar a Europa para replantearse su profesión. Al regresar a Los Ángeles tenía unas cuantas cosas claras: ya no volvería a hacer una película histórica, intentaría contar siempre con actores de primera línea [1] y, ante todo, daría prioridad a los personajes sobre la trama.[2] Algo que no era nada nuevo en su forma de entender el cine, pero que en cierto sentido fue más premeditado a partir de ese periodo de reflexión. De esa toma de conciencia habló Hawks en numerosas ocasiones:

“Ha llegado la televisión y han utilizado tantos argumentos que la gente empieza a cansarse […]. Si conseguimos impedir que sepan de qué va la historia, quizás consigamos mantener su interés. Y esto pasa por personajes que den una motivación a la historia: las situaciones suceden porque el personaje ‘cree’, no porque lo escribas tú” (Bogdanovich 2007, p.283).

Con tales premisas, intentó llevar a cabo un viejo proyecto, una película de aventuras que se rodaría en África, con Gary Cooper como protagonista y distribuida por la Warner Brothers.[3] Pero nada salió como estaba previsto, la producción fue cancelada y Hawks se enfrentó a la Warner en un pleito que se saldó con una propuesta: el estudio participaría en la financiación y distribución de la siguiente película de Hawks, Río Bravo, un western que haría el número tres de su carrera.[4]

El guión escrito por Jules Furthman y Leigh Brackett narra cómo el sheriff de Río Bravo, John T. Chance (John Wayne), tras acusar de asesinato y detener a Joe Burdette, se prepara a rechazar el asalto a la cárcel por parte de Nathan Burdette, hermano del primero y cacique del pueblo. Para resistir el ataque cuenta con Dude (Dean Martin), su ayudante, un borracho que ahoga sus penas en alcohol a causa de un desengaño amoroso, y con Stumpy (Walter Brennan), un viejo tullido. Al tiempo que se prepara el enfrentamiento, llegan a Río Bravo, Feathers (Angie Dickinson), una jugadora de cartas perseguida por la justicia, y Wheeler (Ward Bond), un comerciante amigo de Chance que termina por ofrecerle su ayuda. Cuando Wheeler es asesinado por la banda de Burdette, el joven Colorado (Ricky Nelson), guardaespaldas del comerciante, también se ofrece para ayudar al sheriff, que de nuevo rechaza todo tipo de auxilio. Tras una escaramuza, donde Dude se deja sorprender por los matones de Burdette, y donde Feathers y Colorado, sin el consentimiento del sheriff, colaboran para reducir a los pistoleros, Colorado consigue ser admitido en el grupo. El desenlace se precipita cuando de nuevo Dude cae en poder del cacique: Burdette negocia con Chance un intercambio de prisioneros que tiene lugar en las afueras del poblado. Es allí, durante el canje, cuando se produce el último tiroteo que acaba con Burdette y su banda.






[1] Para Tierra de Faraones, Hawks quiso contratar a John Wayne, pero las agencias de casting le impusieron a Jack Hawkins.
[2] También opinaba que las escenas eran más importantes que el argumento: “Sólo debes hacer buenas escenas. Encadenar una escena con la siguiente sin preocuparse por la parte lógica, sin preocuparse por buscar cómo enlazarlas, sólo que sean buenas” (Entrevistas TCM: Howard Hawks)
[3] La película finalmente se rodó en 1962 para la Paramount y tuvo un gran éxito. Se tituló Hatari! y fue protagonizada por John Wayne.
[4] Los dos anteriores fueron Río Rojo (1948) y Río de sangre (The Big Sky, 1952), aunque Hawks también participó en la dirección de El Forajido (The Outlaw de Howard Hughes, 1943) y en Viva Villa (Viva Villa! de Jack Conway, 1934).


martes, 7 de julio de 2015

¡VACACIONES DE VERANO!



Ride away... Aléjate, piérdete en estas vacaciones y disfruta.
Nos vemos a la vuelta.
Abrazos.

What makes a man to wander What makes a man to roam? What makes a man leave bed and board And turn his back on home? Ride away (Ride away), ride away (ride away), ride away ---------------------------------------------- The snow is deep and oh, so white The winds they howl and moan Fire cooks a man his buffalo meat But his lonely heart won't warm Ride away, ride away, ride away

A man will search his heart and soul Go searchin' way out there His peace of mind he knows he'll find But where, oh Lord, Lord where? Ride away, ride away, ride away




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